Los evangélicos se constituyeron en fuente inagotable de enigmas, pánicos y
pontificaciones y en un gran desafío para las fuerzas progresistas.
Su crecimiento pone de relieve que la secularización no funciona
como un muro capaz de anular los intercambios entre el mundo
de la religión y la política. .
Pablo Semán
El continente latino-americano, poblado por etnias en distintos niveles de transformaciones culturales, sufre desde el 12 de octubre de 1492, la “invasión” que conocemos como “descubrimiento”. A partir de ese momento comienza el choque de las religiones de los “pueblos originarios” y la religión católica.
Aunque el catolicismo como religión de los dominadores quedó como la religión del continente, las religiones de dichos pueblos supieron resistir, y muchas veces aparecen incluso camufladas en los símbolos católicos como es el caso de las diversas vírgenes morenas.
En cuanto a las diversas religiones, o más bien, expresiones religiosas pertenecientes en general a la Reforma Protestante, por mucho tiempo fueron absoluta minoría, pero supieron sobrevivir y pasar a recuperar terreno.
Pero por mucho tiempo la absoluta hegemonía perteneció a la Iglesia Católica. Sólo a fines del siglo pasado comienza a derrumbarse la absoluta hegemonía católica, dando lugar a la penetración, sobre todo en la clase media, de las iglesias evangélicas que realizan un inteligente proselitismo.
Es en los años 2016-2018 que se produce un verdadero punto de inflexión en la historia político-religiosa del continente latinoamericano. Los evangélicos ya no se recluyen en sus templos de cochera y participan activamente en los parlamentos, las alcaldías y en las medianas y grandes empresas.
Los pastores en general, en términos de género y sexualidad son conservadores, patriarcales, homofóbicos, y radicales en su oposición a los homosexuales y las mujeres, por su parte, son sumisas.
Es el momento de Fabricio Alvarado, líder evangélico en Costa Rica con una brillante segunda vuelta en las elecciones que causa verdadero impacto político en el continente, y Jair Messias Bolsonaro en Brasil.
El caso de Bolsonaro merece una atención especial, una verdadera revolución de derecha, que conmociona todo el espacio latinoamericano. Junto a él están la Iglesia Universal del Reino de Dios y la radio Aleluia.
En 2018, se produce en Venezuela el llamado fenómeno Bertucci, cuando el pastor evangélico Javier Bertucci se lanzó como candidato presidencial y su partido, Esperanza por el Cambio, alcanzó más de un millón de votos.
Colombia se encuentra convulsionada por intensas movilizaciones en contra de la paz, y las iglesias pentecostales y neopentecostales invaden las calles y las redes sociales, al mismo tiempo que ocupan puestos políticos en el parlamento y producen un movimiento de “moralización” y “re-sacralización”.
En Argentina se produce un notable avance de los pentecostales que trabajan en la construcción de la subjetividad y participan activamente en las políticas públicas, con resultados notables como puede verse en la Encuesta nacional que hizo el Conicet que daba para el catolicismo, el 62,9 %; para los evangélicos, el 15,3 % y para los sin religión, el 18, 3 %.
Marcos Carbonelli en “Los evangélicos en la política argentina” destaca que el 90% de los evangélicos es pentecostal o está pentecostalizado, presentando la contradicción de que tienen un notable crecimiento en los barrios, pero son derrotados en las urnas.
Sintetizando, podríamos tener el siguiente mapa de la distribución del cristianismo en sus diversas variantes en el continente latinoamericano y del Caribe:
En México y Paraguay, el catolicismo sigue vigente, teniendo en cuenta que, sobre todo en México, muchas de las diversas etnias conservan su religión tradicional, mezclada muchas veces con creencias derivadas del cristianismo.
Es éste un fenómeno de extraordinaria importancia que tiene que ver con la simbiosis que se da entre el cristianismo, ya se trate del catolicismo como de las diversas corrientes del protestantismo y las religiones de los pueblos originarios
El Gauchito Gil la Difunta Correa, san La Muerte en Argentina y la Guadalupana en México, se mezclan con las diversas advocaciones de santos y, en especial de la Virgen María.
En Chile y Uruguay es donde más se manifestó el fenómeno del “desencantamiento” señalado por Max Weber, que produce la modernidad. Es notable la propagación de ateos y agnósticos. Sin embargo, Salvador Piñera tuvo como asesores de campaña a cuatro pastores y en Uruguay el CREU (Consejo de representatividad evangélica) está conformado por más de 700 Congregaciones.
En el resto de la región, y en especial en América Central, se ha desarrollado notablemente el neo-pentacostalismo y, en tres países, Brasil, Panamá y Costa Rica, más de un cuarto de la población es “evangélica”.
Pero hay tres países centroamericanos, Nicaragua, Honduras y la citada Costa Rica, en los cuales por una parte hay un notable retroceso del catolicismo y un sostenido avance del evangelismo pentecostal, de tal manera que amenaza con quitarle al catolicismo su primado histórico.
