Eric Laurent – Europa a prueba del odio (Parte I)

Nuestro Foro europeo precedente tuvo lugar en Brujas, el 1° de diciembre del 2018, bajo el título “Los discursos que hieren”. Ese día, en París, el Acto III del movimiento de los chalecos amarillos daba lugar a escenas de violencia y de destrucción inéditas desde 1968, afectando no solamente los bienes materiales, sino también a símbolos como el Arco del Triunfo. Las fuerzas de represión respondieron con un arsenal a la altura de los hechos. En el tercer mes de ese movimiento, estamos con 2000 heridos por granadas y disparos de balas de defensa, 1800 condenas pronunciadas por la justicia y 1400 personas en espera de juicio. Los primeros muertos vinieron de los accidentes provocados por las barricadas improvisadas y turbulentas, y los conductores enloquecidos que perdían el control de los vehículos.  Hasta aquí, felizmente, ningún deceso ha sido causado por la acción directa de las fuerzas del orden. Sin embargo, una granada perdida hirió mortalmente una dama mayor que cerraba sus ventanas.

El 14 de febrero, la Unión Europea (UE) intervino en este movimiento. En una resolución votada por 430 voces a favor, 78 en contra y 87 abstenciones, los diputados europeos “denunciaron el recurso a intervenciones violentas y desproporcionadas de parte de las autoridades públicas durante las protestas y las manifestaciones pacíficas”. Italia también intervino. Entrevistando a uno de los chalecos amarillos particularmente virulento en ocasión del viaje de Luigi Di Maio, quien vino a su encuentro, la cadena italiana 7 contribuyó a hacer conocer de un mejor modo los componentes de este movimiento en Francia.

¿De qué se trata en el movimiento chalecos amarillos? La referencia a Europa, bajo sus dos caras, de ángel y de demonio, como decía Marco Focchi en la introducción de este foro1, invita a “no ceder al frenesí de la analogía, como si una insurrección no pudiera repetir sino otra, como si la historia fuese una secuencia heroica o dramática de reencarnaciones”2. Especialmente en un país que tiene tendencia a confundir su historia nacional con la historia universal, hablar de Europa permite percibir en los movimientos Europeos comparables los “futuros posibles”3 de esta insurrección. A Umberto Eco le gustaba citar las palabras de Benedetto Croce según quien “Cada historia, si es una historia verídica, es una historia contemporánea”4. Lo contemporáneo de estos movimientos es incontestablemente Europa.

Desde el pasado diciembre, Europa no cesó de estar atravesada por movimientos demostrativos de una novedad y amplitud notorias, tanto al Oeste como al Este. Giulia Lami tiene razón de subrayarlo: Italia, Andalucía, Hungría, Polonia, Ucrania…están ligados. Más allá de la “querella de las interpretaciones”5 que suscitan estos movimientos heterogéneos, los comentadores subrayan de ello uno de sus rasgos, la violencia.

En el Este, el asesinato del alcalde de Gdansk, el domingo 13 de enero, por un desequilibrado que lo acuchilló, marca un punto culminante6. Es la ocasión de recordar que una semana antes del referéndum sobre el Brexit en el 2016, la diputada laborista Jo Cox había sido asesinada en circunstancias parecidas. Pero lo “que es nuevo, es ese telón de fondo, trazado de aborrecimiento, de cólera, de rencor, que se extiende de Oeste a Este. Se la encuentra en Francia donde, cuando se encuentran para el consejo de los ministros, los miembros del gobierno se entregan a un nuevo ritual, aquel de comparar el refinamiento  –o no– de las últimas amenazas de muerte que les han sido dirigidas”7.

