Salir del discurso capitalista y no del capitalismo: Cuando Jacques Lacan señala que hay una salida, no empuja a las multitudes a Occupy Wall street, no propone la creación de un partido político de psicoanalistas y guarda una distancia con la posibilidad de esta salida de la que dice, con un toque de ironía, que “si es sólo para algunos, no constituirá un progreso «¹, y el lector de Lacan sabe de la reserva que él mantiene con toda idea de progreso.
«El discurso del capitalista no quiere saber nada de la castración, forcluye las cosas del amor», nos dice Lacan en Hablo a las paredes. Su aversión por la pérdida le impulsa a hacer circular entre los cuatro términos de su arquitectura lo que viene a su lugar: el goce, y a reducir al amor al rango de mercancías bajo licencia. Para el psicoanálisis, el amor ocupa un lugar completamente diferente, el de un embrague, vía la transferencia, que permite a cada uno saber algo de esa parte maldita que lo habita y lo empuja a conectarse a este circuito: y eso, eso no es nada… como decía Lacan. Es inocular la «pst»² hacia la que nos orienta Lacan para que cada uno escuche cómo goza del sentido.
¿Cómo salir de este discurso «extrañamente astuto» que constituye una variante del discurso del amo, en el que desaparece la imposibilidad que hace barrera al goce, en beneficio de un circuito que produce un plus-de-gozar?
Este circuito no constituye, propiamente hablando, un discurso, en el sentido que Lacan da a este término; pero a raíz de este circuito, cada uno de los otros cuatro discursos hoy se encuentra relegado al estatus de semblante, dejando al descubierto una pendiente hacia el retorno del discurso del amo en política y hacia la alianza cada vez más íntima del discurso universitario con la ideología neoliberal.
Es del lado de la relación con el plus-de-goce donde surge una salida, porque el camino que señala Lacan es el del santo que, -a diferencia del capitalista que lo acumula-, descarida (decharite) el goce, un neologismo que resuena con caridad y desecho del que hace semblante. Este plus-de-goce designa el gasto improductivo en el corazón del síntoma y su dimensión anti-utilitaria, del cual una cura obtiene su extracción por la desecación del goce hasta el hueso irreductible del sinthome. La salida, por tanto, se realiza por consumación de lo que busca consumirse en la paradójica satisfacción del síntoma. Es esta satisfacción la que explota el circuito del capitalismo, por el lazo que une al sujeto con el objeto plus-de-goce y porque se apoya en el fantasma fundamental de cada uno es que no encuentra barrera alguna.
Lacan elaboró el plus-de-goce a partir del análisis de la plusvalía de Marx: el pasaje del capitalismo industrial al capitalismo financiero reafirma ese modelo: el capital circulante de las finanzas que se apoya en la producción de commodities que dan valor a las acciones, fondos de pensiones y otros capitales flotantes. Hoy hemos llegado a lo que Yann Moulier-Boutang llamó capitalismo cognitivo. ¿Lacan previó, ya en 1969, el alcance que tomaría lo que llamó el mercado del saber que aparecía con la crisis del discurso universitario?.
Una palabra se impuso desde los años ‘90 en economía: regulación – de los flujos financieros a las sociedades off-shore, del comercio internacional. Si el efecto acumulativo del capital requiere mecanismos regulatorios para hacer frente al exceso en el origen de las crecientes desigualdades, el psicoanálisis no aboga por la regulación del goce que solo conduciría a preservarlo, sino a su vaciado.
