El número 13 de la revista sale cerrando un año que nos deja frente a la certeza de la incertidumbre. Nuestra línea editorial tuvo y tiene el eje del cuestionamiento al neoliberalismo: hemos puesto en evidencia, en los numerosos artículos publicados a lo largo de estos 3 años, que sus alcances van mucho más allá de la financiarización del capitalismo y que sus cabezas de hidra se vienen multiplicando y expandiendo, capturando subjetividades, anulando derechos, y usando a los Estados para sus fines. Expansión exponencial del Dios mercado como única razón del mundo que desecha toda oposición, todo pensamiento crítico. Sin embargo, dicha marcha chocó contra un virus que desató una pandemia y que puso sobre la mesa los límites de esta razón-mundo. La historia nos enseña que otras pandemias influyeron en las maneras de entender el mundo, en las verdades sostenidas como incuestionables. Nos parece que la gran pregunta, el interrogante al que tratamos de acercarnos se puede formular de la siguiente manera: ¿caerá la ideología neoliberal o utilizará los efectos de la pandemia a su favor, fortaleciéndose?
No tenemos la respuesta, más allá de nuestros deseos. Y es justamente esta incertidumbre la que nos mantiene en el compromiso de seguir, de insistir a través de La libertad de pluma para que en sus páginas sigan teniendo cabida las opiniones, las críticas, las perspectivas, para continuar insistiendo en que cada uno, en su medida y posibilidades, tome posición ante la oposición de, por una lado, “La democracia”: lo diferente, la heterogeneidad; y por el otro, el “Dios Mercado”: la uniformidad, el empuje a rendir al máximo, el considerar todo bajo la óptica de la mercancía. Una posición que no puede dejar de lado la cuestión que viene siendo señalada por diversos analistas y críticos; se trata de la expansión de las políticas totalitarias que se consumarían en Estados de control autoritarios.
Una vuelta más del discurso capitalista que, a su vez, expande otro virus, el del odio por el goce del otro, acompañado de propuestas identificatorias que tienden a llenar el vacío de sentido. Pero la oposición no es una simple negativa, es una afirmación señalando, entre muchas cuestiones, que la ineficacia neoliberal mostrada por la pandemia puso en tela de juicio ‒y más también‒ invalidó de raíz la falacia de que lo privado es lo mejor, que libre empresa es sinónimo de libertad, que libertad es sinónimo, para algunos, de sus intereses; mostrando, en cambio, que “libertad” es la bandera de los dueños de capitales de las transnacionales que se arrogan, en su nombre, el derecho de decidir sobre gobiernos y condenar y estigmatizar a los movimientos populares y los estados de bienestar.
Sumemos a la incertidumbre que trajo el virus que descorrió el velo neoliberal dominante, el desamparo que también se nos presenta ante nuestro ojos aunque no lo veamos, se nos muestra en sentimientos de desprotección, de vulnerabilidad, de fragilidad. Sin embargo, también se deja ver ‒aunque allí hay que mirar para comprender‒ una potencia y un entusiasmo respecto del día después. Repetimos: no sabemos cómo será, pero es altamente probable que no sea igual al anterior a la pandemia.
Por lo tanto, La libertad de pluma, humildemente, se sostiene en esa potencia de poder mirar para ver.
Aníbal Leserre
Diciembre 2020