Jacquie Lejbowicz – El hombre es tierra que anda

El hombre es tierra que anda.
Atahualpa Yupanqui.
 

A lingua e minha patria 
Caetano Veloso

La quema de la bandera wiphala por parte de quienes, cruz, armas y evangelio en mano, tomaron ilegítimamente el gobierno en Bolivia en noviembre de 2019, suscitó en mí, una vez más, la pregunta por el lugar de las identificaciones y de las identidades. Y, por consiguiente, la pregunta por lo político y el psicoanálisis.

¿Qué implica para quienes la sienten viva representación de la Pacha Mama, la quema de la Wiphala, la vieja bandera de los aymaras, convertida desde la Constitución del 2008 en el símbolo del Estado Plurinacional de Bolivia?

¿Se trata de una representación que pone en juego un Ideal con el cual identificarse, lo que podría ser pensado desde la lógica de “Tótem y Tabú” y de “Psicología de las Masas…”, en términos de amor al padre; es decir, de aquello que Freud sitúa precisamente como limite a la terminabilidad del análisis? ¿O se trata también de una insignia, de lo que se intenta arrebatar de lo más íntimo de cada quién?

En su artículo “La nueva conquista de América del Sur y el Caribe”1, el Arq. Javier H. Pérez Diez advierte como los nuevos conquistadores arman esta reconquista: “Ya no hay bandos proclamando la justicia divina, ahora televisión y redes sociales gritan a los oídos y los ojos de la gente la imperiosa necesidad de creer en sí mismos, en sus méritos y creerse únicos culpables de sus propias desgracias y dejar en manos de los gobernantes que los visitan casa por casa, que les hablan de la felicidad que algún día vendrá, de la oportunidad del desempleo, la construcción de su futuro”.

Pérez Diez propone entonces: “…se trata de poner a la vista que la religión, rediseñada a la manera del mercado, “marquetinizada”, usada como arma y como grillete del alma, es, otra vez, la herramienta para concluir el trabajo iniciado hace seis siglos”.

Una joven guatemalteca me relataba hace tres años en Iximche, su nostalgia por los rituales de la cultura maya que con su abuela realizaban cuando era niña. Ahora su familia y ella se volcaron a frecuentar las iglesias neo pentecostales que coparon el territorio.

Vuelvo a la pregunta: ¿Se trata de identidades inconmovibles? La identidad, ¿hay tal cosa? ¿Se trata de identificaciones a conmover en el análisis hasta alcanzar aquello que haga tope, ya no en un horizonte de interpretabilidad sino en el confín del buen uso y el saber hacer? Y entonces, ¿qué tope es ese? ¿De que esta hecho? Porque precisamente si algo no debiera, es ser renegatorio.

La decisión indeclinable de marchar cada 24 de marzo, ¿está ligada a los ideales que ponen en juego el amor al padre, a la política y al fantasma? ¿O tocan también un punto más esencial, ligado a aquello que no variará, lo más singular e irreductible de cada quién?

En la película Antes de la lluvia, del director Milcho Manchevski, un fotógrafo de origen macedonio que ha estado radicado durante tanto tiempo en Londres que llega a considerarse británico, retorna a los Balcanes a “cubrir” el conflicto. No sólo no es ajeno al mismo como suponía; sino que incluso se vuelve parte y motor del conflicto.

En la película Left Luggage, dirigida por Jeroen Krabbè, (nombrada Por amor en nuestro país); el ser obligado por los nazis a escupir sobre la Torah para sobrevivir, acarreará consecuencias devastadoras no sólo para el personaje sobreviviente en cuestión sino también para las generaciones siguientes.

En su artículo “El psicoanalista y los nacionalismos”2, Marcelo Barros afirma: “Un psicoanalista no podría celebrar el nacionalismo mientras implique la exclusión del Otro, el fanatismo, la agresividad, el rechazo del pensar, de una masa mínima o dilatada.”

Y al recordarnos la afinidad del psicoanálisis con lo femenino, en tanto ambos vetan toda universalidad, se pregunta: “¿Pero no es un lugar común rechazar el nacionalismo justamente en nombre de la universalidad?”. Y cita a Jauretche: “Quienes dicen ser el universo son, en realidad, otra tribu.”

Barros afirma, además, que las reacciones contra la globalización son diferentes: “No es lo mismo el nacionalismo de un país con una tradición expansionista y agresiva, que el de un país periférico y acostumbrado a ser colonizado y que a duras penas trata de defender un elemental respeto por sí mismo.” (¿Podremos perder esa costumbre? –La pregunta es mía–).

