El psicoanálisis particularmente no es un progreso.
Es un sesgo práctico para sentirse mejor.
Este sentirse mejor no excluye el embrutecimiento.
Jacques Lacan, 1976.
En nuestra pequeña y apartada aldea uno de los principales exponentes de la literatura hispanoamericana –Facundo o Civilización y Barbarie en las pampas argentinas (Sarmiento, 1845)– nos introduce de modo ejemplar en el tema del progreso. Su autor, el polifacético y controvertido Domingo Faustino Sarmiento, con su célebre antinomia proclamaba allí su ideal de progreso.
Para tomar posición desde una perspectiva analítica es preciso evitar la trampa de falsas dicotomías. Tomemos como punto de partida la posición que Jacques Lacan enunciara en primera persona en 1974: “no me coloco entre los alarmistas, ni entre los angustiados (…) en el psicoanálisis no hay solución inmediata, sino solamente la larga y paciente investigación acerca de los porqués”1.
A propósito del tema que aquí interesa, Lacan consideró que, «ningún resultado de la ciencia es un progreso. Contrariamente a lo que se imagina, la ciencia gira en redondo, y no tenemos razón para pensar que las gentes del silex tallado tenían menos ciencia que nosotros»2. También fue categórico ante los estudiantes norteamericanos (dicho sea de paso, nación paradigmática del elogio al progreso), a ellos les dijo: “¿Cuáles son las implicaciones políticas de la búsqueda psicoanalítica? No hay progreso. Lo que se gana de un lado, se lo pierde del otro. Como no se sabe lo que se ha perdido, se cree que se ha ganado”3. De lo que se infiere que ganar y perder, como la figura bicéfala representada en Jano, van juntos. La cuestión será saber qué se pierde y qué se gana en cada acontecimiento considerado un acto del progreso.
Progreso versus repetición y goce
Es posible situar en diferentes momentos de la obra de Sigmund Freud su objeción a la noción de progreso. Aunque legatario del cientificismo y en consecuencia de una modalidad del discurso de la ciencia que marchaba al paso del significante amo ‘progreso’, Freud no sólo no lo adoptó, sino que su invención nació bajo la protesta al ideal del progreso. Cuestión exhaustivamente desarrollada por Jacques Alain Miller en Un esfuerzo de poesía, allí planteara que así como Freud opuso al progreso, un contrasignificante amo –la repetición–, Lacan ubicó en -lo real- su objeción a la creencia progresista.
Es en la clínica donde Freud encuentra el principal argumento que refuta la idea de progreso, es la clínica quién le enseña que el sujeto no siempre quiere su propio bien. De ahí que impugne la noción de progreso sin grandilocuencias: “Mientras que la humanidad ha logrado continuos progresos en el sojuzgamiento de la naturaleza, y tiene derecho a esperar otros mayores, no se verifica con certeza un progreso semejante en la regulación de los asuntos humanos”4. Tres años después será contundente en su afirmación: “los progresos técnicos tienen un valor nulo para nuestra economía de felicidad”5. Es precisamente allí que Freud se pregunta: “¿Qué es lo que los seres humanos mismos dejan discernir por su conducta, como fin y propósito de su vida? ¿Qué es lo que exigen de ella, lo que en ella quieren alcanzar? No es difícil acertar con la respuesta: quieren alcanzar la dicha, conseguir la felicidad y mantenerla.”6 El punto es que el sujeto en busca de su felicidad vuelve a encontrarse una y otra vez con su propio síntoma, de modo que entre la anhelada felicidad y el síntoma, la presencia de un malestar estructural propio de la existencia humana anuncia esa tensión imposible de eliminar.
Hay que decir además que el sujeto actual, inmerso en una lógica regida por el capitalismo, es decir una lógica que consiste en el incremento permanente de los bienes, va a contracorriente del deseo, si pensamos con Lacan que la relación exclusiva con los bienes mutila la relación con el deseo. Andar los caminos del deseo y transitar la dirección de una cura está lejos de algún posible progreso, “incluso –agregará Lacan– para quien avanza hasta el extremo de su deseo, todo no es rosa”7. De modo que, constituirse como el garante de que el sujeto puede encontrar su bien en el análisis, definitivamente es considerado por Lacan “una suerte de estafa. No hay ninguna razón para que nos hagamos los garantes del ensueño burgués.»8
Entonces, si el analista no coloca la curación como objetivo primordial de un recorrido que supondría cierto progreso, no es porque quiere conservar durante más tiempo a su paciente, sino porque se sostiene en la ética del deseo, porque no comulga en la misa del bien y del mal, ni su dirección es un avance lineal y progresivo. La particularidad de “saber-hacer-ahí” al que conduce un análisis, es un saber hacer con lo que no tiene utilidad. En consecuencia, el adverbio “ahí” indica un lugar y localiza un tiempo que revela la singularidad de un encuentro, un tiempo que no se conoce de antemano, por lo tanto no es posible anticipar cuánto durará. Si el acto del analista tiene la peculiaridad de ser imprevisible y en consecuencia, impredecible en sus efectos sobre el analizante, si su eficacia sólo se podrá verificar a posteriori, evidentemente se trata de un artificio que está en las antípodas de cualquier modalidad de progresismo.
