Guillermo Belaga – “¿Sólo resta para los hombres ser «esposos fecundos»?”

Introducción

El título viene a cuenta de un texto de Kojève citado por Lacan al final del Seminario IV.

Se trata de un escrito de 1956, donde entre otras cosas dice lo siguiente: “Durante milenios los hombres ‘tomaban’ a las jóvenes. Luego llegó la moda, para ellas, de ‘entregarse’. ¿Pero es culpa de las chicas si, en un mundo nuevo, sin heroísmo macho, ellas ya no pueden ser ni ‘dadas’ ni ‘tomadas’, sino que deben, sea como sea, contentarse con lo que venga?”. Luego Kojève sigue un poco más y se pregunta: “¿De que serviría, además, enviar a esas afortunadas pero voluntarias Amazonas, ya sea a los conventos (como parece ser el deseo de algunos, sin atreverse a decirlo jamás), o lo de otros curadores profesionales sutiles de almas? Suponiendo a estas chicas ‘normalizadas’, al punto de ser perfectamente ‘felices’ comportándose como verdaderas ‘mujeres’, ¿encontraran acaso los verdaderos hombres que necesitarían, en un mundo donde la potencia del macho ha sido puesta en la actividad pacífica y laboriosa de un esposo fecundo?”

 

1) ¡El hombre ya no existe!

Jacques-Alain Miller en una conferencia donde comenta este texto dice que la tesis de Kojève es: El hombre, lo viril, no existe, ya no existe.

Nos encontramos en un mundo sin hombres.

Agregando que la idea del declive viril, incluso de la desaparición del mundo contemporáneo, no es pensable sin el declive del padre.

Así explica que la desaparición de lo viril es consecuencia de lo que queda de la fórmula de la sexuación masculina si obliteramos la parte izquierda de la fórmula (la excepción). Entonces queda simplemente el todos, el todos juntos, todos lo mismo de la democracia. Es decir, el problema de la reabsorción de las diferencias, el camino de lo homogéneo.

La teoría de Kojève es que ya sólo tenemos semblantes viriles, su  tesis central es la desvirilización del mundo contemporáneo.

En definitiva, del lado para todo x, formula de igualdad, del derecho para todos, que absorbe de hecho también a la feminidad en el mundo contemporáneo, donde solo queda un resto del hombre.

 

2) El estilo pequeño Hans como paradigma

En la última clase del Seminario IV Lacan siguiendo la lectura del número de Critique de agosto-septiembre de 1956, donde está el estudio de Alexander Kojève, señala que las relaciones sexuales contemporáneas le parecen más bien del estilo pequeño Hans: «Juanito se sitúa en determinada posición pasivizada, y cualquiera sea la legalidad heterosexual de su objeto, no podemos decir que agote la legitimidad de su posición (…) Se acerca  en este sentido a determinado tipo que no les parecerá ajeno a nuestra época, el estilo (de) esa gente encantadora que espera que las iniciativas vengan del otro lado – esperan, por decirlo todo, que les quiten los pantalones.”

Destacaría  que Lacan opone aquí la legalidad y legitimidad. El pequeño Hans está en conformidad con el orden establecido puesto como niño se interesa por las niñas, y definitivamente, continuará en esta vía a lo largo de su vida. Sin embargo, no parece ocupar esta posición de una manera que, a los ojos de Lacan, sea viril – la ocupa su lugar de forma pasiva.

 

3) El Hombre y la angustia

En el Seminario de la angustia Lacan adopta una perspectiva androcéntrica: “Sea como sea, si la mujer suscita mi angustia, es en la medida en que quiere mi goce, o sea, gozar de mí”. Esto es porque “no hay deseo realizable que no implique la castración. En la medida en que se trate de goce, o sea, que ella va a por mi ser, la mujer sólo puede alcanzarlo castrándome”.

Otra frase que me interesa subrayar es la siguiente: “En relación con lo que constituye la clave de la función del objeto del deseo, lo que salta a la vista es que a la mujer no le falta nada”. Y luego insistirá: “No le falta nada. En ella la presencia del objeto está por añadidura”.

