Marcela Ana Negro – A la canallada neoliberal, una respuesta ética

La época está generando transformaciones en proceso que están creando un nuevo mundo. A esta mutación se la ha dado en llamar neoliberalismo, aun cuando es otra cosa muy distinta que un nuevo liberalismo. Probablemente llegará a considerársela una nueva era de la humanidad, en tanto se está gestando un nuevo paradigma, una “nueva razón del mundo”1.

A continuación exponemos algunos rudimentos que nos ayudan a reflexionar sobre dicha mutación, cuya fenomenología y presentación está en concordancia con lo que Freud describió como la economía del superyó (entendiendo economía como distribución de energía psíquica).

 

Estructura lógica del neoliberalismo

Como primera medida, intentemos definir qué entendemos por neoliberalismo.

Con Laval y Dardot, podría decirse que es, en primer término, mucho más que una nueva concepción político-económica del mundo. Es también un modo nuevo de concebir, la realidad, la sociedad y el hombre, que trastoca el orden simbólico previo. Tiene una estructura diferente a la que regía hasta hace unos 50 o 60 años atrás.

Se organiza sostenido en tres pilares: el modelo que ofrece la técnica, el modelo de funcionamiento propio de las corporaciones, y el de la organización de las finanzas. Por eso se puede definir su estructura como una ‘lógica tecno-corporo-financiera’.

Tenemos el método en la tecnociencia (el control), la forma en la corporación empresarial (la servidumbre voluntaria) y el objetivo en lo financiero (exigencia de más y más).

 

La política neoliberal

Muchos autores destacan, desde distintas perspectivas y tomando diversos ángulos, su carácter feroz.

Todos coinciden en que su objetivo es imponer el funcionamiento del poder financiero en los países, de modo tal que estos estén al servicio del crecimiento de los mercados. Su voracidad es tal que no tiene límites: está dispuesto a destruir lo que pueda poner en peligro ese orden (que ya, en sí mismo, es un orden cruento y destructivo para la mayor parte de la población expuesta a su modalidad; es decir: no solo es inclemente con quienes quiere llegar a imponerse, sino que es brutal  en su esencia, en lo que impone una vez impuesto).

Se lleva a cabo a través de la intervención sobre los Estados. Cuando estos son afines, ponen directamente en acción sus políticas con la anuencia del gobierno correspondiente. Cuando no lo son, la intervención se hace de modo intrusivo: es lo que se está gestando en Venezuela.

La concepción de la democracia como modo de gobierno es, para este poder, una declaración que dice sostener pero que carece de fundamentos en lo real de sus actos. Es decir, se pronuncia como muy respetuoso de las democracias y los Estados en sus dichos, mientras en los actos avanza sobre ellas irrespetuosamente.

Si prestamos atención, este modelo organiza el mundo más bien en zonas: unas de bienestar y confort (aunque no para todos), otras de caos. Según Badiou2, al neoliberalismo le sobra más del 60% de la población, de la que por lo tanto hay que deshacerse.

Detengámonos en algunos puntos que servirán de organizadores.

 1) Su táctica económico-política

Naomi Klein explica que se realiza a través de la creación de situaciones de crisis (o el aprovechamiento de alguna catástrofe inesperada) que produzca un estado de shock, para así imponer lo más rápidamente posible, antes que se reaccione, los cambios irreversibles. Estos son: eliminación del rol público del Estado, la absoluta libertad de movimientos de las empresas y un gasto social nulo3. Ella señala: “Mike Battles supo expresarlo mejor: ‘Para nosotros, el miedo y el desorden representaban una verdadera promesa’. (…) Sus palabras podrían constituir el eslogan del capitalismo contemporáneo.”4 Es necesario generar algún tipo de trauma colectivo que suspenda temporalmente el pensamiento y las reglas de juego democrático para imponer los pilares de la economía neoliberal, que son: el tráfico de armas, la privatización de los ejércitos, la industria de la reconstrucción humanitaria y la seguridad interior. La finalidad es abrir nuevos mercados, para inversores privados de modo de generar recursos financieros ilimitados5.

