A Germán García In Memoriam
Es posible subrayar en varios momentos de la enseñanza de Jacques Lacan la cuestión de la cristalización del discurso. En el Seminario 24 (17-03-1977) definirá la cristalización respecto de la maduración de la lengua en el uso de rutina. Una inercia donde ya está todo cantado, sólo queda el encallamiento en el goce del Uno: el tedio o el aburrimiento. A la inversa, la poesía es una violencia ejercida en el cristal de la lengua. La palabra poética, que se releva de una forma inédita en la interpretación analítica, realiza en simultaneidad tanto un efecto de vaciamiento, como la creación de un doble sentido equívoco e irreductible.
Cuando Lacan revisa en los años ‘60 un jalón de la historia del movimiento psicoanalítico, el llamado giro de 1920 protagonizado por “los héroes de la primera generación analítica”1 hace notar, tal vez, la primera gran cristalización que se evidencia en la pérdida de ciertos efectos disruptivos de la interpretación analítica. Renglón seguido, lee como un eco próximo la advertencia de Freud “aprovechémonos de la apertura del inconsciente, porque pronto dará con un truco distinto”. Asimismo, no dejará pasar la oportunidad para despertar la cuestión: ¿qué quiere decir “nueva cristalización”?
Pero esta nueva cristalización no se corresponde a nuevas estructuras subjetivas sino que representa el hundimiento del psicoanálisis en los discursos ya existentes y disponibles en la trama de una cultura. Retornos anacrónicos de la Némesis (diosa de la venganza) que llegan a nuestra situación actual donde la virulencia traumática del psicoanálisis se repliega en un confort, en una aclimatación. Un revés silencioso y tal vez inadvertido. Puede ocurrir, entonces, que un ejemplar clasificado como analista y que forme parte de un conjunto llamado psicoanálisis, rinda sus armas ante la sociedad en el preciso momento en que empieza a dejarse sugestionar por el éxito social. Consiga realizarlo o simplemente aspire a obtenerlo en una candidatura eterna, en ambos casos el que pierde es el mismo jugador: el discurso analítico.
Para despertar alguna resonancia, propongo una intromisión que nos acerque al problema desde otro lugar. El “Palacio de Cristal” es la fórmula cifrada en la novela de Fiódor Dostoievski Memorias del subsuelo Dostoievski, el diagnosticador más clarividente, ya visualizaba en su viaje a Londres en 1862 el funcionamiento de una subjetividad producida por la globalización en el “mundo interior del capital”. Según la fórmula es empleada por Peter Sloterdijk2 para caracterizar un aspecto de la actual civilización occidental.
Sloterdijk destaca que en ese viaje mencionado, el escritor se encuentra con el palacio de la Exposición Universal en South-Kensington y lo nombra Crystal-Palace. Un dispositivo arquitectónico levantado con piezas prefabricadas en 1850 en el Hyde Park londinense e inaugurado un año después para terminar de emplazarlo definitivamente en el suburbio de Sydenhamen en proporciones superlativas. Con el Palacio de Cristal comienza su marcha triunfal, a través del Siglo XX y hasta el actual, una nueva “estética de la inmersión”. Entre otras cosas esta estética sentó las bases de una inmersión del mundo externo, considerado como un todo, en una inmanencia mágica. ¿Qué implica esta inmanencia mágica? Implica un lujo confortable y climatizado, por el cual las dimensiones arquitectónicas se transmutan en una dimensión subjetiva regida por un efecto invernadero de relajación posthistórica. Así, el efecto ilusorio de totalidad llevará a considerar la participación política, la vida en la polis que atañe a, por ejemplo, los tópicos de la naturaleza, la historia o la cultura como asuntos-indoors.
En este receptáculo reina un barullo hedonístico que será aprovechado para establecer, por los asesores de turno, una nueva “doctrina de las postrimerías como dogmática del consumo”. En consecuencia al Palacio de Cristal, como metáfora de una mentalidad, sólo puede seguirle la cristalización de las circunstancias en su totalidad. La cristalización “designa el proyecto de generalizar normativamente el aburrimiento e impedir la nueva irrupción de la ‘historia’ en el mundo posthistórico”. Es una burbuja que excluye el exterior e intenta adormecer lo real.
Luego de la deportación de Dostoievski en la Siberia y de la escritura de La casa de muertos, el Palacio de Cristal encontrará su otra cara. Anverso y reverso del mismo dispositivo. El brillo del cristal se prolongará ahora en una casa cerrada, un antecedente de la biopolítica que se instituye como construcción-cercado.
