Zygmunt Bauman y Gustavo Dessal – «El retorno del péndulo»
Comentario por: Gerardo Arenas.
Falsedad del placer y verdad del poder en El retorno del péndulo
Zygmunt Bauman (1925-2017), sociólogo polaco autor de más de 50 libros, forjó la noción de modernidad líquida; en Modernidad y holocausto dedujo la Shoah de los caracteres de la sociedad moderna. Gustavo Dessal (1952), psicoanalista y escritor argentino, autor de novelas y ensayos, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis; en Clandestinidad enlaza la última dictadura argentina y la banalidad del mal.
Este libro, cuyo meollo es la oscura relación entre goce y poder, parte de un pasaje donde Freud destaca nuestro escaso poder de goce:
Si una situación anhelada por el principio de placer perdura, [apenas nos causa un] ligero bienestar; [sólo] podemos gozar con intensidad el contraste, y muy poco el estado. [Esto] limita nuestras posibilidades de dicha. Mucho menos difícil [es] experimentar desdicha.
Sorprende que de aquí él no dedujera que, en vez de corregir el principio de placer añadiéndole un más allá, debía erradicarlo de todo abordaje razonable de los modos de Lust. Pero Bauman y Dessal sí destacan la falsedad del placer como vector clave de la vida humana y la necesidad de fundar en otras bases el malestar cultural.
El título del libro lo implica. Si bien Bauman suscribe el pasaje citado y su implicancia –seguridad sin libertad es esclavitud, libertad sin seguridad es caos, y ambas son inconciliables–, nota que Freud explicó el malestar de 1929 por la renuncia a la libertad a cambio de seguridad y estima que hoy, cuando el péndulo de los valores bascula al revés, lo derivaría de la renuncia contraria.
Esto es sólo una fachada. Enseguida Dessal quita del horizonte la mentada libertad (si somos esclavos de la satisfacción del Trieb, renunciar a ella por la cultura no saca libertad ni da seguridad), Bauman observa que sólo el placer sexual resiste la alienación provocada por el capitalismo –al cual atribuye el malestar– y Dessal acota que ese goce revela las contradicciones del principio de placer.
El retorno del péndulo no depende entonces del principio de placer, ni el malestar cultural depende de una renuncia de lo pulsional. (La economía que Lacan plantea lo anticipa, pues los goces se redistribuyen sin pérdida.) ¿Qué lo causa? Quizá la obediencia ciega al insensato superyó nos oriente, pues ella se sigue de la verdad del poder –el segundo polo de la discusión.
El Dios de Occam está sujeto a la ley del Logos. Según Bauman, si es omnipotente roza una contradicción que el Libro de Job y Carl Schmitt resolvieron por igual: soberano es quien exceptúa según su antojo, quien puede definir un enemigo y declararle la guerra, no porque sea hostil, sino por su mera decisión de exceptuarlo de la ley. Ésta es la verdad del poder. Se apoya en la incerteza y la vulnerabilidad humanas. Su máxima expresión, el Estado de bienestar, hoy decae: las minorías excluidas del sistema son criminalizadas, el Estado se desliga del desasosiego que el libre mercado ocasiona, propone al individuo dar una solución biográfica a contradicciones sistémicas, y así corroe su propio fundamento (la apatía política y el individualismo así lo revelan). Para legitimarse inventa para el malestar causas que, como la inseguridad personal, eclipsen la económica (prometer mano dura es carta de triunfo), y lo absurdo halla crédito porque el poder es el capricho.
La modernidad prometía remplazarlo por la razón del mercado, pero la omnipotencia de Dios no desaparece, pues proviene de la imposibilidad de saber qué quiere; obedecer su voluntad no nos asegura su amor, tras el cual subsiste un deseo inescrutable que demanda sacrificio. Según Dessal, sólo una ausencia incurable en el sujeto explica la necesidad de someterse voluntariamente a la autoridad del Otro. Así como para Schmitt es soberano quien declara la excepción, el poder del Otro no es su capacidad de darnos el objeto demandado, sino la de negárnoslo; que nos lo brinde deviene prueba de amor, y su ausencia nos torna culpables; sólo esta matriz subjetiva explica que el hombre se someta a terribles formas de esclavitud. El capitalismo tan sólo aprovecha la función del objeto en el ser hablante y coopta este mecanismo subjetivo. (El socialismo real le dio la espalda y quiso imponer un ideal humano irreal.) La vivencia de una irreparable pérdida causa el deseo, y el capitalismo supo concentrar en un objeto universal la promesa de una satisfacción peculiar e inconsciente de cada sujeto.
En definitiva, además de ayudarnos a leer nuestro país, nuestro mundo y nuestra época, este libro nos desafía a explicar el retorno del péndulo tomando en cuenta la falsedad del placer como principio, la verdad del poder como capricho superyoico, la irrelevancia de suponer una renuncia de lo pulsional como causa del malestar, y la existencia de una economía como estructura rectora de los goces.
Gerardo Arenas es psicoanalista, reside en Buenos Aires.
Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis; autor de varios libros, tradujo además una decena de obras de Lacan, de Miller y de otros.
Bauman, Z. y Dessal, G., El retorno del péndulo. Sobre psicoanálisis y el futuro del mundo líquido, Fce, Buenos Aires, 2014.
Bibliografía:
Arenas, G., Pasos hacia una economía de los goces, Grama, Buenos Aires, 2017, pp. 21-24, 45-60.
Beck, U., La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad, Paidós, Barcelona, 1998, p. 173.
de Occam, G., Tratado sobre los principios de la teología, Aguilar, Buenos Aires, 1972, p. 35.
Freud, S., «El malestar en la cultura», Obras completas, Amorrortu, Buenos Aires, 1991, T. XXI, pp. 7, 76, 112.
–– «Más allá del principio de placer», Obras completas, op. cit., t. xviii, pp. 1-62.
Lacan, J., “La tercera”, Revista lacaniana de psicoanálisis, 18 (2015), pp. 9-32.
Schmitt, C., Teología política, Trotta, Madrid, 2009, pp. 13-20, 71, 103, 127-129.