Diana Palma – “Cuando el sujeto asiste a su propia destrucción”

Es dentro de un mundo pretendidamente feliz, pretendidamente feminizado, pretendidamente igualitario que la violencia en las relaciones entre los sexos emerge como un síntoma de la época.

Miquel Bassols

En diciembre pasado, un artículo publicado en The New York Times denominado “La monstruosa naturaleza sexual de los hombres y el escándalo”[1], escrito por un periodista canadiense llamado Stephen Marche, pone en cuestión la naturaleza (sexual) de los hombres.

Denuncias realizadas por reconocidas actrices hacia un importante productor de Hollywood, ocasionó el comienzo de una serie de denuncias, denunciantes y denunciados, sobre algo que pasa, que viene pasando desde hace décadas y que pone en evidencia una asimetría entre los sexos y el descaro en el uso del poder.

El productor fue acusado de violencia sexual y en ese artículo el autor plantea lisa y llanamente “lo grotesco de la sexualidad masculina”[2].

Cito algunas ideas que me parecieron interesantes:

  1. “por más que los hombres sean de muy distintos tipos, con distintas sensibilidades lo único que los une es esa monstruosidad.”[3];
  2. “fea y peligrosa naturaleza de la libido masculina”[4];
  3. “brutal”[5];
  4. “hay una línea entre el deseo y su realización, y algunos la cruzan y otros no (…), todos los hombres tienen una línea que podrían cruzar[6].
  5. Se sirve de Freud quien definió la libido masculina como “un caos, un caldero lleno de excitaciones en ebullición”[7] y que “la idea del complejo de Edipo contenía una argumentación implícita a favor de la necesidad de una represión agotadora: si dejas a los niños ser niños, matarán a sus padres y se acostarán con sus madres” [8].

Destaco algunos conceptos fundamentales para el desarrollo de este trabajo como lo son monstruosidad y ‘todos los hombres tienen una línea que podrían cruzar’. Intentaré responder algo de esto.

Para comenzar voy a referirme a ¿Qué se llama violencia sexual? Es la acusación en juego.

El término hace referencia al acto de coacción hacia una persona con el objeto de que lleve a cabo una determinada conducta sexual. Se incluyen comentarios, insinuaciones sexuales no deseadas, acciones para comercializar, coacción por la relación con la víctima ya sea en el ámbito del hogar y/o el lugar de trabajo.

En la violencia sexual, hay actos agresivos que mediante el uso de la fuerza física, psíquica o moral, reducen a una persona a condiciones de inferioridad para imponer una conducta sexual en contra de su voluntad en un acto que busca fundamentalmente someter el cuerpo y la voluntad de las personas.

Es pertinente destacar la asimetría expuesta en el caso planteado. El productor (hombre) está claramente posicionado en un lugar de poder en relación a las víctimas (mujeres). El factor poder, dentro de lo que es violencia sexual es determinante.

Si ponemos en tensión el término violencia sexual con lo que actualmente se denomina violencia de género en este trabajo tendrían un punto de encuentro. De lo que se trata es de hacer un posible análisis de lo que pasa en estas situaciones de violencia ejercida por parte de un hombre hacia una mujer, donde ella es la víctima.

​Posibles causas de la violencia sexual:

  • La educación social y cultural que reciben los individuos es la única causa del componente agresivo.
  • Biológicamente se ha determinado que no existe relación entre el sexo y la agresividad.
  • Factores socio-culturales como es el caso de las expectativas del comportamiento en los varones que asocian a éstos con un impulso sexual fuerte.

Este último punto me parece importante porque las expectativas de comportamiento, la idea falsa del impulso sexual fuerte unido a lo viril se definen fundamentales en el encuentro de un hombre posicionado en un lugar de poder en relación a una mujer y cómo se defina allí será el caso por caso.

Para el psicoanálisis la violencia no tiene ni una causa natural ni una causa biológica. Se puede decir que el factor cultural muestra aquí su carácter determinante.

Freud observó la creciente dificultad en la relación entre los sexos. Opinaba que los cambios profundos que se dan en ella se vinculan directamente a los cambios profundos que se dan en la civilización.

Desde que existe la cultura existen hechos violentos y violencia hacia las mujeres. Miquel Bassols en “La violencia contra las mujeres”[9], plantea el carácter universal de la violencia y que la violencia hacia las mujeres en distintas clases sociales, franjas etarias y ámbitos laborales ha habido siempre. La violencia contra la mujer se consuma no solo por parte de los hombres, sino por parte de los Estados, las instituciones y por otras mujeres.

Los actos humanos se enmarcan en la cultura y es desde allí que se significan. Esas significaciones sociales y culturales que se les da a hombres y mujeres son asimétricas. La idea de la complementariedad entre los sexos es un factor muy importante. La agresividad por su parte es constitutiva en el sujeto. Ambos aspectos son determinantes en el momento de tomar a una mujer como objeto. El lenguaje, lo atraviesa todo y es fundamental en las relaciones. El mal entendido, también estructural, hace que las relaciones sean conflictivas.

Marcelo Barros [10] diferencia relaciones conflictivas de relaciones violentas y atribuye la causa de las relaciones violentas de los hombres hacia las mujeres al horror y desprecio hacia lo femenino. Según él la agresividad por parte del hombre hacia la mujer, es un modo de defensa impotente ante la angustia que le produce el encuentro con una mujer y la imposibilidad de poder soportar la castración que lo femenino encarna.

En esta línea, Bassols opina que el acto machista contra las mujeres es el intento de borrar y abolir la diferencia que lo femenino representa y se reintroduce en cada vínculo de la realidad social.

