Alguien ayer me dijo: “No doy más, me vinieron $1800 de luz, de gas aproximadamente $1700, ¿y sabes cuánto pagué de agua?, cerca de $3000. Vivo en una casa pequeña y no me alcanza, y además alquilo, y todo aumenta… Pero lo volvería a votar, porque estos no tienen que volver más, aquellos no tienen que volver más”.
De estas situaciones existen a montones y todos los días. Yo estoy convencido que hasta el psicoanálisis se queda atónito ante esto, ¿por dónde le entrás? Ahora, es una realidad. Esto es un pensamiento que habita en nuestra sociedad, está instalado, ‘estoy mal, no me alcanza, antes estaba mejor pero yo no quiero que ellos vuelvan’. Una especie de mártir neoliberal sería. Sufrir y padecer en la vida para evitar que aquel que desprecio, que odio, regrese, aunque ese a quien odio y a quien desprecio me dio una mejor vida. Es interesante, es preocupante. Dar la vida sería ese martirio neoliberal, dar la vida por una causa que, además, no te pertenece.
Es raro, me preguntaba cuando escuchaba este testimonio hasta qué punto un ser humano puede llegar a sostener la defensa de algo que le hace daño. Cuánto está dispuesto a poner el cuerpo, el futuro –el de él y de su familia– para sostener cierta diferenciación con aquellos a los que dice no querer. Ahí la primera reflexión que se me ocurre y qué es decir que existen hombres y mujeres que valoran más a ese otro que detestan que a su propia vida, de lo contrario no se entiende. Casi que diría: ‘si me diferencio de vos satisfago una parte de mí, aunque mi vida se desplome’. Es raro, en esa línea de pensamiento uno podría decir ‘es más importante tu existencia, aunque tu existencia me genere odio, que la mía propia’. ‘Elijo morir con las botas puestas pero no en pos de un país donde todos vivamos mejor, sino muero con las botas puestas para que vos no puedas ser parte de ese país’. O sea, proyectar una vida en pos de la destrucción del otro y no hacia una mejor vida personal. Además, calzando unas botas que no son propias y que le quedan grandes, caminando con el calzado del otro, sobre el barro del otro, queriendo llegar a un lugar de pertenencia al que nunca le van a dar el lugar y la posibilidad de pertenecer.
Es oportuno preguntarse, entonces, si la educación neoliberal individualista no es, al mismo tiempo, una educación que trabaja sobre un individualismo que se constituye no sólo en mirarse a sí mismo, en enamorarse de uno mismo de sus posibilidades y de sus méritos sino que, además y sobre todo, se construye a partir de la diferenciación del otro. Soy tanto más individuo cuanto más me puedo diferenciar del otro. No importa quién sos, no importa en qué creas sino en quien no querés ser. Esa es parte de la lógica cultural, una construcción del humano y, por lo tanto, de una sociedad que no se abrace sobre valores positivos, sobre principios honorables, sobre una lógica de construcción colectiva, sino todo lo contrario. El neoliberalismo instala antivalores que luego legitima. Es una diferenciación no sólo en relación a no querer parecerse sino que aquel con el cual me quiero diferenciar no se me acerque.
Es el gran problema de la clase media argentina, el problema que tiene con los gobiernos populares es que los gobiernos populares generan oportunidades y derechos para quienes menos tienen, construyendo un ascenso social. Las clases bajas pueden subir las escaleras de esa clase social, entonces, los que están en la clase media, si bien también con un gobierno popular ensanchan su piso, sin embargo, no pueden subir a esa instancia de una clase alta que no te permite acceder. Por tanto, si como clase media no puedo llegar arriba, por lo menos, que los que están abajo no se me parezcan. Entonces los empujo, los desprecio, me quiero diferenciar y hago lo mismo para con sus líderes.
Bien, esta es una educación en el martirio neoliberal, esta educación de la diferenciación que nos constituye como personas es una educación donde los medios son el motor principal, sin embargo no son su origen. Quiero decir, toda esta matriz de pensamiento esta matriz educativa, es anterior a que los medios se constituyan como enormes monopolios; pero hoy, sin esos monopolios, este pensamiento podría haber sido desterrado. Aunque insisto, es histórico. La diferencia es un valor para este modelo, para la moda, para la publicidad y hasta para las religiones. Nos han educado en diferenciarnos.
Lo que está claro es que esto es una discusión cultural, por la batalla cultural, no electoral. Y, sin embargo, hay mucha dirigencia política que entiende que esto es menor. Si se sigue creyendo que esto es menor, se pueden ganar y perder elecciones. Sobre todo, perder mucho más seguido de lo que uno cree. Si se resuelve o se da la batalla por lo cultural, tarde o temprano, eso se reflejará en lo electoral.
Fernando Borroni es periodista, reside en Buenos Aires.
Docente de radio y periodismo. Es director y cofundador de la primera Escuela Popular de Medios Comunitarios en radio y televisión, “Homero Manzi” y de su emisora radial “Radio Hache”. Es columnista político de «La mañana de Victor Hugo» en AM 750. En setiembre del 2018, publico su libro “La Inquisición Neoliberal”, que está presentando a lo largo del país.
*Texto desgrabado de https://radiocut.fm/audiocut/fernando-borroni-2314/