Estas referencias introducidas nos permitirán volver desde otra perspectiva al tema de la cristalización en el psicoanálisis efectuada por la calamidad recitadora, por una imposición encallada de la lengua. A contracorriente de esa marcha, las palabras en determinadas “alocuciones inéditas” permiten mezclar, alzar, cortar3. Tienen un filo. Como ese instrumento llamado “diamante mágico”, el uso de la palabra produce, por un lado, un corte. Por otro lado, es creación.
El uso de la palabra
Germán García, según las palabras del escritor Alan Pauls, es “uno de los grandes entrevistados de la cultura Argentina en los últimos cincuenta años”4. En una compilación de entrevistas, realizadas a Germán García en distintos medios (diarios, suplementos culturales, revistas especializadas de literatura y de psicoanálisis) entre el año 1969 y el 20155, se puede leer, entre líneas, la operación del ironista. Como un Sócrates irredento y anacrónico. Alguien que conversa con distintos interlocutores, que no da tregua y no claudica ante la banalidad. Vladimir Jankélévich dibuja esta figura anacrónica en los siguientes términos:
“En contacto con él, los hombres pierden la seguridad engañosa de las falsas evidencias, pues resulta imposible escuchar a Sócrates, seguir reposando sobre las antiguas certezas: se terminaros la calma y el bienestar. (…) Los pone frente a un callejón sin salida, los empuja a la perplejidad de la aporía, que es el trastorno sintomático de la ironía (…). Para la ciudad frívola, Sócrates es una especie de remordimiento vivo: la distrae pero también la inquieta. Es un aguafiestas”6.
La divisa de Germán, el Aguafiestas, podría enunciarse de esta manera: no hago otra cosa que inquietarme –al dejarme invadir por la polifonía de las palabras–, para luego estratégicamente inquietar a los demás. Su intervención realiza el “efecto de agujero”, en el corazón sentimental de cualquier comunidad. Germán García utiliza la réplica que cambia la pregunta, el rastreo por un archivo que servirá para dilucidar en precedentes lejanos una situación actual o la deriva en un detalle para dar vuelta el peso de lo ya cantado, de los supuestos desenlaces finales. Las entrevistas recopiladas constituyen un documento de ese estilo de habitar el lenguaje. Por ejemplo, ante una pregunta por su forma de estar en la ciudad, por su manera de tomar los recursos de la cultura, la respuesta cambia el registro de lo personal para trazar las coordenadas de existencia del discurso analítico:
“Si el psicoanálisis fuese matemático no habría por qué dedicarse a la cultura, pero como el psicoanálisis depende de su propia manera de insertarse, tiene que inventar para no soltarse. Como decía Lacan, ‘el psicoanálisis es una acción que se deshace’. Entonces, a mí me parece que no puede estar alegremente vuelto sobre mí mismo como si tuviese una consistencia interna que le permite prescindir de la manera en que circula.”7.
Hacia una República de las Letras
Un 21 de enero de 1977, Germán se entrevista en 5 Rue de Lille con Jacques Lacan. En el relato de ese encuentro, una inesperada pregunta irrumpe en la voz del interlocutor: “¿Qué pasa con el psicoanálisis y la represión política en la Argentina?”8. La respuesta enhebra una constelación de nombres: “El psicoanálisis que se había difundido con el nombre de Jacques Lacan, se diferenciaba del llamado freudomarxismo, que había sufrido una represión directa. Aunque, expliqué, Oscar Masotta también se había tenido que exiliar”.
“Vengo de la literatura”, deslizará Germán en esa ocasión. Frase a la que se agregará tiempo después cuando narra ese encuentro: “era menos patético que decir vengo de la Argentina”. Tal vez porque la filiación a la referencia de Jacques Lacan no precisa enarbolarse de ninguna heráldica, Germán juega con la metáfora al sustituir el país natal por la República de las Letras. Llegar desde ese país a Jacques Lacan, le permitirá configurar un mapa, recrear la referencia, producir un lugar de enunciación.
