Jacques Alain-Miller – “Elogio de los heréticos”
Comentario por: Christian Ríos.
Elogio de los heréticos
Este texto es producto de una de las conferencias, dictadas por Jacques Alain Miller, en la ciudad de Turín, posteriormente a su intervención en Madrid el 13 de mayo de 2017.
Allí, Miller retoma su propuesta, para la movida Zadig, de la revista Heretics, revista que destaca como lacaniana y no dogmática. A mi entender este punto merece destacarse, debido a que la relación herejía- ortodoxia, herejía- dogmatismo, atravesará el texto[1].
Agrega que Heretics nos orientará en un mundo embrutecido por la destrucción, por el aumento vertiginoso de personas deportadas y exiliadas, un mundo que es ‘inmundo’ al decir de Lacan.
Por otra parte, la principal referencia al herético en la enseñanza de Lacan, la remite al Seminario 23, El sinthome. Allí, Lacan se ubica al lado de Joyce. Como sabemos, la interpretación lacaniana sobre la herejía de Joyce, se despliega en tres dimensiones: 1) con relación a Santo Tomás de Aquino, sinthomemadaquin, es decir a la iglesia en tanto potencia teológica-política; 2) en cuanto a su deseo de independencia de Irlanda –sinthome roule–; y 3) en su posición de artista al romper con los cánones del estilo del arte neoclásico.
Miller también recorre la posición del herético en el campo de la política francesa. Allí la referencia es a Nathalie Kosciuko Morizet, ya que no dudó en oponerse a Nicolás Sarkozy, de quien había sido su portavoz en la campaña del 2012, cuando este orientaba su campaña en el 2016 a una posición cercana a la de MLP. Cabe aclarar, que esta posición le valió a NKM el aislamiento por parte de los miembros de su partido.
Entonces, ya instalada la figura del herético, a partir de su posición frente a lo que se plantea como dogmático, Miller nos dirá que Herético con mayúsculas no existe, que en todo caso existen heréticos. Pero a su vez, aclara no es posible pensar la herejía sin un movimiento dialectico con la ortodoxia. Es así, que como situamos, en un primer momento, que el Herético con mayúscula no existe, y en un segundo tiempo afirmamos que el herético existe, debemos agregar que aquí nos entramos ya en la ortodoxia. Es decir, que el momento donde el herético se convierte en heresiarca, aquel que es el jefe de la secta herética, el ex herético también se convierte en un dogmático.
Agreguemos que Miller afirma que el herético se sostiene en la lógica del no-todo. Entiendo este punto como una posición que descompleta la lógica todista.
Por otra parte, encontramos, en la conferencia, una consideración importante en la relación de Lacan con la IPA. Si bien en el momento de la excomunión, término que Lacan utiliza para dar cuenta de la lógica religiosa de la IPA, Lacan puede ser considerado un herético al hacer su elección, Lacan no deja de ubicar del lado de la herejía a los analistas de la IPA, por el desvío producido de la obra de Freud. De allí su propuesta sostenida en el “retorno a Freud”.
Otro de los puntos a destacar es la posición que Miller se atribuye en el Campo Freudiano. Posición caracterizada por defender a las minorías, ya sean individuos o grupos. De aquí desprende que uno de los criterios de la democracia es la defensa de las minorías.
Tres consideraciones: Por un lado, podemos decir que la defensa de las minorías es uno de los principios de la democracia, aunque no el único; por el otro, me pregunto si sostener este principio nos permitiría afirmar que, en tanto salvaguarda el no-todo, va a contrapelo del efecto totalizante. Por último, agregaría otra pregunta: ¿leer este principio a la luz de la lógica del no-todo, reformula el sentido que suele tener en política los términos minoría- mayoría?
Entonces, a esta altura del desarrollo, Miller va a enunciar una pregunta en torno al deseo herético: ¿Qué quiere un herético? Un herético quiere ser sin igual, desprendido de todo conformismo, como así también asociarse a otros sin igual, porque para pensar tiene que conversar e intercambiar con otros.
