David Parra Miranda y Nicol Barria Asenjo – Del despertar de la realidad a las contradicciones de lo Real: notas sobre Chile

Introducción:

El legado de Sigmund Freud, aún en nuestra época, permanece inexplorado, mediante las re-lecturas de los autores contemporáneos se ha permitido dilucidar que su teoría logra dar respuesta a diferentes dilemas sociales actuales. Textos como “El malestar en la Cultura”, “El Porvenir de una Ilusión”, por mencionar algunos, son capaces de responder a la gran cantidad de movimientos presentes a lo largo de toda Latinoamérica.

En este sentido, en medio de su legado, el fundador del psicoanálisis, dejó su obra maestra titulada “La interpretación de los Sueños” este texto es uno de los epicentros sobre los cuales se trazan estas líneas. En una suerte de intento por comprender el proceso histórico, político y social vivido en Chile, se ahondará en una metáfora relativa al despertar.

 

 I. “Chile despertó” 

No es menor que la consiga que nació y se cristalizó espontáneamente en las protestas de Octubre y Noviembre en Chile sea precisamente la de un despertar. Sin embargo, creemos que no se trata de la vieja idea de una mera toma de conciencia, frente a un letargo producto de la alienación o de la saturación de fantasías. Pareciera ser más bien un despertar de la realidad, de su pretendida coherencia imaginaria desde hace ya treinta años. Lo que se resquebraja es la realidad neoliberal chilena, a partir de lo Real que acosa en los sueños. Porque los sueños no son meras fantasías a las que escapamos por nuestra incapacidad de tolerar la cruda realidad. Por el contrario, es en el sueño donde nos topamos con impases traumáticos y difíciles de soportar (Žižek 2001).

Por tanto, ¿de qué se despierta cuando se despierta? Freud (1900) notó la lógica particular que vincula sueño y vigilia en “La interpretación de los sueños”, específicamente en el apartado acerca de la función del despertar. Citamos en extenso:

“Un padre asistió noche y día a su hijo mortalmente enfermo. Fallecido el niño, se retiró a una habitación vecina con el propósito de descansar, pero dejó la puerta abierta a fin de poder ver desde su dormitorio la habitación donde yacía el cuerpo de su hijo, rodeado de velones. Un anciano a quien se le encargó montar vigilancia se sentó próximo al cadáver, murmurando oraciones. Luego de dormir algunas horas, el padre sueña que su hijo está de pie junto a su cama, le toma el brazo y le susurra este reproche: «Padre, ¿entonces no ves que me abraso?». Despierta, observa un fuerte resplandor que viene de la habitación vecina, se precipita hasta allí y encuentra al anciano guardián adormecido, y la mortaja y un brazo del cadáver querido quemados por una vela que le había caído encima encendida” (Freud, 1900-1901, p. 504).

Este pasaje ha sido comentado por Žižek (2001) en “El sublime objeto de la ideología”, dando cuenta del modo en que se articulan la fantasía, la realidad, el sueño y lo Real. Entonces, respecto a esto, el autor señala:

“El sujeto no despierta cuando la irritación externa llega a ser demasiado intensa; la lógica de su despertar es bastante diferente. Primero, construye un sueño, una historia que le permite prolongar su dormir, para evitar despertar a la realidad. Pero lo que encuentra en el sueño, la realidad de su deseo, el real lacaniano -en nuestro caso, la realidad del reproche del niño a su padre: “¿no ves que ardo?”, implicando la culpa fundamental del padre- es más aterrador que la llamada realidad externa, y ésta es la razón de que despierte: para eludir el Real de su deseo, que se anuncia en el sueño aterrador. Huye a la llamada realidad para poder continuar durmiendo, para mantener su ceguera, para eludir despertar a lo real de su deseo” (Žižek, 2001, p. 75).

