Andrés Borderías – “Clínica del aislamiento, ética de la soledad”

El creciente aislamiento de los ciudadanos y su sentimiento de soledad preocupan a los políticos, las administraciones públicas y los profesionales que se ocupan de lo que resta del estado del bienestar. Según algunos estudios provenientes de la sociología y la psicología, nos encontramos ante una “epidemia” que afecta a un número creciente de sujetos, con consecuencias muchas veces graves para su salud. En varios trabajos de amplio espectro se han encontrado concomitancias significativas entre indicadores de aislamiento e índices de depresión, de abuso de tóxicos, de sobremedicación y de deterioro general de la salud  −incluidos suicidios−  índices que estarían incrementándose de modo alarmante en amplios sectores de la población en los últimos años[1].
Hasta tal punto preocupa a los gestores de lo público este nuevo síntoma que, en Gran Bretaña, Theresa May ha nombrado recientemente a Tracey Crouch “Ministra de la Soledad”[2]. Para responder a esta ‘epidemia’, los gestores de lo público siguen las indicaciones del discurso psicosocial, con propuestas diversas, que van desde el desarrollo de redes de atención social a domicilio, a la promoción de call-centers, y espacios de encuentro comunitarios, como Men in Sheds o los Knit and Nattergroups[3]. Lo ‘comunitario’ apoyado en las nuevas tecnologías surge así como nuevo paradigma para el tratamiento de esta ‘epidemia’.

¿Qué puede decir el psicoanálisis al respecto? Las iniciativas comunitarias pueden ser formas eficaces para promover el encuentro entre los ciudadanos, pero la experiencia clínica nos permite afirmar que esto no va al fondo del problema y que es insuficiente para dar cuenta en cada caso de la causa del aislamiento y de la función que este síntoma puede jugar para un sujeto en concreto.

Nada más ilustrativo de los límites del ‘comunitarismo’ que la denominada ‘fobia social’: la clínica nos enseña que algunos sujetos recurren al aislamiento como una forma eficaz para evitar el encuentro con un real insoportable, de modo que su aislamiento implica a la vez una solución y una fuente de malestar para ellos.

Por otro lado, el ‘comunitarismo’ deja de lado la cuestión de la constitución misma del vínculo entre los sujetos. Ignora así lo que promueve, el papel que juega en el vínculo la identificación a un ideal, o a un fantasma, la incidencia de las relaciones imaginarias y sus consecuencias. Este pragmatismo de buenas intenciones corre entonces el riesgo de generar otro tipo de aislamiento, pues un sujeto puede quedar confinado en su nueva comunidad, o contribuir al aislamiento entre las comunidades mismas, cuando no el empuje hacia el conflicto o la segregación entre las diversas agrupaciones que se promueven en esta lógica.

 Transformaciones en el vínculo social

El aumento del aislamiento ocurre en la época de la globalización, en medio de la expansión de los medios de comunicación, de transporte, y de un nuevo mundo virtual.
El ciudadano moderno depende cada vez más de sus propios recursos; eso es constatable desde el inicio del siglo pasado con la desaparición de la familia extensa[4] y la disolución de los grandes ideales que habían cohesionado hasta ese momento las sociedades europeas, como bien supo recoger Stefan Zweig en El mundo de ayer y más recientemente Zygmunt Bauman o Richard Sennet[5].

Sigmund Freud expuso en ese momento, en su conocido texto Psicología de las Masas y análisis del yo las operaciones simbólicas, estructurales, que permiten dar cuenta de la constitución del vínculo y la socialización del niño. La Identificación, la función del Ideal del Yo, la incidencia de la castración bajo el régimen del Padre, el amor y la elección de un nuevo partenaire son algunos de los conceptos con los que Freud abordó el proceso que permite al niño pasar de su soledad “autoerótica” a un vínculo social, en el que el amor, el deseo y la satisfacción han encontrado un régimen civilizado.

Lacan señaló posteriormente el papel corrosivo que el discurso de la ciencia ha operado sobre el viejo orden simbólico, disolviendo la consistencia de la función paterna, los Ideales, cortocircuitando la castración y en definitiva la estructura misma del discurso con el que el sujeto establece un vínculo.

