Raquel Vargas – “Alienación redoblada: Inconsciente y realidad colectiva”

Parece, pues, que el intento de sustituir un poder objetivo por el poder de las ideas está hoy condenado al fracaso. Se yerra en la cuenta si no se considera que el derecho fue en su origen violencia bruta y todavía no puede prescindir de apoyarse en la violencia
Sigmund Freud
¿Cuánta tierra necesita un hombre para vivir?
León Tolstoi

 

Introducción

El 30 de julio de 1932, Einstein le escribe a Freud impulsado por la propuesta de un intercambio organizado por la Liga de las Naciones y de su Instituto Internacional de Cooperación Intelectual en París. En las Obras Completas se recogen la carta y la respuesta dada por Freud en un artículo que lleva por título: “¿Por qué la guerra?”. Freud le señala a su interlocutor que él realiza un nexo entre derecho y poder. A su vez, Freud sustituye el concepto de poder por el de violencia. La operación es de sustitución. No se trata de que sean sinónimos sino de que este tercer término dé cuenta de las paradojas que podemos encontrar en el derecho.

Este es el camino que Freud introduce para captar lo que es la condición humana, ya que los conflictos de intereses entre los hombres se zanjan en principio mediante la violencia. Nos recuerda además que la muerte del enemigo satisface una inclinación pulsional. El propósito de matar se ve sin embargo contrariado por la consideración de que podría utilizarse al enemigo en servicios provechosos, si se lo deja con vida pero a condición de que esté amendrentado. La violencia entonces, se contentará con someterlo en vez de matarlo.

En lo que sigue escribiré algunas reflexiones sobre un libro de Giorgio Agamben, Estado de Excepción. Los apuntes que he tomado del mismo serán articulados a la situación política de la Argentina. Más específicamente, a un caso particular que puede elevarse como ejemplo que verificaría la presencia de dicho Estado en detrimento del Estado de Derecho. Ambos incluidos en la concepción misma de la Democracia. El caso en cuestión es el de Milagro Sala, miembro diputada del Parlasur, líder de la Organización Social Túpac Amaru, oriunda de una provincia del noroeste argentino, Jujuy.

Intentaré, a partir de aquí, esbozar lo que considero la situación del psicoanálisis en nuestro territorio a partir de la realidad actual, con todas las dificultades que como psicoanalistas tenemos para abordar el asunto de la realidad. Tengo presente una frase de Lacan en donde asegura que el psicoanalista se hace guardián de la realidad colectiva. Entiendo aquí realidad colectiva en un sentido amplio, como lo social. El punto de que se haga guardián -él mismo lo hace- tiene todo su interés.  Agrega que lo es, incluso sin que sea de su competencia. ¿Qué quiere decir que no es de su competencia? Simplemente que obedece a otro discurso.

Cuando Freud se dispone a responderle a Einstein confiesa que se aterró, ya que se declara incompetente para abordar los temas planteados. Sin embargo, a lo largo de la carta vemos que Freud no elige desentenderse de los asuntos que él, Einstein, le presenta.

Parece lícito de este modo conectar esa incompetencia que Freud franquea con la afirmación de Lacan acerca de que el psicoanalista se hace guardián de la realidad colectica aun cuando no sea de su competencia. Lacan avanza un poco más y concluye que la alienación del psicoanalista está redoblada en la medida en que puede escapar de dicha realidad.

¿Qué puede interpretarse aquí? Lo que entiendo es que el psicoanalista es un alienado doble: a su discurso, al del Inconsciente y a los discursos con los que convive y que podrían incluso amenazar su propia existencia.

Freud presintió los impasses crecientes de la civilización. Lacan advierte que el psicoanálisis depondrá sus armas frente a ese desierto que crece. Deduzco entonces que escapar de la realidad colectiva no es una opción que convenga al discurso analítico. Escapar sería lisa y llanamente deponer las armas. Habrá que asumir las consecuencias que esto trae. Que su alienación, la del psicoanalista, sea doble no quiere decir que su escapatoria sea una posibilidad, dado que si no es doble, entonces no es. La decisión es forzada.