Un comentador centrista, aguerrido, de la vida política francesa subraya bien este punto: “Mayo de 1968, para no tomar sino el ejemplo más conocido, fue mucho más violento que lo que sucede hoy (…). La novedad, la diferencia, la especificidad del período actual, no es la violencia, sino el odio y, peor, el odio general. Ya que el odio se lo encuentra también en los discursos despectivos y caricaturescos de aquellos que gobiernan, así como en las invectivas y las amenazas de los chalecos amarillos que se desencadenan a través de las redes sociales y se entregan así a una suerte de competencia de quién será el más radical, el más excesivo, el más provocador… Aquí, la banalidad de la violencia se borra detrás de la virulencia del odio”8. Parece que Europa como institución está lejos de las preocupaciones de estos movimientos que se afirman a escala de los Estados y toman gustosamente un giro nacionalista en la denuncia de los gobernantes.

La Unión Europa parece estar lejos de esas pasiones. Ella podría regocijarse de ello. Eso sería un error. Ella es, como telón de fondo, un objeto de pasión negativa presente en la historia y la actualidad de sus manifestaciones en la que se expresan los aborrecimientos y la voluntad populista de resistir a las élites. Una tentativa de lista de chalecos amarillos declara: “No queremos soportar más las decisiones de las instancias europeas y los dictados de las castas de financieros y de tecnócratas, que han olvidado lo principal: lo humano, la solidaridad y al planeta”9.

El rechazo de la Constitución europea por referéndum en Francia y en Holanda, en mayo-junio del 2005, fue – G. Lami lo subrayó – el inicio de la crisis de confianza de los “pueblos” hacia las élites europeas y ello, tres años antes de la gran crisis de los préstamos hipotecarios. La oposición erigida entre el pueblo y las élites tiene un efecto devastador sobre la confianza hacia aquellos que se supone que deben gobernar. Y la UE, por su burocracia, incluso sus parlamentarios, en cierta manera lleva al colmo la encarnación de una élite multinacional10. En términos psicoanalíticos, diríamos que el rechazo populista de las élites alcanza, hace tambalear, la transferencia al sujeto supuesto saber gobernar que está en la base del proyecto europeo.

 

Europa ha sido amada como sujeto supuesto saber

Paul Valéry, al final de la primera parte de la gran guerra civil europea, examinaba lúcidamente lo que quería decir todavía Europa. Reducía su civilización a una extraña propiedad física: “Las otras partes del mundo tuvieron civilizaciones admirables, poetas de primer orden, constructores, e incluso sabios. Pero ninguna parte del mundo posee esta singular propiedad física: el más intenso poder emisivo unido al más intenso poder absorbente. Le ha llegado el momento a Europa y todo le ha llegado. O casi todo”11. Este ‘casi todo’, es esencialmente para Valéry las matemáticas. Husserl, siendo matemático, ponía en ese lugar a la filosofía como disciplina crítica inventada por Occidente – como lo notaba Vittorio Morfino. Valéry formula entonces en términos matemáticos su visión de la Krisis: “Pretendía que la desigualdad desde hace tanto tiempo observada en beneficio de Europa debía cambiarse por sus propios medios progresivamente en desigualdad de sentido contrario. Está allí lo que designaba bajo el nombre ambicioso de teorema fundamental”12. Para completar a Valéry o a Husserl, diríamos que Europa permitió inventar la disciplina crítica de las formas del goce que es el psicoanálisis.

El movimiento desegregativo, percibido in statu nascendi por Valéry en su “teorema fundamental” permitió, al final de la segunda parte de la gran guerra civil europea (Segunda Guerra Mundial), la serie de movimientos de emancipación y de descolonización que iban a marcar en contrapunto la reconstrucción de Europa (Treinta Gloriosas) y su culminación, la caída del muro de Berlín en 1989. Ferruccio Capelli nos mostró de forma magistral estos desarrollos, hasta el pánico tecnodigital actual. Sin embargo, los ciudadanos de los Estados-naciones de Europa están descontentos; sienten esa unión como un poder ‘dulce y tentacular’, que escapa a los votos democráticos y los quiere forzar por su bien. De hecho, reprochan a la UE ser un tipo de Estado a la segunda potencia.