Dicha “evaporación del padre”[6] ha dejado cicatrices tanto en el vínculo social como en la subjetividad de modo que el aislamiento del hombre actual se debe en parte a la disolución de los discursos que le permitían establecer un vínculo.

Para dar cuenta de este proceso Lacan habló de “proletarización del individuo…que ya no tiene nada con qué establecer un vínculo social”[7]. El impase de los partidos políticos, los sindicatos, y de todas aquellas instituciones sociales articuladas alrededor de la ‘solidaridad’, la evaporación misma de este Ideal, permiten captar su alcance. Las más recientes transformaciones urbanas en las que el lugar y el lazo de los sujetos están siendo profundamente alterados por el turismo de alquiler, no son sino otra muestra del alcance de esta afirmación y podríamos encontrar otros muchos ejemplos de la conmoción de los modos de establecimiento de un vínculo ordenado por los viejos discursos.

Transformaciones en la subjetividad

De lado de la subjetividad podemos señalar otros efectos de la conmoción del orden simbólico que favorecen el aislamiento. Algunos de ellos vienen también de la mano del discurso capitalista: la captura del sujeto por el goce autista que obtiene de los objetos de consumo, objetos ‘plus de goce’. El individuo moderno tiende a buscar su felicidad en el campo del goce, pero cortocircuitando el deseo. Es la adicción generalizada y el aislamiento consecutivo.

Por otro lado, las transformaciones en el orden simbólico han tenido una notable incidencia para muchos sujetos que  experimentan una fragilidad subjetiva importante que les impide ‘tener un cuerpo’, una identificación y una relación en el campo del deseo suficientemente consistente como para establecer una relación vivible con un partenaire. Estos sujetos deben entonces construir sus propias invenciones y trazar su propio camino.

Clínica del aislamiento

Entre los impases del discurso, los efectos del goce sobre el sujeto y la fragilidad subjetiva, podemos situar un amplio campo de la clínica del aislamiento. Señalemos alguna de sus figuras paradigmáticas en la actualidad. El Hikikimori, frecuente entre los adolescentes de las sociedades hipercompetitivas[8]. Se trata de adolescentes, en la mayoría de los casos, que en las sociedades como la japonesa, renuncian de modo radical a este Otro infernal y se encierran en el hogar familiar.

El sujeto que tras la pérdida de su trabajo se sumerge en la depresión y el aislamiento, pues una identificación, o una nominación, ha quedado invalidada para él, poniendo a cielo abierto una fragilidad amparada hasta ese momento en su “función social”.
El adicto a una sustancia, a un objeto, a una práctica de goce, al servicio de una separación del Otro, o con efectos de cortocircuito sobre el deseo. Por último, el autista, que de modo radical encarna el no ingreso en el discurso.

Más allá de la variedad de formas y causas del aislamiento, una para cada individuo –podríamos decir– encontramos en la clínica los inventos y soluciones que cada sujeto construye, a veces con gran esfuerzo, para establecer o reengancharse a una relación con los otros. La variedad de fórmulas desarrolladas nos lleva a aprender de cada caso la lógica que reside tanto en su aislamiento como en el posible restablecimiento de un nuevo vínculo.

La soledad, más allá del aislamiento

Nuestra reflexión no se detiene en la problemática del aislamiento. El psicoanálisis diferencia el aislamiento, de la soledad, en la que reconoce una condición primordial del hombre por el hecho de ser parlante, nada hay de patológico en la soledad.
El hombre está solo ante lo real de su cuerpo y padece la inexistencia de lo que Lacan denominó ‘proporción sexual’ entre su goce y el ajeno, relación que no puede escribirse en el inconsciente. Esta es la condición estructural de su soledad.

En el seminario Aún, Lacan afirma: “Lo que habla, sólo tiene que ver con la soledad, sobre el punto de la relación (…) que no puede escribirse. Ella, la soledad, en ruptura del saber, no sólo puede escribirse, sino que además es lo que se escribe por excelencia, pues es lo que de una ruptura del ser deja huella”. Y un poco más adelante, en ese mismo seminario afirma: “El Uno (…) representa la soledad (…) no se anuda verdaderamente con nada de lo que al Otro le parece sexual”[9].

Lo que se escribe en el inconsciente no es la relación sexual, sino un Uno solo, aislado, huella de una “ruptura del ser”, de un traumatismo o de una experiencia de goce cuya traza más sensible emerge en el síntoma[10].

