Quisiera comentar aquí unas frases del libro de Eric Laurent, El reverso de la biopolítica (Grama Ediciones, 2016), acerca del malestar en la cultura que me han sorprendido, por el efecto de verdad que se desprende de ellas, y que repercute según me parece en no pocos ángulos de las conversaciones, discusiones y malos entendidos de política entre quienes se interesan en el discurso llamado psicoanalítico.
¿Qué es, este ‘malestar en la cultura’? Freud no da en ningún momento una definición general. Más bien se dedica a describir diferentes métodos empleados por los seres humanos, como él dice, para obtener la felicidad y mantener alejado el sufrimiento. “Técnicas de vida”, dice también, y advierte ya desde el segundo capítulo que se trata de un programa, el del principio del placer, y que es irrealizable –is nicht zu erfüllen.
No da en ningún momento una definición general, no. Pero en el tercer capítulo enuncia las tres fuentes que, según Freud, de donde proviene nuestro penar –unser Leiden– y se topa, nos topa, con una sorpresa. Veamos las tres fuentes: 1.- La hiperpotencia de la naturaleza –dieÜbermacht der Natur; 2.- La fragilidad de nuestro cuerpo –die Hinfälligkeitunseres eigenen Körpers; y 3.- la insuficiencia de las normas que regulan los vínculos recíprocos entre los hombres en la familia, el Estado y la sociedad –die Unzulänglichkeit der Einrichtungen, welche die Beziehungen der Menschen zueinander in Famille, Staat und Gesellchaft regeln.
Nuestra actitud es diferente, dice Freud, frente a las dos primeras y frente a la tercera fuente. Aceptamos las primeras, y ello no nos paraliza. Pero frente a la fuente social del sufrimiento, no logramos entender por qué las normas que nosotros mismos hemos creado no nos protegen y benefician a todos –SchutzundWohltatfürunsalle sein sollten.
He aquí la aseveración asombrosa con la que se topa Freud: gran parte de la culpa de nuestra miseria la tiene lo que se llama nuestra cultura –größen Teil der Schuld an unserem Elend trage unsere sogenannte Kultur.
¿Cuál es la causa de su asombro?
Dice que sea como sea que definamos la cultura, todo lo que ponemos en juego para protegernos del sufrimiento –del que tiene la cultura gran parte de responsabilidad, como ya lo ha dicho– …pertenece a esa misma cultura.
De allí obtiene su pregunta, quizás la pregunta fundamental del texto: ¿cuál es el camino por el cual tantos seres humanos han llegado a esa asombrosa hostilidad a la cultura?
A menos que me equivoque, ha de ser de estas palabras que Eric Laurent obtiene su también asombrosa definición del malestar en la cultura según Freud. Es tan asombrosa que es prácticamente imperceptible.
Se refiere primeramente a una observación de Jacques-Alain Miller, y la cita: “Digo (Miller) que todo musulmán, sea el que sea, –salvo quizás algunos infelices aculturados, ‘musulmanes de las luces’ autoproclamados, o bien genios despeinados como Rushdie– sufre, se siente apenado, incómodo, molesto, oprimido, cuando se le falta el respeto a Mahoma. No todos lo resuelven a base de Kalachnikov, ni mucho menos, pero todos sienten, en grados diversos, este malestar (Unbehagen) de Freud)”1.
Laurent continúa después de la cita y se pregunta cómo “decir la frase que exprese de la forma más aproximada, más sencilla, a ras del suelo, sin ideología, el ‘dato inmediato de la conciencia’ correlativa de ese displacer carnal, de ese ‘acontecimiento de cuerpo’ (Lacan) que, en su hipótesis, afecta al musulmán.”
Nos brinda entonces su definición, Laurent, del “malestar en la cultura”. Dice:
“Ese malestar era, para Freud, un sentimiento ético compartido (palabra destacada en el texto de Laurent) en el seno de ‘la civilización’ ”2.
Se trata de un sentimiento ético, que puede llegar a ser “acontecimiento de cuerpo”, como el caso del musulmán para Miller, “reverso de la biopolítica” según Laurent3.
En nuestra época, la transformación individualista neoliberal de la moral lleva a reformular el llamado “discurso del amo” así como a su reverso, el “discurso del analista”. Es el “sentimiento ético compartido” que afecta al “cuerpo del sujeto del lenguaje, que es trans-individual4. Es cuestión del reverso de la biopolítica. El malestar compartido no consiste en un tipo determinado de cultura (el neoliberalismo en este caso, o la biopolítica), sino en los síntomas, sínthomas, diríamos, que podrían caracterizar a ese tipo particular de cultura. Esto está en línea directa con la posición de Freud, quien, sin dejar de tener una posición crítica de la cultura de su tiempo, se interesó en lo que su propio discurso le permitió leer, del lado del reverso de la época en la que vivió. El encierro de la biopolítica no es total, “el sujeto se cuela entre los discursos establecidos apoyándose en la escritura de su síntoma, en tanto está designa el lugar donde, lógicamente, eso no cesa de no escribirse”5.
Marco Mauas es médico y psicoanalista, reside en Tel Aviv.
Miembro AME de la NLS y de la AMP. Integra el GIEP de Israel. Coordinador de Dor-a, Estudios Freud-Lacan en Tel Aviv (dirigida por Jacques-Alain Miller). Estableció la traducción de Jacques Lacan al hebreo del Seminario 20, Aún y Escritos 1, de próxima aparición.
Notas bibliográficas:
1 Eric Laurent, El reverso de la biopolítica, Grama Ediciones, Bs. As., 2016, p. 256-257.
2 Ibíd, p.257
3 Refiere al título del apartado de la p. 256.
4 Ibíd, p.257.
5 Ibíd, p. 277.