La novela es el triunfo de la vida sobre la ideología.
Abel Posse
Una intención, muy clara, de doble impresión, mezcla en Fuegos el pasado con el presente.
Marguerite Yourcenar
En este largo y caluroso verano me fui a pasar unos días al sur de la Argentina.
Uno de los lugares más bellos del mundo, al menos para mí.
Como siempre, me llevé muchos libros: ficciones, novelas, por supuesto algún libro de psicoanálisis y algún ensayo…
Leí primero y con fruición el libro de Abel Posse Los cuadernos del Praga. Es una novela que indaga sobre un episodio poco conocido de la vida de Ernesto “Che” Guevara, su estadía secreta en Praga, entre su fracaso en el Congo y su batalla final en Bolivia.
Se dijo que el Che había escrito unos cuadernos mientras vivía en Praga con otra identidad. Nunca se hallaron.
Con una narrativa excepcional, Abel Posse inventa o recompone esos cuadernos, a veces nos habla en primera persona, a veces en tercera.
Nos introduce en la frase extraordinaria que he puesto como epígrafe: ‘La novela es el triunfo de la vida sobre la ideología’.
Recomiendo esa lectura porque me parece la mejor manera de conjugar un estilo con la incidencia en este caso, de la literatura sobre la política. La novela de Abel Posse incide en la vida del Che de un modo que no logran ningunas de sus biografías.
El sueño de Guevara, su madre, su infancia, sus amores, sus dudas y lealtades. Su juventud en Buenos Aires (vivía exactamente en el predio en el que hoy está el edificio que yo habito, contingencias…) También nos relata su batalla eterna con la muerte propia, su enfermedad. Era asmático desde muy pequeño.
A la vez, y en paralelo, leí el ensayo de Alain Rouquié: El siglo de Perón.
Descubro una vez más que esas dos figuras, Guevara y Perón se entrelazan en mi historia. También en la historia de la Argentina.
Guevara murió muy joven, en octubre del ´67. Tenía 39 años.
Recuerdo nítidamente el momento en que me enteré de su muerte. Me dolió la noticia aún en ese tiempo, para mí, a mi corta edad, él ya era un mito, un héroe…
Me indigné un poco, hace unos años, cuando vi su retrato, el que inmortalizó Korda, la fotografía en la que se lo ve con boina negra mirando a lo lejos.
Era una exposición sobre los aventureros de la historia, en La Portrait National Gallery, en Londres. Y allí se mezclaban Lord Byron con Guevara y Rodolfo Valentino… ‘La biblia con el calefón’, pensé.
La cita es de Cambalache, el tango de Discépolo, prohibido en la Argentina por la dictadura militar del ´76, como me enteré en Barcelona por aquellos tiempos…
Hete aquí que es un tango de 1934, que Alain Rouquié cita para recordar un momento muy preciso de la historia de nuestro país: ‘años sin horizonte, tiempos de pobreza y humillación para las clases populares’.
Tiempo de la Belle époque de la oligarquía y según el propio Rouquié, una ‘década infame’ para la democracia argentina.
Recuerdo haber leído, en una película de Godard, Los hijos de Marx y la Coca-Cola. Compruebo el recuerdo buscando en el Google… mi memoria no ha fallado. La frase aparece en el film de Godard: Masculino-femenino.
Drama, dice Google. Cine adolescente, agrega. En efecto, la película es de 1966, un año antes de la muerte de Guevara. Y la vi en mi adolescencia, dos años antes de mayo del 68…
Éramos sí, también los argentinos, los hijos de Marx y la Coca Cola, para decirlo en criollo, hijos de Irigoyen, de Guevara y de Perón…
Una mezcla de gringos y de criollos en el país más europeizado de América latina.
La llegada a la Argentina, a mediados del siglo XIX de millones de trabajadores extranjeros que venían a poblar el ‘desierto argentino’.
Vuelvo a mis lecturas, sin olvidar que en esos tiempos, los de Godard, Guevara, Perón y la Coca Cola yo ya leía a Freud y conocía a Lacan a través de Masotta…
Cuando terminé el libro de Abel Posse me puse a leer algunas otras novelas. Tres para ser exacta. Una La tensión del umbral, me pareció una buena novela político-policial de una argentina.