Thierry Meyssan describe en detalle las distintas modalidades de avance sobre el país al que por algún motivo les interesa dominar6. “Según la visión estadounidense una población está integrada a la ‎economía globalizada o vive en territorios que contienen recursos naturales, recursos que ‎Estados Unidos no explotará necesariamente pero que siempre quiere controlar. Y como esos ‎recursos no pueden estar simultáneamente bajo el control de los Estados-naciones donde ‎se encuentran y del Pentágono, Washington aspira a impedir el funcionamiento de las estructuras ‎estatales de esos”7.

Se trata de la destrucción de lo otro como otro, o sea, en tanto otro diferente, con otros valores. Meyssan nos alerta de las formas que toma. Señala que se lleva a cabo no solo por medio de la técnica de la guerra: guerra directa, dictaduras militares, construcción del enemigo interno, construcción de guerra civil, construcción del fantasma de gobiernos autoritarios que están contra el pueblo, bloqueos económicos (Libia, Siria, Afganistán, Iraq, Venezuela, Cuba, etc). Son diversos modos de ejercer el odio y la segregación. También la ejerce, en algunos casos, instalando gobiernos afines a sus intereses económicos, gobiernos sumisos que llevan a cabo la tarea de destrucción interna de generación de estado de shock y de caos que se requiere de la ciudadanía para quitarle todo (Argentina, Colombia, Brasil). Y por ‘todo’ nos referimos a quitar poco a poco poder económico, educación, trabajo, salud, recursos naturales, soberanía, condiciones de vida digna, justicia, usando las fuerzas de seguridad contra la población frente a sus reclamos.

Dependiendo de la táctica que se requiere, se sirven de diversos medios: desde la infiltración de militares mercenarios que hacen la tarea más ruda, pasando por agentes de los servicios que hacen la tarea más fina, hasta la infiltración ideológica por vía de la manipulación intelectual de la población a través de medios y redes que hace la tarea más subliminal, y la infiltración en el poder judicial que hace la tarea más explícita.

El neoliberalismo ha demostrado que es lo suficientemente plástico como para apoyarse en distintos modos de gobierno, de propuestas culturales y sociales8. Todo lo que surge, lo acoge y lo incorpora. Incluso se nutre de las reacciones de hostilidad que suscita, puesto que se adhiere también a lo que surge como contrapartida al desorden que el neoliberalismo provoca: el neofascismo que, finalmente, es muy autoritario en lo social pero es libremercadista en lo económico. “Vivimos el momento en que el neoliberalismo segrega desde dentro una forma política original que combina autoritarismo antidemocrático, nacionalismo económico y racionalidad capitalista ampliada”9.

Con él neoliberalismo vale todo, porque si algo lo caracteriza es que no hay reglas más que las del mercado: el dinero que hace más dinero. Esta regla está sostenida en una premisa, la del ‘más y más, hasta llegar a arrebatar todo’. Esta misma premisa bien puede describir lo que Freud y Lacan llamaron superyó.

 2) La técnica de adhesión de las subjetividades

Hemos mencionado ya que este proceso no es únicamente económico y político sino también dirigido a la subjetividad.

La tarea es hacer que el ser humano se convierta él también únicamente en un productor de dinero. Lo que este entramado genera es que el sujeto defina su ser concibiéndose como un empresario de sí mismo, que piense su vida bajo la dimensión de la eficacia, de los beneficios, del mejor rendimiento, de venderse como producto y que se comporte como recurso humano, con un empuje al máximo rendimiento de dar más y mejor, cada vez. Todo acto humano comienza a ser leído como: éxito, fracaso, rendimiento, productividad, beneficio, esfuerzo.

El efecto es que la organización social, entonces, se comienza a dividir entre aquellos que se logran gerenciar y aquellos que fracasan. A su vez, introduce el fomento de ciertos aspectos de la subjetividad, especialmente el individualismo. Este lleva, por un lado a la exigencia atroz de poderlo todo solo, el sentimiento de fracaso de (obviamente) no poderlo, el aislamiento, el uso de aparatos que lo facilitan todo para que uno tienda a creer que se puede prescindir del otro, etc. Este entramado produce un arrasador efecto de desarraigo y desapego respecto del lazo al otro, limitándolo a un vínculo de uso, de consumo.

