Eric Laurent – Hablar, y decir lo falso sobre lo verdadero

“Yo, la verdad, hablo…”. La prosopopeya de Lacan fue publicada en 1956, bajo el título “La cosa freudiana”.

Diez años después, en “La ciencia y la verdad”, Lacan añade un comentario:

“Piensen en la cosa innombrable que, de poder pronunciar estas palabras, iría al ser del lenguaje,

para escucharlas como deben ser pronunciadas, en el horror”1.

 

La verdad y el odio

Poco después, al final del Seminario 17, Lacan se aproxima a “la cosa innombrable” (y no ya cosa freudiana), comentando una de las referencias mayores de su apólogo, Baltasar Gracián, quien en su Criticón imagina la ciudad ideal de la verdad en el esplendor de su evidencia: “Las casas eran de cristal con puertas abiertas y ventanas patentes. No había celosías traidoras ni tejados encubridores. Hasta el cielo estaba muy claro y muy sereno, sin nieves de emboscadas y todo el hemisferio muy despejado. […] Pero duróle poco el contento. Porque, yéndose encaminando hacia la plaza Mayor, donde se lograba el transparente alcázar de la Verdad triunfante, oyeron antes de llegar allá unas descomunales voces, como salidas de las gargantas de algún gigante, que decían: “¡Guarda el monstruo, huye el coco! ¡A huir todo el mundo, que ha parido ya la Verdad el hijo feo, el odioso, el abominable! ¡Que viene, que vuela, que llega!” A esta espantosa voz echaron todos a huir”2.

En el capítulo siguiente, el héroe aprende que el mundo no es transparente, que está enteramente cifrado: “¿De modo que todas (las verdades) están en cifra? Dígote que sí, sin exceptuar un ápice”3. Además, aprenderá que el monstruo del que huyeron es “el odio, el primogénito de la Verdad”4. Constatamos así hasta qué punto el moralista Gracián nos precedió en las vías de la verdad. Hemos visto en el Capitolio la voz del odio alumbrada por la verdad complotista, tras la facha de ese sujeto engalanado con su testa de bisonte, Chamán de QAnon, dispuesto a colgar al pobre de Mike Pence.

 

 Un lugar para dejar vacío

Es preciso dejar libre el lugar de la verdad, debe quedar escondida; toda tentativa de mostrarla, de decirla toda, equivale a decir una mentira, más o menos espantosa. En 1956, en el momento de la prosopopeya, Lacan enuncia las por así decir verdades que la época de la Guerra Fría quería tener por seguras, de un lado y del otro del Telón de Acero: “el mercado mundial de la mentira, el comercio de la guerra total y la nueva ley de la autocrítica”5 Eran las fake news de la época: la mentira del mercado, el suave comercio conduciendo a la guerra total, y los Procesos de Moscú como verdad del régimen.

Es un punto que retoma Lacan en El reverso del psicoanálisis para precisarlo: “Nada es incompatible con la verdad: uno mea, escupe en ella. Es un lugar de paso, o para decirlo mejor, de evacuación, tanto del saber como del resto”6. Hacer de la verdad un lugar de evacuación donde meamos y escupimos, es afirmar los lazos de la verdad con el lenguaje. Locke fue quien hizo del lenguaje una cloaca: “The Great conduit”, el gran conducto, donde el hombre difundía sus mentiras sin por ello alcanzar a corromper “las fuentes del conocimiento”7. Las mentiras son una multitud de objetos de desecho que pasan, dejando abierta la vía del saber.

 

La verdad, hermana del saber

Lacan se opone después a la postura de ciertos analistas que creen poder mantenerse en el lugar de la verdad sin tener que pasar por el saber, el único que permite deshacer las creencias en la verdad. “Uno puede mantenerse ahí permanentemente, hasta enloquecer por él. Es notable que haya alertado al psicoanalista en contra de connotar de amor este lugar con el que, por su parte, está prometido por su saber. Le digo a continuación: uno no se casa con la verdad; con ella, no hay contrato, y menos todavía unión libre. No soporta nada de todo esto. La verdad es en primer lugar seducción, y para jorobarle a uno. Para no dejarse coger por ella, es preciso ser fuerte. No es el caso de ustedes.”8 La seducción de la verdad es tal que podemos querer anclarnos en ella. Es el resorte de la posición anti-intelectualista en psicoanálisis, o aún la de los defensores de la clínica separada de la teoría, o los de la escucha sacralizada. Esta ilusión es el punto débil del psicoanalista de la que Lacan habla. No es ningún psicoanalista en particular. Es una ficción, pero Lacan quiere atar firmemente al psicoanalista hablándole a su saber. No es de la verdad de lo que aprendemos, es preciso saberlo. El pedazo de verdad es lo que de eso puede escribirse. Es lo que dice en el capítulo 4 del Seminario 17: “verdad no es un término que deba manejarse fuera de la lógica proposicional, que hace de ella un valor reducido a la inscripción, al manejo de un símbolo, normalmente V, su inicial. Este uso, como veremos, está muy particularmente desprovisto de esperanza. Esto es lo que tiene de sano”9.

