Julio Riveros – Palabra y disrupción creadora

Busco en el diccionario la palabra disrupción.

disrupción:

nombre femenino

Rotura, fractura, interrupción brusca.

Algo me evoca la noción de Spaltung1, en Freud, traducida en la edición castellana por escisión, noción que proviene de un campo semántico que no es el nuestro sino de la Geología.

Es decir, se trataría a mi juicio, de una función de la palabra que podemos llamar escisión creadora.  Trataré de cernir una respuesta posible.

Freud dice que si se cede en las palabras se cede en las cosas mismas2.

Las cosas… ¿Cómo leer esta tesis?

¿Qué cosa son ‘las cosas’? Serán entidades que miden la eficacia de un determinado régimen de circulación de mercancías, entiéndase así, por ejemplo, un shopping, un celular, un plasma, un banco, una universidad? ¿Qué son ‘las cosas’? Es algo tan amplio que casi no tiene delimitado un campo ontológico propio, es difuso. Su equivalente del lado de los ser-dicientes en este mundo de la transparencia donde todo es posible mostrarlo hasta la impudicia, es ‘la gente’, las cosas y la gente y todo el mundo ‘entiende’ de qué se tratan ‘las cosas’ y ‘la gente’… Pero …

No todo es tan transparente y evidente.

Hay la palabra, es un hecho (la palabra, ¿no sería ‘una cosa’?) y están por otro lado, ‘las cosas’, las cosas mismas, diría Freud. Pero no queda clara la diferencia ontológica. Ambos son entes. Por tanto desde este supuesto y así pensada la cuestión, la única entidad incontrastablemente existente no serían las cosas mismas –eso no existe en verdad, no hay las cosas en lo real– sino las cosas nombradas, atravesadas por lo simbólico. Ahí ‘la cosa’ cambia. Las cosas son entidades nombradas. Por lo tanto, la lengua las inunda, las toca, las altera, les hinca el diente y las marca, las bautiza, las funda. Por tanto lo que hay es una red hecha de la lengua, una trama de lenguaje y casi en un estrato más material, lo real mismo de ‘las cosas’.

Hegel decía que la palabra es la muerte de la cosa. Por su parte Borges escribe que la palabra es el arquetipo de la cosa. El arquetipo como arché, el principio ontológico de la cosa, su logos, su Kern, su hueso, su razón o su esencia (Wesen) como diría Heidegger3.

Lo que quiero decir es que si se cede en las palabras, se cede en el lenguaje. Si se cede en el lenguaje, se cede en el discurso y en esa cesión, en el fundamento mismo de esa cesión, hay una suerte de claudicación del hablante ser. Se cosifica, se cede ante el imperio del Otro, se obedece. Así entiendo la frase de Freud.  Es una lectura posible.

Así, ‘las cosas’, leemos el enunciado freudiano en tiempos en que de lo que se trata es de estar a la altura del psicoanálisis como experiencia ética. Cada día nos encontramos con renovadas resistencias contra el psicoanálisis. Y nosotros, practicantes, nos preguntamos en ese contexto cómo estar a la altura de las exigencias del discurso analítico. La respuesta es por vía de la palabra, nuestro valioso y frágil instrumento. ¿Cómo lograrlo?

Como escribe Osvaldo Delgado en La aptitud de psicoanalista4, la condición necesaria es la convicción de la existencia del inconsciente pero no es suficiente: es necesaria una mutación pulsional.

¿Cómo se valida la eficacia analítica? Por la conquista del bien decir, como propuso Vilma Cocoz en las Jornadas de este año de las Cátedras de Psicoanálisis Freud 1 y Construcción de los Conceptos Psicoanalíticos a cargo de Osvaldo Delgado en la Facultad de Psicología5.

Voy a tomar un fragmento de una contribución de Marcela Negro a la conversación publicada en el blog de Zadig Argentina. Dice:

“Lacan señala dos dimensiones de la palabra: una es mediación con el otro; otra es revelación

del ser. Una permite el acuerdo, la otra enuncia la verdad del sujeto.  Asistimos hoy a la corrupción de estas dimensiones haciendo un uso ‘hipnótico’ de la palabra.”6

Desde esta lógica de la palabra,  en tanto lazo social y acontecimiento, dado que revela como bien decir su potencia para desocultar la verdad del sujeto, es en este sentido que entiendo su valor creacionista y disruptivo. Porque es un uso de la palabra que horada el empuje a lo peor, la palabra que despierta en un escenario global dominado por un efecto hipnótico y por un uso religioso de cierta doxa que lleva a lo peor.

Es esa la palabra a leer,  la palabra calcinada7 o, como indica Miller en Leer un síntoma8… la letra que nombra el clinamen de goce.

Nuestro deber ético entonces es limitar este empuje mortífero que libera a mansalva una pulsión de muerte que es urgente volver a ligar. Deberíamos evitar que esto se traduzca, tarde o temprano, en un oscuro río de sangre.

Y agregaría: nos concierne a nosotros, analistas, no sucumbir ni conceder. Y esto es ahora. No nos queda tiempo que perder.

 

Julio Riveros es psicoanalista, reside en Buenos Aires.

Docente de la Facultad de Psicología (UBA).

 Trabajo presentado en la II Conversación Zadig Argentina 29/11/18.

 

Notas bibliográficas:

1 Freud, S., De la historia de una neurosis infantil, AE, Vol. 17, p. 61, Bs. As., 1992.

2 Freud, S. Psicología de las masas y análisis del yo, AE, Vol. 18, p. 87, Bs. As., 1992.

3 Calle Zapata, M., Martin Heidegger y el intento de pensar la esencia de la técnica como una reorientación del ethos, en: http://www.redalyc.org/jatsRepo/4989/498952329005/html/index.html

4 Delgado, O. L., La aptitud de analista, Editorial Eudeba, p. 219, Bs. As., 2012.

5 Coccoz, V., Presentación del libro Freud, un nuevo despertar de la humanidad, Jornadas de las Cátedras Psicoanálisis Freud 1 y Construcción de los Conceptos Psicoanalíticos, 20/10/2018, Facultad de Psicología, UBA.

6 Negro, M., Contribución a la segunda conversaciónZadig en Buenos Aires, https://redzadigargentina.files.wordpress.com/2018/10/contribucic3b3n-marcela-negro.pdf

7 Gelman, J., La poesía es una palabra calcinada, en https://es.scribd.com/document/261198521/La-poesia-es-una-palabra-calcinada-Juan-Gelman

8 Miller, J.-A., Leer un síntoma, en http://revistaenlaces.com.ar/archivos/enlaces_y/la_escuela/Leer_un_sintoma-J_A_Miller.pdf

 

 

 

 

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