 3) La estrategia detrás del método

A nuestro entender, el neoliberalismo hace una triple intervención que se asienta en el conocimiento y uso de las condiciones estructurales de constitución del sujeto, del yo y del superyó.

Primero: Por un lado, confronta al hombre a diversas formas de división que lo reenvían al desvalimiento ligado a la división original constituyente del sujeto. Esta condición subjetiva implica un estado intenso de angustia que se torna insoportable. Empuja a la desolación, la desorientación, al cambio permanente, a la pérdida cada vez mayor del estado de bienestar, a la pérdida de referencias a través de la destrucción de empleos, educación, salud, capacidad de compra, de la noción de verdad, al tiempo que destruye moralmente al hombre porque lo vuelve cobarde, egoísta, inhibido de reacción.

Segundo: sirviéndose del saber que ese estado de indefensión es intolerable, el neoliberalismo ofrece una solución que presenta como la única posible. Oferta algo con que identificarse, una identificación imaginaria muy tentadora: la de ser empresario de sí mismo10. Le oferta al yo (que es, en el hombre, la imagen de unidad y totalidad que adquiere por identificarse al otro-semejante, bajo la condición de desconocer todo aquello que de sí ponga en peligro su frágil estructura, proyectándolo sobre el otro-prójimo -es la estructura que Lacan llama ‘conocimiento paranoico’-), una identificación que refuerza su cierre sobre sí mismo, fortaleciéndolo como unidad.

Esta situación que ilusoriamente es altamente eficaz, por otro lado exacerba profundamente condiciones inherentes al ser humano: genera miedo de perderlo todo, odio al otro que se lo puede quitar porque hay lugar para pocos, envidia por el que lo logró acompañada de una sensación de inestabilidad y depresión).

Tercero: Al tiempo que parece dar poder y autosuficiencia (‘yo me hice solo, a mí nadie me ayudó’), lleva al hombre al aislamiento, al individualismo, y a la servidumbre voluntaria de hacerse empleado esclavo del empresario que es… porque ser empresario es muy lindo, el problema es ser el empleado del empresario que solo quiere eficacia y eficiencia sin límites, en todo lo que hace en su vida. Esto lo transforma en el único responsable de sus éxitos y fracasos. Es el hombre que se sacrifica posponiendo el bienestar para un futuro incierto por llegar en un momento remoto con un empuje a una exigencia sin límites.

Como señalábamos al comienzo, el modelo de funcionamiento neoliberal tiene afinidades muy notorias con cierto modo de distribución de la energía psíquica en cada uno como sujeto: lo que Freud describió como una estructura a la que llamó superyó y del que Lacan destacó su economía describiéndola como un empuje al goce.

El superyó es ese aspecto del funcionamiento psíquico que tiene la forma de un empuje siempre a más y más sin que nunca nada le alcance.

Lo que se quiere es siempre variable.

La forma en que se percibe es como la de un mandato absoluto, captado como una voz muda, áfona que pide incesantemente, incansablemente, y genera una obligación a ir en determinada dirección, sea por el lado de la prohibición o por el lado de la obligación. (El mandato, a diferencia de la ley, es una regla que no admite incluir las excepciones. Toda ley para ser justa, debe reconocer el caso por caso; si no lo hace se torna absoluta, autoritaria, totalitaria e injusta).

Consiste en una energía inagotable y por ello imparable. En ese sentido es que tiene carácter destructivo, demoníaco, sin importar a qué se asocie, así sea el mejor de los ideales. Es cruento aun estando revestido de buenas intenciones, mucho más cruento aun cuando se presenta descarnado como odio, segregación, racismo, o haciendo del otro un enemigo.

En la medida en que es constante e intensiva, tiene siempre el carácter de una obligación para el sujeto y por ello implica para él un sacrificio y va acompañado de dolor psíquico y de la percepción de estar haciendo algo que está más allá de su voluntad. A veces, puede ser que el sujeto crea que, al ser una intención en él que es tan imperiosa, que se le impone con tanta fuerza, eso es la indicación de que lo que está en juego es su voluntad misma. Y entonces, esa ‘vehemencia’ queda justificada por él bajo la idea de que es un deseo. De esto último es de lo que hace usufructo el neoliberalismo.

