Imposible historia del cuerpo
Si el sueño de la modernidad es el progreso, bien podríamos asegurar que el capitalismo tardío hizo de esa evolución constante su motor. En ese sentido, el prefijo hiper, como aumentativo de la modernidad que nos toca vivir, imprime una aceleración que le cabe. De esta manera se verifica una afirmación que hace Theodor Adorno en su ensayo Dialéctica negativa. La jerga de la autenticidad, según la cual el Uno y el Todo, que se mantienen en marcha hasta la actualidad, se relevan para tomar aliento. El Uno de la excepción se opone al Absoluto, sólo para tomar su relevo. Entonces, si el Uno y el Todo marchan como un tren, que podríamos llamar el tren de la Historia, ¿existe algo que lo objete, que le ponga un freno a ese tren en marcha? ¿Todo es historia y progreso? ¿Todo es evolución y negatividad de un orden dado1? ¿Existen invariantes que no estén fundadas en posiciones realistas, esencialistas?
Otro modo de articular el problema sería incluir el cuerpo en la historia del hombre, ya que el cuerpo presenta una arista invariante. En este sentido, podría ubicarse con Lacan, la existencia de un acontecimiento de cuerpo que no es un acontecimiento histórico, ni una esencia. El cuerpo es ese acontecimiento que se escribe contingentemente y que no admite una Historia, en el sentido de los grandes relatos, de las mayores pesadillas. Ese acontecimiento, deportado de la Historia, puede servirse de recursos extraordinarios como el habeas corpus para hacer valer su presencia. Quizás la experiencia analítica sea el habeas corpus más eficaz que el ser hablante haya elaborado, ya que permite descomponer los relatos hasta situar ese punto invariante, que llamamos singularidad.
El aborto como práctica y su resto
Según Terry Eagleton2, existen prácticas que tienen una precisa localización histórica y que a la vez no convendría pensarlas sólo como un problema contextual y cultural. No porque no lo sean, pero la constancia con la que aparecen, en distintas coyunturas, en tan diferentes contextos y a lo largo de tanto tiempo, deja un resto indealectizable. En esa perspectiva, es posible incluir al aborto como una de esas prácticas inquietantes que persisten desde tiempos inmemorables hasta el presente en sociedades occidentales y orientales. Georges Devereux en 1955 publica un libro titulado Un estudio sobre el aborto en sociedades primitivas, en él compone un archivo, ecléctico e inclasificable con información sobre esta práctica en 400 sociedades preindustriales. Puede concluir que el aborto: “Está presente en la cultura y sin embargo, no ocupa en ningún sitio un lugar central” (p. 14). A pesar de la gran variación cultural, se pueden distinguir cuatro condiciones constantes en la práctica del aborto que permiten delinear su anacronismo:
a-Es una práctica que se conoce en todas partes. Lo que se puede generalizar no es la práctica del aborto (que varía en sociedades y épocas) sino su conocimiento. Según Luc Boltanski, “Parece formar parte de los marcos fundamentales de la existencia humana en sociedad”3. También los métodos varían ya que se fundan en una teoría de la reproducción. En este sentido, en tanto atañe a una teoría sexual, teoría que siempre calificamos de infantil, el aborto es parte del saber de los que se incluyen en un marco social, reglado por el lenguaje.
b- Es objeto de una reprobación general. Es una práctica que se tiene por vergonzosa, suele ser atribuida a extraños, al espacio de lo no familiar. Puede variar el grado de desaprobación de una sociedad a otra y también dentro de una misma sociedad. Existen atenuantes a la desaprobación. En algunas sociedades patrilineales se atempera cuando se supone que el embarazo proviene de un encuentro sexual no aprobado. A partir del SXX, con los estudios prenatales, la reprobación se modula también con las características genéticas del feto. No convendría tomarlo en sentido literal, sino más bien como un argumento que se puede esgrimir para atemperar la reprobación que recae sobre el aborto. Podríamos decir que se busca atenuar el horror. El horror de que la vida no tenga un sentido universal y que no haya un último fundamento. Así, se disfraza de excepción, una práctica que es tan inmotivada como la decisión de seguir adelante con el embarazo. Cualquiera de las dos opciones no tienen una razón pura en la que fundarse, salvo, una decisión de goce.
