Sérgio Laia- El tabú de la corrupción

El título de esta intervención surgió en el contexto de una discusión mantenida con Jésus Santiago, Ram Mandil, Sérgio de Castro y Simone Souto sobre cómo íbamos a llamar a este Foro, primera manifestación brasileña y nacional de la Movida Zadig – Dulces y Bárbaros. Ya habíamos definido que hoy el tema más urgente y, al mismo tiempo, más espinoso de la política brasileña era la corrupción y que, en efecto, nos posicionaríamos contra la corrupción, pero, una vez que algunos de nuestros primeros pronunciamientos públicos se presentaron en ese sesgo, fuimos sorprendidos por algunas críticas de que esa pauta –aunque de gran actualidad política en Brasil– sería necesariamente de centro-derecha o incluso «golpista».

Frente a esas críticas, que no nos impidieron avanzar hasta la realización de este Foro e intitularlo como lo hicimos, se me ocurrió decir que la corrupción se había convertido en un tabú porque la temática, como anhelamos hacer aquí, implicaba, en el Brasil de hoy, el riesgo de que seamos localizados en el «centro» o en la «derecha» cuando, en efecto, haciendo incidir –también en el campo de la política– el «filo cortante» (Lacan, 1964/2003, p. 235) de la verdad freudiana, queremos hacer hablar, de un modo reverso, tanto a la concordancia en cuanto a la denuncia, como a lo que se presenta como impronunciable.

Se trata del reverso de la concordancia porque, aun afirmando que la corrupción atraviesa necesariamente la política, tal afirmación –a diferencia de lo que ocurre muchas veces entre los políticos y se expone groseramente en los últimos años en Brasil– no nos exime de combatirla. Se trata del reverso de la denuncia porque – también diferente de lo que ha sido frecuente de parte de diferentes sectores de la Justicia y de los medios brasileños– hacer un Foro de Política Lacaniana para discutir y posicionarse contra la corrupción es muy diferente de hacer coro con quien escruta la corrupción en una suerte de nueva Cruzada del Bien contra el Mal o de desconocer que hoy la tan deseada transparencia no es simplemente dejar todo visible o a la vista porque, tal como sucede con las puertas de cristal muy bien pulido, la transparencia es también lo que no se ve y contra lo que se puede, no sin daño, chocarse.

Me parece posible abordar la corrupción como un tabú también porque, sobre todo, considerando su diseminación cada vez más insidiosa en la política brasileña, siempre hay el riesgo de que, en función del contagio propio del tabú, otro corrupto sea descubierto. Sin embargo, si considerásemos los argumentos de aquellos que no creían pertinente hablar de ese tema aquí, por atribuirlo a una «pauta centro-derecha», hay aún el riesgo, también en función de la dimensión contagiosa del tabú, de que seamos considerados corrompidos por querer discutir ese tema-tabú.

 

La tensión semántico-libidinal del tabú

Freud (1912-1913 / 2012) se interesó bastante por el tabú circunscrito, en principio, por estudios antropológicos a los entonces llamados «pueblos primitivos», pero le dio un alcance clínico y una dimensión libidinal, discerniéndolo en nuestra llamada «civilización» como lo que insiste en varias manifestaciones obsesivo-compulsivas y, además, como «el oscuro origen de nuestro propio “imperativo categórico” (48), o sea, de ese ordenamiento formalizado por Kant (1788/1985, p. 30-33) y que se vale de la ley moral como lo que se impone a nosotros por ella misma, sin cualquier otro motivo más allá del deber de seguir la ley por la ley.

Subrayando el origen polinesio del término «tabú», Freud (1912-1913 / 2012, p. 42) también va a demarcar su resonancia, en el ámbito mismo de la civilización occidental, con lo que los romanos llamaban sacer («sagrado»), los griegos äyos y los hebreos kadausch. Todos estos términos traen consigo el «significado antitético de las palabras primitivas» designando lo que es «santo», «consagrado» «puro» y, al mismo tiempo, «inquietante», «peligroso», «prohibido», «impuro» («impuro» Freud, 1912-1913 / 2012, p. 42). Sin embargo, esta tensión antitética no es, para el psicoanálisis, sólo de orden semántica, pues comporta una dimensión libidinal no menos tensa y que Freud (1912-1913 / 2012) demarcó con el término bleureliano de «ambivalencia»: «el fundamento del tabú es una acción prohibida, para la cual hay una fuerte inclinación en el inconsciente «(p.66), ya que» no es necesario prohibir lo que nadie desea hacer» y «lo que se prohíbe enfáticamente debe ser objeto de un fuerte deseo» (página 114).

Además de esa tensión semántico-libidinal característica de lo que es «tabú», me interesa resaltar aquí cuánto Freud (1912-1913 / 2012, p. 42-43) ubica «las restricciones del tabú» como muy diferentes «de las prohibiciones religiosas o «morales», en la medida en que «no proceden del mandamiento de un dios, valen por sí mismas» y «prescinden de cualquier fundamentación», «tienen origen desconocido» y son «para nosotros oscuros», mientras que parecen «evidentes para aquellos bajo su dominio «.

