Eugenia Varela – La Doxa de la salud y la Opacidad del Inconsciente frente al Estado de Urgencia sanitaria

Las nuevas formas de la psicología de masas son fundadas a partir de la identificación colectiva al objeto pequeño a, el objeto de la pulsión en su versión de más-de-gozar. La salud para todos es una forma de la identificación colectiva a este pequeño desecho. Una referencia esencial, con respecto a la salud, se encuentra en una conferencia de Georges Canguilhem en 1966, de la cual Jacques-Alain Miller nos ha dado algunos comentarios en su Seminario Sutilezas Analíticas1.

Quisiera tomar unos puntos de referencia que nos abran al tema que vamos a discutir:

  • Proscribir la salud del campo del saber es una operación que se inscribe en una tradición desde la antigüedad, con la oposición entre doxa y épistémè, la opinión y la ciencia, que se encuentra en la obra de Platón. La doxa no se demuestra por la geometría como la ciencia. En el psicoanálisis hay un lugar a darle a eso que se demuestra, pero a condición de reservar un lugar a eso que pertenece a la doxa o a la opinión verdadera, que no se demuestra.
  • Orientarse en la lógica inconsistente implica dejarse llevar por el misterio de las cosas que no son demostrables. Frente al enigma de una proposición que no tiene una validez matemática, la opinión justa es una cuestión de sutileza en el psicoanálisis.
  • “La doxa de la salud es social”, esto quiere decir que la salud es del dominio del Discurso del Amo. Para Canguilhem la verdad del cuerpo es la salud, la armonía al interior del cuerpo físico y en las relaciones de ese cuerpo con su medio, ser un hombre sano es ser capaz de adaptarse de manera activa a su medio. La salud, verdad del cuerpo, no es la verdad del psicoanálisis.
  • Entonces, no hay un universal de la salud en tanto que verdad del cuerpo, el único universal de la salud es social. Lo mental de la salud es relativo a la forma armónica del cuerpo, es decir al alma en el sentido de Aristóteles. La Otra satisfacción de la cual habla Aristóteles supone que toda búsqueda de satisfacción se deja aspirar hacia los universales, como el Bien, lo Verdadero y lo Bello2. Hay una moralidad de la conducta sexual que se apoya en el alma, l’âmoralité, dice Lacan es todo lo que se ha dicho de Bien sobre la sexualidad, pero a fuerza de decir el Bien, se llega a Kant donde la moralidad confiesa lo que ella es, Sade”3.

Para Sigmund Freud, el hombre es un animal enfermo del pensamiento y de su cuerpo. Lo que se condensa en un psicoanálisis no deja ninguna traza de la armonía del cuerpo, ni de la salud tal como la define Canguilhem, en lo social. La concepción de la salud no existe en psicoanálisis. Lo que se aísla en la experiencia de un análisis muestra que el hombre es un enfermo y el síntoma su verdad. La menor cultura periodística habla del inconsciente y reconoce que eso sueña, luego, cada uno puede experimentar que eso falla en los lapsus, en los actos fallidos, en los síntomas y en el tejido mismo de la existencia cotidiana.  Las formaciones del inconsciente sorprenden con la risa y las satisfacciones de los chistes que no pertenecen al lenguaje convencional, puesto que la risa y el chiste escapan a la norma del Otro.

Esta perspectiva del inconsciente se abre en la experiencia cuando se aborda el cuerpo, no por el organismo físico ni por el campo somático, sino por la realidad sexual del inconsciente. El lenguaje habla de la sexualidad en la medida que le relación sexual no existe, no hay correspondencia matemática entre los sexos. Las funciones de la consciencia, de su síntesis y de su construcción de la personalidad están llevadas al fracaso en la experiencia cotidiana, porque la pérdida del control del inconsciente es inevitable y por causa. Lo mental no está jamás acorde con la función de la homeostasis, él está siempre de más o de menos, lo mental esta más próximo a la debilidad que de la armonía. Lacan, en su seminario RSI dice que el ser hablante se demuestra condenado a la debilidad mental por lo Imaginario que no tiene otro punto de partida sino la referencia al cuerpo, representado por su organismo. Es por el significante de lalengua en el cuerpo que se introduce el mens de la debilidad mental. El efecto de escritura de lo simbólico es esta imbecilidad del sentido de la letra que porta el goce, lo que nos testimonia que nuestro cuerpo esta vivo. Entonces, es por el discurso que se manipula el saber de lo real que agita nuestro cuerpo.

