‘El Ángel’ –me llamaba Degas.
Tenía más razón de lo que podía creer.
Ángel = peculiar, extraño = Extranjero… Extrañamente.
Paul Valéry, Cuaderno 147,
del 2 de agosto al 18 de octubre de 1932.
Destaquemos el notable éxito de este Foro1 que nos ha permitido escuchar las dificultades encontradas por cada uno de los actores que afrontan la dura realidad de lo que es extraño-extranjero en nuestro mundo. Y esto, más cercano a las distintas iniciativas y sus consecuencias, a veces divergentes, que cada uno de los actores puede disparar.
En este momento de recapitulación, debemos recordar cuánto esta confrontación con los actores de la razón práctica es decisiva para nuestro abordaje psicoanalítico.
Mi síntoma, este extranjero
Ciertamente, en el nivel de la razón pura, hay materia como para que el psicoanalista se sienta autorizado a tratar lo extranjero como una dimensión de la existencia humana que le es familiar. A diferencia de otras disciplinas psicológicas, el psicoanálisis no considera al sujeto como un aparato unificado en el cual, la función de unificación estaría en primer plano. Por el contrario, insiste sobre una aporía. Si, desde Freud, nuestra disciplina enfatiza la complejidad de los mecanismos de identificación, es porque la identidad es una quimera, una pasión o una locura. En nuestra práctica, le hemos dado un nombre: locura narcisista, y hemos descrito el campo de expansión, así como la efectos de verdad que marcaron la época. Los caracteres narcisistas, las personalidades narcisistas y las perversiones narcisistas se ajustan a los personajes más antiguos descritos por la psicología. No sabríamos prescindir ahora de eso. Lo hemos constatado recientemente a propósito del Presidente Trump. Pero el acierto caracterológico hace olvidar que todos somos personalidades narcisistas. La idea misma de personalidad, en su objetivo unificador, es narcisista y el horizonte, paranoico. Esta está marcada por la tensión agresiva del estadio del espejo. El otro siempre es intrusivo y me despoja.
La unidad nunca alcanza a ser tal, revelándose siempre precaria. El sujeto es sujeto dividido, dividido entre identificaciones múltiples y contradictorias. Logra sortear esto a partir de lo que Freud llamó una ‘deformación del yo’ y por una división permanente. El estatuto ordinario del sujeto es sentirse extranjero a sí mismo. Sobre todo, en el corazón de su ser, se encuentra con un extraño que le es familiar, su síntoma. Este se hace presente bajo la modalidad lógica de lo que ‘no cesa de escribirse’. Lo que sea que el sujeto desee, no puede no recorrer los caminos que su síntoma le traza. No puede deshacerse de este.
Este síntoma es mucho más que la suma de los malos hábitos a los que pretende reducirlo la psicología del aprendizaje. Se concentran, en una mixtura de síntoma y fantasma, todos los caminos hacia el goce que el sujeto ha encontrado en su contingencia.
Heidegger quería que la filosofía siguiera los Holzwege, es decir, caminos boscosos que “no llevan a ninguna parte”, que transitan por las necesidades de orientación en el bosque debido a los guardabosques. Nosotros, psicoanalistas, nos ocupamos de los caminos que recorre el bosque del cuerpo, quemado por el encuentro con el goce. Este síntoma, que es aquello con lo que el sujeto cuenta, es al mismo tiempo lo más propio y lo más ajeno. Para cada uno, el síntoma es esa cosa suya, que le habla, pero desde otro lugar.
Mi fantasma, este familiar inasimilable
En una segunda analogía de estructura, a nivel de la razón pura, el psicoanalista se siente en terreno familiar cuando evoca lo extranjero. Es en una dimensión siempre extranjera que se sitúa la relación con el goce. El fantasma del sujeto es lo que le resulta más familiar en su imaginario, pero el encuentro real con el goce siempre está marcado por un mal encuentro, ya sea en más o en menos. Escapa a la homeostasis del principio de placer que intentaría mantenerlo en un área de familiaridad. Siempre, el más allá del principio de placer vendrá a poner en juego su disonancia formulando su ‘no es eso’. Lo extranjero es entonces, en estos dos niveles de la razón pura psicoanalítica, una aproximación familiar a lo Unheimlichkeit.