Por tanto, el despertar, contrario a lo que el sentido común podría indicar, es una función del propio sueño para evitar confrontar lo Real del sueño, la verdadera amenaza. La realidad sirve como una extensión del proceso del sueño –una pantalla– para evitar lo aterrador de lo Real del deseo. Con esto, Žižek (2001) demuestra que lo Real está del lado del sueño y la fantasía del lado de la realidad: “(…) en la oposición entre sueño y realidad, la fantasía está del lado de la realidad; es, como Lacan dijo una vez, el soporte que da consistencia a lo que llamamos ‘realidad’” (p. 74-45). O como el propio Lacan lo señala en otro lugar: “Lo real es soporte del fantasma, el fantasma protege a lo real” (Lacan, 1997, p. 49). En el momento en que todas nuestras defensas decaen, en que se levanta el velo de la censura cotidiana, el sueño muestra su núcleo Real aterrador: el deseo del que se intenta rehuir por medio de la fantasía, a saber, la realidad. La realidad, en este sentido, es un marco que nos permite controlar lo Real. O, en otras palabras, “en el sueño que nos acercamos al marco de fantasía que determina nuestra actividad, nuestro modo de actuar en la realidad” (p. 78).

 Visto de este modo, pareciera que los chilenos pudieron volver a soñar, y en ese soñar, despertamos de la realidad y su sistema de apariencias que intenta hacer coherente todas las inconsistencias de la realidad social. Este Real del sueño chileno logró, finalmente, romper con la homeostasis de lo imaginario: el fracaso del discurso del éxito, le mentira de la meritocracia, el “país de propietarios y no de proletarios”, etc. En otras palabras, volvimos a soñar para despertar: por ejemplo, hemos vuelto a amar, confrontando las contradicciones propias del amor y, por medio de esta brecha abierta por lo Real del encuentro, la realidad ha ardido. La realidad –y su delirante estructura heredada de la dictadura de Pinochet– ya no basta: es preciso cambiarla. De ahí que un modo de responder a este imperativo haya tomado la forma de una nueva Constitución política: un texto nuevo, un tejido nuevo, acorde al Real que insiste. El sueño nos exige despertarnos de la realidad para renovarla. O como lo plantea Pessoa (2013):

“El sueño que nos promete lo imposible ya nos priva con eso de ello, pero el sueño que nos promete lo posible se entromete en la propia vida y delega en ella su solución. Uno, vive exclusivo e independiente; el otro, sometido a las contingencias del acontecer (…) Duermo cuando sueño lo que no existe; me despierto cuando sueño lo que puede existir” (p. 52).

El sueño es una suerte de laboratorio donde cada sujeto trata con su propia alienación. Darian Leader (2019) ha indicado que

“Un sueño es como el tratamiento de un problema, creando diferentes configuraciones y permutaciones de material alrededor de un punto imposible (…) En una importante nota de La interpretación de los sueños Freud observa que ‘un soñador, respecto de sus deseos en el sueño, puede ser comparado a una amalgama de dos personas separadas pero conectadas por un elemento común importante’. Lo que trae satisfacción a uno, trae angustia al otro. Los sueños, de hecho, son a menudo respuestas a lo que es inconscientemente percibido como el deseo de algún Otro” (Leader, 2019: 106, traducción nuestra).

Otro, que el discurso monolítico de Amo, es decir, la lógica cultural del neoliberalismo, se encarga de convertir en monólogo. Chile ha sido una sociedad que ha generado individuos atomizados en goces singulares: corpúsculos de goce que anulan rabiosamente toda voz ajena. Solo hay un monólogo que demanda producción-ganancia, y dispone de los cuerpos que trabajan como si se tratasen de mera vida desechable. Soñarnos es poder volver a plantearnos el antagonismo que nos funda, para atravesarlo, trabajarlo y escucharlo. Solo así, será posible un movimiento en lo Real que pueda generar marcos simbólicos nuevos.

 

II. El lado imposible de tocar la verdad: El sueño y su barrera impenetrable

Freud nos dice que el deseo del sueño se eleva, empuja, surge (erhebetsich) en el punto más denso de ese Geflecht, de ese entrelazamiento, como un hongo de su micelio. El lugar de origen de ese deseo sería entonces el lugar mismo donde el análisis debe detenerse, el lugar que debe dejarse en la oscuridad (mus man im Dunkel Lassen). Y este lugar sería un nudo o un tejido enmarañado: en pocas palabras, una síntesis inanalizable (Derrida, 2010, p. 31).

