Carlos Ciappina – Venezuela: Notas para entender un golpe en proceso.

Hoy, en febrero de 2019 los medios hegemónicos de comunicación a escala latinoamericana y global se empeñan en describir la situación actual de Venezuela utilizando términos como ‘crisis’, ‘corrupción’, ‘despilfarro petrolero’, ‘sistema político viciado’, ‘régimen’, ‘dictadura’…

La caracterización actual de la situación venezolana va acompañada de las típicas caracterizaciones sobre su presidente –Nicolás Maduro– como un, o, desde una perspectiva, ‘Dictador’  que avasalla los derechos de todos/as los /as venezolanos.

Nada nuevo, nada que cualquier lector avezado no conozca de la historia latinoamericana: para los medios hegemónicos de hoy –y de antes de hoy– Salvador Allende, Juan Domingo Perón, Jacobo Arbenz, Paz Estenssoro, Getulio Vargas y, más recientemente, Lula Da Silva, Chávez, Dilma Roussef, Rafael Correa o Cristina Kirchner han sido o son ‘autoritarios’ y ‘antidemocráticos’. El hecho irrefutable de que todos/as ellos/as hayan sido electos en procesos impecablemente democráticos parece no afectar a los medios masivos. El problema no es político sino económico.

Todos los gobiernos latinoamericanos que intentan redistribuir la renta nacional hacia los sectores populares, ganar autonomía económica en relación a las potencias occidentales y tener una política exterior independiente de los EEUU han sido tildados prolijamente y sin excepciones como ‘regímenes’.

Volviendo a Venezuela, la acción articulada de los EEUU, la OEA y los miembros de elite de derecha venezolana tienen, de todos modos  un problema de imagen: a casi nadie se le escapa que si logran derrocar al presidente legal –Nicolás Maduro- lo que volverá a Venezuela es a la conformación de la “Arabia Saudita” latinoamericana.

Pero, como las cosas –en especial las Naciones– tienen una historia, recorramos brevemente cómo se llega a la Revolución Bolivariana y que ha significado y significa para la sociedad venezolana.

 

¿Cómo era Venezuela previo a la revolución Bolivariana?

Venezuela era, efectivamente, antes de la revolución Bolivariana una sociedad rica y opulenta… con un puñado de ricos y opulentos que vivían entre EEUU y París gracias a la renta petrolera. Y un mar de miseria y abandono para los sectores populares.

La IV República venezolana se inició con el llamado Pacto de Punto Fijo (1958) que dio fin a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. El Pacto de Punto Fijo estableció una democracia calcada del formato norteamericano: Dos partidos políticos que estaban de acuerdo en casi todo lo importante –sobre todo en distribuirse los cargos y negocios derivados de la fabulosa riqueza petrolera y gasífera de Venezuela–  y que competían y se alternaban en el poder en elecciones en las que el voto no era obligatorio.

Esa ‘democracia’ que los medios mencionan como un pasado ‘glorioso’ sin racionamientos ni penurias, estaba muy lejos de tomar en cuenta a los venezolanos de a pie. En aquella Venezuela ‘democrática’ el 55,6 % de los ciudadanos eran catalogados como pobres por el Instituto Venezolano de Estadísticas (1997) y la mitad de esos pobres vivían en la indigencia.

Para el año 1998 (año de asunción de Hugo Chávez), había en Venezuela sólo 18 médicos por cada 10.000 habitantes; el sistema público de salud era inexistente y la salud de calidad estaba restringida a quien pudiera pagarla (la elite se atendía, por ejemplo, directamente en los EEUU).

El analfabetismo era común y corriente en la opulenta Venezuela de la Acción Democrática y del partido socialcristiano COPEI: casi dos millones de analfabetos parados sobre un océano de petróleo que volvía súper ricos a un puñado de familias y empresas.

Las Universidades –también copiadas del sistema norteamericano– eran de carácter privado, con un acceso restringido exclusivamente a la elite. La inversión social (el total incluyendo salud, educación y acción social) con respecto al PIB era de apenas un 11,3% en 1998.

La enorme mayoría de los 24.000.000 de venezolanos carecía de casa propia, o vivían hacinados en los “Barrios” (Villas Miserias).

