Andrés del Río y André Rodrigues – Bienvenidos a la Era Mourão: el orden de los de siempre

No se necesita ni un mes para confirmar la precarización sistémica del clan Bolsonaro. El nuevo presidente, de forma eficiente, demuestra que las predicciones negativas hechas en los meses previos, en la campaña electoral, no eran simplemente discursos electorales de candidatos opositores. Estamos viviendo la tragedia anunciada. Hay una paradoja: el aspecto más previsible del actual gobierno es justamente su imprevisibilidad, teniendo en vista la alta dosis de improvisación que está en juego.

Por un lado, nada fue propuesto, ni una política pública honesta fue establecida como norte del nuevo gobierno, exhibiendo incapacidad y poca planificación. Por otro lado, los discursos y símbolos que desfilaron en el primer mes de gobierno nos dejan un sentimiento mixto de vergüenza y desconfianza. Es sólo recordar algún discurso aleatorio de parte de los ministros más visibles del gobierno nacional. Tal vez la más promiscua discursivamente fue la ministra Damares, cabeza del Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, que en los primeros días del nuevo gobierno estableció la nueva era y su primera política pública prioritaria: ‘Niño viste azul y niña viste rosa’1. Por supuesto, el Ministro de Relaciones exteriores, no se queda atrás con su bombástica iluminación de vanguardia que, de forma prematura, diseñó en su blog, antes del nuevo gobierno tomar posesión, e indicó: «[El globalismo] esencialmente es un sistema antihumano y anticristiano. La fe en Cristo significa, hoy, luchar contra el globalismo, cuyo objetivo último es romper la conexión entre Dios y el hombre, convirtiendo el hombre esclavo y Dios irrelevante. Así, el norte de Brasil en el mundo quedó en un delirio organizado.

Menos de un mes fue suficiente para conocer y desesperarse con las novedades. Mientras tanto, el silencio en las áreas vitales preocupa aún más. El ataque sistemático y silencioso a la matriz económica brasileña fue y es el principal objetivo desde el golpe de 2016. Un proceso en marcha. Y el ministro de la economía, Paulo Guedes, con un profundo desconocimiento de la dinámica política, está enfocado en la reforma previsional, mirando más a los intereses financieros externos que a una política pública a largo plazo para la sociedad como un todo. Y con esa reforma, entra en el paquete la aniquilación de los sentidos de los derechos sociales luchados y establecidos en la constitución de 1988. En fin, una constitución que agónicamente está muriendo desde 2016, y que el nuevo gobierno va a intentar exterminar.

Pero, además del desfile de paradojas, tenemos delante de nosotros el precipicio del nuevo momento nacional. Y de ese precipicio no se sabe quién va a caer. Se descubrió un esquema de corrupción que sacaría cualquier agente de gobierno, incluso un presidente. No se trata sólo de eso, sino también de su vínculo con la milicia que nos deja en el límite del precipicio de los sentidos institucionales y humanos. Así, la continuidad del Clan Bolsonaro es la aceptación de un nuevo tipo de estado brasileño, más cerca del Oriente Medio que de la trayectoria histórica brasileña.

Las milicias representan hoy la forma de criminalidad más espuria para el orden democrático. Esto es porque ella conjuga crímenes de cuello blanco (lavado de dinero, empresas fantasmas, perchas de trabajo en el sector público, etc.) con crímenes contra la vida, principalmente, los homicidios y desapariciones forzadas. Ellas expresan, así, un vórtice entre el poder económico de las élites nacionales y la propagación de las manifestaciones agudas de la barbarie a nivel local. El carácter explícito de las relaciones entre la familia Bolsonaro y las milicias (vínculos de amistad, homenajes públicos, contrataciones sospechosas en gabinete parlamentario) define las líneas generales de la llegada al poder nacional de esa red criminal. Es, por lo tanto, la expresión de otra paradoja: el ejercicio de un gobierno que desconstituye el orden para el cual fue electo.

En este sentido, el propio presidente, cuando aún era parlamentario acentuó varias veces los grupos de exterminio y las milicias como aliados. Se llegó a afirmarlo en el púlpito del parlamento, en el momento en que dijo que los grupos de exterminio eran bienvenidos en Río de Janeiro. Este acento, en la época, parecía una bravata de un diputado poco prominente del bajo-clero con una agenda política irrelevante (casi treinta años de parlamento con apenas dos proyectos de ley aprobados). Pero con la llegada del bajo-clero al poder, junto con los sótanos de la dictadura, tal vez también hayan emergido las líneas de frente de la criminalidad urbana. Es importante destacar, en Río de Janeiro, en áreas controladas por las milicias, la votación en Jair Bolsonaro para presidente fue expresiva. En la Baixada Fluminense, en Angra dos Reis y en Río de las Piedras, Bolsonaro sobrepasó el 70% de los votos2. Pero no es sólo desde el punto de vista de las relaciones políticas y de mercado que el bolsonarismo tiene nexos con las milicias. Los vínculos ideológicos con estas organizaciones criminales son también muchos consistentes.

