En el transcurso de las tres reuniones Zadig organizadas por la ACF, estudiaremos algunos tipos de discursos que apuntan a eliminar al sujeto en lo que tiene de particular o en la singularidad de su relación con el cuerpo. Estas reuniones reciben el apoyo de un Cartel1.
Cuando estaba preparando la primera reunión sobre el conspiracionismo, me sorprendió que en muchas teorías conspiracionistas se expresara un antisemitismo explícito o apenas velado por el cuestionamiento de Israel o del Mossad. Así ocurrió tanto en los atentados de Nueva York, París o Bruselas.
Cabe destacar que no es algo nuevo. Antes de la aparición de Internet, el mismo rumor circulaba bajo distintas formas. Nos basta con evocar a este respecto el Rumor de Orleans o Los Protocolos de los sabios de Sion. Más recientemente, el largo artículo publicado por el Courrier International el 31 de octubre (que retoma un texto de Eva Illouz en Ha’Aretz) vuelve de manera pertinente sobre este mismo tema del conspiracionismo.
La coincidencia del debate de esta cuestión con la aparición del primer número, consagrado a Israel, de una nueva revista belga de cultura y filosofía, Ulenspiegel, nos llevó a invitar a dos de sus autores a hablarnos sobre el tema.
Michel Gheude, escritor, lingüista y hombre de los medios de comunicación, que ya ha intervenido en uno de nuestros foros organizado por Jacques-Alain Miller, presentó “Le sujet qui fâche” (El tema que irrita) que trata de la existencia de Israel y de un conflicto que provoca irritación. Eric Clémens, filósofo, habló de “L’Europe devant la question juive” (Europa frente a la cuestión judía), comentando sobre todo el ensayo de Jean-Claude Milner.
Como conclusión, he formulado un comentario sobre el libro de François Regnault “Notre objet a” (Nuestro objeto a).
A propósito del libro de François Regnault “Nuestro objeto a”
Unas palabras para concluir esta reunión sobre el estudio de la cuestión judía desde el punto de vista de la enseñanza de Lacan; punto de vista que aborda François Regnault en un breve texto de 1979 publicado con un prólogo de 20032. Su tesis se resume en una sola frase: “El Judío es el objeto a de Occidente”.
El objeto a es la causa de deseo que tiene como telón de fondo el objeto perdido freudiano. No es el objeto deseado sino lo que lo causa. Es el agalma, el escurridizo objeto precioso que puede también tomar la forma de desecho. Es lo más íntimo del sujeto pero que, al mismo tiempo, nunca logra alcanzar, como en la cita de Franz Kafka que se menciona en el libro: ¿Que tengo en común con los judíos? Apenas si tengo algo en común conmigo mismo3.
Regnault considera al objeto a a partir de la fórmula del fantasma y de la relación de implicación, de inclusión y de exclusión, que escribe el rombo. Es en este sentido que define al judío como objeto a de occidente, en una implicación recíproca (no existe el uno sin el otro), pero también en un movimiento de inclusión que alterna con una pendiente hacia la exclusión.
Pero ¿qué es un Judío considerado de esta manera en la dialéctica del fantasma? “Ser, decirse, Judío es del orden de lo real. De lo real en el sentido de Lacan. (…) Lo real de un nombre”4. Por otra parte, subraya el autor, no hay ninguna definición del Judío que se sostenga totalmente en una realidad conocida, ya sea en los ámbitos religioso, étnico o histórico, que pueda decir ese nombre como tal, salvo de manera parcial. Queda un imposible a decir. “No hay una definición realista del Judío, el Judío no tiene propiedad (como nombre)”5. O sea que no hay propiedad que lo defina de manera absoluta. “Por ejemplo, la circuncisión es un rasgo (una propiedad) importante, pero solo se puede calificar de judía cuando se trata de la circuncisión de un Judío”6. En otras palabras: el nombre (judío) precede a la propiedad que se supone caracteriza a ese nombre.
El nombre no deriva su particularidad de ningún rasgo que lo defina, es por eso que es real. Esta es la forma en que él lo define como objeto a (lo que Lacan sostuvo en un momento como forma de lo real) en la relación con Occidente. “Lo que es occidental mantiene con lo que es Judío una cuádruple relación de inclusión recíproca, de exclusión y de inclusión”7. Y precisa: “Es posible verificar que ni los Árabes ni los Negros (…) guardan esa relación con Occidente. Por ejemplo, si los Negros del gueto son objeto a, solo tal vez lo sean en Estados Unidos pero no en Occidente”8.
El Judío es un real del nombre que se sitúa como una singularidad en la relación que Occidente tiene con él. Los ecos de esta conclusión resuenan todavía en la actualidad: “Para mayor claridad, siempre que se charle con alguien sobre el conflicto israelo-palestino: habría que preguntarse en primer lugar en cuál de los dos “campos” se ubica su interlocutor, y también usted. El resto es bla, bla, bla”9. Esto no es una visión optimista de la resolución del conflicto. Pero antes de encontrar una solución, es necesario plantearse la pregunta y tratar de hallar respuestas.
Alexandre Stevens es psicoanalista, reside en Bruselas.
Miembro de ECF, NLS et AMP. Director de Courtil. Actualmente es vicepresidente de la NLS.
Traducción: Beatriz Premazzi
Notas :
1 Integrantes del Cartel: Katty Langelez-Stevens, Michel Gheude, Monique Kusnierek, Antoine Cahen, Alexandre Stevens y +1 Philippe Bouillot .
2 Regnault F., Notre objet a. Éditions Verdier, Paris, 2003.
3 Ndt. Mi propia traducción de la cita de Kafka.
4 Ibid. Página 7 del original francés.
5 Ibid. Página 39.
6 Ibid. Página 43.
7 Ibid. Página 27.
8 Ibid. Página 28.
9 Ibid. Página 13.