A estas carencias y desigualdades extremas hay que sumarle la escasa ‘calidad democrática’ del período: las detenciones arbitrarias y torturas eran comunes y contaban –en el caso de las persecuciones políticas, en especial contra el Partido Comunista y los partidos de izquierda– con el aval de la gran prensa y los EEUU.

La Deuda Externa Venezolana –pese a contar con el interminable flujo de las ventas de petróleo– creció a tal punto durante ese período que en el año 1989 se tomaran severas medidas de ajuste, incremento de tarifas y reducción de salarios que generó el gran levantamiento popular denominado “Caracazo”. Sólo en la represión de ese movimiento espontáneo fueron asesinados 3.500 venezolanos.

La ‘República Democrática’ despilfarró millones de barriles de petróleo para favorecer a las empresas norteamericanas y a una elite rentista que consumía como las elites saudíes rodeados de millones de pobres sin futuro y sin esperanza.

En esa situación de represión, analfabetismo, privación, falta de salud, vivienda y futuro se explica el triunfo de Hugo Chávez en el año 1998 y los inicios de la revolución Bolivariana.

La Venezuela Bolivariana: A la búsqueda de un Proyecto Nacional Autónomo e inclusivo.

La reacción popular contra esta situación de pobreza y destrucción se profundizó con el Caracazo (1989); y sin embargo la elite política venezolana (apoyada y respaldada por los EEUU) logró contener los intentos de cambio hasta casi finales del siglo XX.

En ese contexto es donde la figura del teniente coronel Hugo Chávez Frías comienza a aglutinar a sectores nacionalistas de las Fuerzas Armadas, partidos de izquierda que se oponen a las políticas neoliberales. Mestizo, de origen humilde (ambos padres maestros de educación primaria) Chávez sublevó a una parte de las FFAA en 1992 exigiendo el fin de la IV República.

Ese golpe –recelado en toda América Latina por las fuerzas progresistas, que veían a Chávez como un típico militar golpista latinoamericano- fracasó y decidió al teniente coronel a iniciar una carrera política electoral.

Chávez arrasó en las elecciones de 1998 (54% de los votos) y con su partido –el Movimiento Quinta República– inició un proceso de profundas transformaciones institucionales y económico-sociales en Venezuela:

Cada paso del nuevo presidente se dio luego de una consulta popular que lo respaldara:

  • Referéndum constituyente de 25 de abril de 1999: el 81 % de los votantes acepta anular la constitución “fijista” y crear una nueva.
  • 15 de Diciembre de 1999, en un nuevo Referéndum (71%) de los votos aprueban la Nueva Constitución Bolivariana.
  • En julio del año 2000 Chávez limitó su propio mandato y llamó a elecciones generales con la nueva Constitución: triunfó con el 59% de los votos.

Desde ese año hasta el año de su muerte (2013) el presidente Hugo Chávez condujo los destinos de Venezuela. Nada menos que diez y seis actos electorales (entre elecciones presidenciales, regionales y referéndums) avalaron este período de gobierno.

¿Cuáles fueron los principales logros de la Revolución Bolivariana en ese tiempo?.

El Sistema Nacional de Misiones que iniciara Chávez en el año 2003, se concentró en trabajar sobre problemas de larguísima data en la sociedad venezolana: las Misiones Robinson (enseñanza alfabetizadora), la misión Ribas (enseñanza primaria) y la Misión Sucre (secundarios y universitarios) llevaron a declarar a Venezuela libre de analfabetismo por la UNESCO (2005).

Al mismo tiempo se desarrolló la Misión Barrio Adentro, la que, junto a médicos cubanos se dedicó a tratar las cuestiones de salud básica en los ‘barrios’ venezolanos (villas de emergencia) por primera vez desde su existencia. A la vez, por primera vez en la historia venezolana, el Estado se propuso la construcción de viviendas populares con la Gran Misión Viviendas Venezuela: se han entregado desde el inicio de la Revolución Bolivariana 1.000.000 de viviendas; no se ha eliminado el déficit habitacional pero nunca antes se había trabajos para dar viviendas a millones de personas.