 4) La posición canalla detrás de la estrategia: La regla sin excepción

El neoliberalismo es una pura producción de mandatos en forma permanente. Pero hay uno detrás de todos ellos que está en su fundamento. Son numerosos los ejemplos de cómo el neoliberalismo reniega de las diferencias inherentes a los seres humanos mientras impone un mandato sin excepción: Debemos poderlo todo. Solos. Con la premisa: Todos somos igualmente libres de hacer lo que queramos. De esa forma, pretende desconocer que, de mínima, las condiciones iniciales desde las que partimos son para cada uno distintas (no tiene iguales condiciones quien nace en una familia humilde que quien lo hace en una acaudalada.

Aunque tenga las formalidades de una democracia, lo que se muestra como su núcleo, es la posición canalla del despotismo empresarial, que se sostiene en una regla universal sin fisuras. El ‘todos iguales’ sin excepción genera un estado de excepción permanente. El estado de excepción es la regla sin excepciones. Esa es la fórmula del superyó12.

Al tiempo en que se ampara en esta ley de hierro, desconoce las leyes comunes (por ejemplo, la Constitución). Respecto de ellas, quienes gobiernan en nombre del neoliberalismo, se posicionan en el lugar de la excepción. Es decir, ellos están exceptuados de lo que para los otros es la regla sin distinción. Así definimos al ‘canalla’11.

Hoy el mundo se ordena a través de mandatos superyoicos enunciados por canallas.

 

La canallada neoliberal y la respuesta ética

Frente a esta lógica que acabamos de exponer, es necesario estar advertido y tener en cuenta la importancia capital de no hacerle el juego al neoliberalismo con la crítica al agrupamiento, a la manifestación colectiva, bajo el supuesto de que eso lleva a lo peor del hombre que sigue al líder, haciendo masa identificado con los otros sin tener pensamiento crítico propio. Hay que prevenirse de confundir la sororidad y solidaridad (aunque se ponga en juego en algo que no implique transversalidad), con aquellos que se dejan llevar por un enceguecimiento identificatorio que anula su singularidad. Esos son casos extremos en los que el líder funciona como superyó y no bajo sus otras posibles formas (como ‘ideal’, como ‘nombre’ o como ‘causa’)13.

Jacques Rancière sostiene: “Lo esencial, para ellos, es amalgamar la idea misma de pueblo democrático con la imagen de la multitud peligrosa; así como llegar a la conclusión de que nos debemos poner en manos de quienes nos gobiernan y que cualquier cuestionamiento de su legitimidad y su integridad es la puerta abierta a los totalitarismos”14. Habrá que saber distinguir entre un líder democrático, un líder totalitarista (nacionalista y autoritario) y un líder neofascista (que no es nacionalista sino neoliberal en lo económico y en lo social, y además incluye la segregación y el odio propio del fascismo).

Otro aspecto en el que se debe estar advertido cuando se tiende a criticar a los líderes fuertes, es pensar por qué será que las democracias en América Latina se organizan según el tipo presidencialista con tendencia a generar líderes fuertes, mientras que esto no sucede así en Europa. Es posible aventurar una hipótesis: Europa no los ha necesitado mientras que Latinoamérica sí; se requiere de una personalidad fuerte para enfrentar a quienes quieren hacer de esta tierra ‘su patio trasero’ o una ‘colonia’. Esto lleva a pensar la diferencia entre el líder que promueve el amor a él y el líder que promueve el amor por una causa.

Es importante situar que el avance sobre los países, bajo la premisa del intervencionismo liberador, esconde la avaricia de los valiosos recursos naturales que bien usados y en lazo con otros pueden generar otro tipo de vida: una vida de bienestar en el presente, y no de esfuerzo y sacrificio para un beneficio siempre postergado hacia adelante.

