Cristiane de Freitas Cunha Grillo, Cristiane da Silva Ribeiro y Fábio Santos Bispo – Juventud, violencia y resistencia

Juventud, racismo y violencia:

¿Qué o quién autoriza la violencia? ¿Qué acto es capaz de transmitir a una persona o a una nación que, en un momento dado, la política de segregación o exterminio de otros organismos están autorizados?

Mbembe (2003) presenta las nociones de necropolítica y necropoder para referirse a las formas contemporáneas de someter la vida al poder de la muerte que estaría más allá del concepto de biopoder, propuesto por Foucault. Más bien que dictar quién puede vivir y quién debe morir, se trata de construir nuevas existencias sociales, provocando la mayor destrucción de las personas, creando «mundos de muerte» en los cuales vastas poblaciones serían sometidas al estatuto de «muertos vivientes». (p. 71).

Lacadée (2011), en el prefacio del libro El Despertar y el exilio, discurre una situación de disturbios en los suburbios franceses, en el otoño de 2005, y sobre el tratamiento que el gobierno decidió dar a lo ocurrido. A lo largo del texto, el autor utiliza los discursos pronunciados por las autoridades gubernamentales que traducirían la estrategia de utilizar la represión para calmar el estado de ánimo. «… Los que hacen esto, a quienes no llamo jóvenes sino delincuentes, no desean volver al sistema escolar» y continúa, con la promesa de resolver el problema «… los liberaré de esto, liberaré ellos de los así nombrados que la sociedad produjo”. (Le Point, 8 de diciembre de 2005: 32) (p.11).

Basados en lo que Lacadée propone, podemos leer que la nominación conferida por las autoridades a los jóvenes delincuentes los segrega para, así, hacerlos no-jóvenes. A partir del momento en que estos sujetos son desposeídos de ese nombre que les confería un lugar de existencia, se autoriza al Estado a deshacerse de ellos, es decir, su eliminación se autoriza por los medios que sean necesarios.

Freud (1915/1996) ya demostró que el intento de erradicar el mal en la civilización estaría respaldado por el mismo impulso violento contra el cual se rebela: «Un estado beligerante se permite todos los daños, todos los actos de violencia que deshonrarían al individuo» (pág. 289). En esta referencia, Freud constata que esta cara violenta del estado no es episódica o accidental, sino que es una situación estructural que se hace patente en los momentos de excepción. Entonces podemos usar esta lógica para abordar la relación entre el racismo y la muerte violenta de los jóvenes en Brasil, en la medida que algunos jóvenes parecen estar constantemente ubicados en este lugar de excepción.

Nascimento (2016) demostró, de forma bastante contundente, que la perpetuación de las relaciones de dominación, desde el período de esclavitud, siempre se valió de varias estrategias para ocultar su violencia y crueldad. «Durante siglos», dice, «por más increíble que parezca, este sistema esclavista duro e innoble ha gozado de una fama, sobretodo en el extranjero, por ser una institución benigna de carácter humano» (p. 59). Incluso después, sus estrategias descritas de blanqueamiento racial y cultural se inscriben, por un lado, en discursos supuestamente científicos que buscan validar la superioridad blanca, pero por otro lado siempre están impregnadas por el silenciamiento de cualquier discurso que pretenda subrayar la violencia que sufren los negros, comenzando con la incineración de todos los registros estadísticos, demográficos y financieros pertinentes con el comercio de esclavos y prosiguiendo en la retirada de  toda la información referente al origen racial de los censos demográficos (p. 93).

Así como Nascimento (2016), Mbembe (2013) enfatiza la dimensión «civilizadora» y «humanitaria» que involucró el discurso del emprendimiento colonial, en el que la violencia no era sino el medio moral de ejecutar la difícil misión de domesticar a estos seres sin lenguaje y sin conciencia de sí mismo (p. 31). Por lo tanto, cuando no estaba silenciada, la violencia tomaba los ares de una actividad redentora o de protección social.

La operación discursiva, constituida para garantizar que la creciente violencia mortífera contra los jóvenes negros permaneciera impasible ante las críticas, fue precisamente asociarlos con el crimen violento y con el universo del tráfico de drogas. La guerra contra las drogas surge así como un discurso que sirve para constituir un lugar social de exclusión radical en el que algunas vidas se vuelven desechables.

Célio García (2010), un psicoanalista brasileño que se ocupa de la interfaz del psicoanálisis con la ley, comenta sobre la importancia que adquiere la nominación para marcar la violencia simbólica. Él afirma, evocando una idea de Heidegger, que algunos nombres cumplen una función de significantes de destino, en el sentido de fijaren un tiempo más allá de la historia, es decir, el predicado en sí mismo ya es una amenaza para quien lo recibe, enmarcando, de forma anticipada, un destino tan destructivo. Por ejemplo, en un titular que presenta el decir «Menor de edad ataca a un niño», mientras se refiere literalmente a dos niños, el uso del término «menor» ya anticipa un juicio de culpabilidad.

El punto aquí es que los diversos significantes relacionados con la criminalidad están inmediatamente asociados con los semblantes de los cuerpos negros, sirviendo como base para racionalización de la violencia racista. Si hoy la mayor parte de la población no se molesta por la amenaza de los rifles apuntados contra objetivos civiles, es porque se sienten protegidos por una suerte de certeza tácita que no serán confundidos con bandidos. ¿Cuál es la base de esta certeza sino la perpetuación, ahora mucho menos enmascarada, de los procesos de racismo? Si las voces que aplauden la violencia hoy en día se muestran mucho menos inhibidas y se difunden descaradamente en las redes virtuales, es más necesario que nunca pensar en procesos de resistencia que subviertan los procesos de escalada de violencia y hagan espacio para una otra cara de lo simbólico.