  1. Analfabetismo político: Alta rotación -Se robaron todo-

Un músico argentino, líder de una banda que se llama Divididos, en el año 2014 y en plena campaña con miras a las próximas elecciones en nuestro país, fue llamado a opinar sobre el resumen de noticias que se consumía en ese momento. Los medios de comunicación, muchos de ellos, iniciaron diferentes formas de descrédito del oficialismo apuntando a la corrupción. Un Estado limpio de corrupción fue la piedra de toque de la Alianza Cambiemos.  Ricardo Mollo, en aquel momento, decía que cuando se pasaba en la radio un tema musical muchas veces, lo que técnicamente se denomina “alta rotación”, indefectiblemente los oyentes terminan tarareándola. Equiparaba ese fenómeno, que cualquiera puede constatar, con lo que ocurre con los medios de comunicación. Así se instaló un Ideal para los votantes. La conducta política de la campaña se ofreció como garante contra la propia corrupción que le es inherente desde los inicios mismos de la concepción de lo que conocemos como Estado.

En la carta de Freud citada más arriba, Freud se pregunta cómo llega la violencia al derecho. La unión, la cohesión, es la respuesta. O sea, una comunidad que se organiza, promulga ordenanzas, leyes; lo que podemos entender ampliamente como lo que se organiza en un Estado. Los individuos renuncian a su libertad personal de aplicar su fuerza como violencia a fin de que pueda ser posible una convivencia. En la comunidad sin embargo el poder, advierte, siempre es desigual. El humano habla y circulan afectos de modo que en la comunidad se verifican en su cohesión dos cosas: los componentes de violencia, más específicamente, su compulsión y los sentimientos, o sea las identificaciones.

La política es sucia, fue otra de las tantas frases de gran impacto a partir de ‘la alta rotación’. No voy a explayarme sobre el concepto de suciedad tan emparentada a la vida sexual y lo reprimido Inconsciente. Se podrían sacar algunas conclusiones de la eficacia de la frase que persuadió a gran parte de la población en los años de la última dictadura cívico militar en Argentina, a no inmiscuirse en la vida política. Habría que aclarar que no solo los actores sociales podrían ensuciarse si se introducían en ese mundo, sino que ciertamente conllevaba la amenaza a la propia vida. 30000 detenidos desaparecidos y centenares de niños apropiados lo verifican.

El analfabetismo político se desprende como un no querer saber que es propio a todo ser hablante. Eso no le resta su correlato de verdad.

¿Qué es lo que hace funcionar la maquinaria del derecho del que a partir de Freud concebimos ligada a la noción de violencia? Aquí, haré uso de la doctrina schmittiana del estado de excepción estudiada por Giorgio Agamben y del cual extraigo algunas notas1. No recorreré la historia de este término que fue derivando a nuestros días de modo más amplio. Ya no señala un desequilibrio solamente entre un hecho político puntual y el derecho público. El estado de excepción procede estableciendo en el derecho, en su corpus, cesuras y divisiones paradojales, ya que se articulan a la vez que se oponen.

El estado de excepción es en principio eso, una excepción. Es un estado que separa la ley de su aplicación y que, a pesar de eso, tiene fuerza de Ley. Agamben elige escribir Ley con una barra sobre ella. Lo interesante es que este estado, que frecuentemente recurre a la figura de necesidad, muestra las lagunas propias del derecho. Tiene fuerza de Ley sin serlo. Es ‘ilegal’ pero perfectamente jurídico y constitucional. El autor afirma que la laguna que está en cuestión aquí no es interna a la ley, sino que tiene que ver con la realidad misma de su aplicación.

Es conocido que algunos Organismos de Derechos Humanos denuncian un estado de excepción permanente en la actualidad cívica argentina. Lo hacen sobre diferentes hechos que se inician desde la derogación de la Ley de Medios por decreto en los comienzos mismos de la actual gestión de gobierno. Se le suman la arbitrariedad de arrestos, allanamientos, accionar de las fuerzas de seguridad en diferentes ámbitos de la vida pública donde se manifiestan grupos humanos que se oponen a medidas que implican despidos masivos, recortes de partidas presupuestarias o incluso liberar presos procesados por delitos de lesa humanidad.