Esta familiaridad con el tema del exilio y de lo extranjero se ha encarnado en la historia del movimiento psicoanalítico, a partir de los múltiples exilios que la han escandido. Exilio de psicoanalistas judíos europeos de Austria, de Alemania hacia los Estados Unidos. Exilio de españoles hacia América Latina. Exilio de argentinos durante la dictadura hacia Europa. Hoy, el exilio de los psicoanalistas venezolanos a los Estados Unidos y América Latina, y regreso de los argentinos. Un movimiento permanente ha atravesado a esta comunidad cuya organización ha sido tomada por estos movimientos.
El obstáculo del amor al prójimo
Sin embargo, cualesquiera que sean estas experiencias, cualquiera sea su dimensión, hay una punto de reencuentro con lo extranjero que, desde las últimas enseñanzas de Freud, hacia finales de los años veinte, no deja de atormentar a la comunidad psicoanalítica. Freud, de hecho, nos advirtió contra lo que le pareció extravagante en el mandamiento cristiano “ama a tu prójimo como a ti mismo”.
En un documento preparatorio para el Foro, Paola Francesconi ha recalcado este pasaje de El malestar en la cultura donde Freud habla de los que “prefieren los cuentos de hadas y hacen oídos sordos cuando se menciona la tendencia nativa del hombre hacia la maldad, la agresión, la destrucción y, por lo tanto, la crueldad. Ahora, el hombre intenta satisfacer su necesidad de agresión a costa del prójimo, explotar su trabajo sin compensación, usarlo sexualmente sin su consentimiento, para apropiarse de sus bienes, humillarlo, provocarle sufrimiento, martirizarlo y matarlo”2.
Freud se inscribe aquí en la tradición judía en la confluencia de la Torá que enuncia: “No maltratarás a un extraño, no lo oprimirás porque tú eras extranjero en el país de Egipto” (Éxodo 22:21); (Deuteronomio 10, 19) –citado por Monseñor Guerino di Tora, presidente de la Fundación de Migrantes y de la Comisión Episcopal de la migración. El libro del Éxodo insiste en que el extraño es mi semejante y que, como tal, no debo oprimirlo: «No oprimirás a un extranjero porque conoces el corazón de un extranjero, ya que has sido extranjero en la tierra de Egipto” (Éxodo 23: 9).
La prescripción se refuerza en Levítico: “Pero el extraño que habita en ti será como alguien que nace dentro de ti, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto: yo soy Jehová vuestro Dios” (Levítico 19, 34)3.
El extranjero es una cosa, pero el límite con el prójimo es otra. Rémi Brague continúa: “Ahora, todo esto no va de suyo. Tenemos un ejemplo muy claro en Maimónides: Los idólatras [litt. los adoradores de estrellas] con quienes no estamos en guerra, (…) no causamos su muerte. Por el contrario, está prohibido salvarlos si están amenazados de muerte. Por ejemplo, si vemos que uno de ellos es arrojado al mar, no se lo saca porque está escrito: ‘No permanecerás con los brazos cruzados delante de la sangre de tu prójimo (rea ‘)’ (Levítico, 19, 16). Ahora, este no es ‘tu prójimo’”. Recordamos la pregunta del escriba a Jesús: «¿Quién es mi prójimo?» (Lucas, 12, 29), a la que la parábola del “buen samaritano” trajo una respuesta inesperada4.
