Laura Rosa Berstein – Una brecha. Moral del poder o Ética del deseo

La forma de hacerme cargo de la responsabilidad con el otro que implica mi trabajo como psicóloga que practica el psicoanálisis me hace tener en cuenta la sociedad en que vivimos, el Código de Ética de los psicólogos y la Ética del psicoanalista.

Nuestra sociedad, genera subjetividades neoliberales, pues ese es el modo de relación económico-político dominante. Las personas se exponen a evaluación continua por parte del otro y de sí mismos, enmarcados en un dispositivo rendimiento/goce que rechaza la castración como agua divisoria de sus propios límites. La marca de época es el exceso de goce y esto no es sin consecuencias para el entramado psíquico. Luego, cada quien lo capitalizará a su modo. De acuerdo a cómo alguien se posicione en relación a la marca del significante que haga a su cuerpo, a lo que permite abrir una hiancia que haga sujeto, se habilitará lo singular en el marco de las subjetividades de época. Hiancia, brecha, camino abierto. La posibilidad de transitar sus bordes y no caer en el agujero dice del modo de anudamiento de RSI. Cuando digo subjetividades de época me refiero, por ejemplo, al empuje al ser, a ser cualquier cosa en relación a lo sexual, al vale todo -y no a la posición que un sujeto tome por si en relación a ser hombre o mujer-; al empuje a un presente absoluto, que deja sin pasado y sin futuro…

El Código de Ética del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires, dice en su introducción que el psicólogo tiene una identidad profesional como ser social; que su función no se agota en el tecnicismo de su práctica; que concibe “…al hombre destinario de nuestra práctica desde una perspectiva integral del fenómeno humano, como una persona concreta que estructura singularmente su experiencia, como un sujeto a la vez producido y productor de su medio social…”

En estas palabras, el Código ubica al psicólogo con una identidad profesional en relación a un sujeto que estructura singularmente su experiencia siendo producido y productor del medio social. Siendo, a su vez, el psicólogo, producto del medio social; produce y genera su identidad profesional en función de la ideología que lo atraviesa, de la ética que lo atraviese en la teoría a la que adscriba para desempeñar su oficio.

En nuestra época, observamos la profusión de prácticas psicológicas evaluativas, prometedoras de felicidad, rápidas y efectivas. Por qué no pensar que éstas responden a la necesidad de un tiempo acelerado, informativo, de un punto a punto entre informaciones en el cual desaparece lo propio de alguien para dar lugar a la eficiencia que genere ganancias empresariales y evite pérdidas a las pre-pagas o al estado empresarial. Estas prácticas parecieran responder a la “ética de los bienes”, de la que habla Lacan, en el Seminario 7; ética que responde al ejercicio del poder.

Vemos como la práctica del psicólogo no se agota en el tecnicismo de su práctica. Esta tiene sustento en el tipo de concepción del psiquismo humano y en función de ello, el objetivo de la cura, –ej., que el yo se haga fuerte, que desaparezcan los síntomas o, desde otro lugar,  que un síntoma se produzca en transferencia, que el yo baje algunos peldaños….

Los políticos del mercado financiero dicen que son técnicos, que no tienen ideología. Sin embargo, desarrollan una política socio-económica clara, no explicitada en sus objetivos reales.
No hay objetividad. Sí hay consecuencias.

Dice Lacan en el Seminario 7, de La Ética del Psicoanálisis: “¿Qué proclama Alejandro llegando a Persépolis al igual que Hitler llegando a París? Poco importa el preámbulo –He venido a liberarlos de esto o de aquello. Lo esencial es lo siguiente- Continúen trabajando. Que el trabajo no se detenga. Lo que quiere decir– “Que quede bien claro que en caso alguna es una ocasión para manifestar el más mínimo deseo.

La moral del poder, del servicio de los bienes, es –En cuanto a los deseos, pueden ustedes esperar sentados. Que esperen.”

