La violencia contra la población LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, travestis y transexuales) en Brasil es un fenónemo social complejo y preocupante. Aun cuando historias de agresiones y muertes motivadas por el odio hacia las personas que subvierten las reglas heteronormativas formen parte de nuestro cotidiano, la precariedad de las notificaciones oficiales corrobora la invisibilidad de esos cuerpos que “poco importan”1 para el sistema. En la práctica, esos sujetos, aún después de muertos, tienen sus nombres borrados, sus orientaciones sexuales veladas, y sus identidades de género distorcionadas por las mass media y por los órganos gubernamentales.
Según datos de una investigación mundial de la ONG Transgender Europe2, Brasil es la nación que más mata travesis y transexuales, con 125 muertes contabilizadas entre enero y septiembre de 2018. Un informe producido en 2015 por el Grupo Gay de Bahia3 reveló que el riesgo de una persona trans de ser asesinada es 14 veces mayor comparado con el de un hombre cis gay. Además esos sujetos tienen 9 veces más chances de ser muertos con (refinamientos, evidentes trazos) de crueldad.
Tales datos no incluyen otras formas de violencias como exclusiones del medio familiar, falta de acceso a servicios públicos de salud, educación y justicia y acoso moral en los más diversos contextos públicos.
La denuncia de esas muertes se hace aun más obscena cuando es puesta en paralelo con la investigación realizada por el site pornográfico Redtube4 que apunta al Brasil como el país que más busca videos involucrando personas trans. Se dibuja así un escenario marcado por una cínica conexión: la misma sociedad que comete y justifica crímenes contra cuerpos que desafían los semblantes que intentan regular lo imposible del campo sexual, se satisface con sus imágenes desnudas presentes en el campo visual. Un goce escópico a la deriva que va del espectador que pasivamente observa la golpiza a un trans en espacio público, al internauta que disfruta, solo, de la pornografia ofrecida por el mercado del sexo.
¿Qué lecturas para estas violentas formas de segregación?
El concepto de Biopolítica, elaborado por Foucault en la década de los 70, identifica en la modernidad una forma de poder que, más allá de disciplinar las conductas individuales, tiene en el gerenciamiento de los cuerpos y del sexo la vía para regular la producción, tanto de la individualidad, como de la colectividad5.
No hay contradicción entre el poder de gerenciar el incremento de la vida y el poder de diezmar poblaciones en nombre de mejores condiciones de vida. Como alerta Mbembe, en la actualidad, la biopolítica foucaultiana asume la forma de una necropolítica6.
Considerando la realidad brasileña cabe destacar que el avance de discursos políticos y religiosos conservadores ha contribuido para fomentar y, al mismo tiempo, ‘invisibilizar’ esas formas de violencia.
Según el abordaje freudiano, el odio se encuentra en el núcleo de la constitución subjetiva, articulado a la expulsión primordial, por parte del sujeto, de aquello que le resulta insoportable en sí mismo y que, a partir de ahí, pasa a ser localizado, con horror, en el Otro.
A la luz de la última enseñanza de Lacan, esa pasión primordial del ser podemos pensarla a partir de la relaciones con el goce. Si el troumatisme del encuentro entre lo vivo y el lenguaje inscribe en la carne un acontecimento que no cesa de no escribirse, se odia en el otro el goce que, por estrutura, es imposible de cualquier saber. Hay, por lo tanto, en la raíz de la segregación un odio a lo que es más interno al sujeto, puesto que le es éxtimo –el goce del Uno. Como nos dice Lacan7, el kakon (el odio al “enemigo interior”) se infiltra en el lazo social, permeando las producciones de la cultura, las relaciones con el poder y el enfrentamiento con las diferencias.
En una época de “evaporación del padre”8, de disrupción de las referencias fálicas, los sujetos se encuentran aun más carentes de instrumentos frente al desafio de forjar soluciones para la radical alteridad del goce que les habita el cuerpo. Ante la ausencia de un S1, significante amo soporte de las identificaciones, resta la identificación por el modo de goce. Las comunidades de goce, “fraternidades de cuerpos”, ofrecen referencias y alguna nominación (gays, anoréxicos, veganos…) pero traducen, inexorablemente, una exacerbación de los muros. Por esta vertiente, el odio puede, inclusive, generar lazo social al sostener vínculos grupales fundados en el rechazo al otro. En el texto “Clínica del odio y la violencia”, Bassols9 presenta una interessante elaboración sobre el odio como vínculo y como ruptura, que nos sirve para avanzar. El autor resalta que “en una lógica del significante amo que gobierna la diferencia y a la segregación en juego” tenemos grupos y formaciones sociales constituídas por identificación a un rasgo significante positivo o negativo. “El odio y la segregación, en muchas ocasiones, refuerzan las identificaciones en lugar de disolverlas” (pág.24). Tenemos así, una vertiente del odio haciendo vínculo, lazo social. El primer movimento de toda identificación, de la alienación significante, vela algo de la dimensión de un goce del sujeto en juego, que implica el objeto. “El odio, entonces, es también un lazo con el objeto. Es necesario precisar cual.”(pág.26). Esa perspectiva introducida por Bassols permite situar mejor el llamado “odio social” o los “grupos de odio” que presentan vínculos fundados en el rechazo al Otro, donde el odio puede funcionar como un significante del lazo social.
