Me pregunto acerca de la relación entre democracia y el psicoanálisis. Dos instituciones de la cultura. Instituidas en tanto estructuras fundamentales de una organización y una actividad social, la democracia y también en el sentido de cuerpo constituido en un saber y una práctica, el psicoanálisis.
Un punto de contacto entre el psicoanálisis y la democracia es la política, es condición del ejercicio de nuestra práctica el estar a la altura de la época y leer o interpretar la política y sus consecuencias sobre la subjetividad y sobe este ejercicio ético que es la interpretación, leer los avatares de las democracias e interpretarlos en los efectos en la subjetividad.
Equiparo democracia y política, en lo que hace a sus fundamentos. Podemos asemejar la política a la democracia en lo que hace al orden, a lo que regula funciones predeterminadas, como la intervención normativa y administrativa, allí democracia.
En relación a la dimensión de ruptura la democracia se asemeja a lo político, entendidos ambos como espacios de ruptura, en el sentido de problematizar, desestructurar, cuestionar o tender a un nuevo orden o transformación, asociado con la dimensión de contingencia inherente a lo social.
La política y las democracias no tienen unanimidad de respuestas, las épocas cambian y hay nuevos movimientos, nuevo orden mundial y nuevas conflictivas sociales que llevan a la política a trascender los límites del Estado.
Para Jaques Rancière «…democracia no es el régimen parlamentario o el estado de derecho. Tampoco es un estado de lo social, el reino del individualismo o el de las masas. La democracia es, en general, el modo de subjetivaciones de la política… Es el nombre de una irrupción singular de ese orden de distribución de los cuerpos en comunidad». Hay una pregunta que se hace, «¿Cómo es que la igualdad consiste en igualdad y desigualdad?».
En situación de habla, los interlocutores entienden y no entienden lo mismo en las mismas palabras, esto es, no si uno dice bueno el otro dice malo, sino que dicen bueno, pero no entienden lo mismo.
La lógica política se hace visible cuando, en relación con la distribución del todo y las partes, una «parte sin parte irrumpe».
La política democrática muestra la radical indeterminación de la sociedad, en tanto vocación de un todo-orden o un todo uso. Podemos decir que la política hace visible la falta de fundamento último en el para-todos, como el psicoanálisis.
La democracia, entonces, debería valerse de un modo de subjetivación para cuestionar el principio estructurante de la sociedad, en tanto aparato simbólico.
Orden y ruptura hacen a la relación entre política, democracia y psicoanálisis.
Ahora bien, si la perspectiva de lectura es la de la imposibilidad de fundamentos últimos, pues todo orden definitivo es imposible. ¿Por qué no pensar a la imposibilidad como condición de posibilidad? Hay un imposible de definir conceptualmente todo, hay un impasse estructural, tal como lo demuestra la dinámica discursiva de Lacan, una imposibilidad de reintegrar el producto como verdad.
Hoy lo cerrado de la política, se despliega en el universo científico-tecnológico-capitalista de lo ilimitado. J-C Milner dice: “Todas las variantes de la política de las cosas –entiéndase el capitalismo– descansan en la hipótesis de que el ser hablante no pone límite a las cosas”. Esta perspectiva conduce al desprecio de los cuerpos y su singularidad de goce.
El habla política, se encuentra atravesada por la inconmensurabilidad de todo ser que habla.
Podemos decir entonces que el habla política sufre los efectos de la ciencia ilimitada, sufre los efectos del mercado ilimitado y del habla singular, de allí que la política, el habla política, no puede pretender ningún dominio del todo hoy.
Hay en la dimensión discursiva, en tanto lo que descompleta el sentido-todo en el Otro Social, aquello que no es proliferación de sentidos intencionales, como en el discurso capitalista y lo ilimitado, como en las democracias formales, una barrera a la alienación de goce en una demanda manipulada.
Es el disenso que se produce en el ejercicio del discurso analítico, en tanto diferendo real y acción, en tanto acto, donde cada uno encontrará, en la soledad de una praxis, su singular condición de goce, que le permitirá leer la demanda de otra forma.
Se abre un interrogante, para continuar mi investigación: ¿Cuál es la condición del bien en el campo de lo instituido, cuando la intencionalidad manifiesta tuerce y condiciona el modo de gozar de cada uno?
Álvaro Stella es psicoanalista, reside en Córdoba, Argentina.
Médico (UNLP). Psicoanalista, miembro de la EOL y AMP. Presidente del Instituto CIEC (Córdoba). Docente en Psiquiatría (UNC).
*Texto presentado en las Jornadas de Carteles de la EOL, La Plata, 24 de agosto de 2019.