Propuse este año un curso en la ECF que lleva por título la fórmula de Lacan, fuerte, enigmática y revivificada por Jacques-Alain Miller, ‘’El inconsciente es la política’’. Algunos eventos han escandido desde hace dos años la actualidad mundial, el lanzamiento de Zadig en 2017 ha tratado de ver cómo considerarlos desde nuestro campo. Los psicoanalistas ya no tienen que considerarse como ‘extraterritoriales’, tópico destinado comúnmente a ponerlos al resguardo fuera del lugar en el que se encuentran. El Otro, ciertamente, no existe, pero como no dejamos de hacerlo existir a partir de lo que hay, sería vano, y hasta perjudicial, aquí como en otras partes, contentarse con no querer saber nada de ello. La política no es de ninguna manera la reina en nuestro campo, ¡pero puede convertirse en arena1, con sus juegos de circo!, corriendo el riesgo de perderse, sin duda, ¡sin embargo no hay psicoanálisis sin ese riesgo!
¿Cómo entrar en la danza? Voy a apoyarme en un pasaje bien conocido y poco comentado del capítulo XIV ‘’El amor del prójimo’’ del Seminario VII La ética del psicoanálisis, de Lacan. Describe allí lo que identificábamos claramente, en los años 50, como intelectuales de izquierda e intelectuales de derecha, con una pareja de términos importados de la literatura medieval inglesa: los fools y los knaves. Resumiendo, Lacan opta por traducir aquí fool por ‘inocente’ o incluso, mejor aún, ‘retardado’. El intelectual de izquierda es considerado como un retardado, y su talento, el del bufón, es el de poner en escena verdades que sacuden inocentemente. En el lado opuesto, el knave, traducido habitualmente por ‘valet’, es el realista que se pone al servicio de su amo. Su tendencia es la canallada, lo cual caracteriza al intelectual de derecha.
El retardado y el canalla, como dos tipos de intelectuales puestos uno frente a otro. Helos aquí, ¡tan malparados uno como el otro, con un escarnio provocador! Y Lacan no se detiene ahí, no se contenta con esta doble identificación. Agrega que ‘’la foolery, que da su estilo individual al intelectual de izquierda, culmina muy bien en una knavery de grupo, en una canallada colectiva’’. Llama a ésta ‘’engaño inocente’’, y luego ‘’tranquilo descaro’’, testimonio de ‘’no querer pagar el precio’’ de las verdades heroicas reveladas una a una. Una burla ciertamente, pero ¿qué más?
Lacan prosigue aclarando que Freud no era ni un canalla, ni un retardado, y es incontestable que no era un progresista. En 1960, no era para nada conformista hablar de esta manera. Más tarde, en su improvisación al final del Seminario XX, Lacan se califica a sí mismo de ‘liberal’, o sea de no-progresista, como lo decía de Freud algunos años antes. Estas categorías tampoco han dejado de moverse, y de conmover, desde entonces, ajustándose a los cambios de un mundo que depende ante todo de lo que de él se dice, escandiendo los movimientos opacos de un real insistente.
Lo que quisiera señalar aquí no es el juego de identificaciones otorgando identidades. Aunque estas no dejen de ser muy elocuentes, arrojando luz sobre muchas situaciones. Pero el desliz, esa especie de quiasma que hace pasar del fool al knave, muestra más bien que lo que podemos retener es, precisamente, contra las denominaciones controladas, los movimientos paradójicos frecuentemente producidos. Lo importante es el ‘entre’, pasa o no, como entre marionetas. Pero lo que pasa de uno a otro, no sin vacilaciones y efectos cómicos, vale sobre todo para orientarse y no quedar en el frente a frente de dos identidades-fortalezas.
Orientarse no es identificarse, en política como en psicoanálisis. Navegar en esas aguas más o menos turbias supone no quedarse en el puerto, pero también calcular incesantemente su posición y su dirección. Mantenemos una posición aquí o allí, sin identificarse con ese campo. En cambio, no se puede prescindir de orientarse. No hay pureza que valga, ¡jamás!
Recuerdo a Jacques-Alain Miller criticando a aquellos que anhelaban apoyarse sobre sueños en política. Nunca hay motivo suficiente para dejar de interpretar, más y más, para hacer resaltar lo que falla…
Jean-Pierre Klotz es psicoanalista, reside en Bordeaux.
Es miembro AME de la ECF et AMP.
1 Juego de palabras: ‘reina’ (la reine) y ‘arena’ (l’arene) suenan parecido en francés. (N de T)