Por ejemplo, en una entrevista en un diario de Buenos Aires destaca la participación de los analistas argentinos en el Cuarto Encuentro del Campo Freudiano en París (1985). Ante la pregunta del periodista: “¿París es, entonces, el ´centro´?”, la réplica no se hace esperar: “No lo creo, el curso de este año de Jacques-Alain Miller se llama Extimidad, es una palabra forjada por Jacques Lacan y rescatada por Miller. La extimidad es lo real en lo simbólico. El centro, para un lacaniano, es un efecto de lo imaginario que, por supuesto, también existe. No descarto que para algunos solo se trata del centro, pero para otros conviene la palabra “extimidad”9. La extimidad es su propia operación, al desarmar el eje del provincianismo subsumido por un foco central. Virtudes de la elipse, esta cuestión tiene una fuerte afinidad con el planteo de Pascale Casanova en su libro La República mundial de las Letras. Casanova desmonta el prejuicio denominado “Meridiano de Greenwich de la literatura”10, según el cual habría textos insulares, pintorescos, retrasados respecto de una modernidad establecida por un foco central. Para Casanova determinadas obras que se destacan por su singularidad pueden estar dentro de una configuración y ser “excéntricos”, pero nunca insulares. La lógica específica del mundo literario ignora la geografía territorial e instituye topos diferentes. Así, con esta perspectiva se entraman, por ejemplo, al irlandés James Joyce, al alemán Arno Schmit junto al argentino Borges y al polaco Gombrowicz.
Sin dar respiro, Germán ubica las coordenadas de la experiencia analítica en los términos de Jacques Lacan: la táctica en la interpretación, la estrategia de la transferencia y la política de la falta en ser. Política del deseo que se traduce en la necesidad de armarse una política cultural para el lacanismo: “No se trata de difundir sino de incidir, no se trata de convencer sino de transmitir”9 bis.
Germán da la clave, una contraseña, para armar la configuración de un espacio que se va construyendo en afinidad con el planteo de Casanova respecto de la literatura: “un trabajo colectivo de acumulación del patrimonio literario es condición sine qua non de ingreso en el espacio internacional” 10. Siguiendo esta línea, cabe destacar en un breve racconto las revistas en las que participó, ya sea formando parte de sus comités de redacciones o como director, o incluso como mentor. Publicaciones que se conectan a nombres ligados a la fortuna de quienes eligen vivir con el deseo:
“Tuve suerte. Conocí a Héctor Schmucler cuando volvió de París, había estudiado con Roland Barthes, y participé en la revista Los Libros –una de las que tengo un recuerdo muy grato-. Hice con amigos Literal que se perdió en la pesadilla de nuestro pasado reciente. Pertenecí a la dirección de Cuadernos Sigmund Freud, la revista que fundó Oscar Masotta y que Jacques-Alain Miller reconoció como una de las que le sacó el monopolio a la APA”9 bis.
Así, un trabajo colectivo con nombres propios va bosquejando una República de la Letras en permanente construcción. Vale la pena detenerse en esta ficción operativa que propone, entre otras cosas, una manera vivaz de habitar el lenguaje, una sociabilidad no segregativa. Una República evanescente y puntual no regulada por ningún Estado es una noción, según Marc Fumaroli, que corre con la ventaja de no cristalizarse en conclusiones o premisas dogmáticas. Si bien es una expresión hallada en los Siglos XVI y XVII, su origen se retrotrae a comienzos del Siglo XV. “Su sentido exacto y estatuto histórico permanecen aún en la penumbra”11, afirmará Fumaroli. Una infinidad de personajes la habitan y la recrean en diversas lenguas y tradiciones. La República de las Letras cultiva el arte de la conversación, a la vez brillante y erudita, fruto de un ejercicio de la extemporalis actio. Una consecuencia de esta elocuencia vivaz y contagiosa es la generación de amistades fundadas en la diferencia y en la evidente incompatibilidad.
Es de destacar algunos de los elementos de esta exquisita sociabilidad, excluyente de la pedantería, que componen la República de las Letras y que llegan anacrónicamente a nuestra actualidad, a través del otium, la lectura y la conversación:
“El diálogo epistolar o conversacional entre dos o varias personas, al margen de los negotia del foro político antiguo o de las cortes monárquicas modernas, se sitúa en el orden de un otium operosum, de un ocio estudioso. Éste supone, por parte de los que lo practican en su conciencia privada, un commercium ininterrumpido con los amigos y con los muertos, esos amigos de la Antigüedad que sus ritos y sus efigies mantienen vivos, ejemplares y generosos. El intercambio epistolar entre los vivos y la comunicación, a través de la lectura, con los grandes muertos, dos formas superiores e íntimas del diálogo crean entre humanistas un vínculo social aparte, en una República invisible cuyo patrimonio común, sin cesar releído, reinterpretado y acrecido, es un bien común. ¿Era una red social la Respublica Litterarum? Sin duda, pero entre pares epistológrafos reclutados por elección de los propios miembros, y no entre interlocutores numéricos que se supone por definición aritméticamente iguales”.
