Byung-Chul Han – La sociedad de la transparencia
Comentario por: Mónica Biaggio.
Transparencia, un concepto que de la mano de otros pensadores tales como: Rousseau, Kant, Nietzsche, Simmel, Benjamín, Baudrillard, Barthes, Agamben, entre otros, atraviesan esta obra, cada capítulo retoma el término para ubicar diferentes modos de ser de esta sociedad de la transparencia, tan cara a nuestro tiempo en el que se encuentra anulado lo negativo.
Encontramos en un autor como Adorno, lo negativo como aquello presente en toda experiencia estética, por medio de la cual, es posible acceder a lo otro como otro, a lo extraño, a lo diferente. En nuestro tiempo, y siguiendo a Byung-Chul Han, lo negativo se ha borrado dando lugar a lo positivo por excelencia. Esta positividad que se sostiene desde la ideología neoliberal, cuya partida fue el auge no solo del capitalismo, sino de la dialéctica de la Ilustración, -en la que prima la diversión y el principio del placer-, omite la pulsión de muerte que de todas las maneras sigue socavando las subjetividades.
Se hace transparente la vida y no deja lugar a la sorpresa, al enigma; siendo los actos todos ellos plausibles de ser controlados, medidos, calculados. La transparencia anula la erótica y transforma la sociedad en un panóptico pornográfico en el que todo se da a ver anulando el deseo. Panóptico que ha dejado de ser la mirada desde un único punto de vista, para transformarse en un panóptico digital que ha borrado la óptica perspectivista. Así es que se genera desde todos lados, desde cada uno de los lugares. Somos mirados como el personaje de Truman Show por un otro omnividente capaz de manipular la vida al servicio del poder y del dinero, no sin los cómplices que le hacen el juego y un público atontado que sigue esa farsa.
Es que lo imaginario es el registro por excelencia de la transparencia, remite a la esfera, a lo completo, al fundamentalismo del Todo.
El dinero, en la sociedad de la transparencia, se ha transformado en aquello que da conmensurabilidad a las cosas, todo se mide por el tener: la amistad, los ideales, las identificaciones. El tiempo, ese real, no transcurre, al menos ese es el tratamiento que le da este sistema de la mano de la virtualidad y los medios hegemónicos. Solo deviene un instante atropellando la vida, sin espera. Dice Han en La sociedad de la transparencia, que es: “un infierno de lo igual”1
Este sistema que intenta borrar lo negativo, se ha transformado en un nuevo totalitarismo. Así se quiere un lenguaje de la transparencia, que anula la hiancia presente en el lenguaje. Deja de ser un lenguaje para transformase en un relato que por su sola presencia hace existir una realidad en el colectivo imaginario.
Relatar implica hacer existir, y se hace existir cualquier cosa carente de pensamiento crítico.
El lenguaje, en cambio, se constituye a partir de la hiancia: hay malentendido, hay negatividad, hay agujero, ambivalencia. Hay pérdida, condición del ser hablante, como lo es lo negativo, lo éxtimo, el prójimo, el goce. Más allá del principio del placer, que Freud supo ver en el codo de los años 20’ y que revolucionó la teoría psicoanalítica creada por él hasta ese momento. Objetó cualquier presunción de bienestar y felicidad, y se apartó de los norteamericanos quienes, abrazados al principio del placer y las teorías de fortalecimiento del yo, sirvieron a los intereses del sueño americano.
El lenguaje no es el relato. Ni siquiera es la comunicación, dado que -a diferencia del relato- por ejemplo, en las abejas, indica la presencia del objeto de la necesidad, en este caso el polen. El relato, lo que hace existir es una fabulación al servicio del adormecimiento que produce la positividad encarnada en la transparencia.
Junto con la anulación de lo negativo, lo privado también ha sido subsumido por lo público. Forman una banda de Moebius la misma que hoy día, forma lo imaginario con lo simbólico -que ya no limita-. Este avance de lo imaginario anudado a lo positivo de un sistema ideológico neoliberal, vienen a encarnar lo peor, dado que las consecuencias que producen no se hacen esperar: epidemias, violencia, hambre.
Desde este aspecto, el psicoanálisis propone como la estética de Adorno, rescatar lo negativo. Presentarlo para leerlo. No obturar lo diferente, lo disonante, sino alojarlo en tanto síntoma, para eventualmente por la vía de un psicoanálisis saber hacer.
Por eso, me parece, que puedo argumentar que el psicoanálisis no está del lado de ningún sistema neoliberal, ni tampoco lo contrario, que anule el enigma siempre presente en lo real del síntoma.
Mónica Biaggio Psicoanalista. Reside en Bs.As. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la AMP. Autora y compiladora de: El origen de la violencia, 2011 y Del estrago al síntoma: una apuesta clínica, 2012. Artista Plástica, (Escuela Nacional de Bellas Artes, Manuel Belgrano). Estudió con Carlos Gorriarena y Miguel Ángel Bengochea. Muestra individual en el Centro Cultural Borges, “Natural”, año 2015.
Byung- Chul Han, La sociedad de la transparencia, ed. Herder, Barcelona, 2013.
Byung-Chul han, es un filósofo alemán de origen coreano. Estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo, donde se doctoró en 1994 con una tesis sobre Martín Heidegger. Estudió Literatura alemana y Teología en la Universidad de Múnich. Actualmente es profesor de Filosofía y Estudios culturales en la Universidad de Artes de Berlín.
Notas Bibliográficas:
1 Byung- Chul Han, La sociedad de la transparencia, ed. Herder, Barcelona, 2013. p., 12.