Lacan comenta muy bien las distancias que Freud toma con respecto al prójimo por razones que son ciertamente diferentes de las de Maimónides, pero que tienen sin embargo todo su alcance. Es preciso volver a Freud para situar algo más que la voluntad de no cargar sobre los hombros de la humanidad un fardo demasiado pesado. Freud marca una doble retrospectiva: en primer lugar, la maldad que emerge en el prójimo; en segundo lugar, eso que arde en cada uno de nosotros.
“Encontramos los comentarios de Freud que son muy precisos, y que colocan un emotivo acento sobre lo que puede ser amado. Él revela cómo hay que amar al hijo de un amigo, porque si este amigo es privado de su hijo, el sufrimiento será intolerable. Toda la concepción aristotélica de los bienes está viva en este hombre verdaderamente hombre, que nos dice las cosas más sensibles y sensatas sobre lo que vale la pena que compartamos con él, ese bien que es nuestro amor. (…) cada vez que Freud se detiene, horrorizado por la consecuencia del mandamiento del amor al prójimo, lo que surge, es la presencia de esta maldad que vive en el prójimo. Pero a su vez ella también vive en mí mismo. ¿Y hay entonces algo más próximo que este corazón propio que no es otro que mi goce al cual no me atrevo a acercarme? Porque desde el momento en que me acerco –es allí donde aparece el sentido de El malestar en la cultura– surge esta agresividad insondable ante la cual retrocedo”5.
La economía puede apelar al egoísmo banal de lo útil para evitar esta zona del más allá: “Mi egoísmo se satisface muy bien con un cierto altruismo, con aquel que se sitúa a nivel de lo útil, y este es precisamente el pretexto por el cual evito abordar el problema del mal que deseo y que le deseo a mi prójimo. Así es como reparto mi vida, acuñando mi tiempo en una zona dólar, rublo u otra (…) donde mantengo a todos por igual, a nivel de la poca realidad de mi existencia. (…) Lo que yo deseo es el bien de los otros, a condición de que sea a imagen del mío”6. Y Lacan agrega: “El goce del prójimo, su goce nocivo, su goce maligno, es eso lo que se presenta como el verdadero problema para mi amor”.
Jacques-Alain Miller señala: “En el odio del Otro, es claro que hay algo más que agresión. Hay una constante de esta agresividad que merece el nombre de odio, y que apunta a lo real en el Otro (…). Es incluso la forma más general que podemos darle a este racismo moderno en tanto lo verificamos: es el odio del modo particular del cual el Otro goza”7.
Saber esto, conocer las aporías de amor y de goce en el vecindario del prójimo no nos condena ni al cinismo, ni a la inmovilidad, ni a la constatación de la presencia irreductible del odio o de la maldad. Estos impasses nos llevan a tener en cuenta algo similar a lo que el Papa, en su recordatorio de la necesaria acogida del prójimo, ha extendido por el también necesario llamado a la prudencia: “Siento un deber de gratitud hacia Italia y Grecia porque han abierto sus corazones a los inmigrantes ‘y’ acoger es un mandamiento de Dios”. “Pero el gobierno, continúa, debe lidiar con este problema con la virtud propia del gobernante: la prudencia. ¿Qué significa? Primo: ¿Cuántos lugares hay aquí? Secundo: no solo debemos recibirlos, también debemos integrarlos. Tertio, es un problema humanitario. La humanidad toma conciencia de estos campamentos, dentro de los cuales ellos viven en el desierto.”8
Detengámonos en el agradecimiento del Papa a Grecia. Es merecido. Una colega griega lo explicó así: “Solamente durante el año 2015, alrededor de 850.000 refugiados, según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ingresaron a Grecia, un país que no tiene más que diez millones de habitantes. [Los] voluntarios de las islas que acogieron a los refugiados en la urgencia [son] en su mayoría descendientes de refugiados, ellos mismos llegados en los años veinte del Asia Menor, después de una guerra trágica entre Grecia y Turquía, y la persecución de la población cristiana de habla griega, a menudo mal acogida en aquel momento. [Ellos] no acogen tanto al extranjero, más bien acogen al semejante familiar que se encuentre en una situación más dramática que la propia”9.
