¿Sabemos realmente qué es el neoliberalismo? Acabo de leer The Road from Mont Pèlerin de Philip Mirowski y Dieter Plehwe (Harvard University Press) y creo importantísimo profundizar el debate y la reflexión sobre algo de lo que hablamos más de lo que comprendemos. Neoliberalismo no es simplemente una ideología yanqui ni una corriente económica exclusivamente. Se trata de una doctrina con pretensión hegemónica de más de un siglo.
Comenzó como construcción teórica en la década del ’20 y tuvo su centro de elaboración en la Europa post-II Guera Mundial con la organización la «Mont Pèlerin Society» en 1947. Pero primero vamos por la previa:
En 1921, Heckscher (economista sueco) escribe «Viejo y nuevo liberalismo económico» sobre cuáles deberían ser las funciones del gobierno para asegurar un libre mercado. En esos años, a 860km de la Revolución Rusa el Partido Obrero Socialista de Suecia (SAP) ascendía en las elecciones.
En 1925, según Plehwe encontramos la primera vez que se usa «neoliberalismo»: es en un libro del suizo Honegger donde plantea la defensa «de la competencia y el emprendedurismo, contra el avance de las ideas socialistas y el bolchevismo en particular»
Luego llegamos a 1937, cuando se realiza el primer intento de organizar una doctrina. En el Coloquio Walter Lippmann se elige el término y se define neoliberalismo:
- prioridad del mecanismo de precios,
- libre empresa,
- sistema de competencia, y
- estado fuerte e imparcial1
En este encuentro fundan una publicación, un centro de estudios y oficinas en Ginebra, París, NY y Londres (a cargo de Friedrich August von Hayek).
¿Quién era Lippmann? Autor de The Good Society escribió: «en una sociedad libre, el estado no administra los asuntos de los hombres. Administra justicia entre los hombres que conducen sus propios asuntos». También definió que el totalitarismo se caracteriza por la falta de propiedad privada.
La II guerra disuelve este primer intento pero en 1947, bajo el auspicio de Hayek y con los gastos financiados en un 93% por el banco Credit Suisse, se juntan en Mont Pèlerin (Suiza) con el objetivo de «elaborar los principios generales del orden liberal» (Hayek).
En su primera reunión, quién luego fuera designado su primer presidente, dirá: «lo que para los políticos son límites fijos de practicabilidad impuestos por la opinión pública no deben ser límites similares para nosotros. La opinión pública sobre estos asuntos es el trabajo de hombres como nosotros (…) quienes han creado el clima político en el que los políticos de nuestro tiempo deben moverse (…) Estoy seguro de que el poder de los intereses creados es muy exagerado en comparación con la invasión gradual de las ideas» (Hayek, citado en Cockett, 1995).
Situémonos: el nazismo había sido derrotado por el ejército rojo, las potencias capitalistas implementaban políticas keynesianas, movimientos de liberación nacional se desarrollaban en los países oprimidos. En ese momento se juntan unos liberales a pensar ¿Qué hacemos? ¿Y cómo?
Esta sociedad debatió y debate hasta hoy cómo imponer «el orden neoliberal». Alrededor de esta sociedad e impulsados por sus miembros, se crearon Think Tanks, fundaciones, se conquistaron espacios académicos y se realizó tarea de difusión y de asesoramiento político. Con un esquema de “mamushkas” rusas se construyó el largo camino desde la primer reunión de Mont Pèlerin hasta que miembros de esta sociedad formaron parte del establecimiento del Consenso de Washington y hegemonizaron la academia económica norteamericana.
La Sociedad Mont Pelerin pone en su página ponen fotos de la primera reunión, destacando a Karl Popper, Von Mises, Milton Friedman y Hayek, su primer presidente2.
El eje del pensamiento neoliberal tiene dos puntas. Una primera, moral: «La libertad individual, que es apropiado considerar como un principio moral de la acción política. Como todos los principios morales, exige que sea aceptado como un valor en sí mismo» (Hayek). Luego, una epistemológica (Hayek en este punto es deudor de Popper3): No existe posibilidad de conocimiento objetivo. Ergo, no puede decirse qué es lo que necesita una sociedad. La libertad, sólo puede ser negativa (limitar al gobierno, garantizar libre interacción). En este eje se apoya la palanca neoliberal.
