Alejandro Grimson – ¿Hacia una noche de los cristales rotos en Brasil?

Visité Brasil después de la reelección de Dilma a fines de 2014. Nunca había visto a ese país tan polarizado. Tan dividido y enfrentado. Hasta ahora. Aquella vez me hizo acordar a muchos momentos de la historia argentina. Y momentos vividos por mí.

Regresé ahora de Brasil, una semana antes de la segunda vuelta, donde todas las encuestas afirman que triunfará Bolsonaro. Lo que percibí, vi, escuché y sentí fue nuevo para mí. Conozco los episodios más brutales de nuestra historia. Lo que sentí allí fue otra cosa: cómo se está cocinando algo que no sabemos dónde terminará. Pero que puede terminar de modo fatal.

¿Qué sería fatal? Este último año en Brasil hubo más de 50 mil homicidios. ¿Qué sería algo fatal? En los primeros diez días de octubre se habían denunciado decenas de episodios de violencia física contra petistas o supuestos petistas. ¿Qué significa petista? No sólo que apoya a Lula, puede ser menos que eso, como si eso fuera pecado. Puede ser adhesión a EleNão. Puede ser guardar silencio cuando asciende y se impone una catarata de insultos.

Un importante intelectual de la ultraderecha brasileña, que reside en Estados Unidos, coloca un post de Facebook. Afirma que con la asunción de Bolsonaro caerá: “1) Todo el esquema de poder construido por el PT y sus asociados a lo largo de 50 años”. Para un partido que se fundó hace 40, que durante más de 20 años perdió las elecciones, que llegó a la presidencia hace 16, no se sabe de qué habla. Pero el discurso fascista fantasea: “2) El centro motor y financiador de todo el movimiento comunista latinoamericano”. ¿Lula comunista? ¡Por favor! Pero sigue, porque ya sabe que Bolsonaro continuará agravando la violación de todos los derechos humanos. Ya se sabe que la “comunidad internacional” se las verá en figurillas para no decir ni mu de la asunción de un gobierno con claros rasgos fascistas. Entonces, Olavo ya explica por qué no le darán la más mínima importancia. Se adelanta y afirma que cualquiera de esas organizaciones es parte de lo que caerá con la asunción de Bolsonaro: “3) Los planos internacionales de la eliminación de la soberanía brasileña y de subyugación del país al esquema globalista”.

Por las dudas, por si alguien estaba distraído, precisa: “4) Millares de carreras y biografías de políticos, intelectuales y artistas de izquierda”. Para ello, la asunción de Bolsonaro “no será sólo una derrota, será su total destrucción en cuanto grupos, en cuanto organizaciones y hasta en tanto individuos”. Por eso, “están luchando por su sobrevivencia política, social, económica y hasta física”.

¿Podemos saber por qué ideas como esta, y otras más sencillas contra las mujeres, los homosexuales y los negros son aceptadas, inclusive por algunas mujeres y algunas personas de sectores populares? La antropóloga Pinheiro Machado sostiene que hay “sujetos de las periferias que reproducen la ideología antipueblo para ser aceptados socialmente”. Personas que son víctimas de los estereotipos, pero buscan encuadrarse en la norma.

La democracia es libertad de expresión. Pero la libertad tiene un límite: los discursos de odio. No está permitida la apología del delito, la incitación a la violencia, la estigmatización, no hay libertad para convocar a la destrucción física. Pero en un país donde el Estado se ha retirado tan velozmente de tantas dimensiones de la vida social, no se va a hacer cargo, ni remotamente, de algo tan sofisticado como regular los discursos de odio.

El odio está desregulado. Y con plena libertad recorre a velocidad creciente una mecha que puede explotar. Puede haber una noche de los cristales rotos en Brasil. Porque la están preparando. Porque la están incentivando. Porque van acicateando. Porque se va militarizando. Porque se han inventado culpables. Porque en un contexto de triunfo la fiesta será insuficiente. La celebración del odio termina en la masacre del otro. Y en Brasil se han multiplicado las alteridades que pueden ser repudiadas, estigmatizadas, detestadas, violentadas.

En cualquier momento todos los universitarios o petistas o mujeres acusadas del crimen de feministas o gays o comunistas reales e imaginarios o negros o blancos o grises pueden ser atacados y destruidos porque sí, porque así se ha fabricado el clima social y porque las bombas caseras nadie sabe cuándo van a explotar.

 

Alejandro Grimson es antropólogo, reside en Buenos Aires.

Doctor en Antropología, Investigador principal del CONICET, Profesor Titular de la UNSAM, autor de Los límites de la cultura Mitomanías argentinas.

 

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