 

 El inconsciente es lo verdadero sobre lo verdadero

Con la condición de dejar en el lenguaje el lugar de lo verdadero sobre lo verdaderamente libre, es posible entonces presentar el inconsciente como saber. Este se manifiesta en las rupturas, quiebres y tachaduras de la cadena lenguajera de intercambios, la supuesta comunicación. “Es por eso incluso por lo que el inconsciente, que dice lo verdadero sobre lo verdadero, está estructurado como un lenguaje […] Esta falta de lo verdadero sobre lo verdadero […] es propiamente el lugar de la Urverdrängung, de la represión originaria”10. El saber tampoco debe ocupar el lugar de la verdad. Lacan reformula así la advertencia de Heidegger: “nada resiste al celo del saber, cuando la capacidad técnica de dominar las cosas se desplaza en una agitación sin fin. Es precisamente en ese nivelamiento omnisciente de un saber que no es más que saber, que se esfuma la revelación del ente, que ella zozobra en la aparente nulidad de lo que no es indiferente, sino olvidado”11.

Lacan generaliza y desplaza el recelo de Heidegger respecto de la ciencia retomando el término espantoso que usa Gracián: “lo espantoso de la verdad es lo que pone en su lugar”12. Es una forma de repensar el carácter velado, la Verborgenheit, en Heidegger13.

 

 La ciencia, la verdad, lo real

El saber del que habla Lacan no es el de la tecnociencia. El psicoanálisis no es una ciencia, sino un juego lógico con el sujeto de la ciencia. El saber que éste invoca es lo que se recoge, se deposita en un psicoanálisis. Es el inconsciente como aparato de encuentro del goce como real. Es el único saber sobre el goce al alcance del sujeto. El programa de goce del fantasma se apoya en la pulsión como trieb, y se desprende de los efectos de verdad. Este trieb ha podido ser traducido por Lacan como deriva de goce14. Es este punto el que Jacques-Alain Miller puso en valor en su comentario de el esp de un laps: “Lo verdadero está a la deriva cuando se trata de lo real”15. El rechazo del paso por el saber del sinthome para apuntar directamente a lo verdadero sobre lo verdadero tiene otro rostro. Es el del sujeto que se prohíbe toda deriva del inconsciente, el que se instala por su palabra, sabiéndolo o no, en el lugar de lo falso sobre lo verdadero. Es el tapón, el fake absoluto.

 

Eric Laurent es psicoanalista, reside en París.

Presidente de la AMP (2006-2010). AME de la Escuela de la Causa Freudiana. Doctor del Tercer Ciclo de Psicoanálisis, Docente de la Sección Clínica del Departamento de Psicoanálisis de París VIII. Ha publicado más de 300 artículos y más de 13 libros, entre ellos: El reverso de la biopolítica (Grama, 2016), Ciudades analíticas (Tres Haces, 2004) y Lost in cognition (Diva, 2005).

 

Traducción: Héctor García para la revista Freudiana, Nro. 91, 2021.

 

** Videoconferencia dictada en el marco de la ECF-Question d’Ecole – Le Fake, el sábado 23 de enero de 2021.

 

Notas:

1 Lacan, J., “La ciencia y la verdad”, Escritos 2, Siglo XXI, Buenos Aires, 2009, p. 823.

2 Gracián, B., “Crisis III. La verdad de parto.” El Criticón. Disponible en internet: https://www.gutenberg.org/files/63402/63402-h/63402-h.htm

3 Ibíd.

4 Ibíd.

5  Lacan, J., “La cosa freudiana.” Escritos 1. Siglo XXI, Buenos Aires, 2009, p. 386-387.

6  Lacan, J., El Seminario, libro 17, El reverso del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 200.

7 Locke, J., Ensayo sobre el entendimiento humano. Siglo XXI, México, 2005, p. 505.

8 Lacan, J., El Seminario, libro 17, El reverso del psicoanálisis. Op. cit., p. 200.

9 Ibíd., p. 58.

10 Lacan, J., “La ciencia y la verdad.” Op. cit., p. 823.

11 Heidegger, M., “La esencia de la verdad.” Revista cubana de filosofía. Vol. II. n. 10. La Habana, 1952, p. 5-22. Disponible en internet: http://www.filosofia.org/hem/dep/rcf/n10p005.htm

12 Lacan, J., El Seminario, libro 17, El reverso del psicoanálisis, Op. cit., p. 202.

13  Heidegger, M., “La esencia de la verdad.” Op. cit.

14 Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aún. Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 136.

15 Miller, J.-A., “El esp de un laps”. El ultimísimo Lacan. Paidós, Buenos Aires, 2014, p. 26.

 

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