La Reforma Agraria había sido aprobada por la Ley de tierras del año 2002. A partir del año 2005 la Revolución Bolivariana inició los procesos de expropiación de tierras latifundiarias que no estaban siendo trabajadas. Se buscaba así terminar con las prácticas rentísticas y la especulación en tierras para desarrollar la producción agrícola-ganadera de consumo interno.

Las nacionalizaciones llegaron con su tercer mandato constitucional (2007-2013). La mayor empresa de telecomunicaciones de Venezuela (que tenía además una compañía celular) era CANTV, de capitales norteamericanos bajo la marca VERIZON (Bell Atlantic). Chávez la nacionalizó en el año 2008.

También nacionalizó la empresa de electricidad de Caracas (de capitales norteamericanos); pasa a control estatal los pozos petrolíferos de la Franja de Orinoco (los más ricos del mundo); nacionalizó las empresas productoras de cemento y de siderurgia (Techint); nacionaliza el transporte interno de combustible, se nacionalizan 60 empresas de actividades petroleras; grandes empresas arroceras (vinculadas al boicot alimentario contra Venezuela); la nacionalización del Banco de Venezuela; las cadenas hoteleras Hilton; empresas de hipermercados …

 Otro de los grandes cambios de la Revolución Bolivariana tendrá que ver con los medios de comunicación: al momento de la asunción de Chávez a la presidencia,  las pautas  de transmisión en tv eran completamente monopólicas: los canales privados de aire poseían el 80,79% de la pauta, junto con el 17,17% de la transmisión por cable/pago. Resumiendo, la pauta de transmisión televisiva estaba en manos privadas en su 97,96% y la estatal cubría el 2,04%. Los medios de comunicación en papel estaban en un 90% en manos de la oposición. No había expresiones mediáticas estatales y mucho menos populares o comunitarias significativas. Una verdadera cadena de pensamiento único sostenía a la democracia bipartidista.

La nueva Constitución Bolivariana del año 2000, le asignó a la comunicación la categoría de Derecho. Se establece la libertad de expresión sin censura previa, incluyendo la responsabilización por el uso de ese derecho. Se garantiza el derecho a una comunicación libre y plural, a la información oportuna, veraz e imparcial y el derecho a réplica. Se garantiza la diversidad cultural en los medios y la obligación de tomar en cuenta las necesidades de personas con capacidades diferentes a la hora de comunicarse en forma masiva. El Estado tiene la obligación de garantizar el acceso universal a la información.

El gobierno Venezolano sancionó una Ley Orgánica de Telecomunicaciones que dio pié a la creación de las Radios y Servicios de Comunicación Comunitarias. Se establecen las  modalidades comunicacionales  abiertas,  comunitarias y de servicio público sin fines de lucro.

El Decreto n° 1522 exonera además del pago de tributos a las radios y servicios audiovisuales comunitarios. Como resultado de esta legislación y el apoyo del Estado (a través de la quita de impuestos o el apoyo crediticio) se han desarrollado cientos de radios comunitarias y decenas de televisoras locales comunitarias en los barrios y comunidades que antes estuvieron privadas completamente de voz.

 La conectividad a Internet pasó de  207.000 usuarios (el 0,85% de la población) en 1998, a 2.200.000 en el año 2004 (el 7% de la población), llegando a los 8.731.000 en el año 2010 (el 30,71% de la población).

El gobierno de Hugo Chávez Frías impulsó la creación de TELESUR: una emisora Pan-Latinoamericana: la constituyen los siguientes países: Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela. Además de este hecho innovador , también innova Telesur en tener un Consejo Consultivo formado por intelectuales y periodistas de diversas procedencias e ideologías: Adolfo Pérez Esquivel (premio Nobel argentino), el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, el escritor uruguayo Eduardo Galeano, el literato pakistaní Tarik Alí, el politólogo y cineasta estadounidense Saul Landau, el redactor en Jefe de Le Monde Diplomatique Ignacio Ramonet, el cineasta Tristán Bauer y el actor/activista norteamericano Danny Glover.