El Papa ha retomado este doble propósito sobre la necesidad de acoger al prójimo y de la prudencia: “No se puede cerrar el corazón a un refugiado (…), pero la prudencia de los gobernantes no es menos necesaria: debemos ser muy abiertos y recibirlos, pero también tenemos que calcular cómo instalarlos, porque un refugiado, no debe solo ser acogido, sino también integrado”10. Agrega aquí una nota sobre el objeto de goce que tiene todo su interés: “Hay, en nuestro inconsciente colectivo, un principio: África será explotada (abusada)”11.
La prudencia a la que llama el Papa, que habla del inconsciente colectivo a nivel de las formas de goce, también está acompañada por un llamado al deber de los gobernantes.
De una manera similar pero diferente, los psicoanalistas tenemos que aprender de las formas en que las contradicciones entre los principios de la razón pura se resuelven en acto; nosotros también tenemos que asimilar aquello que, emanando de la razón práctica, puede atenuar el imperativo de la recepción absoluta, en el caso por caso y según las dificultades encontradas, antes, durante y después de la migración, de sujetos tomados en las distintas temporalidades de las rutas del exilio.
Eric Laurent es psicoanalista, reside en París.
Presidente de la AMP (2006-2010). AME de la Escuela de la Causa Freudiana. Doctor del Tercer Ciclo de Psicoanálisis, Docente de la Sección Clínica del Departamento de Psicoanálisis de París VIII. Ha publicado más de 300 artículos y más de 13 libros, entre ellos: El reverso de la biopolítica (Grama, 2016), Ciudades analíticas (Tres Haces, 2004) y Lost in cognition (Diva, 2005).
* Texto publicado originalmente en Lacan Cotidiano N° 770, marzo 2018,
http://www.eol.org.ar/biblioteca/lacancotidiano/LC-cero-770.pdf
(“El extranjero-éxtimo” [Parte II] se publicará en el próximo número de La libertad de pluma).
Notas bibliográficas:
1 Foro europeo “El extranjero. La preocupación subjetiva y el malestar social en el fenómeno de la inmigración en Europa”, Roma, 24 de febrero de 2018.
2 Lacan, J., Le Séminaire, LivreVII, L’éthique de lapsychanalyse, Seuil, París, 1986, p. 217.
3 Citado por Brague R., De la Religion, Flammarion, París, 2018, pp. 183-184.
4 Ibíd., pp. 139-140.
5 Lacan, J., Le Séminaire, livreVII, L’éthique de lapsychanalyse, op. cit., p. 219.
6 Ibíd., p. 220.
7 Miller, J.-A., “L’orientation lacanienne. Extimité”, lección del 27 de noviembre de 1985, sin publicar.
8 Su Santidad el Papa Francisco, a su regreso de Colombia, en Il Fatto quotidiano, 11 de septiembre de 2017, disponible en el sitio web del periódico: https://www.ilfattoquotidiano.it/2017/09/11/migrantipapa-governo-deve-gestire-il-problema-con-prudenza-libia-italia-sta-facendo-di-tutto-livelloumanitario/3849941/
9 Frangiadaki, M., “La haine de l’étranger”, L’École de la cause freudienne et des ACF, 7 de febrero de 2018.
10 Su Santidad el Papa Francisco, en el avión de regreso desde Suecia, el 1 de noviembre de 2016, discurso disponible en el Sitio del Vaticano: https://w2.vatican.va/content/francesco/it/speeches/2016/november/documents/papafrancesco_20161101_svezia-conferenza-stampa.html
11 Su Santidad el Papa Francisco, 11 de septiembre de 2017, op. cit.: “Nel nostro inconscio collettivo, un lema, un principio: ‘África va sfruttata’”.