Freud desde los inicios de sus indagaciones e investigaciones, tanto clínicas como teóricas, dio cuenta de que una parte de ellas permanecía en absoluta oscuridad. En la medida en que sus hallazgos avanzaban, los vacíos e interrogantes también se incrementaban. Esta dificultad no dejó excluido el dilema de los sueños, pese a que la obra maestra del padre del psicoanálisis es justamente de esta temática “La interpretación de los sueños” una de las hipótesis que podrían haber significado el trazar nuevas direcciones para el campo psicoanalítico, quedó en el silencio, silencio que hoy es digno derribar, con esto nos referimos al hecho de ahondar en el preguntar por el contenido manifiesto en los sueños que es capaz de predecir de alguna u otra forma el futuro.

Dilucidar elementos o situaciones que sucederán en el estado de vigilia fue solo una de las interrogantes que quedaron inconclusas y sin respuesta. Podemos retomar esta especulación -o suerte de hipótesis no investigada-, y plantearnos si los estallidos sociales presentes a lo largo de todo Chile excluyen los más de 30 años de aparente somnolencia -o es este mismo periodo de adormecimiento el que ayudo a elaborar la realidad actual-. En este sentido, el Chile de hace un mes, dormido, hipnotizado por un modelo político, no tiene mayores diferencias al Chile de hoy. El cambio surge desde este mismo despertar.

Ahora bien, siguiendo con esta especie de metáfora que se ha decidido articular, en la cual el sueño cumple la función de pasado y el despertar – despertar que ha estado presente en cada una de las manifestaciones ya sea en cánticos como en carteles que contienen la frase “Chile Despertó”-, es una suerte de realidad, realidad que está en proceso de construcción al mismo tiempo que esta siendo de-construido en cada rincón del país. En este sentido, traemos a Jacques Lacan (1973) quien refiere:

“Lo que Freud llama el ombligo –ombligo de los sueños, escribe para designar, en último término, el centro de lo desconocido- que no es otra cosa, como el ombligo anatómico mismo que lo representa, que esta hiancia de la que hablamos nosotros”.

Encontramos, este ombligo del sueño, como esa parte impenetrable, que aún pese a la interpretación de las resistencias que “protegen” este núcleo persiste como inaccesible. Esto, puede extrapolarse a la realidad del estado chileno.

Entonces, tenemos un núcleo cargado de desigualdad social, económica, injusticias y violencia sistemática, pese a que este núcleo lleva persistiendo desde el retorno mismo de la democracia al poder, es hoy el momento histórico en el cual se logra esclarecer este fondo. El ¡Chile despertó! Con su dimensión traumática del mismo paso del dormir a la vigilia explica lo que acontece.

 

III. La ilusión de un supuesto saber de la historia: el despertar de una nueva ilusión

“El capitalismo se refiere como una fuerza  acéfala, que se expande ilimitadamente hasta el último confín de la vida. Ésta es precisamente la novedad del neoliberalismo: la capacidad de producir subjetividades que se configuran según un paradigma empresarial, competitivo y gerencial de la propia existencia” (Alemán, 2019, p. 67)

Junto con el sintagma “Chile despertó”, parecen desvanecerse frente a nosotros dos hipótesis bastante arraigadas en nuestra sociedad, tal como han indicado algunos teóricos contemporáneos.

Primero, la hipótesis de que el capitalismo y el modelo neoliberal no tienen límites (Alemán, 2019), es decir, que su transformación es tan variada como compleja y que en la medida en que se logra atrapar, este vuelve a modificarse. Esta hipótesis ha sido bautizada por Mark Fisher como “realismo capitalista”, es decir, “la idea muy difundida de que el capitalismo no solo es el único sistema económico viable, sino que es imposible incluso imaginarle una alternativa” (Fisher 22). Imaginarle o soñarle una alternativa. Esta suerte de premisa fundamental sobre la cual se sostiene erigida nuestra realidad social –hoy por hoy y gracias a los movimientos sociales que han surgido en Hong-Kong, Venezuela, España y Chile–, parece perder su carácter de certeza incuestionable.

