El movimiento del feminismo radical se define por la lucha contra el patriarcado y el capitalismo. Es un movimiento transversal y popular1.
La intención de la lucha feminista es denunciar el dominio, explotación o abuso, del hombre sobre la mujer. El feminismo ubica como causa de estos fenómenos a la autoridad ejercida por el varón-padre y la organización social que se conoce como patriarcado.
Esa insistencia en orientar la lucha contra el patriarcado nos confronta con una contradicción. ¿Cuál es el diagnóstico?, ¿el problema es la vigencia del patriarcado?, ¿el problema es el debilitamiento de la figura de autoridad del padre? Este debilitamiento es ampliamente señalado, como síntoma de la época, por diferentes saberes. J. Lacan observa, en su escrito sobre la familia2 en la década del 30, hablando de la gran neurosis contemporánea, lo siguiente. “Nuestra experiencia nos lleva a ubicar su determinación principal en la personalidad del padre, carente, siempre de algún modo, ausente, humillada, dividida o postiza”.
El “patriarca” es el varón que sostenía la autoridad del pater familias, quien podía tomar decisiones que afectaban a toda la familia incluidos los esclavos, al extremo de poder decidir si alguien merecía o no la muerte. El patriarcado alude a esa autoridad y a sus reglas. Etimológicamente proviene de la palabra “padre” más el significado de “líder, jefe o rey”. Funcionaba en Grecia y Roma, es una forma de dominación centrada en el poder del padre que se ha manifestado de maneras muy diferentes a través de los siglos y en diferentes culturas.
Hoy se usa el término de una manera muy general e imprecisa. Por ejemplo, es confuso usar la misma palabra para aludir a la autoridad de un pater familias en la Roma antigua y para nombrar la conducta de un hombre, en Buenos Aires, siglo XXI.
Para definir al patriarcado se mencionan las obligaciones y los derechos que tenía el padre de familia. Porque, como dice Lacan, “En el derecho se palpa como el discurso estructura el mundo real”3. Siguiendo con esta observación de Lacan que se lee en el Seminario, en el cual justamente formaliza los discursos, pensemos, ¿qué discurso estructura nuestro mundo?
Lacan define al discurso de la siguiente manera. “Mediante el instrumento del lenguaje se instauran cierto número de relaciones estables, en las que puede inscribirse algo mucho más amplio, que va más lejos que las enunciaciones efectivas”4. Se gana en precisión y se evita oscuridad si nos remitimos en primer lugar, al discurso amo y sus vicisitudes.
“Si el discurso del amo constituye el lecho, la estructura, el punto fuerte en torno del cual se ordenan varias civilizaciones, es porque el resorte es allí, pese a todo, de un orden distinto que la violencia”5.
El resorte del discurso amo no es la violencia, por el contrario el resorte es el instrumento del lenguaje y la dimensión de verdad que puede adquirir el semblante como agente del discurso, «… el significante es idéntico al estatuto como tal del semblante”6. Frecuentemente hemos escuchado “él no hablaba solo nos miraba, era suficiente ya sabíamos lo que pensaba” así se manifestaba la autoridad del padre en la mesa familiar. Se trata del semblante de autoridad con valor de verdad que sostiene el discurso.
Lacan ubica el fenómeno de violencia cuando a nivel del discurso el sujeto es llevado “a algún efecto que no fuera del semblante”7. O sea, se ve llevado fuera del discurso por el discurso mismo.
Es conveniente tratar de ubicar cual fue el último dicho antes del desenlace, el último dicho que desplazo al sujeto fuera del discurso.
El “pasaje al acto” y el acting out ocurren en los límites del discurso.
El acting out, dice Lacan, también llamado “pasión”, se produce cuando se hace pasar el semblante a la escena, se lo monta en la escena, se hace de él ejemplo. Se escenifica aquello de lo cual el sujeto se ve excluido, desposeído.
En el tema que nos ocupa, el sujeto está privado de la posibilidad de ejercer alguna autoridad, de hacer justicia, de ser el garante del orden, el portador de una ley. Eso que no se sostiene desde los significantes porque no existe la dimensión de verdad del semblante que lo sostenga, se actúa en lo real, en la escena. Actuaciones que son el intento de imponer por la fuerza una superioridad inexistente, a partir de dichos que resulten ofensivos o actos de violencia más serios. Estas conductas no responden al patriarcado sino todo lo contrario, a su crisis, deudora de los efectos del discurso capitalista.
Debemos considerar la influencia del discurso capitalista y la desregulación del goce que implica elevar el objeto de consumo al lugar del agente del discurso. El objeto de goce en el lugar del agente comanda nuestro mundo desanudado de todo límite.
La forma que adopta la militancia feminista en nuestros días es la evidencia de la pérdida de hegemonía del discurso amo que en las sociedades tradicionales estaban comandado por el nombre del padre. No significa la remoción del discurso amo, se trata de una crisis de los significantes amos tradicionales que ocasiona una deriva de las clasificaciones. Está por verse cuales de los nuevos significantes permanecerán como verdaderos. Como nuevos semblantes.
Por ejemplo, “la violencia de género” es un nuevo significante amo que fija un pedazo de real y ha adquirido una dimensión de verdad considerable. La deriva abierta de categorías nuevas de identidades sexuales también va aportando nuevos significantes. Son modificaciones históricas del discurso amo que el psicoanálisis constata en las ocurrencias de la palabra de los analizantes8.
Graciela Ruiz es psicoanalista, reside en Buenos Aires.
AME, Analista miembro de la EOL, responsable del VEL, (Violencia Estudios Lacanianos), Departamento de Investigación del CICBA, docente del IOM, docente del ICDEBA.
Notas:
1 Documento del paro plurinacional e internacional feminista, 6 de Mayo 2019.
2 Lacan J., La Familia, p. 94, Ed. Argonauta, Biblioteca de Psicoanálisis, Bs. As., 2003.
3 Lacan, J., El Seminario 17, El Reverso del Psicoanálisis, p. 16, Paídos, Bs. As., 1992.
4 Ibíd. p. 10.
5 Lacan, J., El Seminario 18, De un discurso que no fuera del semblante, p. 25, Paídos, Bs. As., 2009.
6 Ibíd. p. 15.
7 Ibíd. p. 31.
8 Brousse M.-H., “El nuevo feminismo lacaniano”, Blog NEL, Medellin.