- En la novela La grieta Doris Lessing inventa un mito acerca de un origen humano en el que la repartición sexual no existe por el hecho de que no hay conocimiento del otro sexo. Unas féminas habitan un territorio costero, no conocen hombre alguno, son fecundadas por la luna o el mar y al parir una criatura masculina a la que nombran el monstruo, la arrojan del otro lado del acantilado creyendo que es alimento para las águilas. En ese universo sin tiempo, adquieren su propio lenguaje y sus ritos. Sin saber que del otro lado la raza de los hombres existe, sobreviviendo gracias al amamantamiento de unas ciervas y conformando una comunidad de iguales.
- A propósito de la diferencia sexual, traigo los cuatro conjuntos de preguntas que Joan Copjec plantea situando, entre otras cosas, el difícil borde entre los feminismos y el psicoanálisis. Primero: cuando se trata de ubicar la materialidad del sexo, ¿hay otras alternativas posibles, aparte del sexo como sustancia y el sexo como significación? Su respuesta apunta a señalar los límites del esencialismo y del constructivismo a la hora de ubicar un fundamento de la diferencia. Segundo: ¿La diferencia sexual es concebible sólo en términos imaginarios? ¿O es posible pensar la repartición sexual más allá de la heteronormatividad? En diálogo con Judith Butler, Copjec sostiene que “la estabilidad del binario masculino/femenino no se deshace, de todos modos, simplemente demoliendo la barrera que separa ambos términos, poniendo en duda la nitidez de su división”1 Tercero: ¿Podemos pensar que la diferencia sexual se equipara a otras categorías de la diferencia? Cuarto: que el feminismo no pueda forjar una unidad ¿entra en relación con la heterogeneidad de la categoría de las mujeres?
Copjec va desarrollando cada uno de los tópicos planteados a lo largo de sus trabajos reunidos en el libro “El sexo y la eutanasia de la razón. Ensayos sobre el amor y la diferencia” realizando una aguda lectura de los textos freudianos y captando cómo Lacan arriba a la lógica de la sexuación. En esa línea afirma que el sexo es la incompletud estructural del lenguaje, “es una entidad totalmente vacía, a la que no puede adjudicársele ningún predicado”2 entonces la diferencia sexual se define por la ley de las pulsiones. La deconstrucción (de la diferencia) no puede tener lugar ya que no está anclada en un sustrato cultural o meramente discursivo.
- “Cuando se ama no es asunto de sexo” Esta afirmación Lacaniana invita a reubicar los términos en juego: amor y sexo. Si el amor es signo y el signo se define por la disyunción entre dos sustancias que no tienen ninguna parte en común (Lacan dixit) la intersección de esas sustancias (sexos) será del orden del encuentro amoroso.
Pero no hay ciencia del amor, “No hay relación sexual” y cada quien volcará en ese encuentro las ficciones que construyó para soportar el vacío de la diferencia. Hay sí un encuentro contingente: de los síntomas, de los afectos, de todo lo que marca, en cada uno, la huella del exilio de la relación sexual3.
- Precisamente es una grieta la que mantiene la disyunción, en la fábula de Lessing, entre el lado hembra y el lado macho de esa geografía imaginaria. Grieta es también el nombre de la hembra, metaforizando así su lazo mítico con una naturaleza que la habita y una extranjeridad que la excede. Ella irá al encuentro, volviendo siempre a su soledad originaria.
Myriam Soae es psicoanalista, reside en Buenos Aires.
Miembro del Centro Descartes, EOL y AMP.
Notas:
1 Copjec, J. El sexo y la eutanasia de la razón. Ensayos sobre el amor y la diferencia, Cap.1, p. 22, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2006.
2 Ibid., p.27.
3 Miller, J.-A., “La teoría del partenaire”, Revista Lacaniana nº 19, p. 47, Editorial Grama, Buenos Aires, 2015.