Si bien, la confusión de los poderes, legislativo, ejecutivo es algo que aparece con cierta claridad, lo que resulta más evidente para Agamben es que el estado de excepción pone en juego un espacio anómico donde se separan la norma y su aplicación, la norma y la realidad. Cito: “Como entre lenguaje y mundo, tampoco entre la norma y su aplicación hay ningún nexo interno que permita derivar inmediatamente una de la otra (…) De este modo, la soldadura imposible entre norma y realidad, y la consiguiente constitución del ámbito normal, es operada en la forma de la excepción, esto es, a través de la presuposición de su nexo.” De modo que la problemática del asunto tiene en el centro al lenguaje.

  1. La Túpac Amaru: la Rosa de los Motivos

En los últimos discursos del presidente Mauricio Macri hay metáforas que giran en torno a los factores climáticos para explicar las razones de la crisis económica, social y política desatada más fuertemente en los últimos siete meses.

 Reparé que Freud, al contestarle a Einstein sobre por qué la guerra, le acerca la teoría de la cual el psicoanálisis no puede prescindir: las pulsiones. Esos seres míticos y grandiosos en su indeterminación. Pero, sugiere que las acciones humanas rara vez, son obra de una única moción pulsional. Para ejemplificar estas complejidades le acerca un pequeño artefacto del lenguaje que utiliza un profesor de física a quien le adjudica dicho invento: La Rosa de los Motivos. El profesor Lichtenberg trata de explicar los motivos de las acciones humanas con esa fórmula. Así, los móviles por los que uno hace algo podrían ordenarse como los 32 rumbos de la Rosa de los Vientos. A partir de esta fórmula, Freud sugiere que tal vez el profesor era mejor psicólogo que físico.

No sé si el presidente leyó alguna vez a Freud o conoce la invención del profesor de física. Lo cierto es que al tratar de explicar las acciones humanas con un fenómeno natural estamos en el centro de lo que no se puede controlar ni explicar. Tampoco sé si conoce el dicho que advierte sobre los peligros de sembrar vientos.

La Túpac Amaru es un movimiento social que configuró un tipo de militancia gestado luego de la recuperación democrática. A partir de finales de los años 90, Milagro Sala se consolida como líder del movimiento. Solo en Jujuy, hasta fines del año 2015, la organización empleaba a 4600 personas, construyó ocho mil viviendas, cuatro escuelas y centros de salud y recreación bajo la forma de cooperativas. Al día de hoy se encuentra desmembrada casi en su totalidad.

El 16 de enero, al mes siguiente del inicio de la nueva gestión de gobierno, Milagro Sala fue detenida por “instigación a cometer delitos y tumultos”, esta es una de las causas, entre las sesenta que la Justicia jujeña fue sacando a la luz a medida que algunas se iban cayendo. Sala fue la principal dirigente sociopolítica de Jujuy de los últimos 15 años. La organización, a partir de su liderazgo, tuvo un crecimiento importante. A pesar de mantener cierta autonomía partidaria, sus vínculos con el kirchnerismo fueron explícitos en acuerdos y tensiones. La Túpac se sumó al mapa trazado por las Organizaciones de Derechos Humanos: Memoria, Verdad, Justicia, y sumó el significante Territorio. A partir de aquí surgen lo reclamos de la Organización sobre las tierras que los pueblos originarios vieron expropiadas hace más de 500 años. La Iglesia también se vio interpelada ya que la Túpac se regía más por los ritos ancestrales que por los nuevos, viejos y permanentes vientos coloniales. Los Ingenios azucareros, Ledesma y Esperanza tampoco se vieron favorecidos con la presencia de las cooperativas. En suma, La Tupac ofreció una nueva forma de concebir la política, el derecho, la economía, incluso la fe.

A pesar de que la CIDH, La ONU, intelectuales de diferentes disciplinas, incluido el ex Juez de la Corte Suprema, y actual integrante de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Eugenio Raúl Zaffaroni, denuncian la detención ilegal de Sala, continúa aún hoy detenida de manera ilegal pero perfectamente legal y constitucional en el marco de la excepción que intenta soldar y emparejar las lagunas del derecho.