Alexis de Tocqueville, en un insight impactante, ha sacado a la luz la tendencia necesaria del Estado democrático a preocuparse del bienestar de cada uno. “Por encima de estos (los individuos) se eleva un poder inmenso y tutelar, que se encargara solo de asegurar su goce y de velar por su suerte. Es absoluto, detallado, regular, previsor y dulce. Se parecería a la potencia paternal si, como ella, tuviera como objetivo el preparar hombres en edad viril; pero no busca, al contrario, sino fijarlos irrevocablemente en la infancia. Le gusta que los ciudadanos se regocijen, siempre y cuando no fantaseen sino en regocijarse. Trabaja gustosamente en su felicidad, pero quiere ser el único agente y el único árbitro de ello. Prevé su seguridad, prevé y asegura sus necesidades, facilita sus placeres, conduce sus principales negocios, dirige sus industrias, maneja sus sucesiones, divide sus herencias, ¿qué no puede él eliminarles enteramente el problema de pensar y el dolor de vivir?”13. Esa descripción del Estado-nación democrático podría perfectamente aplicarse a los reproches que los ciudadanos de los Estados europeos formulan contra la UE.

Lo que es reprochado a Europa es una lógica de Estado emancipada, por encima del suelo. Es la Europa de la cual habla la lengua de los anti-Europa que nos ha hecho escuchar Gianfranco Mormino. Queremos que Europa pueda detener esa lógica implacable, bloquearla o destruirla. Se tiene dificultades para salir de ella –el ejemplo del Reino Unido otorga de ello un ejemplo patético. La Unión vive, está ahí para durar, y se vuelve, por esa misma razón, objeto de pasiones cada vez más fuertes.

El objeto europeo no se define ya solamente por un proyecto cognitivo. Se volvió objeto de pasiones. La transformación fue desconocida en la medida en que era el amor lo que acompañaba la transferencia de las capacidades de los Estados a una burocracia supuesta saber guiar el porvenir de los pequeños Estados-naciones que formaban el mosaico europeo. Europa era el nombre de ese sujeto supuesto saber lo necesario para remediar la amenaza de insignificancia que golpeaba a los sobrevivientes de la catástrofe que había deshecho el Imperio europeo.

Alexandre Kojève intentó dar cimientos a la transformación del Estado-nación por un agente super-estatal que llamaba para sí “Imperio”. Para él, la uniformización de los modos de vida por la civilización científica no podía hacerse sin resto. Quedaría un modo de vida diferenciado, resistente a los procedimientos del Estado universal homogéneo y científico. Entre este Estado universal electivo otrora y el fin de las Naciones, Kojève sostenía que “la época es de los Imperios”, de los imperios cuya unidad se funda sobre un ‘modo de vida’. Para él, al modo de vida “latino” se oponía aquel de “el Imperio eslavo-soviético” y aquel del bloque anglosajón, al cual pensaba que se uniría muy rápido Alemania “porque la inspiración protestante del Estado pruso-alemán lo acerca de los Estados anglosajones modernos, nacidos también de la Reforma, y los opone a los Estados eslavos de tradición ortodoxa”14. Europa se encuentra hoy dividida, entre los países del Norte y los del Sur, según una perspectiva que corresponde bastante bien a la idea de Kojève. En cuanto a la forma ‘Imperio’, algunos sostuvieron que después de la creación del euro de acuerdo a los estándares del marco alemán (ordoliberalismo y economía neoclásica15), después con el Tratado de Nice del 2001 (antes de la ampliación a veintisiete) que hace entrar en la UE todo el hinterland alemán de los países del Este, la conducción de hecho por la canciller alemana durante 14 años no dio ninguna lógica a Europa sino aquella de un Imperio alemán. Con el efecto de acrecentar sin cesar las disparidades entre los países del Norte y los del Sur, sin que sea posible modificar la política de un agente supraestatal viviendo como un verdadero oxímoron, un Imperio democrático alemán. Davide Tarizzo puso de relieve esta perspectiva.