La higiene es para la noción de la salud su corolario, es una técnica que se aplica para obtener la armonía. El discurso de la salud se pone en función con estas técnicas higienistas promovidas por los altos funcionarios del ministerio de la salud, el primer ministro del gobierno e incluso por el mismo presidente de la Republica. “En Francia se ha declarado el 23 de marzo una ley que crea un “Estado de urgencia sanitaria”, ley que autoriza el gobierno a declararlo en caso de catástrofe sanitaria que ponga en peligro, por su naturaleza y gravedad, la salud de la población”. Esta ley esta redactada de tal manera que deja ambigüedades en cuanto a las infracciones, que son dejadas a la interpretación de la policía, de allí lo arbitrario.

La ley declara que el estado de urgencia sanitaria puede ser reconducido mas allá de dos meses, le da plenos poderes al ejecutivo y el parlamento se mantiene desprovisto de sus poderes quedando reducido a ser un simple espectador”4. Este ataque grave al Estado de derecho ha sido declarado sin que la oposición, ni el publico, hayan tenido opción de decir ni de participar en el debate sobre esta supresión del Estado de derecho, puesto que el parlamento es mayoritariamente del partido del presidente y no hay voto proporcional que permita una expresión de las minorías en las decisiones del estado.

Esta política sanitaria busca dar al mayor número códigos y protocolos para prevenir, asegurar y reforzar la armonía social. La promoción de cero defectos, coincide y necesita una puesta a prueba por estadísticas y el cifrado de la población. El número de muertes son comparadas, por una burocracia sin control, a los de las personas en reanimación, a los infectados y a los curados. Cada día, por la mañana y por la noche, los noticieros y diarios replican esta contabilidad, que hace entrar en la cabeza de los enfermos potenciales, que Ud. es una cifra, en una escala que crece y decrece según la voluntad de una masa anónima donde Ud. está invitado a inscribirse, gracias a los programas de buena voluntad, por la detección de signos de anormalidad o de contagio, que Ud. mismo debe verificar.  Lo mas insoportable de esta política, que se muestra como una voluntad de hacerle a Ud. el bien, es la de servirse para detectar y controlar los casos de personas enfermas, con la oferta a los médicos de pagarles de 2 a 4 euros cada vez que denuncien a sus pacientes contagiados, destruyendo de esta manera la posición ética del médico que debe tener atención con sus pacientes contagiados para dirigirlos a los servicios de tratamiento. Con este pago se trasforma un deber ético en una denunciación, que será premiada.

En Francia la urgencia sanitaria ha sido desplazada hasta fines del mes de julio, por la única razón de evitar los movimientos sociales que se anuncian contra una política autoritaria que menosprecia las manifestaciones democráticas y el derecho a discutir decisiones que son arbitrarias. Una carta geográfica del país dividido en regiones coloreadas en rojo, naranja y verde, según los contagios y las posibilidades de tratamiento es presentada por el director general de la salud por todos los medios de comunicación, creando de esta manera una discriminación absurda, innecesaria, que solo produce miedo en la población. Si Ud. esta en una región roja, será confinado, declarado posible trasmisor de la enfermedad y será prohibido su desplazamiento. Estas medidas no se han tomado en muchos países europeos que tienen mucho menos personas contagiadas y han tenido una movilidad que se aleja mucho del encierro al que ha sido condenada la población francesa. Las pasiones del alma propias del espíritu de los padres de la Iglesia retornan en el discurso ejercido por los políticos, como el honor, el desprecio, el orgullo, la vanidad, la verdad revelada, etc. Cierre la boca y no se haga el sabihondo interpretando lo que se ha debido hacer, fue una de las primeras respuestas del presidente, frente a las criticas al mal manejo de las medidas de prevención.