En este escenario, esperar que Bolsonaro y su grupo continúe en el poder, ubica el Brasil en las cuerdas. El Brasil como un todo. Y significaría la aceptación y complicidad, de los sectores tradicionales y del ámbito militar de un gobierno miliciano. Así, entraríamos en la era del boxeo y de la prepotencia, deshaciendo los sentidos de la democracia minúscula en la que estamos viviendo. Pero en realidad parecería que todo se está orientando en un giro de rumbo, dentro del mismo norte. Es decir, estamos entrando en la nueva era del pasado: la era Mourão. Los sectores del judicial, militar, empresarios, vieja política y medios de comunicación, la tradición de pie nuevamente están más fuertes que nunca. En este recorrido, la continuidad está presente con esta derecha enraizada en nuestra realidad, que se comunica con linajes históricos. Una continuidad con experiencia y, al mismo tiempo, con las innovaciones del contexto actual internacional, especialmente en la restauración conservadora regional e intervenciones de los Estados Unidos en los países del sur.

Todo pasará de la tonalidad explícita, literal, obvia y simplista, que marca el bolsonarismo, hacia un poder que tiene profunda relación con el artificio de las apariencias. Una vez estancada la sangría del furor bolsonarista, Mourão empleará medios más sutiles y, por eso, más eficientes de mantenimiento del mismo orden defendido por el capitán-bufón. Tal vez el globo de ensayo sea el maratón de entrevistas internacionales que está teniendo incluso contra indicaciones de la presidencia para contenerse3. La construcción de un imaginario de ficción del General gentil y sensato, lejos de la realidad verde oliva que lleva dentro de sí. Sería, por lo tanto, un paso importante para la consolidación de los sectores conservadores en el poder: la vuelta a expresiones más propias del conservadurismo a la brasileña.

En vez de bocas espumando odio, la cordialidad cruel de las relaciones de poder más abusivas. En el lugar de la guerra declarada contra lo «políticamente correcto», el triunfo de la naturalización de la mentalidad y de las expresiones conservadoras. Es como volver a ver una pornochanchada sin que el machismo, el racismo y la misoginia de esa escuela del cine brasileño causen espanto o indignación. Eso porque no se trata más de expresión del pasado, algo datado, sino experiencia del presente.

Pero estos sectores militares no salieron de los cuarteles con la llegada del nuevo gobierno, lejos de eso. El hecho es que, en la huella del golpe de estado contra Dilma Rousseff, en 2016, esas alas militares, (con los liderazgos de Villa Bôas, Mourão, Heleno, entre otros), han buscado cada vez más hacerse viables como una alternativa para las inestabilidades políticas del país. Incluso el propio bolsonarismo sería un paso más para la desestabilización y consecuente consolidación de los militares del poder. La presencia, sin precedentes, en el período democrático, de militares ocupando el primer escalón del Gobierno Federal, comandando 21 áreas de la gestión, con predominio de cuadros del Ejército4, confirma esa tendencia, cada vez que Bolsonaro demuestra su falta de preparación para ocupar las funciones de jefe del Poder Ejecutivo. Mourão, en ese proceso, ha intentado demarcar su distinción en relación a Bolsonaro, valorizando una persona pública más moderada y articulada que el chiflado capitán5.

En este sentido, en la historia brasileña, el perfil político del ámbito militar tuvo costos para ese sector. Es por eso que diferentes líneas prefieren privilegiar otro tipo de visibilidad y de negociación institucional en la democracia. Pero la presencia exponencial, en las últimas elecciones de candidatos de origen militar, en la activa o reserva, pone nuevamente en pauta los límites y equilibrios de las ambiciones políticas individuales y los objetivos institucionales de ese sector en la democracia. Al poner una ambición institucional en el ámbito político, se hace que los costos, la visibilidad y la demanda, sean más sensibles. Esta es la razón de la fuerza de destrucción de cualquier narrativa que revise el papel del sector militar en la última dictadura. La construcción de una memoria de eficacia y eficiencia en la economía y de la construcción democrática es vital para poder entrar en el ámbito político sin los dedos apuntando a las ilegalidades y arbitrariedades cometidas durante el último período autoritario. La memoria colectiva construida del imaginario militar y su papel es vital para comprender las posibilidades existentes hoy.

Después de la experiencia del delirio-bolsonarista, que durará un suspiro, en el mejor de los casos, entramos en la artificial normalización de la vida política brasileña con lo más viejo que hay en Brasil. Por un lado, el poder judicial garantiza la permanencia del estado de derecho pos-destituición. Los militares, por otro, como guardianes de la democracia brasileña, de la tutela de los últimos tiempos y garantes del orden, o lo que ellos consideran orden. Y los empresarios y los políticos de siempre, haciendo fluir con normalidad la dinámica nacional del corporativismo y repartición territorial, con aire de vida ordinaria. Todo sellado por los medios de comunicación restituidos en su role de garantía de un accountability selectiva y arbitraria. En fin, bienvenidos al pasado, de la continuidad de los de siempre.