c- Es una práctica reprobada, pero, a la vez, muy tolerada. Existe una gran diferencia entre el contenido de las normas expuestas y su puesta en práctica. En países donde pesa la condena legal, es muy raro que se hagan esfuerzos por identificar, perseguir y castigar a las personas responsables de un aborto. Salvo las brujas, que fueron perseguidas por ir en contra de la fecundidad de personas, animales y tierras4. Es decir que a nivel público, solemne y colectivo, el aborto es reprobado, algunas veces hasta ilegal, pero a nivel oficioso es tolerado, mientras mantenga su condición de clandestino o vergonzante. Es la diferencia entre el ámbito oficial y el oficioso. Esto generaliza la idea de que debe mantenerse en lo privado, más al estilo de un secreto. Si se pudiera contar, resta decir ¿con qué palabras?
d- El aborto está pobremente representado. No ocupa una posición central en ninguna cultura. No está representado en objetos o pinturas de sociedades primitivas. Ni de manera ilustrativa, ni en tono crítico o ejemplar, como ocurre, por ejemplo, con los crímenes. ¿Quizás porque es difícil de mostrar? Tampoco está referenciado directamente en mitos y cuentos tradicionales en los que sí figura el infanticidio, ¿quizás porque es difícil de contar? En la filosofía, la condición mortal, el más allá de la muerte, está mucho más desarrollado que el nacimiento y la vida prenatal. Sigue siendo difícil, aún hoy, para los sociólogos y antropólogos encontrar informantes dispuestos a relatar la experiencia del aborto. Desde el siglo XIX aparecen redacciones en tono crítico que hablan del aborto (en general para ser prohibido) en textos legales, religiosos y médicos de corte higienista. Las menciones directas son relativamente recientes en obras literarias, cinematográficas y pictóricas (por ejemplo, Frida Kahlo). Durante el siglo XX se lo menciona, la mayoría de las veces ligado a justificaciones políticas o morales (a favor o en contra) y fundamentalmente, como una crítica del orden existente. Se habla del aborto cuando se quiere cuestionar el poder imperante. Aparece también en las estadísticas de estudios demográficos y de algunos índices estatales, ligados a la biopolítica. Nunca aparece ligado a ritos o símbolos, los fetos abortados no reciben nombre y son desechados de forma burda, sin que su destrucción vaya acompañada de un ritual funerario. El feto no muere, porque para ello hubiera sido necesario haber nacido. Hubiera sido necesario que se pudiera representar en lo simbólico. Casi inefable, inaudible, el aborto como práctica no se deja representar. Permanece suspendido entre lo supuestamente transgresivo y la opacidad de la esfera privada. Pero esta falta de representación no depende de una represión que marcaría el ritmo de un retorno ahogado. Mejor, es una práctica que no se termina de tolerar ni se alcanza a representar por ser un índice del goce del cuerpo, tal como Lacan lo define en su ‘última’ enseñanza. Un goce del cuerpo que no se inscribe en la Historia, en el relevo del Todo y la excepción. Una experiencia de cuerpo que no admite negatividades, ni evolución, ni retroceso. Una de esas prácticas que muestran la fijeza, el anacronismo, la “inmixión de un tiempo en otro” 5. Índice de ese acontecimiento que objeta la historia desde un campo forclusivo, desde ese campo que “perdura fuera de la simbolización”6.
Pilar Ordóñez práctica el psicoanálisis, reside en Córdoba, Argentina.
Es miembro de la EOL Sección Córdoba y de la AMP. Participa del equipo editorial de la Revista de psicoanálisis Exordio.
Notas bibliográficas:
1 Para diferenciar el Universal fácil del difícil, Cf: Milner, J.C. “Lo universal, el saber y las lenguas” en Claridad de todo. De Lacan a Marx, de Aristóteles a Mao. Ed. Manantial, Bs.As.: 2010.
2 Eagleton, T., Dulce violencia. La idea de lo trágico. Ed. Trotta. Madrid: 2011.
3 Boltanski, L. La condición fetal. Una sociología del engendramiento y el aborto. Ed. Akal. Madrid: 2016. p 27.
4 Horsley, R., Who was the witches? Recuperado el 16/06/17 en: https://www.jstor.org/stable/203380?seq=1#page_scan_tab_contents
5 Didi-Huberman, G., Ante el tiempo, Ed. AHBsAs, 2006, p. 13.
6 Miller, J.A., El ultimísimo Lacan ED. Paidós, Bs.As, 2012, p. 47.