El artículo del inicio no tiene en cuenta conceptos como pulsión, goce, falo o perversión y el psicoanálisis sabe de lo irreductible e imposible de regular que está siempre presente en las relaciones entre hombres y mujeres.

La posición ante una mujer en tanto Otra, tener una posición viril en ese encuentro, enfrenta al hombre con su propia impotencia y la violencia hacia la mujer encubre un fracaso en esa virilidad.

Lacan en El Seminario Libro 18 De un discurso que no fuera del semblante[11],menciona el término “identidad de género”[12] para decir que “en la edad adulta los seres hablantes se reparten entre hombres y mujeres y que en esa instancia lo que define al hombre es su relación con la mujer, e inversamente.”[13]

Refiere “el muchacho, se trata en la adultez de hacer de hombre”[14]. “Uno de los correlatos esenciales de este hacer de hombre es dar signos a la muchacha de que lo es. Para decirlo todo, estamos ubicados de entrada en la dimensión del semblante”[15].

¿Qué es hacer de hombre?

Si se trata de hacer de, estamos en el plano del semblante y Lacan dirá que a veces ese semblante, que se vehiculiza a través de un discurso, encuentra un límite y “en lugar de tener la exquisita cortesía animal, ocurre que los hombres violan a las mujeres”[16]. Llamará a esto pasaje al acto y lo va a diferenciar del acting out.

Entiendo, en lo que dice Lacan, que del lado del semblante hacer de hombre frente a una mujer es pasar, como allí lo aclara, del semblante a la escena y montarlo sobre ella, y describe el acting out como aquello que pone en juego, en ese momento, todo lo que en el “comportamiento del niño”[17] se orientó hacia ese hacer de hombre. El discurso siempre estuvo presente, desde un principio, recubriendo que no hay relación sexual.

Pero cuando el discurso encuentra un límite el pasaje al acto presentifica lo real.

Miller [18] plantea que en ese acto (pasaje al acto) irrecusable e irrefrenable llevado a cabo por parte del varón hacia la mujer hay una exigencia absoluta de satisfacción inmediata. El pasaje al acto se desencadena y el imperativo de goce impone su ley.

Retomando la palabra “monstruosidad”[19], es interesante la opinión de Miller en este punto, quien se refiere a estos hombres en relación a su acto, aclarando que no son “monstruos”[20] sino “desgraciados”[21], y fundamenta este término en que la tensión libidinal en esos sujetos se encuentra desnuda.

Se pregunta por qué la sociedad contemporánea tolera menos la pulsión que antaño. Responde: “la pulsión es primitiva y no se ajusta a los tiempos modernos, no entiende razones, no se contiene, no negocia”[22].

Miller utiliza y hace jugar dos significantes entre sí: uno a nivel del discurso, “lapsus”[23] que hace a la dimensión de la verdad y otro, “raptos” [24] que hace a la dimensión de lo real. Para él mientras el sujeto en el “lapsus” se traiciona en el “raptus” se destruye.

¿Por qué algunos hombres cruzan la línea y hacen un pasaje al acto?

Me parece importante traer a Lacan en esto, él dirá: “Para el hombre, en esta relación la mujer es precisamente la hora de la verdad”[25]. “Ciertamente es más fácil para el hombre enfrentar cualquier enemigo en el plano de la rivalidad que enfrentar a la mujer, por cuanto ella es el soporte de esta verdad”[26].

A modo de conclusión: cada vez que un hombre se enfrenta a una mujer, para ese hombre una y otra vez se reedita la hora de su verdad. Esos “desgraciados”[27] que poseen su tensión libidinal desnuda a decir de Miller, se ven acorralados sin la posibilidad de “hacer de” para lo cual solo les queda el recurso del pasar al acto y en ese “raptus”[28] asisten a su propia destrucción.

Diana Palma es psicoanalista, reside en Mendoza.

Egresada del ICdeBA. Egresada de la “Especialización Clínica con Orientación Psicoanalítica”, UBA. Egresada de la “Maestría en Psicoanálisis” UNSAM. Presidenta de la Asociación Cuyana de Estudios Psicoanalíticos (ACEP).

Notas bibliográficas:

[1] Marche, S., La monstruosa naturaleza sexual de los hombres y el escándalo;https://www.nytimes.com/es/2017/12/02/libido-hombres-escandalos-acoso/[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] Ibid.

[9] Bassols, M., La violencia contra las mujeres, texto publicado en Desescrits: http://miquelbassols.blogspot.com.ar/2012/11/la-violencia-contra-las-mujeres.html

[10] Barros, M., Conversación: Hay algo anti político en la Sexualidad: http://www.telam.com.ar/notas/201506/107301-hay-algo-antipolitico-en-la-sexualidad.html

[11] Lacan, J.; Seminario 18; Paidós; Buenos Aires, 2011

[12] Ibid., p. 31.

[13] Ibid., p. 31.

[14] Ibid., p. 31.

[15] Ibid., p. 31.

[16] Ibid., p. 32.

[17] Ibid., p. 31.

[18] Miller, J.-A., Dominique Strauss Khan Entre Eros y Tánatos, https://pijamasurf.com/2011/05/dominique-strauss-kahn-entre-eros-y-tanatos/?replytocom=46924

[19] Marche, S., op. cit.

[20] Miller, J.-A., op. cit.

[21] Ibid.

[22] Ibid.

[23] Ibid.

[24] Ibid.

[25] Lacan, J., op. cit., p. 33.

[26] Ibid., p. 34.

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