Santiago Riveros Oliva – La Unidad y el Diablo: hijos de Dios e hijos de la soberbia

Primera Parte: Unidad, Unión y Diablo

La División pende de la Unidad para su existencia. La División es una palabra, digamos, “heterológica”1, pues no ilustra lo que representa: la división misma. Ya que ‘División’ no está dividida. De eso se trata, de dividir a otros. Para que esto sea posible, debe darse la unión al interior de la División. Y aunque, juego de palabras, de eso versa justamente: la División no está dividida porque a su interior reina una aplastante unión. Su necesaria existencia paradojal.

Basta la Unidad para que alguien anhele desarmarla. A la Unidad se la desarma por adentro (“diaballein2 –etimológicamente– es ‘separar-entre’ o a ‘través-de’). Antes, se buscaba un culpable para dividir: los Nacionalismos centrífugos. Ahora, la posta, reside en la segmentación: llamémosle Globalismos de Mercado o posmodernidad. La fragmentación social se realiza desde la afirmación de las particularidades y amamantando el narcisismo. El Diábolo no busca diversidad sino divergencia: susurra al oído las contradicciones de la Unidad, y de la división nace el Liberalismo (de izquierdas y derechas). Aun en la diversidad subyace la Unidad como horizonte, y un trans-lado inminente desde el ONG-ismo que une, al cosmos propiamente político.

Existe un registro simbólico del cual servirnos para constituirnos en un proyecto de país con Justicia Social. Registro que aún sufre los embates de imaginarios sociales importados. Importaciones de arriba-abajo (de la Oligarquía al Pueblo) y de centro-periferia (de las metrópolis a países satélites). Importacionesque dividen.

Las búsquedas por encontrar un ser-nacional parecen hoy, en tiempos de globalización, intentos de una realidad contra-fáctica. Pero para pensar la Unidad, podemos empezar prescindiendo del Ser. Los totalitarismos, también son búsquedas de la mónada.

Procesos populares supieron poner un freno de mano a la inequitativa distribución inmanente del Capitalismo, e intelectuales y políticos de nuestro Pensamiento Nacional han ido construyendo un camino orientativo. Pero no es fácil, implica un largo proceso de des-zoncerización3, en el sentido de trabajo analítico y de consciencia de aquellos “sofismas”4 con los que nos hemos identificado como Nación, y que forman parte de un bagaje peyorativo acerca de ‘lo nuestro’. En su Manual de Zonceras Argentinas, p. 18, dice Jauretche:  “descubrir zonceras que llevamos adentro (…) es como sacar un entripado valiéndose de un anti-ácido, pues hay cierta analogía entre la indigestión alimenticia y la intelectual (…) algo así como confesarse o someterse al psicoanálisis –que son modos de vomitar entripados- (…)”.

En un mismo sentido, Francisco Suarez (teólogo jesuita), en plena división de la Iglesia responde al rey de Inglaterra, Jacobo I, aludiendo a San Agustín: “(…) sino porque son soberbios y no conocen el pensamiento de Moisés sino que prefieren el suyo, no por ser el verdadero sino por ser el suyo”5. Y es que la Unidad se alcanza atendiendo la “realidad efectiva”6, que no es otra cosa que una negociación permanente con el principio de realidad. Este debiera ser el “principio regulador [en tanto] transformación de la energía libre en energía ligada”7. La soberbia (o energía libre), en cambio, no negocia sus certezas, pues, retomando la respuesta del teólogo jesuita que parafrasea a San Agustín, “(…) no es de sabios (…) y es hija no de la visión sino de la hinchazón”. La hinchazón es aquí, lo que A. Jauretche menciona como indigestión intelectual. Inflando al individuo es que reina el Diábolo: sus certezas son como el exceso de colesterol, llega hasta los ojos.

Pero sálvese de confundir Unidad con Unión: la segunda indica una articulación coyuntural de contraposición (una reacción) o un conglomerado en torno a un interés particularísimo.En laUnión no hay contradicciones ¿cuáles podrían haber? Poco y nada de trabajo tiene el Diábolo aquí. Tal vez, en esa falta de comprensión acerca de esta diferencia, es que el Radicalismo8 se perdió en la geografía de la Historia. Pero, ni todo el radicalismo, ni para siempre.

La Unión es como la asistencia de familiares que nunca se ven, pero se abrazan en cumpleaños y velorios. En la Unión no hay lazo social, por eso, tampoco fanatismo. La Unidad, en cambio, es una familia: porque hay filiación y sedentarismo –en el sentido de un ceder en favor de un movimiento estable. Se insta al abrazo de los hermanos peleados y, como en todos lados, también yacen abandonos, desencuentros, traiciones e indiferencias. La autoridad ubica el límite, y también aprende con sus hijos a expandir ese horizonte de pertenencia. Pero siempre un límite.

El límite es la condición de la unidad, pero ésta puede prescindir de resolver contradicciones. Sin embargo, el Gran Calumniador, susurra al oído de quienes lo prestan, advirtiendo que, el límite es la contradicción. Sus palabras llegan al estómago, y este se les revuelve. Ahora el desventurado-corrompido desde los oídos- se vislumbra tragando sapos. Escupir la Unidad es cuestión de tiempo y el principio de la soberbia. Y la soberbia, a su vez, es la metástasis de la Unidad.

Todo hijo de Dios, es tentado a ser un Dios de sí mismo.

 

Santiago Riveros Oliva es estudiante avanzado de la Licenciatura en Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), reside en San Juan.

Presidente del Centro de Estudios Políticos Encuentro Latinoamericano (CEPEL).

 

Notas bibliográficas

1 Término utilizado por Kurt Grelling, para referirse a las palabras que se describen a sí mismas.

2 Para la etimología del término, se utilizó etimologías.dechile.net.

3 Del término zoncera, recuperado por A. Jauretche en su Manual de Zonceras Argentinas.

4 Jauretche, A., Manual de Zonceras Argentinas. Peña Lillo Editor, Buenos Aires, 1985.

5 Suarez F., Defensa de Fe Católica Apostólica contra los errores del Anglicanismo, 1613.

6 Expresión extraída de “La marcha peronista (Los muchachos peronistas)”, de autoría anónima.

7 Laplanche, J.,  y Pontalis, J.-B., . Diccionario de Psicoanálisis, Paidós, p. 299, Buenos Aires, 2013.

8 Unión Cívica Radical, partido tradicional argentino.

 

 

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