El discurso analítico no nació para subsistir en el cielo donde las ideas no tocan el devenir de las cosas. Desde su origen, Freud enseña sus avances y conclusiones a partir de preguntas que surgen de la observación clínica de sus pacientes; observaciones que cuentan siempre con un obstáculo, con una disrupción. Este obstáculo se ubicaba tanto en el funcionamiento de la vida, cuanto en la doctrina por él alcanzada hasta allí y que entonces merecía ser ajustada. Esta revisión permanente que leemos a lo largo de toda la teoría freudiana, señala su esfuerzo en demostrar al mundo que existía Otra causalidad del sufrimiento humano y un método de abordaje para tratarlo: el psicoanálisis. Pero a su vez entonces, una parte de su eficacia consistiría en hacer pasar ésta invención a un mundo que se encontraba de espaldas a ella, “un mundo que le decía que no”[1] al psicoanálisis. Más de un siglo después podemos mirar para atrás y verificar la incidencia que el discurso analítico ha tenido en la humanidad a partir de la invención freudiana y el surco dejado en la lengua para la interpretación del malestar de cada tiempo, produciendo también un reordenamiento de la clínica vigente hasta ese tiempo.
Tal como nos ha transmitido Jacques-Alain Miller, la llegada de Jacques Lacan a la historia del movimiento analítico, lo atraviesa más allá de este, ubicándolo como hombre de la cultura. Con él, el fundamento freudiano de la palabra retoma su cauce original que estaba amenazado por los desvíos post-freudianos de distinta índole, aquéllos que J. Lacan supo distinguir y denunciar el callejón sin salida[2] que implicaban. Podríamos decir que allí la incidencia la pagó con la consecuencia: la excomunión. Sin embargo desde la perspectiva del discurso analítico en sus conexiones a los otros discursos, Lacan no cejó de enseñar referenciándolo a la lógica, a las matemáticas, la física, la topología, la filosofía, la literatura, la pintura, la gramática, etc. Disciplinas de las que se valía en su demostración, refiriéndolas. Ahora bien, ¿incidió sobre ellas o se dejó incidir por ellas encontrando así un argumento que daba al psicoanálisis una dimensión tal que podía pasar a la época actual? Quizás hay un poco de las dos vías, pero no hay duda que sin Lacan el psicoanálisis no podía insertarse en la dimensión política, que en cierto sentido le es inherente, ya que el Otro del que el Inconsciente está hecho tiene una dimensión lógica, pero también social en el sentido de la captura de los significantes que se entraman en el lenguaje de cada polis, de cada civilización y encarcelarán al hablante con la forma de Identificaciones. El discurso del inconsciente es el mismo que el del Amo y hace falta un análisis llevado hasta su fin, para que esto caiga para cada Uno. En un viejo y bello artículo[3], Jacques-Alain Miller distingue la incidencia y el estilo de Freud y de Lacan respecto del movimiento psicoanalítico. Dice allí que Freud fue un genio en el sentido Kantiano, que es aquél que –como en el juego del niño– “no sabe cómo sus ideas se encuentran en él, es un lugar donde se producen cosas sin que el sujeto pueda decir cómo se producen»[4] Lacan, en cambio fue un trabajador, un investigador, un enseñante que “desbrozó la jungla freudiana” del lado del matema –no un genio entonces, sino un lógico– que se esforzaba en enseñar cómo se producen las cosas en el psicoanálisis. El analizante invitado a hablar libremente está más bien del lado del genio, mientras que el analista está más bien condenado a reinventar el psicoanálisis uno por uno. De allí que el analista no es ningún genio… Nadie más que un analizante puede captar la dimensión de incidencia que los discursos tienen en el cuerpo de cada uno y también cómo el discurso analítico opera con la transferencia subvirtiendo la relación al Ideal, al deseo, al saber y así tocar algo del goce a partir de la invitación a ‘hablar libremente’, sin reglas previas –como el genio de Kant. Por supuesto que podríamos deducir mucho más de la “incidencia-Freud” y de la “incidencia-Lacan” y relevar cuánto del descubrimiento del Inconsciente y de la transferencia como su impar fenómeno, nos fundan en nuestra posición para incidir con y desde esos instrumentos.