Hay que decir que para ello la herejía implica realizar una elección, el herético es aquel que realiza su elección y en ese sentido la herejía implica que no existe una única vía para abordar la verdad. La herejía podría ubicarse del lado de lo singular del sujeto y no de lo universal, del lado de lo distinto que existe en cada uno y no de lo común de la humanidad.
Una resonancia con este último punto es la referencia a Simone Weil, específicamente a su idea de la “luz interior”. Para Simone Weil, es un derecho imprescindible del sujeto juzgar según su luz interior y por ello considera que un partido político es por excelencia una máquina que destruye la luz interior, ya que obliga a seguir la línea del político.
Para profundizar en este punto, retoma dos referencias kantianas. Las primeras son las máximas del sentido común, basadas en tres principios: pensar por uno mismo, pensar poniéndose en el lugar de cualquier otro, pensar siempre de acuerdo con uno mismo.
Miller reformula el segundo principio señalando que de lo que se trata, para nosotros analistas, es de poner a cualquier otro en el lugar del sujeto. Aquí hay una cuestión importante a indicar, no es lo mismo el sujeto que el individuo, ya que el sujeto se constituye en un vació en tanto el individuo remite a una categoría caracterizable.
La otra referencia a Kant es al “juicio del gusto”. Para Kant en el juicio del gusto no hay criterio objetivo de la verdad ya que cada uno postula la aprobación de todos sin estar seguro de ello. Miller nos recuerda que Kant no usa la palabra aprobación, sino postula, supone, invoca. El juicio del gusto, según Kant, nos permite pensar la dimensión que nosotros llamamos singularidad; agreguemos que el registro del gusto pertenece al registro de la elección. Esto es lo que le permite decir a Philippe Sollers que en el gusto no hay paz.
A su vez, Miller también incorpora una referencia al escéptico, a las escuelas del escepticismo de la filosofía antigua. Si bien no lo desarrolla dice que hay varias posiciones del escepticismo, al menos diez, y que habría que ver cual conviene al analista. De todas maneras, podemos sintetizar estas posiciones a partir del postulado de la suspensión del juicio.
Si bien este punto nos resuena con la posición del analista, hay que destacar que Miller sitúa un problema, el traslado de este postulado específicamente formalizado para la práctica analítica al campo de la política. Nos dice que es allí donde comienzan los problemas, cuando el analista traslada este principio de un campo al otro, evitando así la elección.
Interpreto este punto como un llamado de Miller a que en el campo de la política los analistas tomen posición. Este es un punto central, ya que nos fuerza a pensar cuál sería la posición que conviene al analista en este campo. Considero que en este trabajo nos encontramos en la Red Zadig y específicamente en nuestro Nudo Política∞Extimidad.
Por último, y tal vez reforzando lo dicho anteriormente, el texto cierra con la reformulación de unos versos de Paul Valéry. Los versos de Valéry aludidos por Miller, dicen: “Después del pensamiento, ¡Qué dulce recompensa, una larga mirada al divino sosiego!” Miller dirá: “Después del pensamiento, ¡Qué recompensa, l´ azione!”.
*Miller, Jacques-Alain, “Elogio de los heréticos”, en Lacaniana N° 23, Año XII, Eol, Buenos Aires, 2017.
Christian Ríos es psicoanalista, reside en La Plata.
Miembro de la EOL y la AMP. Actual Director de la EOL Sección La Plata y Responsable del Seminario del Campo Freudiano. Director de la Cátedra Libre Jacques Lacan, Universidad Nacional de La Plata. Docente de a UNLP.
**Texto presentado en la reunión de trabajo del Nudo Política y Extimidad. Red Zadig Argentina, Buenos Aires 2017.
Notas bibliográficas:
[1] En este sentido, más adelante señalará el esfuerzo de Lacan de no hacer de su enseñanza una ortodoxia.