Esta cita dice de un Otro que se ofrece en calidad de amo, en la omnipotencia del poder, dejando al esclavo sin sus posibilidades deseantes.  En el marco del neoliberalismo este es el ofrecimiento. Los dueños del mercado dicen te libero de hacerte cargo de ti mismo siempre y cuando te ubiques para darme ganancias. Incluso te libero de elegir, pues pongo exceso de objetos que obturen tu pregunta y te insto a optar. Hace creer que se desea, enmascarando la dominación, lo cual actúa corroyendo el campo de lo simbólico. ‘Que el trabajo no se detenga’, se refiere al trabajo eficiente, que de ganancias y coloque al sujeto en continuo y óptimo rendimiento. El sujeto goza en ese exceso. Siente poder en ese éxito. El problema surge cuando irrumpe algo no posible y deja de tener el marco sostén del amo dominante. Entonces el sujeto cae, de formas diversas –depresiones, despersonalizaciones, soledades extremas…–, ya que es deficiente el acceso a lo simbólico, a la posición en relación a la falta.

Frente a esa moral del poder, el psicoanálisis ofrece la ética del deseo. En el encuadre de un psicoanálisis, el analista hará semblante de saber, pero no se creerá poseedor del saber, ubicándose como A-a, a fin de que trabaje el sujeto. Este trabajo es radicalmente diferente del trabajo que propone un Otro no barrado, ya que apunta a la responsabilidad subjetiva, a la rectificación subjetiva, a lo posible de cada uno con lo inasimilable de su goce.

En la ética del poder se genera un sujeto deudor, deudor en lo real de su goce, más allá de sus posibilidades, capturado en fijaciones de goce en un presente absoluto, sin posibilidades de pago.

En la ética del deseo la propuesta es permitir a un sujeto articular algo de su destino singular en la repetición que lo hace volver una y otra vez a la deuda que tiene que pagar por su ingreso a lo simbólico. Esta deuda es propia, es en relación a un Otro barrado, puede ser desplegada en la historización del sujeto. Permite la emergencia de cierto saber singular, en las fracturas de la verdad.

Para finalizar, tomo otra cita de Lacan, del Seminario 7, “…existe la vía trazada para un héroe y justamente la realiza un hombre común.” (p. 380)

Poblada de hombres y mujeres comunes está la vida. Así de común es cada uno tan diferente al otro. De un decir y de otro decir y uno más es que podemos hacer oír una voz y otra voz y otra más. Si desde allí uno y otro y más, hacemos un acto, las individualidades en masa que el neoliberalismo se esfuerza en armar, para acallar la palabra de la que alguien pueda hacerse cargo y continuar avasallando, podría menguar. Y esto sería porque algo de la diferencia se presentaría en un impasse del goce. La diferencia hay que pagarla. Una de las formas podría ser que, como psicólogos, practicantes del psicoanálisis, no seamos funcionales al sistema, es decir, no asociarnos a lo evaluativo-eficiente-exitista, a la difusión simplista de conceptos…que no cedamos en nuestro deseo de analistas. Otra, dar cuenta de cómo ha sido traicionado el pueblo por un discurso cínico, que se sostiene en la ética de poder, que ofreciendo pobreza cero, con la máxima alegría, lo ha sumido en la pobreza y la desazón. Dar cuenta implica sostener una palabra que haga dicho, en distintos ámbitos sociales, hacer lazos con otros, no caer en la impotencia.

El Código de Ética, en el apartado IV, de los “Deberes hacia colegas” insta a la solidaridad profesional independientemente de las escuelas, prohíbe la difamación.

Hacer lazo con otros lleva implícita la tolerancia a lo dispar, a lo otro, así como la posibilidad de amar, esto es, de dar lo que no se tiene. Otra vez la ética del deseo es contraria a la ética del poder, ya que ésta necesita lo homogéneo, corroe lo colectivo y aquella se asienta en lo que hace diferencia y desde la propia pérdida posibilita el lazo con el otro.

 

Laura Berstein es psicoanalista, reside en Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires.

Lic. en Psicología, UBA, 1987. Especialista en Clínica de Adultos, 2017, expedido por Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires. Diplomada en Estudios en Clínica Psicoanalítica, ICDEBA, 2015.

 

Bibliografía

  • Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires. Ley de Ejercicio Profesional 10.306 y modificatorias. Código de Ética.
  • Byung-Chul Han, El aroma del tiempo, ed. Herder.
  • Laval y P. Dardot, La nueva razón del mundo, ed. Gedisa.
  • Lacan, Jacques, El Seminario, libro 7, La Ética del Psicoanálisis, Paidós, 1992, Bs. As.
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