Marco Mauas – Cuando lo real es más mojigato que la lengua. De lo que cesa de no escribirse de la democracia

Acordamos decir que la democracia es necesaria, condición absoluta y previa para que viva y respire el discurso analítico. Este, según Lacan, “merece ser llevado a la altura de los más fundamentales entre los lazos que permanecen para nosotros en actividad”1. ¿Qué decir sino que gracias a la existencia de este discurso, los significantes-amos de otros discursos son interrogados?

La democracia existe desde mucho antes que el discurso analítico. La Grecia antigua, primera democracia conocida, pudo condenar a Sócrates a la muerte por la incidencia de su palabra, palabra pronunciada y jamás escrita. El deseo de Sócrates es considerado por Lacan como un problema no resuelto, vecino de su pregunta sobre el deseo del analista. La política como tal no podría proporcionar el instrumento moterial para saber más acerca de cuál es la esencia de la democracia. Hay condiciones en la democracia, fechadas, que se presentan fortuitamente más favorables a la existencia del discurso analítico –contingencias (reales), cortes (simbólicos) en la democracia, el no-todo de la democracia.

En Argentina, mi país natal, está la pregunta hoy en día sobre cuál ha sido el momento histórico preciso en el cual el psicoanálisis lacaniano ha entrado en la sociedad.

Pareciera que un acuerdo se establece en el hecho que, antes del golpe militar del general Onganía en 1966, Oscar Masotta, quien ha contribuido a la introducción de la enseñanza de Lacan en lengua española, había comenzado a dar conferencias y a animar grupos de estudio en torno a Lacan. Esto vendría a desmentir (o no) la opinión expandida según la cual, grupos de estudio sobre la enseñanza de Lacan habrían constituido una suerte de refugio en los márgenes de las universidades, escapando a la persecución de profesores e intelectuales. Se escucha además que, en ciertos casos, estos grupos de estudio habrían permitido salvar la vida de un cierto número de jóvenes, evitando a estos últimos ser embarcados en la lucha armada contra esta dictadura militar como contra las que siguieron.

En este debate se escucha también que el psicoanálisis lacaniano habría penetrado verdaderamente en Argentina en 1983, es decir, con el establecimiento del gobierno democrático del presidente Raúl Alfonsín. Las condiciones del discurso analítico no son aquellas de la dictadura sino más bien, las de la democracia. Democracia reestablecida, debería agregarse, o democracia 2.0, ya que nadie sabrá cuál será su destino. El sentido del término democracia es también tema de debate –su extensión y los cambios en cuanto a su significación2.

Algunos años antes de la dictadura del general Videla que comenzó en 1976, yo había, como joven médico, empezado a recibir pacientes en análisis. En mi consultorio, no era raro que durante la noche se escuchara la sirena de las fuerzas paramilitares o se escucharan tiros de armas de fuego. Uno de mis jóvenes pacientes, que militaba en una organización armada, fue llevado, desaparecido: ¡desaparecido! Él había dejado el dinero para el pago de una sesión a alguien cercano que tuvo el gesto de entregármelo haciendo notar esta repentina ausencia.

La práctica del psicoanálisis, en estas condiciones, ¿era posible? ¿Cómo? Aún hoy en día, yo me hago esta pregunta.

Partí a Israel inmediatamente luego de la guerra de Malvinas, sin haber podido presenciar la asunción de un gobierno democrático en mi país de origen. Una vez allí fundé con algunos colegas el “Movimiento freudiano en Israel”. El interés por nuestras actividades, bien recibidas de entrada, fue casi inmediato. En este país, el terror no estaba menos presente en 1985 que en Argentina. La Shoah estaba omnipresente en las conversaciones. Recién llegado, me decía que ese murmullo continuo constituía un saber. Suponía ‘al país’ el saber sobre el horror de la Shoah.

Fue solamente años después, a partir de la relectura de un texto de Saoul Friedlander y afectado por el dolor de la pérdida de este hombre de valor que fue Claude Lanzmann, que pude meditar un poco más sutilmente sobre lo que pudo haber sido una de las condiciones, al menos de la recepción, del discurso analítico lacaniano en Israel.

“Shoah” fue producida y difundida por Lanzmann en 1985 –el mismo año que las actividades del grupo lacaniano en Israel. La primera conferencia sobre la historia de la Shoah tuvo lugar en Alemania en 1984, en Stuttgart. Antes de esta conferencia y antes del lanzamiento de Shoah, según Friedlander, solo la difusión de la serie americana Holocausto, hacia finales de 1970, había podido hacer emerger, en todo caso en el mundo occidental, la pregunta: “¿qué es esta historia?”. No es que todo el mundo en Israel conociera en esa época los horrores de la Shoah. Pero, en el mundo que llamamos “civilizado”, esta pregunta no pudo ser legítimamente planteada sino hasta los años 80. Y no sin las resistencias oscuras. Friedlander menciona la “querella de los historiadores” en Alemania en 1986, en la cual  historiadores tales como Erns Nolte y Andreas Hillgruber habían intentado defender al III Reich. Según ellos, no se podía olvidar la amenaza representada por el régimen soviético y sus crímenes contra los cuales el III Reich se alzaba.

Brevemente, una nueva era se abre en los años 80.

Fue después del Tribunal Eichmann, en 1961, y la fundación del museo de la Shoah, Yad Vashem, en 1948, y luego en 1953, que en Israel abrimos las puertas al discurso de Lacan. Discurso que vivifica, discurso vivo. Lacan tenía razón cuando formulaba en 1967 en su “Proposición sobre el pase”, que en el caso del campo de concentración, “la tercera facticidad, real, demasiado real, suficientemente real como para que lo real sea más mojigato en promoverlo que la lengua, es lo que hace hablable el término campo  de concentración, sobre el cual nos parece que nuestros pensadores, al vagar del humanismo al terror, no se concentraron lo suficiente”3. La lengua es menos mojigata que lo real por promover esta facticidad real: es así que en “Shoah”, Lanzmann utiliza únicamente testimonios de vivientes rechazando utilizar escenas ficticias. Es la lengua de los sobrevivientes y la de los testigos que él explora. Explora hasta el testimonio sorprendente de Ian Karski, que concluye que él no cree posible comparar la Shoah con nada hasta ahora conocido. Ni tampoco alcanzar a comprenderla.

Puede ser que en Argentina también, solo la democracia reestablecida, renovada, haya podido ofrecer una lengua para el discurso de Lacan luego de la dictadura y los desaparecidos. Democracia no-toda. Una democracia que valga es aquella que pueda ser interrogada por el discurso analítico.

 

Marco  Mauas  es  médico  y  psicoanalista,  reside  en  Tel  Aviv.

Miembro AME de la NLS y de la AMP.  Integra el GIEP de Israel. Coordinador de  Dor-a,  Estudios  Freud-Lacan  en  Tel  Aviv  (dirigida por  Jacques-Alain  Miller).  Estableció la traducción de Jacques Lacan al hebreo del Seminario 20, Aún y Escritos 1,  de  próxima  aparición.

 

Traducción: Tomás Verger

 

Notas bibliográficas:

1 Lacan, J., “Televisión”, Otros escritos, Paidós, Bs. As., 2012, p. 544

2 Cf Leonhardt D., “The Growing Crisis of Democracy”, NYT, 17 de octubre de 2018

3 Lacan, J., “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, Otros escritos, op. cit., p. 276

 

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