El individuo, el ser hablante, esta excluido de esta programación de la salud publica pues tanto el sufrimiento físico y mental están evaluados según escalas de normalidad para todos, que solo sirven para la inversión en la salud y la higiene de la población. Con esta contabilidad grosera se borra de un tajo, el estatuto del sujeto del derecho. Se financian proyectos que lindan con el delirio de los expertos en el cálculo y evaluación de la duración de la vida de los ciudadanos y de las empresas, pero no hay dinero para las necesidades más elementales de los hospitales de la función pública, como las mascaras de protección. Los diagnósticos en los servicios de urgencia despachan personas que sufren de enfermedades mucho mas letales que el corona-virus 19, porque implican una asistencia de cuidados importantes, en tratamientos, materiales, y asistencia hospitalaria como es el caso de las personas sufriendo de enfermedades mentales cuyos síntomas son reducidos a la categoría de problema o trouble, lo cual coloca estos sufrimientos como un problema de orden público. Otros pacientes sufriendo de cáncer, gripas infecciosas provocadas por la polución y la falta de vacunación, enfermedades cardiovasculares, las enfermedades auto-inmunes como el lupus, las poli-artritis, las esclerosis en placas, son borrados de los cuidados en espera de la desaparición de la pandemia, incluso si son enfermedades que matan mucha mas gente anualmente que la epidemia viral. El covid-19 ha causado pánico en los servicios y entre los pacientes, puesto que se ha mostrado la fragilidad y la poca previsión de la función publica hospitalaria. Cabe anotar que los médicos y los equipos que han atendido en estas circunstancias han tenido una responsabilidad y sentido de la respuesta en la urgencia, que vale reconocer por su admirable desempeño.

Por un curioso pase de prestidigitación, en los últimos años la salud ha devenido un sinónimo de tratamiento medicamentoso, no es necesario escuchar al paciente, ni hablarle ni hacerle preguntas, solo se necesita prescribir y muchas veces sin la presencia de la persona en cuestión, como lo pude constatar en las entrevistas con adolescentes y sus familias, en mi paso por la función publica hospitalaria.  El nombre del paciente, un formulario que debe llenar el médico y la introducción de los datos en un computador, función que se deja en general a una secretaria, reemplazan el encuentro del médico con su paciente, en nombre de una meta que se basa en la cuantificación y un fin que es la estadística. La evaluación de pacientes, los criterios de selección de los terapeutas y el tiempo de duración de las entrevistas se deja al ejercicio del sentido común de la secretaria, quien ha tenido algunas horas de formación, dispensada por la administración.

Poner en palabras el sufrimiento de los pacientes supone que un síntoma quiere decir algo. El médico que lo escucha puede descifrar los signos que Ud. le da, gracias a su saber clínico y en esa medida encontrar una curación de una enfermedad orgánica. La creencia en el poder de la palabra fue una condición de la curación, el médico era el soporte de un saber inconsciente del enfermo que él acogía con atención y con respeto, pero esto ha sido destruido por la confusión entre burocracia administrativa y ejercicio ético de una profesión. La tecnología al servicio de la administración institucional, remplazó el lazo transferencial al saber que el médico encarnaba para los pacientes. Es por esta razón que dado el espíritu empresarial que domina en la salud publica, el Dr. Raoul de Marseille es presentado como un Alien que habría cometido la intromisión de tratar y curar sus pacientes con un medicamento tradicional en la cura del paludismo que ha mostrado su eficacia, sin consultar a los expertos, generalmente al servicio de Big-pharma, para aplicar su saber y su análisis de la enfermedad contraída por el covid-19. No hay que olvidar ni declararse ignorantes, de la manipulación médica de las drogas puesto que estas representan jugosos negocios para sus promotores.

La salud publica es una categoría contestable puesto que se trata de programas económicos donde el sujeto y el lenguaje son rayados del mapa, puesto que lo que cuenta son las pruebas de laboratorio, el numero de consultas, la lista de diagnósticos que Ud. va a señalar que son previamente establecidos por los administradores de la salud y en muchos casos los datos del paso de su organismo por una maquina IRM, que son leídos por técnicos de estas maquinas que no tienen ninguna formación médica, pero que poseen una lista preestablecida con automatismos programados que el computador arroja. En el desplazamiento contemporáneo provocado por la ciencia y el neo-liberalismo, la biología y la genética son los nuevos paradigmas científicos, solo merecen consideración los fenómenos que tengan una connotación natural, como si la naturaleza existiera aislada y protegida de toda manipulación humana. En esta carrera desenfrenada hacia “lo natural” del organismo, los científicos consideran que “un síntoma es una construcción de lenguaje, hecha de semblantes, donde la voz del viviente falsearía los datos de la verdad que arrojan los genes que no hablan y que se encuentran al interior de todo tejido celular, prueba de lo que sucede en el cuerpo”. Esta declaración la tomo de las declaraciones del antiguo director del National Institut of Mental Health en Washington, Thomas Insel, neuro-psiquiatra quien pasó de este puesto a administrar el departamento de ciencia de la vida de Google y ahora abrió un startup en California llamada Mindstrong, lo que le ha valido el nickname de “zar de la mente” entre sus colegas.