La posición de Barros es que frente a un poder global que detrás de su bandera de pluralidad arrasa con toda diferencia, la identidad importa. La identidad importa, el nombre importa.

Mi pregunta es: ¿Se trata de identidad? En todo caso: ¿De qué hablamos cuando hablamos de identidad?

En “Las paradojas de la identificación3, Laurent señala que la identidad es imposible, en tanto hay una radical heterogeneidad entre el sujeto y el goce. Es justamente a partir de lo imposible de la identidad que las identificaciones se constituyen. Lo hétero es precisamente aquello que escapa a las identificaciones, lo que no se deja cernir por significantes, lo radicalmente Otro.

Por otro lado, Laurent también señala, en “El traumatismo del final de la política de las identidades”4, que la identidad está en crisis de manera fundamental porque es un vacío; y nos recuerda que Lacan concluye que hay identificación porque no hay identidad que se sostenga. También nos recuerda que el discurso político, el discurso del amo hace de la identificación una clave de captura. Y cita a Miller: “A ojos de Lacan, la política procede mediante identificación, manipula significantes amo, busca de esta manera manipular al sujeto”.

La política puede buscar manipular al sujeto unas veces; puede en otras ocasiones estar al servicio de los sujetos; y puede, volverse nazi, buscando directamente arrasar con los sujetos, arrebatar todo rastro de sí.

Y en esto la posición del sujeto, la posición de resistencia es crucial. No es lo mismo si hay una posición de rechazo de sí mismo, que si hay un punto de resistencia, de lo que no se deja arrebatar. Si hay chance, para poder hacer con eso, por supuesto. Nadie depende sólo de “soi meme”.

Laurent en el artículo citado retoma lo que la filósofa Judith Butler señala: La vulnerabilidad como lo común en los cuerpos que se reúnen en la plaza pública. La vulnerabilidad como el punto común, ya que no se resuelve el asunto con otro “común”, no lo hay.

Nada hay en común entre un negro y otro negro, entre una mujer y otra, entre un judío y otro, entre una trans y otra, entre un petiso y otro, entre un “cabeza” y otro, etc. Lo común en los sujetos de las distintas minorías es su imposibilidad de ser reconocidos por otros. Entonces, Laurent postula lo fundante del lugar del grito: Ocupar un lugar subjetivo, el de un grito, una pura enunciación. Ahí reside la dimensión que toma lo político. La demanda con el cuerpo, la reivindicación corporal en el espacio público. (Pensemos en Chile, por ejemplo).

Laurent retoma los planteos de Butler y se pregunta por lo real del goce en el lazo social.

En noviembre de 2010, momento en que había una fuerte controversia en relación a la obligatoriedad de la extracción de sangre para efectuar la prueba de ADN para cotejar datos con el Banco de los datos de ADN de familiares de desaparecidos en la última dictadura en Argentina, Página/12 publico un artículo mío: “La decisión de la niña”5, sobre la responsabilidad subjetiva de las víctimas de apropiación. Allí, compartí algunas reflexiones, a partir de un caso que está publicado en el libro Psicoanálisis de los derechos de las personas6.

Se trata de una pequeña niña que, habiendo sido arrebatada de sus padres y desaparecidos ellos, en los aciagos tiempos de la última dictadura en la Argentina, asumió, en su primera infancia, la tremenda responsabilidad subjetiva, primero de no dejarse cambiar el nombre cuando fue capturada en el lugar de “hija” rehén. Y luego la decisión de asumir su historia y retomar el camino del deseo que el terrorismo de Estado había intentado birlar.

Por supuesto que hubo Otros primordiales, que la buscaron y la encontraron. El trabajo digno e inconmensurable de las Abuelas…Pero la pequeña niña tomó posición.

En el libro La cita fallida I. El continente mestizo7, Carmen González Taboas, afirma: “…No abusaremos de los universales; decir “la época”, o “el siglo XXI” apunta a fenómenos sin duda globales, pero suelen obviar otros fenómenos complejos, en este caso los que son propios de los pueblos de América y de sus culturas.”

Y realiza entonces la afirmación que me interesa fuertemente: “Sin duda, las diferencias (de lenguas y discursos) toman su lugar en el dispositivo analítico, que hace lugar a cada uno según su síntoma, pero cada uno no es sin los restos de mundos que los habitan y en los que habita.”