Las Fuerzas Armadas y la unión pueblo-ejército: Una de las especulaciones mas reiteradas por los analistas opuestos a la democracia venezolana tiene que ver con el rol de los militares y su apoyo al gobierno de Chávez y luego de Nicolás Maduro. Las razones de ese apoyo hay que buscarlas en el cambio profundo de la tradición militar venezolana del siglo XX que hizo Hugo Chávez: en consonancia con otros procesos latinoamericanos (el primer peronismo, el Cardenismo, Velazco Alvarado en Perú), Chávez trabajó en la construcción de unas FFAA nacionalistas y populares; sacándolas de los cuarteles, uniéndola a misiones en las calles, barrios y catástrofes y habilitando la promoción de cuadros populares dentro de las mismas. Es muy difícil que las FFAA se plieguen a cualquier intento destituyente (como el actual) liderado por una potencia extranjera.

Política Internacional: En política internacional el realineamiento de la República Bolivariana no podía ser más distante de la ‘tradición venezolana’: Primero Hugo Chávez y luego Nicolás Maduro alentaron una política independiente de la política exterior norteamericana y, sobre todo, antiimperialista y de unión con las naciones latinoamericanas.

En diciembre del 2004 Venezuela y Cuba crean el ALBA (Alianza Bolivariana para América Latina) con el propósito específico de luchar contra el ALCA y la búsqueda de la unión entre los países latinoamericanos.

En la Cumbre de las Américas de 2005, Hugo Chávez, Lula Da Silva y Néstor Kirchner lograron frenar la propuesta del ALCA norteamericana, en una derrota diplomática casi única en la historia norteamericana.

También fue Chávez un activo participante de la creación de la  UNASUR (2008), CELAC (año 2010) y la ampliación del Mercosur.

 

La oposición venezolana: del intento de  golpe a la vía democrática, de la democracia a la guerra económica, de la guerra económica a la abierta intervención norteamericana.

En ese contexto histórico-social disruptivo, antineoliberal y popular debe ubicarse el rol desplegado por la oposición en Venezuela.

Desde el mismo momento de la asunción de Hugo Chávez, las empresas (en especial Fedecámaras que aglutina a los grandes capitales venezolanos), los sindicatos burocratizados (en particular los del petróleo, socios de las empresas y de la política del ‘Punto Fijo’) y la política norteamericana para la región,  se plantearon una doble estrategia: participar del sistema político democrático bolivariano y, a la vez, si las condiciones eran propicias, derrocar al gobierno de Hugo Chávez y luego el de Nicolás Maduro.

La estrategia golpista tuvo su momento de esplendor en el año 2002, cuando Fedecámaras, los partidos de derecha y los Estados Unidos lograron sumar un pequeño sector de las FFAA y desplazar a Hugo Chávez (detenido) momentáneamente del poder. La asunción de un autoproclamado presidente –el empresario multimillonario Pedro Carmona– durará sólo unas horas: la movilización popular y el no reconocimiento  internacional, mas el apoyo de las FFAA a Chávez derrumbarán este golpe ‘clásico’. A fines del 2002 la oposición intentó un nuevo ‘golpe’; esta vez con un paro nacional petrolero que paralizó la economía venezolana desde diciembre hasta febrero de 2003. El objetivo: la renuncia de Chávez, no fue alcanzado.

Desde ese momento, la oposición venezolana –fracasado el golpe ‘clásico’– se concentró en una estrategia electoral, con movilización de los sectores medios y, en particular, una fuerte campaña mediática de desprestigio de la Revolución Bolivariana hacia el interior de Venezuela y el exterior.

A partir de ese momento se constituye la Acción Democrática, una alianza de partidos tradicionales de derechas y de centro que aspiraba a derrotar electoralmente a Hugo Chávez. En las elecciones nacionales de 2006 esta Acción Democrática obtuvo el 38 % de los votos contra el 61% de Hugo Chávez.

Para el año 2009, la Acción Democrática se transforma en la Mesa de Unidad Democrática, una coalición que amplía su estrategia de convocatoria y encuentra un líder joven con cierto carisma como Henrique Capriles Radoski, quien ensaya un discurso que no ataca la centralidad de los logros de la Revolución Bolivariana sino que se posiciona en denunciar las supuestas falencias de la democracia y las violaciones a los Derechos Humanos.