 

Dos hipótesis

Planteo una hipótesis que la desvinculación del tabú con respecto a un mandamiento divino nos permitiría tomarlo como un orden que se impone sin ser lastrado necesariamente por el padre, lo que lo convertiría en un imperativo realmente propicio para nuestros tiempos ya no respaldados por el orden patriarcal. Me parece –y aquí avanzo una segunda hipótesis– que la proliferación de la corrupción en Brasil, incluso paradójicamente legitimada en contextos políticos que deberían cohibirla y combatirla, también ganó fuerza a partir de la ausencia de un lastre paterno. En ese contexto, me valgo de una argumentación de Spektor (2017) en su columna en la Folha de São Paulo del último día 13 de julio:

la Nueva República inventó una fórmula perversa para gestionar la relación entre los poderes ejecutivo y legislativo. En nuestro sistema, el presidente no tiene mayoría parlamentaria. Para gobernar, él necesita armar una ‘base aliada’ de diputados y senadores. Estos, a su vez, apoyan al presidente a cambio de partes del presupuesto y de indicaciones para cargos públicos por donde pasan licitaciones pulposas.

La cualificación de esa «fórmula» como «perversa» es consonante con el modo como el psicoanálisis localiza la perversión como lo que se vale de la desmentida de la ley para hacerla existir eximiéndose de las restricciones que la ley impone y de la propia castración como goce. Con tal «fórmula perversa», los poderes Ejecutivo y Legislativo nos hacen socialmente rehenes «de un conjunto de grupos de interés lo suficientemente fuerte para sacar ventaja de la necesidad que el presidente tiene de garantizar apoyo de la base», pues el gobierno federal se vuelve «el QG [Cuartel General] de los intereses particularistas» (Spektor, 2017). En otros términos la res pública se convierte en campo fértil para acciones privadas, pero realizadas supuestamente y perversamente en nombre de lo que es público y con lo que es público. En ese contexto, la corrupción como un tabú de la política prolifera de modo mucho más contagioso y visible de lo que ocurría, por ejemplo, en el patriarcalismo de la «Vieja República» o incluso en las actuaciones sangrientas y oscuras de los «Salvadores de la Patria» con que los dictadores brasileños muchas veces se presentaron entre la segunda mitad de la década de 1960 y el inicio de la década de 1980.

 

El impronunciable maldito y bendito

La experiencia analítica, desde los primeros descubrimientos realizados por Freud, da muestras de que es posible tocar el tabú sin ser contaminado por él porque ella procura dar otro lugar a esa inclinación y a ese deseo que el tabú como prescripción busca, en vano, escamotear, evitar. Ella se vale de lo que es impronunciable, en cada sesión, para cada analizante. En los circuitos contaminantes del tabú, lo que está en juego es la maldición –quien lo toca o lo profiere se convierte también en tabú. Con el psicoanálisis, se trata de encontrar otras vías para el maldicho, incluso para que, valiéndonos, como escribió cierta vez Freud (1915 [1914] / 2017, p 171), de un «espíritu del submundo», podamos dar lugar a lo que Lacan (1973/2003, 522 y 539) llamó «bien decir». Eso es lo que, en mi opinión, la Movida Zadig – Dulces y Bárbaros busca, en Brasil, hacer con este Foro, al proponerse a discutir, más allá de la concordancia y de la denuncia, el tema tabú de la corrupción.

 

 

Sérgio Laia es Psicoanalista, reside en Brasil

Analista Miembro de la Escuela (AME) por la Escuela Brasileña de Psicoanálisis (EBP) y por la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) – AE – 2017-2020; Profesor del Curso de Psicología y de la Maestría en Estudios Culturales Contemporáneos de la Universidad FUMEC (Fundación Minera de Educación y Cultura).

 Texto derivado, con pocas modificaciones, de una presentación en el Foro Estado de Derecho y Corrupción. El real del psicoanálisis es nuestra moneda, realizado por La Movida Zadig Dulces y Bárbaros, con el apoyo de la Escuela Brasileña de Psicoanálisis (EBP) en la ciudad de São Paulo, el 18 de agosto de 2017.

 

Traducción: Ana Paula Britto

 

Referencias

Freud, S., (1912-1913/2012). Totem e tabu. In: Obras completas, vol. 11: totem e tabu, contribuição à história do movimento psicanalítico e outros textos (1912-1913). São Paulo: Companhia das Letras, p. 13-244.

Freud, S., (1915[1914]/2017). Observações sobre o amor transferencial. In: Fundamentos da clínica. Belo Horizonte: Autêntica, p. 165-182.

Kant, I., (1788/1985). Critique de la raison pratique. Paris: P.U.F.

Lacan, J., (1964/2003). Ato de fundação. In: Outros escritos. Rio de Janeiro: Zahar, p. 235-247.

Lacan, J., (1974/2003). Televisão. In: Outros escritos. Rio de Janeiro: Zahar, p. 508-543.

Spektor, M., Presidencialismo fracassou e enquista o Brasil no atraso. Folha de São Paulo, 13/07/2017. Disponível em:

http://www1.folha.uol.com.br/colunas/matiasspektor/2017/07/1900845-presidencialismo-fracassou-e-enquistao-brasil-no-atraso.shtml

(Acesso em 3o de julho de 2017).

 

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