Por otro lado, tenemos la ilusión de un supuesto saber de la historia, de un sujeto que trae consigo una articulación que le permite encontrar el camino mediante el cual extinguir al poder, en palabras de Jorge Alemán (2019)

“Una especie de «supuesto sujeto saber de la historia», es decir, una clase que sabe, ella misma, conducir el proceso y llegar al objetivo final de la disolución de las clases. Esta idea era tan pregnante que muchos estaban convencidos de que la historia marchaba inexorablemente hacia ese lugar. El poder podía detener, ralentizar, frenar, poner obstáculos, dilatar, pero inexorablemente, se cumpliría ese camino hacia la revolución comunista. Además gracia a que el «sujeto supuesto saber» garantizaba la marcha del progreso histórico, se entendía cuál era el sentido de la historia. Porque había un sujeto histórico, y una clase capaz de encarnar un programa revolucionario, teleológicamente orientado, finalmente se iba a realizar el acceso a la sociedad sin clases” (p. 31).

Dicho de otro modo, pareciera que la categoría de sujeto (o el “espinoso sujeto” como lo llama Žižek) está nuevamente en el escenario de la protesta global.

La construcción significante “Chile despertó” abre la posibilidad de configurar nuevas relaciones, tanto intelectuales como sociales. Es el tejido social y su dimensión sensible lo que se recompone, un ardor que nos ha obligado a todos y todas a replantear los marcos de inteligibilidad que nos constituyen. Y es desde este punto cero desde donde debemos reaprender a mirarnos, escucharnos y soñarnos.

 

Conclusión

“El capitalismo sólo quiere morir a su manera y por ello, en su modalidad específica de extinción, se ponen en juego distintos imperativos de <<goce>>, de modos de satisfacción, que permiten entender que el neoliberalismo no sólo somete, sino que también –y esto de un modo agudo y particular- establece dependencias, marcos de conducta, encuadramientos mentales y corporales, donde la subjetividad queda inscripta en una nueva versión de distintos modos de servidumbre. Incluso apego apasionado a la misma” (Alemán, 2019, p. 27)

El proceso de transformación en el cual se encuentra Chile, si bien ha tenido un despertar necesario, ha significado también el significar transformarse en un despertar traumático. En este camino de la liberación del trauma social vivido por la dictadura, en esta búsqueda de la ciudadanía por un país más equitativo, se ha incurrido en una alta cifra de vulneración de Derechos Humanos, los cuales se han vividos en el último mes –Noviembre del 2019-, esto, abre nuevas heridas. Heridas que deben ser re-elaboradas y re-significadas si lo que se busca es trazar un nuevo fin.

Como es bien sabido, ningún proceso de transformación social, político y económico ha estado exento de violencia, en este sentido, la violencia sistemática, subjetiva y objetiva que han sido partes de este proceso de estallidos sociales, solo puede entenderse como la forma y la vía regia mediante la cual los individuos participes de la sociedad logran despertar –despertarnos para soñar otras posibilidades–, en una lucha por una vida que sea digna de ser vivida por todos.

 

David Parra Miranda es Doctor en Literatura, reside en Santiago de Chile. 

Académico de la Facultad de Letras PUC.

 Nicol Andrea Barria Asenjo reside en Osorno.

Asistente editorial en revista Cuadernos de Neuropsicología-Panamerican Journal of Neuropsychology.

 

Bibliografía:

Zizek, S., (2001) El sublime objeto de la ideología. Buenos Aires: Siglo XXI editores.

Freud, S., (1900) Sigmund Freud, Obras completas, La interpretación de los sueños (Primera parte). Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S., (1900-1901) Sigmund Freud, Obras completas, La interpretación de los sueños (Segunda parte). Buenos Aires: Amorrortu.

Fisher, M., (2017). Realismo capitalista: ¿no hay alternativa? Buenos Aires: Caja Negra, 2017.

Lacan, J., (1973) Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, Le seuil.

Lacan, J., (1997) El seminario. Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del

psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

Pessoa, F., (2013) El libro del desasosiego. Barcelona: Acantilado

Derrida, J., (2010) Resistencias del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós: Espacios del saber

Leader, D., (2019) Why can’t we sleep? London: Penguin Random House.

Alemán, J., (2019) Capitalismo: Crimen perfecto o emancipación. Barcelona: Nuevos Emprendimientos Editoriales.

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