Las buenas y malas noticias del progreso
Recordemos que Lacan dicta en 1955 una conferencia titulada, “Psicoanálisis y cibernética o de la naturaleza del lenguaje”, no es un detalle menor que allí recurra al adjetivo “maravilla”, pero no para referirse a las computadoras (una de las manifestaciones más importantes del progreso tecnológico del siglo XX), sino para subrayar el punto en común de “estos dos órdenes de pensamiento y ciencia que son el psicoanálisis y la cibernética.”9 Ahí se ocupa especialmente de señalar que la cibernética es una máquina de lenguaje, cuyo funcionamiento automático se articula como una sintaxis. Esta consideración es sustancial porque expresa su posición ante el progreso, es decir, ni a favor ni en contra, sino acentuando comparativamente la trama estructural del acontecimiento.
De modo que frente a los avatares del progreso es conveniente no enrolarse en vaticinar teorías apocalípticas, ni quedar deslumbrados ante ello, el psicoanálisis simplemente advierte que cada época ha tenido, tiene y tendrá diferentes modos de vivir la pulsión.
Por su parte, Jacques-Alain Miller cita al filósofo alemán Peter Sloterdijk, para señalar que “las buenas noticias del progreso son emblemáticas de la época”10. Efectivamente y ya lejos del discurso sarmientino, se nos anuncia regularmente, y en ocasiones no sin euforia, sobre cada nuevo límite que se atraviesa y entonces los adelantos del progreso se vociferan por doquier. Estas buenas noticias consisten -afirmará Miller- en que “El saber se muestra con la capacidad de dominar lo que antes se le escapaba. Estos progresos se sitúan todos en el eje S2 > a. De aquí brotan y se expanden las buenas noticias. El significante le cuenta a la humanidad su progreso.”11
Lacan concluía que “el resultado de la carrera hacia el progreso, era una gran fatiga de vivir” y en consecuencia, “se espera del psicoanálisis que descubra hasta dónde se puede llegar arrastrando esa fatiga, ese malestar de la vida”12. Una carrera que supone el camino del progreso so pretexto de obtener el anhelado bienestar. Con Freud sabemos no sólo que el bienestar es efímero, sino que no se corresponde con el funcionamiento del aparato psíquico que propone el psicoanálisis.
Ahora bien, que no sea posible alcanzar el completo bienestar, no impide que los individuos dirijan su demanda de felicidad, tanto los ciudadanos a sus representantes, como el analizante a su psicoanalista. Es un hecho –señalado por Lacan en La ética del psicoanálisis– que el ejercicio de la política se ha transformado en un modo de administrar felicidad, y en ocasiones la victoria del discurso político se centrará en la capacidad del candidato de elaborar la mejor promesa de felicidad que le sea posible. Las campañas electorales abruman con propuestas variopintas (mejores servicios de salud, educación y vivienda, eliminación de la inseguridad, lograr el índice de pobreza cero, etc., etc.). Es manifiesto que el político promete aquello que le será imposible cumplir.
Conclusión
Dado que en la actualidad, progresismo y conservadurismo, son las ideas predominantes que orientan el debate político contemporáneo, reavivando el fuego de aquella vieja grieta sarmientina, el interés de este artículo intentó reflexionar sobre el posicionamiento del psicoanálisis frente a ese significante amo llamado ‘progreso’.
Que el psicoanálisis no sea progresista no significa que sea conservador, muy por el contrario, su espíritu subversivo es palmario no sólo porque va a contrapelo de las identificaciones, los ideales y los significantes amo, sino además porque comprueba que en ocasiones el sujeto puede encontrar “felicidad en el mal”. De modo que pensar la vida humana como una línea evolutiva, continua, perfectible, cuya dirección va de lo inferior a lo superior, indudablemente está en las antípodas del psicoanálisis.
Cecilia Fasano es psicoanalista, Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) Sección La Plata, de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y Centro Descartes. Jefa de Servicio de Docencia e Investigación del Hospital Dr. R. Rossi de La Plata. Docente del Seminario del Campo Freudiano EOL- Sección La Plata. Directora de la Revista Estrategias -Psicoanálisis y salud mental- Ed. Edulp. Autora de numerosos artículos en revistas especializadas (Descartes, Lacaniana, Exordio, Virtualia, Cythère, El escabel de La Plata). Reside en La Plata.
* Texto completo publicado en revista Cythère? – N° 1 en: http://revistacythere.com/portfolio-items/fasano-nunca-fuimos-progresistas/
Notas bibliográficas:
1 Lacan, J.: “La dificultad de vivir” en Federación de Foros del Campo Lacaniano en España. (1974) Disponible en http://www.ffcle.es/files/Entr_lacan.htm
2 Lacan, J.: L´insu que sait del unebevue s´aile a mourre” (1976, El Seminario de Jacques Lacan, Libro 24. Inédito.
3 Lacan, J.: Conferencia dictada en la Universidad de Yale. Inédito (1975).
4 Freud, S.: “El porvenir de una ilusión” (1927) Obras completas. Tomo XXI. Buenos Aires, Amorrotu Editores.
5 Freud, S.: “El malestar en la cultura” (1930) Obras completas Tomo XXI. Buenos Aires, Amorrotu Editores.
6 Ibíd.
7 Lacan, J.: “La ética del psicoanálisis” en El seminario de Jacques Lacan. Libro 7 (1959-1960), Buenos Aires, Paidós.
8 Ibíd.
9 Lacan, J.: “El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica” en El seminario de Jacques Lacan, Libro 2 (1954-1955), Buenos Aires, Paidós.
10 Miller, J.: “Las buenas noticias del progreso” (9 de mayo de 2007).Disponible en: http://psicoanalisislacaniano.blogspot.com.ar/2007/05/las-buenas-noticias-del-jacques-alain.html
11Ibíd.
12 Lacan, J.: “La dificultad de vivir” en Federación de Foros del Campo Lacaniano en España. (1974) http://www.ffcle.es/files/Entr_lacan.htm