 

Juventud y Resistencia

Actualmente, el cruce de la adolescencia se extiende a las clases medias y altas, produciendo el concepto de adolescencia generalizada, con límites de inicio y fin cada vez más imprecisos. Los jóvenes pobres, sobre todo, los negros que viven en las periferias, portan las marcas discursivas de un colapso de esta transición. La pregunta sobre el valor de la vida misma se responde antes de formularse con la segregación, medicalización, criminalización. Desde el surgimiento de la adolescencia, se observa un esfuerzo por controlar a los jóvenes a través de la escuela, del trabajo, de los dispositivos militares, de la medicina y psicología (Savage, 2009). En el campo de la salud y de la educación, se observa el esfuerzo por controlar los comportamientos, la sexualidad, la adolescencia misma. Él control, la vigilancia conviven con el abandono de los adolescentes por las políticas públicas de salud, educación, asistencia social.

En este sentido, destacamos la importancia de los proyectos que fomentan espacios de resistencia a esta lógica. El laboratorio Janela da Escuta del CIEN recibe derivaciones de adolescentes «totalmente descontrolados», que no se adhieren al tratamiento, que «fracasan» en la escuela, que se niegan a comer, que se cortan, que se drogan, que cometen infracciones. La acogida de cada caso presupone una construcción clínica con el adolescente, la familia, el territorio, en el que lo singular accede a una dimensión política. El equipo interdisciplinario teje la red que alberga lo que escapa a las prácticas de protocolo, regidas por la objetividad y por la lógica de la evaluación. La metodología en acto propone una deconstrucción de las nominaciones impuestas a estos jóvenes: negros, pobres, residentes de la periferia o de las calles, segregados por la escuela, por ellos mismos. De la discapacidad al poder, del monstruo al lector, del paciente incurable al grafitero, pensando en ejemplos vivos de la clínica. El trabajo orientado por el psicoanálisis lacaniano pretende profundizar los impases, provocar preguntas donde ya había respuestas y certezas listas y la vacilación de los ideales que sumergen la alteridad.

 

Consideraciones finales

Tejer acciones micropolíticas (y también macro), marcadas por el protagonismo y la inventiva de los jóvenes negros y periféricos, es nuestra apuesta por la potencia de esta juventud.

La apuesta siempre estará en la salida por la palabra, la singularidad de cada joven. Como señaló Célio García en una entrevista concedida en 2012, se trata de una lógica no predicativa, donde cada sujeto habla por sí mismo y tiene su propio motivo, su propio nombre que compondrá un colectivo de «unos». En esta ocasión, Célio ejemplifica la Marcha de Selma, históricamente reconocida con la presencia de Martin Luther King, con el hecho de que tenían en la multitud a varias personas con el «I am» impreso en la camisa. No se trataba de una masa de negros oprimidos, sino de un colectivo de singularidades, haciendo de la indignación una forma de hacer un uso no violento de lo simbólico, produciendo salidas singulares que están al servicio del colectivo.

 

Cristiane de Freitas Cunha Grillo es psicoanalista, vive en Minas Gerais.

Miembro de la EBP/AMP. Coordinadora del Laboratório de la Janela da Escuta. Profesora Titular de la Facultad de Medicina da UFMG.

 

Cristiane da Silva Ribeiro es psicoanalista, vive en Minas Gerais.

Estudiante de maestría del Programa de Posgrado de Promoción de la Salud y Prevención de la Violencia.

 

Fábio Santos Bispo Fábio Santos Bispo es psicoanalista, reside  Espíritu Santo.

Profesor Asociado del Departamento de Psicologia de la Universidad Federal de Espírito Santo.

  

Traducción: Ana Paula Britto

Notas:

1 Entrevista com fecha de mayo de 2012 sobre el Programa Câmera 13, dividido en dos partes.

Parte 1: https://www.youtube.com/watch?v=1xPPSPIzmVg&list=PL0XxANj5g6PCsXf6f1i437WymY8giUa_g&index=2&t=565s

Parte 2: https://www.youtube.com/watch?v=bUfDv9TboqU&list=PL0XxANj5g6PCsXf6f1i437WymY8giUa_g&index=2

 

 Referencias bibliográficas:

 

FREUD, S. (1996). Reflexões para os tempos de guerra e morte. Em S. Freud, A história do movimento psicanalítico, Artigos sobre metapsicologia e outros trabalhos (ESB, J. Salomão, trad.,Vol. XIV, pp. 285-312). Rio de Janeiro: Imago. (Trabalho original publicado em 1915)

GARCIA, Célio. Psicologia e direitos humanos: possibilidades e desafios dessa interlocução. Pesquisas e Práticas Psicossociais 5(2), São João del-Rei, agosto/dezembro 2010.

LACADÉE, P. O despertar e o exílio: Ensinamentos psicanalíticos da mais delicada das transições, a adolescência. Rio de janeiro: Contra Capa, 2011.

MBEMBE, Achille. Crítica da razão negra. N-1 edições, 2003/2018.

MBEMBE, Achille. Necropolítica: biopoder, soberania, estado de exceção, política da morte. N-1 edições. 2ª edição, São Paulo. 2013/2018.

NASCIMENTO, A. O genocídio do negro brasileiro: processo de um racismo mascarado. 3. ed. São Paulo: Perspectivas, 2016.

SAVAGE, J. A criação da juventude. Rio de Janeiro: Rocco, 2009.

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