Mi compañero de viaje había llevado una edición de los Cuentos completos de Marguerite Yourcenar, que yo ya había leído dos veces. Pero aún así, sucumbo una vez más y leo por tercera vez los cuentos o poemas, como llamarlos los Fuegos de Marguerite Yourcenar. Después de eso olvido las tres novelas, (no así la de Abel Posse, claro) y me pregunto porque he escrito bastante sobre Marguerite Duras y no sobre Yourcenar. Mi otra Marguerite, sin olvidar la de Navarra, mencionada por Lacan en su homenaje a Durás y su Heptamerón. Vuelvo a Yourcenar.
Quizás, lo presiento ahora, no he escrito sobre esta Marguerite por la larga introducción que ella hace a Fuegos en 1967, muchos años después de haberlos escrito…
No recordaba esa introducción… Ella aclara, casi justifica, como si quisiera hacerse perdonar por esos increíbles ‘fuegos’ que fueron escritos en un momento de amor-pasión.
Ella, que escribe tan perfectamente, que nos hace detener porque cada frase parece decirlo todo, quiere hacerse perdonar esa pasión, esa desesperación. Me pregunto… Fedón o vértigo, Antígona o la elección, María Magdalena o la salvación…Nadie puede escribir tan brillantemente sobre el amor desesperado y a la vez toda su erudición sobre la Antigua Grecia mezclada con otros tiempos y otras circunstancias…
Hay que detenerse en cada cuento o poema. Así lo hago y vago con mis libros mirando el lago y las montañas, las nubes, los pinos, el sol, la belleza impresionante de nuestro sur…
Y también, en este verano, redescubro la historia del hotel en el que estoy. Que se llama, en lengua mapuche “Lugar de reposo”.
No hubo mucho reposo en la historia del hotel. Ya que su historia, es la historia de la Argentina. Mientras escribo estas líneas, el 23 de febrero, están preparando en el hotel un homenaje a Arturo Frondizi.
Frondizi estuvo preso 144 días en este hotel, en una habitación del tercer piso, que está junto a la que ocupo.
Fue en 1962, porque en 1962 su gobierno fue derrocado por un golpe cívico- militar de los que abundan en este país. Entonces busco un libro con la historia del hotel. Pero no quiero dejar de decir que entre las múltiples causas del derrocamiento de Frondizi, se habla de la visita que el Che le hizo a puertas cerradas en la mañana del 18 de agosto de 1961, y a la que Posse también hace referencia… senderos que unen y se bifurcan. Esa fue la última visita de Guevara a la Argentina.
Vuelvo a la historia del hotel. Fue fundado en 1938 y pensado primero como una casa de reposo para convalecientes. Pero se convirtió al poco tiempo en un hotel de turismo. Corren los años 40, el país florecía y el hotel pasó a ser un lugar de reunión de familias importantes.
Por ejemplo, pasó por él Dwight Eisenhower, entonces presidente de los Estados Unidos.
Años después fue expropiado y pasó a manos del estado, supongo que por el gobierno de Perón.
En el año ´62, Frondizi estuvo detenido aquí. Se pierde luego su mítica historia, pero sé que estuvo cerrado durante la dictadura del ´76.
Y luego, a comienzos de los ´80 fue adquirido por una compañía internacional. En fin, me topaba en este lugar de reposo y excursiones saludables, no sólo con los fuegos de Yourcenar, sino con aquellos que evocaba este ya misterioso lugar.
Aquí se filmó, me cuentan, la película Wakolda, también llamada El médico alemán, film argentino de 2013, escrita y dirigida por Lucía Puenzo. El film versa sobre una familia argentina que, en el verano de 1960, conoce en su camino a Bariloche a un misterioso alemán además que termina albergándose en su hostería y que no es otro que el médico alemán Joseph Menguele…
Pensando, entonces, en todo esto me sonrío… me alcanza aquí la Movida Zadig… Y entonces me pongo a escribir al correr de la pluma, con la libertad de la pluma…
Leo entonces los textos de la Soirée de París. Ana Aromí habla sobre la grieta, el problema, el síntoma Catalunya (o Cataluña según quien lo escriba).
También la contribución de Gustavo Stiglitz para La libertad de pluma. Él da en el clavo. No es fácil.
¿Cómo puede hacer el psicoanálisis una lectura que incida en la política? En este país tan lleno, ahora y en su corta historia, de grietas tan irreconciliables como las que muestra Ana Aromí?
