En el marco de pandemia y de incertidumbre generalizada que se expande junto al virus, ¿cómo pensar y ubicar los efectos de la hidra neoliberal en los lazos y en las subjetividades?
Como verá el lector, la pregunta que presentamos es amplia y específica a la vez. En los diversos artículos de la revista podrá encontrar variados puntos de vista y análisis sobre los efectos del neoliberalismo en la época que atravesamos.
Valgan dos ejemplos para ilustrar. El primero: hasta hace poco tiempo, se veía en las calles de Buenos Aires un aviso de un banco con la imagen de una señora soplando las velas de su torta de cumpleaños acompañado de una leyenda que decía, “no pidas un deseo pide un préstamo”. El segundo: la empresa china Alibaba, que es la principal competidora de Google en ventas por internet, empezó una campaña internacional muy adaptada a los tiempos que corren; se trata de unas fotos muy logradas de sus nuevos modelos de ataúdes, los hay simples, otros acolchados, con bordados y con sábanas haciendo juego, de diversos precios y para todos los gustos.
Dos ejemplos que nos muestran la influencia y presencia de la razón neoliberal. El primero, anterior a la pandemia, señala que el deseo prioritario sería endeudarse y consumir, alimentando sin cesar a que todos se conviertan en deudores; y el segundo, ya en la temporalidad del virus, una razón que la pandemia muestra sin velos, una brutalidad que pone por encima de la vida: las finanzas globales. Ejemplos que muestran la matriz neoliberal, la lógica de mercado: el crédito, el consumo y la generación de la deuda -no solo económica.
Pasemos ahora a considerar la perspectiva sobre la subjetividad afectada. Recordemos que dos de las cabezas de la Hidra neoliberal nos presentan un especial complemento. Una, la vertiente destructiva; otra, la productora de sentido. La primera abarca derechos, instituciones, normativas, políticas de bienestar, etc., mientras que la productora es generadora de nuevas significaciones sobre las relaciones sociales, los estilos de vida, las políticas, etc. El resultado y complemento entre ambas cabezas es la generación de una nueva subjetividad, este es uno de los grandes triunfos del neoliberalismo, su influencia determinante en la subjetividad. Cuestión a abordar señalando el plural: subjetividades, respecto del cual es necesario delimitar sus alcances sobre lo singular. Problema en el que no puede estar ausente el psicoanálisis ‒refugiándose en una neutralidad‒ en tanto el neoliberalismo construye una nueva forma de existencia. La cuestión es si esta clausura, anula la pregunta abierta por Freud: ¿qué soy como mortal y sexuado?
A nuestro entender, mantenerla y sostenerla implica la importancia de un debate en el psicoanálisis mismo sobre las compatibilidades e incompatibilidades con el Neoliberalismo. Incompatibilidades que tienen como marco la imposición de la competencia generalizada, ya que una cosa es la diferencia y otra la desigualdad como matriz de los lazos sociales.
Volvamos al marco general ya que el Neoliberalismos con sus efectos es “mundial”, porque lejos de limitarse a la esfera económica, tiende a totalizar, o sea, a “hacer mundo”, mediante su poder de integración de todas las dimensiones de la existencia humana. Razón del mundo es, al mismo tiempo, una “razón-mundo”. El universal de “todas las dimensiones de la existencia humana” implica en ese más allá del mercado la instalación de un “modo de vida” donde el individuo se ubique él mismo como capital humano en un permanente crecimiento acumulativo, y, para tal fin, la importancia de todo un nuevo marco normativo es esencial.
En síntesis, lógica normativa generalizada que apunta a lo más íntimo de la subjetividad. En este punto es fundamental distinguir (no considerar homólogos o idénticos) la singularidad y el sujeto.
El día después. Hoy no, mañana tal vez…
Naomi Klein, en un artículo para The Intercept, analiza la participación del ex Ceo de Google, Eric Schmidt en una comisión para “reimaginar la realidad post-Covid” en Nueva York. Cuestión que se inscribe en un marco en el que comienza a gestarse un futuro dominado por la asociación de los Estados con los gigantes tecnológicos, tomando la cuarentena como laboratorio en vivo, un Black Mirror, y la aceleración de esta distopía a partir del coronavirus: “Ahora, en un contexto desgarrador de muerte masiva, se nos vende la dudosa promesa de que estas tecnologías son la única forma posible de proteger nuestras vidas contra una pandemia”1. En síntesis, se admite ahora, a través del pretexto de la inteligencia artificial, que las corporaciones avancen sobre el control de las subjetividades.
El virus y el neoliberalismo tienen en común que no hay fronteras, no solo geográficas, sino también políticas, ideológicas, económicas, de raza, o de religión. Nuestro límite es acercamos cuidadosamente a una sola certeza: estamos y estaremos bajo el dominio de la incertidumbre, de lo impredecible, efecto de un real que va más allá de la realidad, que toca en la singularidad de cada uno en relación a su deseo y a su goce. Leemos y escuchamos que la pandemia implica un real sin ley cuyos alcances apenas vislumbramos; en relación a esto nos permitimos introducir la pregunta sobre si el virus se ubica como real ‒causa diversas enfermedades introduciéndose como parásito en una célula para reproducirse en ella‒ o se trata de un efecto de la “naturaleza” que irrumpe en lo simbólico y lo imaginario de una manera tan intensa que trastoca sentidos y referentes para todos y cada uno. Una emergencia que altera todas las ficciones y narraciones y en esas alteraciones es donde se manifiesta lo real.
Una manifestación que nos lleva a la pregunta por el día después, pero no como un destino ya determinado sino que el mismo dependerá de los hechos, y las políticas que se generen en el presente, más allá de las de la “epidemia” de opiniones. Por supuesto, sin olvidar que las correlaciones de fuerzas con el poder real del neoliberalismo varió un poco, hasta podríamos decir mejoró, pero sigue siendo notablemente desfavorable. Y así constatamos día a día, todos sin excepción, que el neoliberalismo a través de los medios de comunicación, trasmite una antipolítica, como política, bajo declamaciones sobre la libertad. No estaría mal que leyeran a John Stuart Mill quien argumentó en favor de las libertades liberales fundamentales, básicamente la libertad como derecho a la diversidad en lo social y de derecho a la intimidad en lo personal.
Finalmente, ¿cómo tratar la incertidumbre que genera la pandemia y de la cual el neoliberalismo hace uso? Tal vez, una de las maneras es, como sostenía Hume, hacer las paces con ella; pero agreguemos: transitarla sin caer en falsas certezas.
Aníbal Leserre
Septiembre 2020
1 Klein, Naomi, “Screen new deal” en The intercept. 8 de mayo de 2020.