De este modo, Lacan apunta al corazón solipsista del sujeto: la escritura en el inconsciente de un goce propio y singular como un Uno radicalmente solo[11].

Por eso, si la fenomenología del aislamiento tiende a ser interpretada en clave psicopatológica, la cuestión de la soledad nos sitúa más bien en el terreno de la ética, de la posición y las respuestas de cada sujeto ante su síntoma, ante la causa de su deseo y de sus ideales, frente a los que se encuentra radicalmente solo.

En las instituciones

Los psicoanalistas en las instituciones acogemos esta gran diversidad de posiciones y de variedades del aislamiento. Es un punto de partida que puede permitir la instalación de la transferencia.
Transferencia con la institución, que a veces se encarna en un analista, o en varios, y que puede permitir el surgimiento de un nuevo vínculo, inédito, gracias al cual un sujeto podrá tratar de hacer algo distinto con sus dificultades para vivir. Lacan señala que “el inconsciente es que en suma uno habla, si es que hay parlêtre  −ser parlante− uno habla solo (…) Uno habla solo porque no dice sino una misma cosa, salvo si uno se abre a dialogar con un psicoanalista”[12], lo que supone una nueva forma de construir un vínculo en el que se incluye la pregunta por el deseo.

De todo ello hablaremos en esta primera Jornada de la FCPOL, que también será la oportunidad para la puesta en común de la experiencia entre psicoanalistas que trabajan en instituciones muy diversas desde hace muchos años, pues la transferencia de trabajo forma parte del vínculo que el discurso psicoanalítico inspira.

 

Andrés Borderías es psicoanalista, reside en Madrid.

AME de la ELP, docente de la Sección Clínica, director de la FCPOL y de la 1ª Jornada de la FCPOL, director del CPA Madrid.

*Texto original publicado en Boletín Nº2 para la I Jornada de la FCPOL, 2 de junio de 2018, https://mailchi.mp/elp/i-jornada-de-la-fcpol-349537?e=a119ab459a

 

Notas bibliográficas:

[1] Así lo afirma un estudio reciente de las Universidades de Chicago y de Leuven, dirigido por John Cacioppo y Julianne Holt-Lunstad, realizado sobre 300.000 personas en varios continentes, según el cual el sentimiento de soledad y de aislamiento afectaría a un tercio de la población en las sociedades desarrolladas. Ver también la investigación “La soledad en España”, de Juan Díez Nicolás y María Morenos Páez, promovida por la Fundación Axa y la Fundación ONCE.

[2] Tracey Crouches desde el pasado 17 de enero de 2018 Minister for sport and civil society. Los medios de comunicación y la opinión pública han rebautizado su cargo como Loneliness Minister : “The minister for loneliness will need all the friends she can get”, by Stewart Dakers, en The Guardian del 23-Enero-2018 ( “…more tan nine million people in the UK often or always feel lonely”).

[3] Ibid.

[4] En 1884 Engels recoge ya esta transformación en su conocido ensayo “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”.

[5] Bauman, Z., La Modernidad Líquida. Sennet, R., La corrosión del carácter.

[6] Lacan, J., Nota sobre el padre”, El Psicoanálisis, revista de la ELP nº 29.

[7] Lacan, J.,  La Tercera”, Intervenciones y Textos nº2, Manantial, Bs.As., 1988. “Sólo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir, no tiene ningún discurso con qué hacer lazo social.”

[8] Hikikimori, en Wikipedia: “literalmente  ‘apartarse, estar recluido’  es un término  japonés para referirse al fenómeno social que las personas apartadas han escogido abandonar la vida social.”

[9] Lacan,J., Seminario XX Aún, Paidós, Bs.As., 2012,  p. 145, p. 155.

[10] La Sagna, Ph., De l´isolement à la solitude, par la voie de l`ironie, en Mental nº24, Revue Internationale de Psychanalyse.

[11] Jacques-Alain Miller ha desarrollado esta cuestión en “El Uno solo”, Curso de orientación lacaniana del año 2011, inédito

[12] Lacan, J., Seminario XXIV “L´insu que sait de l´une-bevue s´aile à mourre”, inédito.

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