El malestar en la cultura (1930) y ¿Por qué la guerra? (1933) fueron escritos por Freud como continuación de Tótem y tabú (1913) y de Psicología de las masas y análisis del yo (1921), a los que habría que sumarles Lo ominoso (1919). Son textos que dan cuenta de cómo se construye la civilización. Sus páginas plantean una paradoja insoluble: la civilización se asienta sobre la base de las pulsiones que finalmente son pulsiones de muerte, hasta que algo del orden de la represión, la sublimación y la formación del ideal transforma esa pulsión de muerte en pulsión de vida. Y eso solo se produce por la vía de lo que Lacan llamó el Otro, con mayúscula, que es lo otro para uno, lo hetero, lo diferente. Y que, a su vez, es lo que la pulsión de destrucción toma como objeto. Ese Otro hetero es lo que el neoliberalismo destruye encarnizadamente de distintos modos, sosteniendo, en cambio, un Otro supremo, completo, omnipotente al cual ser incondicional. Hacerle el juego confundiendo unos líderes con otros, y masas tipo horda con masas orientadas por el deseo, es quedar entrampado en él, en lugar de hacerle de envés, lo que supondría hacer el buen agujero donde parece no haberlo.

Freud y Lacan ubicaron el ‘todo’ del lado del superyó. Y nunca plantearon que ningún análisis pudiera liberar a un sujeto del suyo. Ambos sostuvieron que de lo que se trataba era de quitarle fuerza. ¿Cómo? Indemostrándolo, irrealizándolo, indecidiéndolo,  inconsistiéndolo, desabsolutizándolo. Se trata de creerle un poco menos, de darle menos consistencia. Incluso, de hacer ver el deseo oculto (reprimido) subyacente a ese mandato. Al neoliberalismo se lo desarticula descreyendo de él. Saliéndole por la tangente. Los psicoanalistas tienen un modo de hacerlo. Otros discursos tienen otros, muy reales, muy concretos, efectivos. Actuar conforme al deseo que a uno lo habita no es algo que se produzca únicamente a partir del psicoanálisis, se puede sostener desde distintas posiciones.

El empuje al individualismo no es ingenuo, es el modo de quitarle fuerza al deseo. Para sentirse vivificados hace falta hacer causa común, es decir, tener en común la falta que cause. Cuando la falta no está, ya nada une.

No queda otra vía que tomar la palabra, hacerse cargo del deseo que a cada uno lo habita y hacerle lugar a un acto de desobediencia15 al mandato neoliberal.

 

Marcela Ana Negro es psicoanalista, reside en Buenos Aires.

Miembro de Eol-Amp, Diplomada del ICdeBA, Magister en Psicoanálisis, Doctora en Psicología, Directora de La libertad de pluma.

 

Notas bibliográficas:

1 Laval, Ch., y Dardot, P., “La complementareidad de los opuestos”, en Le monde diplomatique, diciembre 2018, Idaes/UNSAM, Buenos Aires, pp. 20-21.

2 Badiou, A., Nuestro mal viene de más lejos, Capital Intelectual, Buenos Aires, 2016.

3 Klein, N., La doctrina del shock, Paidós, Buenos Aires, 2017, p. 38.

4 Ibíd., p. 30.

5 Ibíd., p. 35.

6 Meyssan, T., “El plan de Estados Unidos contra América Latina”, VoltairenetTV.

7 Meyssan, T.,“Estados Unidos crea condiciones para invadir Venezuela”, Red Voltaire, 25 de enero de 2019, www.voltairenet.org/article202856.html

8 Wilkis, A., y Natanson, J., “El neoliberalismo del siglo XXI”, en Le monde diplomatique, op.cit., pp. 2-3.

9 Laval, Ch. y Dardot, P., op. cit.

10 Laval, Ch., y Dardot., P., La nueva razón del mundo, Gedisa, Barcelona, 2013.

11 Dessal, G., “¿Qué es un canalla?”, https://deinconscientes.com/que-es-un-canalla-gustavo-dessal/?fbclid=IwAR28nDM0bbjCHbg1kpU73fs6_hg8GnyI-imARqWWybQx2edZ9ClXMLXFty0

12 Bassols, M. “La pasión del superyó”, Congreso de Torino, mayo 2006, http://lemessager.online.fr/Castellano/pasiodelsuperyo.htm

13  Negro, M., “Liberalismo, populismos, movimientos populares”,

 http://lalibertaddepluma.com/marcela-ana-negro-liberalismo/

14 Rancière, J., “No, el pueblo no es una masa brutal e ignorante, en La libertad de pluma, N° 6, www.lalibertaddepluma.com/6 .

15 Riveros Oliva, S., “La desobediencia”, http://lalibertaddepluma.com/santiago-riveros-oliva-parte-1/

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