En este contexto de imperio de la imágenes y de discursos totalizantes y totalitarios, los cuerpos trans al encarnar un “suplemento real que constituye una objeción a la entereza de lo imaginario”10, revelan lo insoportable de la inexistencia de la relación sexual y el carácter de semblante de cualquier intento de normalización de lo sexual. Pero con eso nos enfrentan con la angustia de alguien que se vuelve otro en sí mismo.
En tiempos en los que la Biopolítica, las tecnociencias y el capital categorizan las vidas que tienen valor, la “indignación” de esos cuerpos abre espacio para actos de abuso, tortura y muerte. Asistimos a la renovación de un odio violentamente sexista.
¿Qué soluciones para el odio?
La violencia contra la población LGBT es del orden del pasaje al acto, una salida por la vía de la ruptura, fuera de la mediación significante. La solidaridad de las identificaciones en los “grupos de goce” constituye una vía imaginaria de emparejamiento del odio, pero no da cuenta de lo irreductible de la pulsión de muerte. Por otro lado, la reciente aprobación por el Supremo Tribunal Federal de la ley que criminaliza la discriminación por género dice sobre un intento de tratamiento del odio por lo simbólico.
Como nos decía Laurent en una reciente entrevista en el contexto del IX ENAPOL (2019), la experiencia analítica es el lugar posible de un tratamiento diferente del odio irreductible en todo ser hablante, porque es una experiencia orientada por lo real del goce, es posible ser tratado, deslocado, sublimado, para que el sujeto pueda finalmente odiarse menos.
Frente al odio a la diferencia cabe al psicoanálisis reafirmar y sostener una política de amor al síntoma. Una clínica de la singularidad que puede recoger lo que el transgénero enseña sobre las soluciones del parlêtre. Una ética del bien-decir el deseo y del saber-hacer-ahí con el goce como contrapunto a la ferocidad segregativa, pues, como diría Millôr Fernandes11, “si aún tienes la intención moral-visual de sólo encarar hombres de bien, sigue este mi consejo: sal de la calle, ve a tu casa, tranca la puerta y rompe el espejo”.
Blanca Musachi es psicoanalista, reside en San Pablo.
Miembro de la EBP-AMP. Coordinadora por la EBP del Observatorio de género, biopolítica y transexualidad de la FAPOL, periodo 2017-2019.
Eliane Costa Dias es psicoanalista, reside en San Pablo.
Miembro de la EBP-AMP, actual coordinadora por la EBP del Observatorio de género, biopolítica y transexualidad de la FAPOL.
*Trabajo desarrollado a partir de discusiones en el Observatorio de Género, Biopolítica y Transexualidad EBP, con la colaboración de Alexandre Costa Val, Niraldo Oliveira, Oscar Reymundo y Valéria Ravier.
Traducción: Oscar Reymundo (EBP-AMP)
Revisión: Blanca Musachi (EBP-AMP)
Notas:
1 Butler, Judith. Cuerpos que importan: sobre los limites materiales y discursivos del “sexo”. Buenos Aires: Paidós, 2015.
2 https://transrespect.org/wp-content/uploads/2018/11/TvT_TMM_TDoR2018_SimpleTable_EN.pdf
3 Editoria GGB. Asessinato de LGBT en Brasil: Informe de 2015. Bahia: Salvador, enero/2016.
4 https://www.pornhub.com/insights/redtube-brazil
5 Foucault, M. História da sexualidade, vol. 1. Rio de Janeiro: Graal, 1984.
6 Mbembe, A. Necropolítica. Arte e Ensaios, n. 32, 2017.
7 Lacan, J. LA agresividad en psicoanálisis. Escritos. Buenos Aires: 1985.
8 Lacan, J. Nota sobre o Pai. Opção lacaniana, n° 71, nov/2015.
9 Bassols, M. : “Clínica do ódio e a violência” in Curinga 38, Destinos do trauma; EBPMG; 2014.
10 Barros, Romildo do Rêgo. Ódio, semblante e ser. Disponível: https://ix.enapol.org/boletim-oci-4/
11 Fernandes, M. Crônica “Sem margem a dúvidas”. In: Crônicas de Millôr Fernandes. Disponível: https://www.pensador.com/frase/NjYzOTY4/