En las parlamentarias de 2010, la Mesa de Unidad llegó al 47% de los votos contra el 48% del Partido Socialista Unido de Venezuela. Pero, con todo el apoyo financiero y mediático de los sectores empresariales dentro y fuera de Venezuela, en las elecciones presidenciales del año 2012 volvió a imponerse la candidatura de Hugo Chávez por el 55% de los votos contra el 44 % de los votos de la Mesa de Unidad Democrática.

La muerte de Hugo Chávez en marzo del 2013 puso en tensión el proceso Bolivariano y generó una radicalización de la oposición de derechas en Venezuela. La elección de Nicolás Maduro por el Partido Socialista Unificado de Venezuela frente a la Mesa de Unidad Democrática (que repitió candidato con Hernán Capriles) fue mínima: 50,61% contra 49, 12%.

La derrota por tan escaso margen decidió a la derecha venezolana a llevar adelante una nueva estrategia opositora: una estrategia insurreccional combinada con una ‘guerra económica’ y la denuncia permanente en los medios hegemónicos junto con una actividad decidida de apoyo opositor con la llegada al gobierno norteamericano de Donald Trump en el año 2017.

 

La Guerra Económica: La guerra ‘externa’

A partir del año 2015, el Departamento de Estado de los Estados Unidos impuso unilateralmente restricciones (prohibición de visado) a funcionarios venezolanos ‘y sus familias’ bajo la acusación (no demostrada) de violaciones a los Derechos Humanos y “corrupción política”.​

El 19 de mayo de 2017, el Departamento del tesoro de los Estados Unidos –descontento con una votación de la Sala Constitucional venezolana– sancionó con el bloqueo de fondos de los miembros del tribunal (si tuvieran bienes en los Estados Unidos) y la prohibición de viajar a los EEUU.

En agosto del año 2017, el Citibank se niega a recibir los fondos con los que Venezuela pretende pagar por la provisión de 300.000 dosis de insulina. La medida del Banco genera una crisis en la provisión del producto. La escasez de medicinas no es resultado de una falta de dinero sino de la decisión política del Banco norteamericano de no seguir siendo un canal para el pago con divisas venezolanas. Esta medida inicial se extiende a otros bancos (como el Euroclear) quienes durante el año 2017 se negaron a realizar operaciones de comercio internacional por 4.000 millones de dólares, de los cuales 1.682 millones tenían como destino la compra de medicamentos y vacunas.

En setiembre de 2017, el presidente Donald Trump firmó otra “orden ejecutiva” que prohíbe al sistema financiero de los Estados Unidos la compra de bonos públicos y de deuda del gobierno de Venezuela y la empresa PDVSA.

En marzo del año 2018, el presidente Trump firmó una “orden ejecutiva” que prohíbe realizar transacciones en todo el territorio norteamericano con moneda digital emitida en, para o por el gobierno venezolano.

Finalmente, en esta escalada de guerra económica creciente, el gobierno de Donald Trump congeló los fondos de la compañía estatal PDVSA en EE UU, unos 7.000 millones de dólares (6.100 millones de euros). Además, el congelamiento de las divisas (por petróleo que ya fue entregado) supondrán pérdidas en exportaciones por 11.000 millones de dólares al año 2020.

El bloqueo financiero –ejercido a un país que funciona institucionalmente como una democracia, que no tiene ningún conflicto comercial ni armado con los Estados Unidos– afecta profundamente la cotidianeidad del pueblo Venezolano al impedir que Venezuela compre alimentos y medicamentos en el exterior de su territorio.

 

La Guerra Económica: la guerra ‘interna’

Desde la llegada de Nicolás Maduro al gobierno se ha profundizado la estrategia de desabastecimiento de las grandes cadenas de supermercados.

Los modos de profundizar el desabastecimiento son varios: las empresas distribuyen inequitativamente los productos de primera necesidad, envían un número inusualmente alto a zonas despobladas y apenas cubren en los grandes centros urbanos. Otra modalidad es la del contrabando, especialmente en la frontera con Colombia, en donde los precios del combustible y los alimentos venezolanos son mucho más bajos que en el mercado colombiano.

Otro modo del desabastecimiento es el acaparamiento de millones de toneladas de productos alimenticios por parte de las grandes empresas con la excusa de que los precios máximos que establece el gobierno los vuelven inviables económicamente hablando.

