Intenta de nuevo, fracasa de nuevo, fracasa mejor
S. Beckett
Tal parece que nos encontramos en una época pos: la era pospaterna, posmoderna, marcada por la posverdad, abre la siguiente pregunta: si el presente se define como pos, ¿no estaremos ya muertos sin saberlo? Se plantea entonces el problema de la poshumanidad, que interroga el estatuto de la sexuación en tiempos del discurso capitalista, formalización discursiva correlativa al surgimiento del orden neoliberal: ¿acaso la misma también habrá llegado a su fin?
El neoteno1
El ser hablante se caracteriza por la neotenia, estado de prematuración2 correlativo de la pérdida del instinto. Así, su ser se define como inacabado, fallado, y es en esa falla que se asienta el discurso como una suerte de suplencia del saber-hacer perdido con el instinto. Para el sujeto occidental ese discurso remitirá al lugar del Otro, cuya máxima encarnación será la instancia divina, y cuya mínima encarnación será la instancia paterna. El avance de la tecno-ciencia conlleva la muerte de Dios, con la consiguiente entronización del yo y sus espejismos. Al separar la perpetuación de la especie de la reproducción sexuada, volatiliza cierta dimensión clásica de lo real del sexo: aquella que se asienta en el real biológico3, propiciando la transmutación del órgano peneano en significante fálico, el que luego se independiza de aquél4, marcando con su rúbrica una diferencia sexual que no logrará escribirse como relación, en tanto la relación entre los sexos está sujeta a una única función, la función fálica.
La mutación capitalista
Puede seguirse el hilo de esta enorme transformación del ser hablante en las sucesivas mutaciones del discurso del amo propuestas por Lacan. En Occidente el discurso del amo clásico da cuenta del surgimiento del sujeto del inconsciente –sujeto dividido entre dos significantes– como efecto de la instauración de un S1 en función de excepción, que al extraerse del enjambre de lalengua da lugar a la constitución del orden simbólico como el conjunto de los significantes que se ordenan como un saber (S2). El producto de dicha operación simbólica es el plus-de-gozar como resto de la división subjetiva, real inasimilable a lo simbólico que dará consistencia al objeto del fantasma:
Discurso del amo
El amo clásico se sostiene del saber del esclavo para hacer que las cosas marchen. Sin embargo, lentamente va operándose un movimiento por el que el amo se apropia del saber del esclavo, transformándolo en un desecho, el proletario. Esta operación de expoliación del saber del esclavo por parte del amo es planteado por Lacan como una primera mutación capitalista del discurso del amo5, que dará lugar al discurso universitario:
Discurso universitario
Lacan indica que este discurso comienza a gestarse con el Menón –planteando así a la filosofía como un discurso amo–, pero que es con el surgimiento del discurso de la ciencia que comienza a tomar consistencia. Podría pensarse el paso cartesiano de dejar a Dios la garantía de la verdad como el inicio del movimiento que culmina en la muerte de Dios: es dejarlo de lado, como un mero axioma que sostiene el orden del mundo, orden que irá elaborándose matemáticamente. El producto de esta operación es un sujeto que ha mutado respecto del que encontrábamos en el discurso anterior: se trata ahora de un sujeto astudado (estudiado –sujeto de la estadística– y asustado –sujeto panicoso–), separado de los significantes que lo determinan –por ello desabonado de su inconsciente– y comandado por el plus-de-gozar. El significante amo debajo de la barra es un S1 no encarnado, un puro mandato de goce, más inatacable aún al esconderse en ese lugar6. Su no encarnadura da cuenta de la dimisión paterna generalizada7 que marca nuestra época.
En 1972 Lacan dará una nueva versión del discurso capitalista, situando en el mismo al sujeto consumidor como agente:
Discurso capitalista
Al invertir tanto los lugares como la flecha de la primera columna del discurso del amo clásico, Lacan indica con toda precisión que es el sujeto consumidor quien comanda este discurso –efectivamente, si dejáramos de consumir, lo que no ocurrirá, pondríamos fin a este discurso–, buscando la sutura de su falta-en-ser por medio de los gadgets o letosas, objetos producidos por la tecno-ciencia en la lógica del mercado, que prolongan los objetos a extraídos de lo real del cuerpo.
La inexistencia de la excepción
En el discurso del amo clásico el Edipo funcionó como un aparato de sexuación8, instalando una normalización patógena que suplía de algún modo la falla instintual del hablante, posibilitando la relación macho-hembra a través de un orden discursivo siempre sintomático. El padre, esclavo moderno, agenciaba el discurso del amo a través del semblante, cuando se avenía a encarnar el dios del trueno. La caída del S1 debajo de la barra con la mutación capitalista del discurso del amo verifica la caída de la función paterna en la inexistencia, allí donde el Nombre del Padre pierde vigencia en el orden social9.
