En su libro Contingencia, ironía y solidaridad1, Richard Rorty dedica dos capítulos al tema de la crueldad, se sirve de dos escritores que plantean la crueldad desde adentro, Nabokov quien al decir de Rorty, nos ayuda a que veamos el modo en que la prosecución privada del deleite estético suscita crueldad, y desde afuera, Orwell que la sitúa desde el punto de vista de las víctimas, ambos textos se contraponen, sin embargo Rorty mostrará en su capítulo sobre Orwell como en la última parte de su libro 19842, el autor hace lo mismo que Nabokov: “Nos ayuda a alcanzar la crueldad interna permitiéndonos articular la conexión oscuramente sentida entre el arte y la tortura”3.
La ética ironista de Rorty es un modo de concebir al sujeto que la filosofía actual produce. Pensarlo con relación a la crueldad y a la creencia es el trabajo que el filósofo americano realiza en su capítulo “El último intelectual de Europa: la crueldad en Orwell”4.
La creencia nos interroga. En el psicoanálisis, su estatuto se pone en evidencia en el dispositivo analítico, nos interesa situar el trayecto que la creencia recorre entre la instalación del SsS, en tanto creencia en el Otro de la transferencia y la caída al final del saber supuesto con sus efectos de barradura del Otro, quedando como efecto creer en el síntoma. La creencia no se disuelve, hay un cambio de su estatuto en la operación.
El intento es poner a girar ambos discursos entre sí el de la filosofía actual con el psicoanálisis, dando lugar a aquello que en la filosofía puede interpelar al psicoanálisis.
Orwell y Rorty
Rorty toma al sujeto O´Brien creado por Orwell como el Otro cínico de la pareja con Winston. El autor nos muestra en su relato lo que podría ocurrir “que pequeñas pandillas de criminales se hiciesen del dominio de los estados modernos y que gracias a la tecnología continuasen en el dominio por siempre”5, pensó el lugar de los intelectuales en tales estados, O’Brien para Rorty es respuesta a ésto.
Rorty analiza por separado las dos tareas de Orwell: “redescribir la Rusia soviética y la de inventar a O’Brien”6.
Acerca de la primera bajo el axioma: “La libertad es la libertad de decir que dos más dos son cuatro”7, lo que Winston escribe en su diario oculto de la mirada del gran Otro, cuyo nombre es Gran Hermano, mirada que a su vez se presentifica en su cuarto bajo la forma de una gran pantalla, este axioma entonces señala su libertad individual a pesar del Otro cínico, este axioma a la vez presenta una paradoja interesante que se muestra a través de dos cuestiones: que la verdad parece estar afuera y que, respecto del lenguaje, no resulta independiente.
Para Rorty lo útil de Orwell no es despertar la sensibilidad de una audiencia ante casos de crueldad y de humillación, hacer consistir esto quitar la apariencia y poner de manifiesto la realidad, lo útil es comenzar a percibir la realidad como una redescripción de lo que puede ocurrir o ha ocurrido, descripciones alternativas de los mismos acontecimientos, esto hace decir al filósofo que la crueldad es lo peor; lo útil para Rorty es que libretos distintos, descripciones y redescripciones se enfrenten entre sí.
Al inventar a O´Brien, Orwell inventó a otro cínico, estableció a través de él las categorías de lo peligroso y lo posible, pero apuntó hacia la dirección errónea según Rorty, ya que planteó que todos los talentos intelectuales podrían ocupar las categorías.
Orwell opina que un sujeto no puede ser libre interiormente bajo un régimen dictatorial, esto sería que dos más dos son cuatro no podría decirse si el Otro goza del ciudadano.
Para Rorty no importa si dos más dos son cuatro es una verdad y si esa verdad es subjetiva, lo único que importa es que si uno cree en ello puede decirse sin sufrir perjuicios, por eso nos dirá Rorty si somos “suficientemente irónicos acerca de nuestros léxicos últimos y suficientemente curiosos acerca del de todos los demás no tenemos que inquietarnos por si estamos en contacto inmediato con la realidad moral o sí nos ciega la ideología o si somos enfermizamente relativistas” 8, esto es, ser una persona es hablar un lenguaje que nos habilita para discutir creencias y deseos particulares, ya que lo único que tenemos en común con otros seres humanos y con otros animales, es la facultad de experimentar dolor.
Y aquí entra el tema de la crueldad, Rorty propone aislar un elemento que distinga el dolor humano del animal, y aquí entra O´Brien recordándonos que los seres humanos socializados en un lenguaje y en una cultura comparten una capacidad, a todos se los puede a través del dolor humillar destruyendo mediante la violencia las estructuras particulares de lenguaje y creencia en las que fueron socializados.
Cuando O´Brien, a través de la tortura, hace creer a Winston que dos más dos son cinco, tiene el propósito de quebrar su sistema de creencias, así como el axioma “haz eso a Julia” quiebra a Winston. Sin embargo, hay una diferencia: decirse dos más dos es cuatro es posible de hacer entrar esta creencia en un relato coherente, es posible tejer una historia, sin embargo, con el deseo de “haz esto a Julia” se encuentra un límite, es una creencia alrededor de la cual no es posible tejer ninguna historia.