Esto ha generado las innumerables colas para adquirir alimentos y medicamentos, lo que obviamente genera descontento en amplias capas de la población.

 Venezuela hoy: “crisis humanitaria”, “régimen autoritario”, “presidente interino” Luego de este largo –pero necesario racconto– podemos aproximarnos a comprender con mayor precisión la situación venezolana actual.

Está claro que en Venezuela no hay un “régimen” y menos aún una “dictadura” como lo repiten incansablemente los medios hegemónicos del hemisferio y los políticos de derechas en EEUU y América Latina. Más aún, es de los países de todo el Hemisferio Americano el que más elecciones y referéndums ha tenido en lo que va del siglo XXI.

La prueba más contundente de esta fortaleza democrática es que uno de los poderes centrales de la República –la Asamblea Nacional– está en manos de la oposición. Varios de las gobernaciones también están en manos de la oposición y lo han estado aún en el pico más alto de popularidad de Chávez. Todas las elecciones (donde el voto es optativo como en los EEUU) han sido rigurosamente monitoreadas internacionalmente sin poder establecerse que haya habido ningún tipo de fraude.

La cuestión de la “crisis económica y humanitaria” tiene varias aristas. Venezuela está desde hace cuatro años bajo el peso de ‘sanciones’ económicas unilaterales por parte del gobierno norteamericano, esto genera dificultades serias para adquirir bienes (y sobre todo alimentos y medicamentos). Por otro lado, las empresas financieras (los grandes bancos transnacionales) también han reducido su participación en el comercio exterior venezolano por motivos políticos. Las grandes empresas de alimentos y cadenas de supermercados han elegido desde el año 2013 la estrategia de acaparar, distribuir irregularmente y contrabandear los bienes de consumo masivo; lo que ha generado problemas graves de desabastecimiento que impactan sobre el pueblo venezolano.

La crisis “humanitaria y económica” no es resultado de la política económica venezolana sino de la estrategia agresiva de las empresas y de los EEUU. En todo caso, si es cierto que Venezuela continua dependiendo fuertemente de las exportaciones de petróleo –deuda pendiente de la revolución bolivariana– pero esta situación –de décadas– no es el problema central frente al creciente bloqueo norteamericano.

Hoy, a febrero de 2019, nos hallamos en un momento crítico para la democracia venezolana y latinoamericana: se han corrido todos los velos, los Estados Unidos, Europa (no toda) y los países latinoamericanos de derechas han favorecido y apoyado a un ‘presidente’ venezolano que se autoproclamó sin ser votado por nadie.

La OEA y su Secretario General avalan este intento de golpe antidemocrático y, junto a las política de los Estados Unidos y  a los medios masivos de comunicación; apuesta todo a un proceso destituyente del gobierno legal y legítimo de Venezuela.

La modalidad es –para América Latina– un retroceso democrático de décadas, similar a los procesos golpistas como los de Jacobo Arbenz o  de Salvador Allende en Chile y un paso más allá de las destituciones de Dilma Rousseff o Fernando Lugo, pues en el caso venezolano no hay vice-presidente que asuma por orden del Congreso sino un diputado que se proclama ‘presidente’ en una plaza pública.

La situación venezolana es grave, pero no está definida.

Además de que hay importantes potencias (China y Rusia, por ejemplo) y países (México, Cuba o Uruguay en América Latina) que no apoyan al gobierno autodesignado de Guaidó, hay un motivo profundo que explica las dificultades de la oposición antidemocrática para avanzar: la mayoría del pueblo venezolano apoya la Revolución Bolivariana, no sólo por las mejoras sensibles que han experimentado en estos años sino porque aún en una situación de crisis propone una esperanza a futuro.

Esa esperanza es nula frente a la propuesta de la oposición golpista: es la revolución Bolivariana o volver a la opulencia de un puñado de familias y empresarios y a  la miseria de las mayorías populares.

Carlos Ciappina es historiador, reside en La Plata.

Licenciado en Historia (UNLP). Es Docente universitario (UNLP), tiene un Posgrado en Historia Social de la Ciencia y la Técnica (UNLP) y entre otras una Maestría en Política, Evaluación y Gerencia Sociales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. FLACSO.

 

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