Grietas vividas en familias, ya he contado algo de mi historia en un texto anterior.
Y estoy segura de que esto ha pasado en la familia de casi todos…
¿Estamos en democracia? Me pregunto. Sí, lo estamos. Desde 1983, vivimos en democracia. Y esa es una marca que llevo conmigo. Está el juramento que me hice a mí misma antes de subir al barco que me alejaría del país por siete años… ‘siempre que pueda votar, votaré. Y jamás lo haré en blanco’. Y así lo he hecho desde entonces.
Por lo tanto, estamos en democracia.
El homenaje de esa tarde al Dr. Arturo Frondizi, no deja de ser contradictorio, se evoca a aquí su figura, pero aquí estuvo preso y su partido, ya sea la Unión Radical Intransigente o el posterior MID (Movimiento de Integración y Desarrollo) el desarrollismo sigue contando con algunos simpatizantes.
Algunos de los cuales están en este gobierno, el del Pro y también estuvieron en el Peronismo en otro momento.
Lo que es claro es que se puede ejercer el psicoanálisis en este país.
Para mí no fue posible en mis comienzos. Me fui del país precisamente a Barcelona en 1976. En primer lugar por el golpe militar de ese mismo año. No elegí irme. En esas condiciones no era posible vivir en la Argentina.
Sé que hubo quienes se quedaron. No tengo nada que objetar a eso. Cada quien tiene su hystoria y sé que no fue más fácil para los que se quedaron que para los que nos fuimos.
Pero mi vida quedó para siempre marcada por ese exilio.
Exiliados, sabemos con Lacan, somos todos. Pero hay las condiciones singulares de ese exilio para cada quien…
En segundo lugar elegí Barcelona porque en ella vivía mi maestro, Oscar Masotta. Y allí hacía un año que había muerto Franco y entonces era posible enseñar el psicoanálisis, practicar el psicoanálisis… Se esbozaba, ya, claro, el tema del catalán. Pero no era ningún obstáculo no hablarlo para ejercer libremente el psicoanálisis en Barcelona. Fue también en esta hermosa ciudad, donde conocí a Jacques Alain Miller.
Reconocidas entonces estas condiciones de posibilidad, estoy en este nuevo paso en el que avanzo un poco a ciegas: cómo incidir desde el psicoanálisis en la política. Lo hago, lo haré, lo hice siempre en el campo en que me muevo. He escrito, con otros, sobre la ley del matrimonio homosexual y sobre ley de identidad de género. Dos libros testimonian de ello.
He hablado sobre este tema en muchos lugares a los que se me ha convocado.
Creo que el psicoanálisis tiene que hacerse oír en relación a estas leyes. Que fueron promulgadas por el gobierno anterior, tan democrático como éste. Al menos desde mi perspectiva. Un país que siempre había estado atravesado por los golpes de estado. En el que son pocos los gobiernos que lograban llegar a terminar su mandato. Ni el segundo, ni el tercer gobierno de Perón pudieron hacerlo. Tampoco el de Frondizi ni el del Dr. Illia. Y tampoco, recuerdo ahora el del Dr. De la Rúa, estos últimos tres origen radical.
Salud mental, en eso podemos incidir, Derechos humanos, también. En las leyes del matrimonio y la identidad de género, tenemos algo que decir… las políticas en relación al autismo, etc.
Lo importante, lo más importante para mí, es que el analista conserve su lugar éxtimo con respecto a la política, sin eso, será política, pero no psicoanálisis…
De ahí el nombre de nuestro nudo, un analista no puede ni acercarse a la conversación, ni hacerla posible si no conserva su lugar éxtimo.
Para concluir, entonces quiero recordarles que el secreto de esta posible incidencia del psicoanálisis en la política es no olvidar que el lugar del psicoanalista es éxtimo.
Es cierto también, que es absolutamente singular el modo en que cada uno transita esa extimidad.
Mónica Torres es psicoanalista, reside en Buenos Aires.
Miembro de EOL-AMP. Miembro del Consejo Científico Académico del ICdeBA. Docente del Instituto Clínico de Buenos Aires ICdeBA. Responsable del «Departamento de estudios psicoanalíticos sobre la Familia –Enlaces» y Directora Editorial de la Revista Enlaces. Autora de varios libros, entre ellos: Cada uno encuentra su solución (Grama, 2012) y Uniones del mismo sexo (Grama, 2010).