Pablo M. Dreizik – La deducción del absurdo lógico del odio en Levinas

En la sección “La relación ética y el tiempo” de su libro Totalidad e infinito, Emmanuel Levinas se refiere al “absurdo lógico del odio” (l’absurdité logique de la haine). Esta afirmación aparece en el texto como la conclusión a una compleja meditación sobre la posibilidad e imposibilidad del odio.  En lo que sigue seguiremos el curso de la deducción que conduce a Levinas a concluir el “absurdo lógico del odio”.

  1. El odio, en su naturaleza intencional, pretende mi pasividad. Sus aspiraciones y anhelos son del orden de la supresión. Su fenomenología liquidacionista fue formulada con rigor por Baruch Spinoza en su Tratado Breve: “el odio tiende siempre a la destrucción, al debilitamiento, y la aniquilación” (TB, II, 6). En su dimensión pragmática el odio me quiere inerte y humillado y, por tanto, disponible y apresable. En su dimensión especulativa e imaginaria el odio me quiere imposible e inimaginable, una entidad que no podría ser en el mundo. El sesgo de pasividad ha sido particularmente subrayado en el elenco bibliográfico clásico sobre la pasión del odio. Levinas, en este sentido, continúa la meditación clásica acerca del odio: “el odio busca apresar lo inapresable, humillar, desde lo más alto, a través del sufrimiento en el que el otro existe como pura pasividad” (cherche à saisir l’insaisissable, à humilier, de très haut, à travers la souffrance où autri existe comme pure passivit). Así, la apropiación que pretende el odio precisa de mi desapropiación, es decir de mi completa inanidad e inexistencia.
  2. Sin embargo, en un paso crucial de la argumentación, Levinas separa analíticamente odio y muerte: “El odio no desea siempre la muerte del otro” (La haine ne désire pas toujours la mort). En lugar de a la muerte, el odio se encuentra anudado al sufrimiento. Pues si el odio efectivamente anhela la muerte del otro, sin embargo “sólo desea la muerte del otro infligiéndole esta muerte como supremo sufrimiento” (elle ne désire la mort d’autrui qu’en infligeant cette mort comme une suprême souffrance).
  3. Pero, sobre todo, lo que demanda el odio es ser causa de un sufrimiento del cual el ser odiado testimonie. De allí el imperativo apremiante del odio: “el ser odiado debe dar testimonio” (l’être haï doit être témoin), y para ello se ha de procurar que el objeto de odio se mantenga con vida y en condiciones de testimoniar.
  4. El odio, entonces, lejos de anonadar, de liquidar o reducir a condición de objeto al ser odiado; se cuida de mantenerlo en su subjetividad. El odio, por tanto, no es desapropiación ni importa una operación de desubjetivización del otro: “Hacer sufrir no es reducir el otro al rango de objeto, sino al contrario, mantenerlo soberbiamente en su subjetividad” (Faire souffrir, ce n’est pas réduire autri aun rang d’objet, mais au contraire le maintenir superbement dans sa subjetivité).
  5. Es bajo esta doble condición, bajo esta anfibología, que el odio aparece como una empresa desesperada e imposible que busca la reificación y objetivación del otro al tiempo que precisa de su integridad para que diga de su sufrimiento. Se concluye así el carácter “absurdo lógico del odio” (l’absurdité logique de la haine).

 

Pablo Dreizik es docente e investigador de filosofía en la Universidad de Buenos Aires (UBA), reside en Buenos Aires.

Dirige la Cátedra de Estudios Judíos Moses Mendelssohn de la misma Universidad. Su campo de trabajo es la ética y la fenomenología. Ha publicado los libros La memoria de las cenizas, historia, trauma y representación, Levinas y lo político y recientemente Filosofía, mito y fascismo. Releyendo el Mito del Estado de Ernst Cassirer.

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