Podemos decir creí en algo falso, pero nadie puede decir, ahora creo en algo falso. Pero nos dirá Rorty las personas pueden experimentar la humillación última de decirse: “Ahora que he creído o deseado eso no podría ya ser lo que yo esperaba ser lo que yo pensaba que era, la historia que me conté a mí mismo, ya no tiene sentido. Ya no dispongo de un yo que armonice con ella. No hay un mundo en el que pueda imaginarme vivir, porque no hay léxico en el que yo pueda narrar una historia coherente de mí mismo. Para Winston la frase que él no podía expresar y subsistir era ‘haz eso a Julia’ y la peor cosa del mundo eran las ratas. Pero probablemente cada uno de nosotros mantiene las mismas relaciones con alguna frase o con alguna cosa”, concluye Rorty9.
Creencia y síntoma
A través de la pareja O´Brien-Winston, Orwell refleja lo que sucedería en las comunidades, la existencia de sujetos como O’Brien que pueden ser talentosos intelectuales, como ocupar las categorías de lo peligroso y posible. Rorty critica esto, su lectura es que el invento de Orwell es la muestra de cómo un fantasma puede desarticularse, como pueden hacerse pedazos las mentes humanas y volver a recomponerlas dándoles las formas que elijamos, la base es quebrar el sistema de creencias de un sujeto, que deje de creer. O’Brien y su partenaire sostienen un Otro de la crueldad y al final del proceso habrá una caída de ese Otro, pero también se borrará el estatuto de la creencia.
En la época, que está marcada por la inexistencia del Otro, lo que significa caída del ideal y predominio del goce de los objetos sin lazo al Otro, uno hace existir al partenaire de todas las formas posibles. En la “comunidad desarraigada del Otro, la pareja es la comunidad fundamental”10, dirá Miller.
En un análisis el analizante viene a hacer pareja, el dispositivo analítico arma una pareja artificial cuyo lazo es la transferencia, es una pareja que pivotea sobre la función del Otro “maestro de verdades” 11. El lazo entre ellos será el mensaje que vuelve del Otro en tanto interprete.
La creencia se sostiene en todo el dispositivo. Al comienzo hay la creencia en el SsS, hay creencia en el fantasma como velo del objeto, versión del mundo para el analizante. Al final hay caída de ese Otro garante del significante, caída de la pareja ficción y movimiento en la pareja que el analizante contrajo con su fantasma.
Al final del análisis resulta una modalidad de saber asociado a la creencia, creer en el síntoma, “creer en eso”12 cernir lo que ex-siste al inconsciente, en ese lugar de borde donde se ubica en RSI al padre, al síntoma y a una mujer. Creer por lo tanto que la mujer tiene algo que decir del síntoma que la une a su partenaire, esto es creer en eso, al final adviene el saber siempre arreglárselas (savoir y faire13 ) que no es el saber hacer (savoir-faire). Es en cambio un conocer a nivel del uso, uso que presenta sus diferencias con lo útil del pragmático, uso como efecto de reducción que en el dispositivo analítico operó. Ni en la comunidad de la conversación, ni en el psicoanálisis, sostienen un Otro cínico, sin embargo, la comunidad ironista reconstituye Otro en al época, pero “no hay el síntoma”14.
Allí donde el pragmatismo sitúa discursos múltiples, estratos solidarios, verdades múltiples y transmisibles, el psicoanálisis habla, en cambio, de la variedad del síntoma, del creer en eso, es decir, de lo singular a nivel de la creencia reflejado en el saber arreglárselas siempre, lo que resulta un nombre para el goce y no un goce sin Otro.
Silvia García es psicoanalista, reside en Buenos Aires.
Miembro de la EOL y la AMP. Docente invitado del IOM2 Conurbano Sur, docente de la cátedra Psicoanálisis Freud 1, titular Osvaldo Delgado, Facultad de Psicología, UBA. Reside en Buenos Aires.
Notas bibliográficas:
1 Rorty, R., Contingencia, ironía y solidaridad, Ed. Paidós, 1996.
2 Orwell, G., 1984, Ed. Salvat, 1970.
3 Rorty, R., op. cit., p. 164.
4 Ibíd., p. 187.
5 Ibíd., p. 189.
6 Ibíd., p. 189.
7 Ibíd., p. 190.
8 Ibíd., p. 195.
9 Ibíd., p. 197.
10 Laurent, E., Miller, J.-A., El Otro que no existe y sus comités de ética, Clase 11 de junio, inédito, 1997, pág. 7.
11 Laurent, E., Miller, J.-A., Ibíd., clase 11 de junio, inédito, p. 9.
12 Lacan, J., Seminario Nº 22, RSI, inédito, 1974-75, p. 41
13 Laurent, E., Miller, J.-A., op. cit., clase 11 de junio, p. 11.
14 Laurent, E., Miller, J.-A., op. cit., clase 18 de junio, p. 2.