De ahí el mito, tan masculino, que hace de la mujer el equivalente de una de sus costillas. Le han quitado esta costilla, no se sabe cuál y por otra parte no le falta ninguna. Pero está claro que el mito de la costilla se trata precisamente de este objeto perdido. La mujer, para el hombre, es un objeto hecho con eso.

Esto explica también porque el masoquismo femenino es un fantasma masculino. Y que en este fantasma, y en la relación a la estructura masoquista imaginada en la mujer, es por procuración como el hombre hace que su goce se sostenga mediante algo que es su propia angustia. Es lo que recubre el objeto. En el hombre, el objeto es una condición del deseo.

 

4) El hombre “propietario” cauteloso

El Hombre aparece como un ser pesado, embarazado, porque el tener se define como lo que puede perderse, es un “propietario”, lo que lo condena a la cautela.

Miller, agrega, que “la cobardía neurótica es masculina”. Por eso el culto al tener es una especie de goce del propietario y se verifica en la sexualidad con la masturbación, es decir, con el goce fálico.

En la masturbación, y/o en la no eyaculación, hay una posición de no ceder, de no entregar, de no ser víctima de un robo, como si introduciendo al otro en el goce, ese otro le robara algo que el sujeto debería gozar de sí mismo.

 

5) La mujer verdadera, la mujer con postizo, la mujer fálica

Miller sostiene que una clínica de la posición femenina podría dar cuenta sobre este tener del lado masculino.

La mujer con postizo, sueña con excluir el no tener, se agrega lo que le falta con la condición de que, siempre en secreto, ella lo obtiene de un hombre, mientras que todos piensan que es de ella. Esconde de su falta en tener.

La mujer fálica es una “propietaria”: aparece con el tener como propio. Se presenta como quien no le falta nada y casi nadie, y su lado femenino se ve en el carácter decidido y a veces salvaje con el que protege sus bienes.

Quizás a esta mujer le corresponde el Don Juan, que según Lacan busca en forma imperiosa y decidida el falo femenino, y así no cesa de ir de mujer en mujer. Al respecto, el donjuanismo, puede ser una solución, pero carece de coraje, en la medida en que no se franquea una barrera, y así evita la emergencia de la angustia.

Ahora bien, una verdadera mujer es una encarnación de la castración, en tanto, aunque no la realice, apunta a tocar, a herir al hombre en lo que él tiene de más precioso.

Miller dice que una verdadera mujer es, respecto al hombre, un momento de verdad. Alguien que le permite manifestarse como deseante, asumir el menos y los semblantes que van con él.

La mujer con postizo, apunta al hombre como castrado y se completa con un hombre castrado en la sombra. Es un sujeto muy conservador, por supuesto es más tranquilo para hacer pareja ya que pone a salvo el propio bien en una caja fuerte.

En suma, la mujer con postizo no amenaza al hombre ni le exige que sea deseante.

 

6) Legalidad y Legitimidad

Retomando la distinción hecha para el pequeño Hans, encontramos en el curso de J.A. Miller De la naturaleza de los semblantes, este par distinguido en términos de “Homogeneización- Excepción”.

El “para-todos” y al mismo tiempo, al “menos uno”.

La legalidad es un término que resulta de la ley es la misma para todos. La legitimidad, resulta del otro lado, existe al menos uno que no es como como todos.

Es interesante, como en Lacan su teoría de la decisión y su concepto de la angustia quedan del lado de la excepción.

 

7) Coraje y decisionismo

La teoría de la decisión en Lacan, el decisionismo, está muy lejos del utilitarismo, más bien es “sin garantía”, se decide sobre el trasfondo de lo indecidible, es bajo riesgo.

En esto se conecta con el coraje, entendido como el franqueamiento del punto de angustia que supone la presencia del objeto a.

El coraje tiene una relación también a soportar la inexistencia del Otro, y en ese vacío del significante saltar uno mismo, me refiero al S (Ⱥ).

En definitiva, pienso que para el Hombre conviene la figura que Lacan nombra como la del Guerrero Aplicado, que no cede al deseo, aquel que tiene una relación verídica con lo real, como lo imposible de negativizar.

 

Guillermo Belaga es psicoanalista, reside en Buenos Aires.

AME de la EOL y la AMP. Autor de Trauma, angustia, sintoma. Desafíos de la biopolítica, Grama Ediciones, 2014.

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