Lo que el Gobernador de la provincia de Jujuy, Gerardo Morales, repite incasablemente cada vez que es interpelado por esta detención es “se robaron todo”. Es también lo que denuncia Milagro Sala respecto de la palabra clave que aporta, Territorio. Es también lo que repite el coro antiguo a partir de los medios de comunicación. Es también lo que falta probar en un juicio oral y público que presente las transparencias exigidas a un Estado de Derecho.

  1. Algunas conclusiones: Psicoanálisis y Democracia

La democracia como forma de política es casi planetaria. Se la festeja incluso como un modo de hacer vivible las cosas que los psicoanalistas llamamos malestar. Siempre se lo encuentra. Es una cuestión de tonalidad. Su presencia, es imposible de eliminar. Gobernar, educar, psicoanalizar son tareas humanas, por lo tanto pulsionales. La indeterminación que les es propia le da la fuerza de lo imposible tanto sea para representar, enseñar o interpretar.

La división de poderes, inherente a la forma que proclama la democracia, no garantiza ninguna armonía. El estado de excepción y la confusión que trae a esta división lo prueba. Sin embargo hay tonalidades que la confunden de un modo en el que ya no es posible distinguir el mapa y su territorio.

Si la división de poderes no está mínimamente asegurada, el deslizamiento a una forma totalitaria de gobierno es una pendiente verificable. Hoy, en la Argentina de la Alianza Cambiemos elegida, recordémoslo, democráticamente desde la detención de Milagro Sala hasta la fecha ubicamos signos de ese deslizamiento. Para dar un nuevo ejemplo de la confusión en la división de poderes puedo nombrar al Juez Rosenkrantz, quien presidirá la Corte Suprema por DNU a pesar de ser objetado por los organismos de Derechos Humanos. Recordemos el recurso del estado de excepción a la categoría de necesidad.  Recordemos también que fue este mismo Juez quien puso la firma al 2×1 objetado en una marcha masiva de la población argentina proveniente de todas las agrupaciones partidarias. Fue también abogado de uno de los medios de comunicación que más apelaron al poder de la ‘alta rotación’ que verifica su eficacia. Tal vez debamos analizar ese modo de repetición en algún momento. Diremos por lo pronto que si algo notamos es que la sed de castigo es insaciable.

La transferencia global del psicoanálisis se la debe sin duda a las formas democráticas de gobierno. Por fuera de ellas, su práctica, no es tolerada.

Para Freud, el abordaje de la vida política es inseparable de su teoría de la religión. Lacan lo ratifica y al lado del anuncio de su triunfo, afirma que el psicoanálisis sobrevivirá o no. La democracia es una condición necesaria para el psicoanálisis pero no suficiente. No le podemos confiar su supervivencia. Esa es tarea del psicoanalista y del discurso al que sirve sin el cual no existe. Hacer sobrevivir su discurso es el asunto.

Hace un tiempo, un joven filósofo, me dijo a propósito de sus viajes por el mundo, que la democracia está sobrevalorada. Para nosotros el plus del valor si está alojada en el Ideal, resulta intratable. Los psicoanalistas no contamos con otro artefacto que el objeto pequeño a inventado por Lacan para soportar el imposible y alojar ese plus. Hacerse guardián de la realidad colectiva ubica una forma verbal, hacerse, que lo lleva a su posición.

El analista y su alienación redoblada, a su propio discurso y a aquellos con los que convive, le plantea una tensión. Cada uno responderá al desafío que presenta la vida de las democracias actuales, la biopolítica y la vida pulsional.

 

Raquel Vargas es psicoanalista, reside en Buenos Aires.

Miembro AP de la EOL y de la AMP. Docente Psicopatología I docente diplomatura UNSAM y supervisora de varios hospitales nacionales y municipales.

 

Notas bibliográficas:

1 Agamben, G., Estado de excepción, A Hidalgo Ed, 2003, p. 71-83.

 

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