En esta pincelada quiero referirme a la gran cuestión que atraviesa la humanidad y que el psicoanálisis, entre otros discursos, no ha cesado nunca de plantear en toda su complejidad. Esa cuestión es la del Mal, llamémoslo pulsión de muerte, goce … Mal que se encarna en el sujeto y lo arrastra al sacrificio, tanto al suyo como al del otro. La gran enseñanza del discurso psicoanalítico es que el Mal no se combate con el Bien sino creando una nueva relación con el otro, un vínculo más respetuoso. Condición imprescindible es, entonces, comenzar por respetar lo que en el otro constituye su manera de estar en el mundo, su síntoma.
En ciertos lugares del planeta, vemos el surgimiento de movimientos de jóvenes que intentan oponerse a la destrucción programada de una parte de la humanidad. Ni se sacrifican ni son ingenuos, sino que apuestan por el respeto hacia lo vivo como una nueva manera de relacionarnos con el mundo. Utilizan para ello un síntoma juvenil: la desobediencia.
Beatriz Premazzi es psicoanalista Argentina, residente en Ginebra, es miembro de la NLS y de la AMP. Miembro fundadora de la ASREEP.