Con el regreso al escenario de los Estados obligados a gestionar la actual crisis sanitaria, algunos autores han anunciado el fin del capitalismo. Es cierto que en 2008, durante la crisis de los subprimes, vimos a los Estados rescatar a los bancos; El economista Paul Krugman comentó irónicamente en las columnas del New York Times: «El Estado es un problema, pero a veces puede ser una solución»³, lo que iba en contra de los principios ultraneoliberales de la Escuela de Chicago, que pregonan la reducción del Estado. Krugman recordó el principio keynesiano de que el Estado interviene para permitir que los mercados sigan funcionando hasta que se reanuden los tiempos «normales». Un periodista recordó recientemente esta regla de oro del neoliberalismo: «en tiempos de crisis no hay neoliberales» y subrayó cuánto con la pandemia «se ha redescubierto el dinero mágico, el Estado de bienestar es un activo importante a preservar, su financiamiento ya no son costos y cargas”⁴. Los tiempos de crisis revelan, por tanto, los límites del sistema y el rol real del Estado, que se ha convertido en el seguro de vida de los mercados.
Lo que deja entrever quizás una nueva articulación post-pandemia en continuidad con esa, fundamental, percibida por Keynes, donde el rol de los Estados no es aquel en el que el neoliberalismo como discurso busca confinarlos. . Es decir, quizás en el capitalismo hay que diferenciar el funcionamiento real, efectivo de los mercados y el discurso neoliberal que viene a añadirse a este funcionamiento, y que no corresponde necesariamente a la articulación real y actual de los mercados y de los Estados. “La crisis del discurso capitalista” que Lacan anunciaba en 1972⁵ podría muy bien nutrirse de estas alternancias de crisis y resurgimientos, como observan muchos economistas.
Más cerca de la clínica psicoanalítica actual, cabe preguntarse por esta proposición fundamental de Lacan de que «el capitalismo forcluye las cosas del amor» y cómo busca confiscarlas. Eva Illouz en sus trabajos⁶ introduce un matiz a las observaciones de J. Lacan que devinieron célebres, lo que nos permite percibir, en el fondo, cómo el capitalismo desde sus orígenes también ha buscado recuperar e instrumentalizar el discurso amoroso. Esta perspectiva no excluye la «forclusión» (Verwerfung) denunciada por Lacan en 1972, sino que permite prever más bien, efectos en los modos de retorno en lo real en esta instrumentalización descrita por Illouz en sus trabajos. De ahí su interés. Tenemos todos los días testimonios en la clínica de esta forclusión, y el psicoanálisis bien podría ser un discurso, el discurso mismo, que ofrezca un lugar al cual dirigirse y una alternativa para tratar esta ausencia fundamental que caracteriza a nuestra civilización de hoy. Esto devolviendo al amor su dignidad, más allá de las formas rebajadas del amor que Eva Illouz describe y que se inscriben plenamente en la forclusión denunciada por J. Lacan.
Fabián Fanjwaks es psicoanalista, reside en París.
Director de la Revue La Cause du Desir, Miembro de la ECF, de la EOL y de la AMP. AE 2015 -2018.
Traducción de: Lorena Hojman
Revisión de: Fabián Fajnwaks
Notas:
¹ Lacan, J “Television”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidos, 2012, p. 546
² La “pst”, es decir la peste, que Lacan refiere a la célebre anécdota comentada por Jones de Freud que llegando a América habría dicho “les traemos la peste”.
³ Krugman P, « Crisis Endgame », The New York Times, 18 de septiembre 2008, disponible en internet.
4 Godin R., «Emmanuel Macron, San Pablo del Estado del bienestar? », Mediapart, 13 de marzo de 2020, disponible en Internet.
⁵ Lacan J., «Del discurso psicoanalítico. Discurso en la Universidad de Milán, 12 de mayo de 1972», publicado en la obra bilingüe : Lacan en Italia 1953-1978. En Italia, Lacan, Milán, La Salamandra, 1978, disponible en internet.
⁶ Illouz E., The End of Love: A Sociology of Negative Relations trad. El fin del amor. Investigación sobre un desconcierto contemporáneo, París, Seuil, 2020. Illouz E., Why Love Hurts: A Sociological Explanation trad. Por qué el amor duele. La experiencia amorosa en la modernidad, Paris, Seuil, 2012. Illouz E., Cold Intimacies: The Making of Emotional Capitalism trad. Los sentimientos del capitalismo, Paris, Seuil, 2006