El momento actual de la Unión Europea marca precisamente el fin de la época de esta conducción de hecho, ya que este Imperio fue rechazado tanto por el fenómeno Brexit como por el ascenso de una reacción nacionalista en todos los Estados de la Unión. Ferruccio Capelli expuso bien los fundamentos de esa lógica para nosotros.

 

El estado de la libido de la Unión juzgada por ella misma y sus amigos

Nuestro Fórum de Milán tiene lugar más o menos un mes antes de la elección del Parlamento europeo previsto entre el 23 y el 26 de mayo del 2019, en los diferentes países miembros. Las encuestas dejan pensar que los partidos que vinculados a las corrientes nacionalistas pueden obtener un cuarto de los 705 asientos a ocupar contra el quinto que ocupan hoy. Estas corrientes nacionalistas se apoyan en el hecho de que la constitución del gran mercado produjo un efecto paradojal de dislocación territorial en el interior de los Estados. Las distancias de desarrollo económico entre regiones ricas y pobres en cada Estado son ahora más elevadas que las distancias entre países16. Esas distancias son vividas como un efecto de la mundialización y por ende de Europa. Los economistas que se expresaron durante ese Fórum, sea Carlo Favero, Mario Gilli o Carmine Pacente, mostraron las contradicciones de las lógicas económicas en marcha.

Además, “el empuje eurófobo al interior de la Unión se duplica de desafíos inéditos al exterior17”. El 15 de julio del 2018, el presidente de los Estados Unidos hizo pasar a la UE del rango de aliado al de “adversario” y el ministro de asuntos extranjeros americano, Mike Pompeo, Secretary of State, se preguntó el pasado 4 de diciembre en Brujas acerca del interés de los Estados europeos en quedarse en la UE. M. Pompeo no es D. Trump. Es diplomado suma cum laude de Harvard y fue el primero de su promoción de West Point. Es diplomado y coherente. Es seguido por toda una parte de la élite republicana americana, en particular en lo que concierne a la necesidad de frenar a China y de hacer obedecer a la UE.

Richard Hass, becario Cecil Rhodes (como Clinton), doctor en filosofía de Oxford, autor de doce libros sobre asuntos extranjeros, presidente desde hace 16 años del think tank republicano Council on Foreign Relations, “describe una Europa en sufrimiento político, sin liderazgo (…). El futuro de la democracia, de la paz y de la prosperidad en Europa, si nos detenemos en ese momento preciso de la historia, parece incierto por lo menos”18. Él considera que la UE, “demasiado distante, demasiado burocrática, demasiado inspirada por las élites, ha perdido progresivamente toda seducción en el imaginario de sus poblaciones”. Ella está “política y económicamente fragmentada” entre el Norte que anda, el Sur que sufre y el Este que duda. Alain Fracho, quien cita a R. Haas, constata su incapacidad “de emplear verdaderos grandes proyectos –valoración sistemática de un pedestal cultural único; tasación de los GAFA; armonización fiscal en el seno de los Veintisiete; preparación para las olas migratorias del mañana; verdadero presupuesto europeo e inversión en la economía del futuro. No hay libido común para ello19. Es una cuestión de deseo averiado, de libido disipada.

El despertar de la libido común es compatible con el anhelo de preservar el nivel de competencia de los Estados, donde las decisiones importantes pueden tomarse, mientras que las decisiones a nivel de los veintiocho son tan difíciles de tomar. El nuevo funcionamiento que puede despertar la libido debe ser compatible con las disputas y las tensiones entre miembros. La libido, y sus avatares conflictuales, es mucho más beneficiosa que la concurrencia implacablemente mantenida únicamente en el nivel de lo útil.

Para regular esos diferentes niveles de conflicto, el Derecho positivo propiamente europeo –en el cual Giulano Spazzali pone sus esperanzas– será necesario.

Repolitizar la UE, es también libidinizarla, ahora que el sujeto supuesto saber ha caído. Los testimonios de Irene Petronella y Attilio Cazzaniga, de la generación globalizada, conectada, Erasmus-euro, que tuvieron lugar aquí, muestran bien que esa libido puede ser despertada. ¿Un nuevo amor podrá tomar forma y dar un nuevo rostro a Europa?