Asimismo, no dejamos de advertir una constante amenaza, señalada por Jacques-Alain Miller: “Pues los medios remplazaron la República de las Letras por una Dictadura sobre las letras”12. Operaciones de sugestión, con la pretensión de imponer un sentido a un mayor número de clientes-votantes-espectadores, la potencia creativa de las palabras se reduce a un cliché envasado susceptible de ser utilizado por la propaganda.
Retomando nuestro ejemplo argentino, el registro de las entrevistas a Germán García constituye una muestra de laboratorio de un estilo de habitar el lenguaje, de usar la palabra. En esta muestra se distingue esa voz que no se deja timbrar por los voceros del sentido común, ni por la jerga psi utilizada en los medios. De tanto en tanto, el “pícaro Germán” (expresión de Alan Pauls), sensible a cada ocasión, protagoniza un Witz que sustrae del bolsillo del caballero o de la cartera de la dama el sentido atesorado del supuesto orden de las cosas. Sacude el sentido en lo desatinado, arma contrastes de representación, o produce frases-respuestas y cultiva un tono paródico. Este canto de soslayo, socava el vano barullo de la corriente principal. De parte del entrevero de las palabras, Germán conjuga e intercala, en sus réplicas, un concepto de estricta observancia con una frase del habla popular. Al ejecutar dos tonos al mismo tiempo perfora y mezcla dos mundos disonantes hasta crear una extimidad: la formalidad con que se habla en el circuito de los entendidos junto a la chispa con la que se habla en la calle, en los bares. Un hecho inquietante se genera de esta manera. Las cartas están sobre la mesa, Made in Germán es una clave de acceso para quien quiera recrear, a favor del psicoanálisis, esa excéntrica y exquisita sociabilidad de la República de las Letras.
César Mazza es psicoanalista y reside en Córdoba.
Miembro de la EOL-AMP, director de la revista Exordio. El psicoanálisis en la cultura y de la web sinthomaycultura. Participa del Nudo de la Movida Zadig, La patria del sinthoma.
Notas bibliográficas:
1 Lacan, J., El seminario La transferencia. Libro 8. Ed. Paidós, Buenos Aires. 2003.
2 Sloterdijk, P., En el mundo interior del capital: Para una teoría filosófica de la globalización, Ed. Siruela, Madrid, 2010.
3 “Alocuciones inéditas” es una frase de Jean-Claude Milner que aparece en Los nombres indistintos (Ed. Manantial, Buenos Aires. 1996). Asimismo, nos conmueve, en esta línea, un poema de Pablo Seguí: “Las palabras ¿qué pueden?/ ¿Qué haré con ellas? ¿Qué/ me permite mezclarlas, cortar, alzar? … (“Tratando de entender”, en Otro verano y este. Pablo Seguí, Ed. Barnacle, Buenos Aires, 2017).
4 Pauls, A., en Presentación de Palabras de ocasión. Entrevistas a Germán García, en el Centro Descartes, 11 de diciembre de 2018. (video http://www.descartes.org.ar/)
5 Mazza, C., Palabras de ocasión. Entrevistas a Germán García, Ed. Los Ríos, Córdoba 2018.
6 Vladimir, J., La ironía, Ed. Cuenco de plata, Buenos Aires. 2015.
7 “Una política de cultura para el psicoanálisis. Entrevista a Germán García” Por Alejandro Daumas, El Caldero de la Escuela Nro 2, 2007, recopilada en “Palabras de ocasión…”.
8 García, G., “Lacan de un solo golpe”, D’ Escolar, Ed. Atuel 2000.
9 “Ecos de una reunión de psicoanalistas”, recopilada en “Palabras de ocasión…”.
9 bis. Se podrán agregar las publicaciones del periodo español: Tyché, Sinthoma, Otium Diagonal. Asimismo, su lugar de mentor en la revista escrita, Córdoba, Argentina, 1980/86, dirigida por el escritor Antonio Oviedo.
10 Casanova, P., La república mundial de la Letras, Ed. Anagrama. Barcelona 2006.
11 Fumaroli, M., La República de las Letras, Ed Acantilado. Barcelona. 2013.
12 Miller, J.-A., Perpetuar la ninfa http://www.eol.org.ar/biblioteca/lacancotidiano/LC-cero-710.pdf. Asimismo, podemos conjeturar que La República de las Letras es una ficción operativa de la que se vale Miller para trazar las coordenadas de una lógica colectiva no segregativa de la incipiente Movida Zadig.