Las libertades positivas (lo que conocemos como derechos) son el camino, según Hayek, al totalitarismo. En este punto, Hayek divide al liberalismo con bisturí: la tradición inglesa, que considera positiva, se caracterizó por limitar al gobierno (Revolución Gloriosa). Por contra la tradición francesa, imbuida de un «espíritu racionalista» «se ha convertido en democratismo en lugar de liberalismo y, exigiendo poderes ilimitados de la mayoría, se ha convertido esencialmente en antiliberal (…) La Revolución Francesa es el ancestro del socialismo moderno»4.
De esta manera, la democracia ilimitada es totalitaria, pero el autoritarismo puede ser liberal5. Con esta ideología, Hayek fue asesor de Pinochet, un gobierno dictatorial que venía a restaurar la «libertad individual perdida» con Salvador Allende.
El neoliberalismo se propuso (y trabajó durante décadas para) reconstruir la hegemonía de la burguesía liberal en su máxima expresión tras la enorme derrota de las revoluciones comunistas y las conquistas de la clase obrera mundial.
Cuando los deudores de Hayek criollos como Javier Milei o Espert hablan de la “libertad”, lo hacen en este sentido. El derecho de los poderosos a disponer de un Estado que no limite sus privilegios ni combata la desigualdad.
Lionel Stiglitz economista, reside en Buenos Aires.
Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA) es Autor de El Colapso del Capital (Ciccus, 2019)
Notas bibiográficas:
1 Es importante ver que la necesidad de un estado fuerte que garantice el orden neoliberal se encuentra desde el principio de esta doctrina. La idea de que el neoliberal está contra el Estado es un reduccionismo. El neoliberalismo luchó por dirigir los estados y los organismo internacionales y podemos decir que a partir de fines de los ‘70s, lo logró en gran parte.
3 Autor de La sociedad abierta y sus enemigos.
4 Hayek, F.A., Los principios de un orden social liberal.
5 Los principios de un orden liberal de Hayek son: “1) Por ´liberalismo´ entiendo aquí la concepción de un orden político deseable que fue llevado a cabo en primera instancia en Inglaterra desde el tiempo de los Old Whigs, en la última parte del siglo XVII, hasta el de los Gladstone al final del XIX. Podemos considerar a David Hume, Adam Smith, Edmund Burke, T.B Macaulay and Lord Acton como los típicos representantes [del partido] en Inglaterra. Fue esta concepcion de libertad individual bajo el amparo de la ley lo que en primera instancia inspiró a los movimientos liberales en el continente y lo que se convertiría en la base de la tradición política Americana. Algunos de los principales pensadores políticos que encontramos en esos paises, como B. Constant y A. de Tocqueville en Francia, I Kant, Frederich von Schiller, y Wilhelm von Humboldt en Alemania, y James Madison, John Marshall y Daniel Webster en Estados Unidos, pertenecIan completamente a esta [ideología]. 2) Este liberalismo no debe ser confundido con otro originalmente de tradición continental europea, también llamado ‘liberalismo’, del cual es un descendiente directo el que actualmente reclama este nombre en los Estados Unidos. Ese último enfoque, aunque comenzó con un intento de imitar la tradición original, la interpretó movida por el espíritu de un racionalismo constructivista prevalente en Francia y por lo tanto hizo de ella algo muy diferente, y al final, en vez de abogar por limitaciones para los poderes gubernamentales, terminó sosteniendo el ideal de poderes ilimitados para la mayoría. Esta es la tradición de Voltaire, Rousseau, Condorcet y la revolución francesa, la cual se convirtió en la antecesora del socialismo moderno. El utilitarismo Inglés se hizo cargo de una gran parte de esta tradición continental y el partido liberal Inglés de fines del siglo XIX ‒el resultante de la fusión entre los Whigs liberales y los radicales utilitaristas– fue también un producto de esta mezcla. 3) Liberalismo y democracia, aunque compatibles, no son lo mismo. Al primero le concierne la extensión del poder gubernamental, al segundo quien ocupa este poder. La diferencia se aprecia mejor si examinamos sus opuestos: lo opuesto al liberalismo es el totalitarismo, mientras que lo opuesto a la democracia es el autoritarismo. En consecuencia es posible, al menos en principio, que un gobierno democrático pueda llegar a ser totalitario y que un gobierno autoritario actúe en base a principios liberales. La ya mencionada segunda clase de `liberalismo’ ha llegado a ser, en realidad, más bien democratismo que liberalismo y, exigir poder ilimitado de la mayoría, se ha convertido esencialmente en anti-liberal.”