 

Eric Laurent es psicoanalista, reside en París.

Presidente de la AMP (2006-2010). AME de la Escuela de la Causa Freudiana. Doctor del Tercer Ciclo de Psicoanálisis, Docente de la Sección Clínica del Departamento de Psicoanálisis de París VIII. Ha publicado más de 300 artículos y más de 13 libros, entre ellos: El reverso de la biopolítica (Grama, 2016), Ciudades analíticas (Tres Haces, 2004) y Lost in cognition (Diva, 2005).

 

*Intervención de clausura del Foro europeo “Amor y odio por Europa”, realizado en Milán. Texto tomado de Internet: https://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2019/02/LQ-821.pdf

 

Traducción: Patricio Moreno Parra

Revisión: Marcela Ana Negro (una agradecimiento a Eugenia Varela).

 

Notas:

1 Fórum europeo “Amor y odio por Europa”. Milán, 16 de febrero del 2019. Giulia Lami, Vittorio Morfino, Ferruccio Capelli, Davide Tarizzo, Gianfranco Mormino, Carlo Favero, Mario Gilli, Carmine Pacente, Giulano Spazzali, Irene Petronella y Attilio Cazzaniga cuyas intervenciones son citadas en la presente conferencia de clausura, estando entre los invitados.

2 Boucheron P., “De l’expérience et de ses passés disponibles”, curso del 8 de enero del 2019 en el Colegio de Francia, disponible en la página web del Nouvel Observateur.

3 Ibíd.

4 Croce B., citado por Ory P., Peuple souverain. De la révolution populaire à la radicalité populiste, Gallimard, Paris, 2019, p. 243

5 Confavreux J., « “Gilets jaunes”: la querelle des interprétations », Médiapart, 18 de enero del 2019.

6 Cf. Kauffmann S., “Quel que soit le meurtrier du maire de Gdansk, c’est l’escalade de la haine dans la vie publique qui est en cause”, Le Monde, 16 de enero del 2019.

7 Ibíd.

8 Duhamel A., “Le triomphe de la haine en politique”, Libération, 9 de enero del 2019.

9 Leclerc A. & Mesre A., “Des “gilets jaunes” devraient présenter une liste aux européennes”, Le Monde, 25 de enero del 2019.

10 En Francia, una de las figuras de los chalecos Amarillos, Étienne Chouart, se anunciaba en 2013-2014 con complotistas antisemitas en la nebulosa de Alain Soral, glorificándolo como “resistente a la Unión Europea”.

11 Valéry P., Variété I & II (1919), Œuvres t. I, coll. Bibliothèque de la Pléiade, p. 995. (cap. « La crise de l’esprit », 2da carta).

12 Íbid., p. 997.

13 Tocqueville (de) A., De la Démocratie en Amérique, t. II, (« Démocratie comme despotisme », 4ta sección, cap. VI), disponible en la página web Panarchy.org

14 Kojève A., « L’Empire latin (Esquisse d’une doctrine de la politique française) » (27 de agosto de 1945), La Règle du jeu, n° 1, 1990, p. 96.

15 Creel J., Laurent É. & Le Cacheux J., « The Euro at 20 and the futures of Europe », Social Europe, 12 de diciembre del 2018: « The [euro area] project is a rare example of a strict application of economic doctrines to the build-up of political institutions. Ordoliberalism and new classical economics have shaped institutions and stringent policy rules »

16 Ibíd.

17 Barochez (de) L., « Dissiper le brouillard européen », Le Point, 7 de enero del 2019.

18 Haas R., citado por Frachon A., « L’Union européenne est une joueuse de fond de court », Le Monde, 27 de diciembre del 2018.

19 Frachon A., « L’Union européenne est une joueuse de fond de court », op. cit.

¡HAZ CLICK Y COMPARTE!