Jacques Lacan en su seminario de La Ética del Psicoanálisis, en 1959-1960, pone en cuestión los valores de la civilización, los avances de la ciencia y la perspectiva de encontrar un saber absoluto mostraban su estrecho confinamiento con la pulsión de muerte. La guerra fría y la guerra bacteriológica no dejaban dudas en cuanto a la puesta en cuestión de la existencia de la especia humana y la manera como los hombres de ciencia habrían podido hacer desaparecer del planeta la vida humana. Hoy, más que nunca los seres hablantes se encuentran confinados y vigilados en un mundo donde el ministerio de la salud y sus expertos, calculan la duración de la vida de las poblaciones y trazan programas según sus criterios de salud que son muy contestables. Los políticos se sirven de estas medidas “sanitarias” para el control de la población y la restricción de las libertades fundamentales. La multiplicación de gadgets tecnológicos para la comunicación y el trazado de los individuos anuncian cambios en la vida privada de los ciudadanos, que sólo son compatibles con un régimen totalitario como en la China y sus vecinos asiáticos. El llamado tracking o trazado de sus desplazamientos, de sus contactos, de sus lugares de vida aparece como la solución milagrosa y deseable que tienen en mira los expertos, para detener la pandemia a nivel local. Esto será difícil de aplicar en un país donde las costumbres están fuertemente enraizadas en una tradición democrática representativa y donde la palabra libertad tiene aun, un peso.

En Francia, las gripes de estación causan la muerte de 250.000 a 650.000 niños al año, los diagnósticos de cáncer implican 400.000 personas al año, 150.000 franceses mueren al año por el alcohol y el tabaco, el paro, la miseria y el desclasamiento social causan sufrimientos mentales que son ignorados; el hambre, el sida y las guerras en el mundo matan muchísimas mas personas al año que el virus covid-19, que ha matado en el mundo 100.000 personas. Lo que surge de este repaso rápido de las cifras es la tendencia inquietante que muestra cómo el modelo de acción sanitaria que se nos ha impuesto, se corresponde con la toxicidad de un régimen totalitario como la China.

La salida del confinamiento no implicará un progreso necesariamente, puesto que el hombre trabaja para lo peor y para su pérdida. Los seres hablantes no se abstienen del progreso hacia lo peor, luego de haber destruido la naturaleza y de hacer tentativas de destruirse ellos mismos, erigen nuevos ídolos como los expertos cientistas a quienes se les otorga la decisión de gobernar con prescripciones de salud y de buen comportamiento. Desde hace ya cinco meses, no tienen ninguna respuesta sobre la vacuna y los tratamientos que se puedan aplicar, puesto que la cacofonía en ese medio nos recuerda la presencia del enjambre de S1, significantes amos que surgen al vuelo separados del dialogo con sus colegas, constatando lo real del discurso científico que deja al sujeto solo con su goce autista. El tiempo de este encierro no es comparable al tiempo de un retiro ocasional de la vida social, hay una gran parte de la población trabajadora que sufre gravemente con estas medidas de suspensión del estado de derecho y de paro total de la economía.  No es necesaria la presencia del virus para declarar que la carrera desenfrenada del capitalismo es nefasta, esta enfermedad que se contrae por contagio no es un castigo por el consumismo voraz que las leyes del mercado imponen, la presencia del discurso de la salud provoca una abnegación a la moral y al castigo, de la cual estamos advertidos. Porque nos es imposible acomodarnos a este estado de cosas, el tiempo de decir y de inventar surge como un reencuentro con la vida y con el lado opaco que ella comporta.

2 de mayo de 2020

 

Eugenia Varela, Psicoanalista, reside en Paris.

AP de l’École de la Cause Freudienne et de l’Association Mondiale de Psychanalyse, à Paris.

 

Notas bibliográficas :

 Miller Jacques-Alain, Todo el mundo es loco, Sutilezas analíticas, lección del 3 de diciembre 2008, Seminario de la Orientación lacaniana en Paris, p. 65, Editorial Paidós, 2012.

2 Lacan Jacques, Aristote et Freud : l’Autre satisfaction, Séminaire Encore,

 livre XX, p. 51, Éditions du Seuil, Paris, 1975.

3 Lacan Jaques, Une Lettre d’Amour, Séminaire Encore, livre XX, p.80, Éditions du Seuil, Paris, 1975.

4 Quatremer Jean, Le débat interdit, Libération, Blog Coulisses de Bruxelles, 30 avril 2020.

 

 

 

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