1-La Roma antigua conocía la corrupción o mordida, según Paul Vigyne. Fue entre sus magnánimos generales. Por caso Julio César y su partido Cesarista, combinaban corrupción y perversión, y Cicerón estuvo dentro de la movida para asegurarse fortuna en su vejez. La regla era directamente proporcional: a más crecimiento y despliegue del imperio, más descontrol administrativo de los bienes y más corrupción. Por aquello de que Roma era una maquinaria de conquistas, (Dominiun mundi) por entonces la corrupción se daba más hacia las fronteras, por eso era cosa más de milicias y militares. Gracias a eso César cruzó el Rubicón cambiando la historia de accidente. Zizek lo comenta en su libro “El sublime objeto de la ideología”.
2-Por estos lares, en primera instancia la corrupción fue apropiación (mano captun) de cosas sin propietarios, y hasta de personas despersonalizadas. Fue en la conquista, y luego en la colonia. Más tarde las guerras civiles, en su interior Sarmiento puso en uso el término atalivar como sinónimo de corrupción, ya que hacía referencia a Ataliva Roca, hermano menor del zorro, famoso por sus dotes de gran corrupto en todos los aspectos. Con la consolidación del estado y la modernidad, la corrupción tomó giro en la política bajo la forma de fraude electoral y el uso de prácticas caudillistas y bandoleras. Habría que añadir aquí al nuevo rico, pero un análisis de este caso llevaría un largo trabajo.
3-Ya en el presente, la corrupción pasa a tener un status con dos bordes; la ingeniería bancaria y lo ‘choriplanero’, por cuanto se trata de la relación de lo público con lo privado a través de dos instituciones bien definidas: a) la política y sus personajes, b) el sistema financiero, la banca internacional y la dirigencia empresarial en rubros especiales. Ya en estos casos el Otro no existe, existe el rico, donde no hay credo ni religión, y se ponen en uso grupos como “la patria contratista y otros”. Pero se mantiene una constante con el mundo antiguo y la historia nacional, que es la regla directamente proporcional enunciada en el punto 1.
4- Bajo la rúbrica del goce la corrupción podría ubicarse más del lado de la sublimación, tal es el caso de los K. Por los montos y el tiempo que según se dice le han dedicado a la corrupción, esto estaría más allá de cualquier deseo, por cuanto no hay quien disponga de tiempo y lugar para el uso o usufructo de tantos dólares. Solo del lado de la pulsión se podría llegar a pensar como que constituyen una satisfacción en sí misma, que ahora es elevada a la dignidad de la opinión pública, redoblando la falla de una división de poderes que hace causa con ella. En tal sentido, el mote corrupción pasa a ser algo así como la vieja boca del fusil de Mao Tse Tung, ya que destruye, condena y destituye, siendo una amenaza de orden cada vez más público apoyada en el poder judicial. Por este motivo es también fetiche de cuanto periodista y comunicador ande por allí, de esto se deduce el alcance de su poder destituyente antes que su valor de justicia.
5- Por el lado del deseo; globalizada o soberana, la corrupción lo recubre plenamente, ya que puede llegar a la metonimia infinita del deseo tal cual es: una falta.
6-En todos sus aspectos, la corrupción corporaliza una violencia anal que no hace más que desacreditar la democracia a favor de su efecto depresor sobre la ciudadanía, y siempre tendrá manos que sabrán revolver el desván de las burocracias contemporáneas que reza: sigue, ve por más, quiero más, de un lado, y del otro, el de los empresarios, un cínico deseo de ser parte de lo peor.
Ángel Orbea es psicoanalista, reside en Tandil.