Ahora bien, más allá de las marcas de origen de cada analista del Campo Freudiano-vasto este, heterogéneo, plural y ancho-es con Jacques-Alain Miller, su Curso y su enseñanza viva y permanente que podemos esclarecer la enseñanza de Lacan, tanto su doctrina como la forma institucional de las Escuelas y los Institutos que puso en marcha. La puesta en juego de la producción de los Analistas de la Escuela por el pase, así como la garantía y la admisión son su consecuencia. Desde esta perspectiva, todos los que nos inscribimos dentro del Campo Freudiano somos tributarios de esa incidencia, y cada uno podría dar cuenta de cómo fue eso en su singular aventura de volverse psicoanalista. Sería esa una demostración de una incidencia clínica y política del discurso analítico, anterior por supuesto al 13 de Mayo del 2017.
Así mismo, fue a partir del tiempo operado desde de la Conferencia de Madrid del 13 de Mayo del 2017 (un tiempo que “achicaba el tiempo de comprender del Campo Freudiano con respecto al concepto de red política lacaniana”[5]) que podemos pensar otro modo, totalmente nuevo, de hacernos presentes con el discurso analítico en la política. Año Cero para el Campo Freudiano y sus Escuelas, y con él un nuevo comienzo, “sin ser destruido, para llevarlo a un nivel superior”[6] y ligarse de una nueva forma a la fuerza que puede tomar lo real de la vida. Hacerlo es una decisión, una renovada decisión que cada uno, uno por uno, podrá tomar. Pensar cómo incidir (lo cual se evaluará por las consecuencias y no por las “intensiones”) parte –pienso– en primer lugar, de lo que se produce del deseo del analista en cada experiencia analítica, ya que sólo allí se experimenta la mutación de los dichos a la enunciación de cada uno, vía la caída de las identificaciones. Sabemos que el deseo del analista, para Lacan no era “un deseo puro”, sino el de obtener su propia enunciación y apuntar a la diferencia absoluta. En segundo lugar, alcanzar un bien-decir capaz de poder revelar la trampa encerrada en cada cuestión y poder ser escuchada. Las recientes Jornadas de Zadig en Argentina, nos permitieron ver algo de esto. En tercer lugar, hay algo del movimiento del cuerpo como goce vivo, como punto de inserción de una presencia tal que esa voz, ese cuerpo, diga. Deduzco estas tres dimensiones de la lectura de los movimientos de J.A.M a partir de Año Cero. Pienso que hace falta encontrar cuáles son los lugares donde utilizarlos, ya que la existencia del psicoanálisis no está asegurada y tenemos una nueva chance de defenderla. Así entiendo “el espacio de extensión al nivel de la opinión “que la red política lacaniana mundial creada por él nos hace parte.
Estar a la altura del este nuevo desafío requiere que recordemos lo que Miller –visionario–nos alertaba en el 2003: “si me conceden que el goce es un factor de la política ¿el psicoanálisis debe conservar la misma distancia de buena gana sarcástica, frente a la política y a la edad de las ideologías? Creo que no podrá. Lo privado se ha vuelto público. Se trata de un muy vasto movimiento, un destino de la modernidad, y el psicoanálisis ahí está implicado, para lo mejor y para lo peor”[7]. Quizás la red Zadig- si puede mantener su condición de espacio de conversación, múltiple, a la vez que articulado- sea el instrumento para incidir hoy como psicoanalistas tributarios de la Orientación Lacaniana.
Gabriela Dargenton es psicoanalista, reside en Córdoba.
Miembro de la AMP, AE (1999-2002), AME de la EOL, Miembro del Consejo Estatutario de la EOL, Presidente de la Instancia Diagonal de la sección Córdoba de la EOL, Adherente del CIEC-Asociado al Instituto del C. Freudiano, Coordinadora del nudo de la red Zadig “ La patria del sinthoma”, en Córdoba, Argentina.
Notas bibliográficas:
[1] Miller, J.-A., El lugar y el lazo, Paidós , Buenos Aires, p. 85.
[2] Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos 2, Paidós-Siglo XXI, Buenos Aires.
[3] Miller, J.-A., “Genio del Psicoanálisis”, en El Analiticón nº 1 , Correo/Paradiso, Fundación del Campo Freudiano en España, 1986.
[4] Ibid., p. 6.
[5] Miller, J.-A., “4 preguntas a JAM” , en Bitácora Lacaniana nº 6. Revista de la NEL.
[6] Miller, J.-A., L.Q 718.
[7] Entrevista a J.A.M, “Lacan y la política”, en Psicoanálisis y política, Colección Orientación Lacaniana, Grama editores, Buenos Aires, p. 34.