Al prologar el mismo libro, Gustavo Dessal, nos advierte: “Al leer este libro, al percibir en sus páginas el amor por recordarnos a miles de psicoanalistas la historia de la que provenimos (y la terrible ignorancia del territorio discursivo en el que fuimos concebidos y llevamos a cabo nuestra practica) no puedo evitar cierto rubor. “¿Cómo ignorar lo que lalengua arrastra de los sedimentos de las culturas? (…) ¿Que soy capaz de escuchar en su enjambre de significantes, en la ronda de sus goces, en las escondidas marcas que la normativización globalizada aún no ha logrado forcluir?”8. Y Dessal describe cómo la obviedad en que se ha convertido la globalización sirve para no dejarnos ver hasta qué punto existen también focos de resistencia, nudos de goce que no se agotan en la serializacion prefabricada de objetos. Y nos recuerda la idea de detritus, el aluvión de sedimentos que las lenguas acarrean (como lo articula Lacan en «Lituraterre»).

En“Hablar del inconsciente aun9 Gabriela Basz afirma: “Con respecto a lalengua, Lacan une el articulo al sustantivo mismo, posiblemente para apuntar a la primariedad con respecto al lenguaje ¿Cómo aproximarnos a ella? Pensemos en lalengua del sonido, lalengua materna, lalengua como depósito de las huellas de los que nos han hablado…”.

La pequeña niña que tanta reflexión me causó, llevándome a la escritura, relata a su analista un acto inaugural y fundamental en su vida: En una ocasión en que el apropiador la espera frente a su casa y la llama por su nombre, luego de haber sido ya restituida, ella sale corriendo. Pero antes, se da vuelta y le saca la lengua. “Fue lo único que se me ocurrió”, dice.

A aquel que intentó despojarla de lo más íntimo, de su “lalengua”, la niña resistiendo decidida, le saca la lengua. No consiente al intento en lo real de arrebatarle su lengua, su nombre, su filiación, su historia, la trama de deseos de la que es eslabón. No desoye la niña los rastros del deseo de sus padres, lo que vibra en la trama de generaciones de la que es parte.

Sacarle la lengua. Con este pequeño acto le señala al apropiador que es él quien ya no podrá contar con la posibilidad de su propia lengua, ya que su acto lo deja excluido de la verdadera existencia.

Laurent retoma lo planteado por Butler y también un planteo de Milner: abordar los derechos del hombre como los derechos de los cuerpos.

Un derecho es humano en tanto no es individual; en tanto no solo compete a quien es víctima directa, sino también a toda la ciudadanía. Allí se pone en juego lo real del lazo.

Entonces, más alláde las identificaciones, más allá de la identidad, lalengua.

Jacquie Lejbowicz es psicoanalista, reside en Buenos Aires.

Lic. En Psicología, UBA. Docente de Psicopatología1, cátedra Naparstek, Facultad de Psicología, UBA. Investigadora UBACyT por la materia Clínica de las Toxicomanías y el Alcoholismo, cátedra Naparstek, Facutad de Psicología, UBA. Maestranda en Clínica Psicoanalítica Idaes-UNSAM. Supervisora de equipos de hospitales. (Htal. Argerich, Cesac 1, Cesac 10). Autora de numerosos artículos en diversas publicaciones de Psicoanálisis.

1 J. H. Pérez Diez. La nueva conquista de América del sur y el Caribe. 8va Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales (CLACSO). “Las luchas por la igualdad y la justicia social y las democracias en un mundo turbulento”. (19 al 23 de noviembre 2018).

2 Marcelo Barros. “El psicoanalista y los nacionalismos”.   http://www.marcelobarros.com.ar/template.php?file=La-epoca/El-psicoanalista-y-los-nacionalismos.html

3 Eric Laurent. Las paradojas de la identificación. PAIDOS. Buenos Aires, 1999.

4 Eric Laurent, “El traumatismo del final de la política de las identificaciones” en Revista La libertad de pluma. Ed.1 y 2. http://lalibertaddepluma.com/articulos/eric-laurent/

5 Jacquie Lejbowicz. “La decisión de la niña”. Psicología. Página/12, jueves 25 de noviembre de 2010. https://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-157480-2010-11-25.html

6 Psicoanálisis de los derechos de las personas. AAVV. Ed. Tres Haches, 2000.

7 Carmen González Taboas, “La cita fallida 1. El continente mestizo. Una mirada, con Lacan”. Pág. 28. Grama Ediciones, 2017.

8 Gustavo Dessal. Prólogo al libro de Carmen González Taboas, La cita fallida 1. El continente mestizo. Una mirada, con Lacan. Pág.10.. Grama Ediciones, 2017.

9 Gabriela Basz, “Hablemos del inconsciente aun…”, Psicología, Página/12, Jueves 10 de octubre de 2019. https://www.pagina12.com.ar/224431-hablar-del-inconsciente-aun

 

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