El actual presidente argentino, Alberto Fernández, tiene un inconsciente acorde con los tiempos. Por sobre todo ¡tiene un inconsciente! Como todos los seres hablantes, por supuesto, lo que varía es la posición subjetiva. Hay quien reconoce su propia división subjetiva, quien la ignora, quien la rechaza.
¡Bienvenido, al frente de un gobierno, quien no quiere aparentar estar hecho de un sola pieza y sin falla! Lo manifiesta incluso a pesar suyo, no lo vela. Lo hizo con dos lapsus en relación con el candente tema del género. Es un alivio –y abre un horizonte nuevo– que el presidente tenga un inconsciente que se manifieste con palabras en su lazo con la gente.
Más allá del contenido de los lapsus, dice de alguien que puede dudar, sentirse dividido, lo que no tiene por qué impedir una firme decisión. Estas podrán ser más o menos firmes, pero no ciegas a la confrontación con un imposible, ya que siempre se decide sobre el fondo de la imposibilidad de elegir.
Mucho mejor un presidente dividido, que uno guiado por imperativos que tapan esa división subjetiva que, sean del tenor que sean, siempre tendrán un color totalitario propio de todo imperativo. Mejor alojar esa división propia de los seres hablantes, que arrastrar a un pueblo por su rechazo a la incertidumbre y al deseo, siempre escurridizo.
Yendo a lo específico de los lapsus: “Volvimos para ser mujeres», en lugar de mejores.
La idea de volver, tan cara al peronismo desde la dura y conmovedora despedida de Evita, sufre una torsión que la saca del clásico y repetitivo -a veces hasta amenazador- uso partidario, para desplazarla a un espacio que incluye la problemática de las diferencias, planteada por los feminismos y otros movimientos en relación con la libertad de género. “Derrotaremos al hombre”, en lugar de al hambre. En medio de una valedera declaración de intención política, se cuela la temática de los excesos producto de una identificación segregativa en el campo de los sexos.
El presidente ha instalado en su gobierno, un estilo basado en la conversación, que podría ser un tratamiento de ese imposible que hemos nombrado «la grieta”. Este es un nombre de la falta de relación complementaria, del no-todo, que en la vida política se manifiesta en la imposible satisfacción para todos igual.
Es sabido que en política se procede por medio de la identificación, maniobrando con elementos simbólicos, nombrando las cosas de la forma que convenga para captar a los sujetos.
Pero hoy ha cambiado el fundamento de la identificación, éste ya no es a un rasgo ubicado en el lugar de un ideal sino que implica las resonancias en los cuerpos y las pasiones.
Entonces ocurre que de golpe, por un acontecimiento de lenguaje, comparecen en la plaza pública, la masa compuesta por identidades diversas y el líder que en lugar de agitar significaciones grandilocuentes para favorecer la identificación a un ideal cualquiera, encarna el vacío (entre mejores y mujeres, entre hombre y hambre) en torno al cual una política con fundamento no totalitario puede ser construída.
El lapsus del presidente no responde a un ideal femenino. Es una respuesta a lo imposible por medio de lo que en psicoanálisis se llama identificación no segregativa1 al contrario de las identificaciones segregativas que organizan uno y otro lado de la grieta (entre partidos, clases, sexos, etc).
Allí donde el fundamentalismo responde a las diferencias homogeneizando con una propuesta totalizante, totalitaria, o donde simplemente se tapa el vacío central generado por las diferencias con el significante “grieta”, otra cosa ocurrió en la plaza entre la masa y el líder: el hombre de estado, dividido subjetivamente, se dejó tomar menos por el slogan que tapona toda incerteza y más por lo urgente en la relación entre los cuerpos.
A este nivel, la cuestión de lo femenino, su enigma, es central para el psicoanálisis y lo es también en la actualidad social, como lo demuestran las movilizaciones por la ley del aborto, contra la violencia de género y la libertad de las identidades sexuales
Esa otra cosa que se presentó en plaza fue lo que Lacan llamó el “inconsciente es la política2.
Un lazo que hace lugar a una pluralidad de respuestas posibles, a lo imposible. El inconsciente político es el fundamento de un lazo basado en las propias faltas, en la división, en una verdad no absoluta. Es lo opuesto al ideal fundamentalista de lo Uno, total, totalitario e indivisible.
De un presidente afectado de inconsciente no es esperable que promueva el horror a lo diferente, sino que aliente a encontrar respuestas a los impasses de la vida social.
Aguardamos los efectos de dicha posición.
Gustavo Stiglitz, psicoanalista, reside en Buenos Aires.
Dr. en Psiquiatra, Docente, miembro de la EOL y la AMP, Miembro de la Dirección Ejecutiva del IOM, Coordinador en Argentina de la Nueva Red Cereda (Red internacional para el estudio e investigación sobre el niño en el discurso analítico), Director del Centro de Investigación y Docencia del IOM Salta.
Notas bibliográficas:
1 Laurent, E., El traumatismo del final de la política de las identidades, La libertad dde pluma N° 1-2, marzo de 2018, http://lalibertaddepluma.com/articulos/eric-laurent/
2 Concepto forjado por el Dr.Lacan, Seminario La lógica del fantasma, Inédito. Desarrollado por Jacques Alain Miller en Milán el 12/5/2002, Intuiciones milanesas, Mental 11 y 12.