En este recorrido, la memoria de la trayectoria del progresismo del Partido de los Trabajadores será reconfigurada, ubicándola como un período de excepcional corrupción, rebajando esa experiencia con el suspiro llamado el miliciano Bolsonaro. Pero claro, principalmente, la reubicación de la experiencia bolsonarista, porque la experiencia petista ya viene siendo trabajada y delimitada hace muchos años. Es sólo mirar a los estudios del Manchetôdromo, de la UERJ. De esta forma, la construcción de la memoria colectiva de los peligros de los extremos permite potenciar la supervivencia de los mismos de siempre. Y parte de esa construcción de la memoria colectiva son las resignaciones del papel del sector militar en la última dictadura. A partir de la memoria actual existente es que se habilita una presencia desmedida de ese sector en el ámbito político. Tal vez, el propio Mourão sea cristalino del proceso al decir: la dictadura militar fue «guerra pequeña» y debe ser revisada por historiadores.

La era Mourão se convierte en un proceso de normalización artificial del pasado en el presente, de restauraciones de los papeles tradicionales de los actores y agentes en la dinámica nacional. Así, con una población que va a apoyar una normalización artificial después de una experiencia traumática como la bolsonarista, todo parece nuevamente ordinario. En este proceso existen innovaciones, sectores reacomodados y luchas internas de poder, que el tiempo va a sedimentar. Sin embargo, esas diferencias no alteran el norte establecido hace dos años, en el perfil de profundización neoliberal, debilidad de las instituciones del estado, baja fiscalización en las diferentes áreas de la economía, concentración de renta y desigualdad, precarización de los derechos sociales, y la adhesión a Estados Unidos en su emprendimiento de la reavivada doctrina Monroe y la lucha geopolítica actualmente existente a nivel internacional. Teniendo en cuenta la región, la inestabilidad venezolana con la intervención extranjera, permite potenciar los discursos de mano dura, políticas de seguridad y el militarismo. La oposición y los sentidos democráticos quedan reducidos, de esa forma, a expresiones de deseos y se convierten en la imagen de un pasado que tardará en volver. Los beneficiados por el momento internacional actual no son los demócratas sino los sheriffs locales. Y ese lenguaje y esos símbolos pulverizan las luchas por los derechos humanos, el humanismo del colectivo y la preocupación por el otro. En este sentido, no sólo la democracia está en las cuerdas, sino los sentidos institucionales del colectivo, de la libertad, de lo diverso, de los avances de las minorías.

Tres años en la vida de un país es poco y mucho al mismo tiempo. Y fue el plazo que tardaron los sectores tradicionales para reconfigurar y restablecer las viejas estructuras y posiciones de poder de los actores.

Bienvenidos a la vieja era, bienvenidos la era del orden de los de siempre.

 

Andrés del Río Roldán es politólogo, reside en Río de Janeiro.

Doctor en Ciencias Políticas (IESP-UERJ). Investigador y Profesor Adjunto de Ciencia Política de la Universidad Federal Fluminense (IEAR-UFF). Jefe del Departamento de Geografía y Políticas Publicas DGP-IEAR-UFF. Investigador del Instituto de Ciencia y Tecnología en Políticas Públicas, Estrategias y Desarrollo (INCT-PPED)  Coordinador del Núcleo de Estudios sobre Estado, Instituciones y Políticas Publicas, NEEIPP-UFF.

 Andrés Rodrigues es polítologo, reside en Río de Janeiro.

Professor Doutor de Ciência Política na Universidade Federal Fluminense.

 

Traducción: Ana Paula Britto

 

* Una versión previa fue publicada en Carta Cacital: http://www.justificando.com/2019/01/31/bem-vindos-a-era-mourao/

 

 

Notas bibliográficas:

1 https://oglobo.globo.com/sociedade/menino-veste-azul-menina-veste-rosa-diz-damares-alves-em-video-23343024

2 https://br.noticias.yahoo.com/contra-o-apos-globalismo-apos-181100191.html

3 https://congressoemfoco.uol.com.br/eleicoes/bolsonaro-apoiou-grupo-de-exterminio-que-cobrava-r-50-para-matar-jovens-da-periferia/,

https://www1.folha.uol.com.br/poder/2018/06/em-2003-bolsonaro-parabenizou-grupos-de-exterminio-por-substituir-pena-de-morte-no-pais.shtml

4 http://www.tse.jus.br/eleicoes/estatisticas/repositorio-de-dados-eleitorais-1/repositorio-de-dados-eleitorais

5 https://www1.folha.uol.com.br/colunas/monicabergamo/2019/02/mourao-fara-maratona-de-entrevistas-apesar-de-pressao-por-discricao.shtml?fbclid=IwAR0Baa_dZEZvrVeQ2dZ65aC7V-ARfZ3TmMt22apWHPG_gjKEluFI4V_GdY8

6 https://www1.folha.uol.com.br/poder/2019/01/militares-ja-se-espalham-por-21-areas-do-governo-bolsonaro-de-banco-estatal-a-educacao.shtml

7 http://elianebrum.com/desacontecimentos/mourao-o-moderado-2/, https://blogs.oglobo.globo.com/bernardo-mello-franco/post/mourao-virou-voz-moderada-do-governo.html

8 http://www.manchetometro.com.br/

 

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