Tendencias evangélicas
Los fenómenos sociales, políticos, económicos, culturales y religiosos son fenómenos de alta complejidad que, si queremos analizarlos debemos tenerlo en cuenta, por lo cual es necesario buscar la manera de poderlos aglutinar en determinados ámbitos que nos permitan una visión integral.
En el caso de los evangélicos, que es el tema que nos preocupa, seguiremos la propuesta clasificatoria que nos propone Pablo Semán:
- Protestantismo histórico
Generalmente cuando hablamos de protestantes sin más nos referimos a los históricos, es decir, a aquellos que surgen con las proposiciones que Lutero clavó en la puerta del palacio de Wittenberg el 31 de octubre de 1517.
Políticamente se ubican en el ámbito del “liberalismo político”, con un claro compromiso social que los lleva a estar presentes en las luchas por la satisfacción de necesidades de los sectores populares y en la defensa de los derechos humanos, aportando, incluso al desarrollo de la Teología de la Liberación, rubro en el cual es indispensable citar al pastor Néstor Míguez.
Son los luteranos, los metodistas y los calvinistas.
- Tendencias evangelicales
Son originarias de Estados Unidos. Tienen como base dogmática la Biblia interpretada literalmente. Es lo que conocemos como “literalismo bíblico”.
Tienen una práctica general de apartamiento del mundo, interpretado éste como dominio del mal, practicando, en consecuencia, lo que cabría denominar como práctica conservadora que, al mismo tiempo, es misional y proselitista. Pero no se puede obviar que hubo pastores como Jorge Pixley, cuya teología pertenece al campo de la Teología de la Liberación.
Aquí se ubican los bautistas, los presbiteranos y los hermanos libres.
- Pentecostales
Tienen como base fundamental la actualidad de los “dones del Espíritu Santo”, verdadero motor de la glosolalia, es decir, el hablar en lenguas, la realización de “milagros” y de “curaciones”. Ello significa el volver a reencantar el mundo.
Max Weber en sus profundos y extensos análisis sobre las religiones mundiales sostiene que el capitalismo ha producido un verdadero desencantamiento del mundo. El pentecostalismo viene, precisamente, a volverlo a encantar, cosa que logra vinculando al mundo a las experiencias espirituales locales. El mundo vuelve a ser respirable.
“Los pentecostales, dice Pablo Semán, crecen por el boca a boca, por cercanía, por redes”. Es la realización de los sujetos por medio del encuentro, de la amistad, de la comunicación, de la ayuda al necesitado.
“Las conversiones y adhesiones se dan en la vida cotidiana, cuando alguien tiene un problema y una persona le recomienda ir a una iglesia”. Es volver a conectar al sujeto con la vida, con los afectos. La religión deja de ser algo lejano, un agregado que no se sabe para qué. Penetra los entresijos de la vida necesitada de ayuda.
¿Qué valores?, o sea, el problema de los derechos humanos.
La teoría, o sea, la teología y la práctica de la religión, cualquiera ella sea, está siempre esencialmente vinculada a la lucha en torno a determinados valores humanos.
No se puede ni siquiera comenzar a entender el cristianismo si lo separamos de las multiplicaciones de los panes, para satisfacer el hambre de las poblaciones; de las curaciones de las más diversas enfermedades, en una palabra, de la satisfacción de las necesidades humanas.
Pero la lucha conlleva siempre una “interpretación”. Tomemos el caso del aborto, tema urticante si los hay por cuanto atañe a lo profundo de la vida humana. Se trata nada menos que del acto por el cual se decide sobre la vida o la muerte de un ser humano.
Una teología fundamentalista siempre tiene a mano la respuesta que en lo que se refiere al aborto sostiene que atenta directamente en contra la vida que es un regalo-obligación de Dios. Es un regalo, lo cual sería evidente, pero el regalo es irrenunciable, con lo cual deja de ser “regalo”, para ser una “imposición”. De ella no puede haber renuncia.
La opción religiosa no puede escapar a la obligación de comprometerse en el rechazo o aceptación de determinados valores o disvalores que atañen esencialmente a la vida humana, como el aborto, la educación sexual, el matrimonio igualitario, la educación de género, el uso de la marihuana con fines terapéuticos.
Todos esos valores hoy están en discusión en todo el ámbito de las opciones religiosas evangélicas y católicas. Y constituyen un verdadero desafío, porque no se pueden aceptar como dogmas que se encuentran fuera del entrelazamiento dialéctico que es la misma vida.
Rubén Dri es filósofo y teólogo, reside en Buenos Aires.
Actualmente, como Profesor Consulto, es profesor e investigador-investigador en el IEALC. Es autor de varios libros tanto en el área filosófica como en la socio-teológica.