Esta caída es correlativa de la posibilidad, abierta por el avance de la tecno-ciencia, de prescindir de la función del padre en la reproducción de la especie. No es casual que el discurso feminista se inaugure con El segundo sexo, escrito dos años antes del patentamiento de la píldora, que ya se encontraba en uso desde hacía pocos años. Allí Beauvoir nos animaba a imaginar una sociedad reproducida por partenogénesis o formada por hermafrotitas10, punto de partida necesario para la caída del Edipo como aparato de sexuación. Tampoco la diversidad de géneros que se plantea hoy en día desde la teoría queer podría sostenerse sin la incidencia de la tecno-ciencia en su articulación con el mercado. En este sentido Butler se pregunta por los efectos en la subjetividad:
“Y si las tecnologías del cuerpo (quirúrgicas, hormonales, atléticas) generan nuevas formas de género, ¿lo hacen precisamente para conseguir una mayor habitabilidad del cuerpo o constituyen su peligrosa desaparición?”11.
La caída del semblante paterno de su función de orientación conlleva efectos de desrrealización de la sexuación, cada vez más frecuentes en la práctica psicoanalítica actual. En un extremo, sujetos que padecen de una ausencia de anclaje en una posición sexuada, en el otro, sujetos atrincherados en una identidad de género que opera como un orden de hierro imaginario. Es el reino de la inexistencia de la excepción, que se manifiesta, o bien como una pura multiplicidad metonímica, o bien a través de la reacción de reinstauración de un Uno puramente imaginario, que da lugar a discursos fundamentalistas.
La política del deseo del analista
El analista no pretende salvar al padre ni a la diferencia sexual propia del discurso del amo clásico. Tal como planteaba Miller, “si los analistas tienen que decir algo no puede ser en el sentido de detener la historia en un orden patriarcal que se deshace”12. Lacan proponía al analista mismo como letosa13, planteando que quizás del discurso analítico pueda surgir otro estilo de significante amo14:
Discurso analítico
Sin duda, el analista encarna una función de excepción, por lo que su decir cumple una función de orientación bien distinta de aquella que opera el S1 en el discurso del amo clásico, ya que se encuentra regida por su posición de objeto, encarnando lo más real del parlêtre. Operación descaridante15, que es también un descarrío, salida entonces del discurso capitalista16, uno por uno.
A no desesperar, ante las incidencias del discurso capitalista en la sexuación no es necesario volvernos queer, feministas, deleuzianos, derridianos o allouchianos. Sigamos siendo psicoanalistas, intentemos de nuevo, fracasemos de nuevo, fracasemos mejor.
Nieves Soria es psicoanalista, reside en Buenos Aires.
Analista de la EOL y de la AMP Jefa de trabajos prácticos de la Cátedra II de Psicopatología de la Facultad de Psicología de la UBA. Entre sus publicaciones se encuentran: Inhibición/Síntoma/Angustia. Hacia una clínica nodal de las neurosis; Duelo, melancolía y manía en la práctica analítica; Nudos del análisis; ¿Ni neurosis ni psicosis?
Notas bibliográficas:
1 Nos serviremos en este punto de algunos desarrollos de Dufour, D.-R, On achève bien les hommes, Denoël, París, 2005.
2 Al que ya hiciera referencia J. Lacan en “Del estadio del espejo…” (pp. 89-90 de Escritos), así como en “Acerca de la causalidad psíquica” (p.176 de Escritos) en relación con los desarrollos de Bolk.
3 Como indica Freud en “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos” ( Amorrortu, T. XIX, pp. 259-260).
4 Como indica Lacan en “El atolondradicho” en Otros escritos, pp. 480-481.
5 Lacan, J., Seminario 17 El reverso del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1992, p.181.
6 Ibíd, p.192.
7 Soria, N., “La dimisión paterna generalizada. Del síntoma al trastorno”, Revista Psicoanálisis y el Hospital N°30, octubre de 2006, pp. 11-15.
8 Expresión de Roberto Mazzuca en un seminario sobre perversiones dictado en la cátedra II de Psicopatología de la Facultad de Psicología de la UBA.
9 Recordemos que Lacan planteaba que el Nombre del Padre es real en la medida que las instituciones le confieren su nombre de padre (Seminario 5, Paidós, 1999, p.186).
10 Beauvoir, S., El segundo sexo, Ediciones Cátedra, Madrid, 2005, p. 71.
11 Butler, J., Deshacer el género, p. 287.
12 Miller, J.-A., Feminismos. Variaciones, controversias, p. 31.
13 Lacan, J., Seminario 17, Paidós, Buenos Aires, 1992, p. 175.
14 Ibíd, p. 190.
15 Lacan, J., “Televisión”, Otros escritos, p. 545.
16 Ibíd., p. 246.



