Silvia Szwarc – Populismo y democracia

“… Vemos que la política sigue siendo un asunto de identificación …

…Cualquiera que sea el sesgo por el cual lo abordemos, el análisis se opone a la identificación.”

                                                                                                                   J.-A. Miller

Distintos intelectuales progresistas van a referirse a Carl Schmitt para pensar lo político.

Y se trataría de volverlo a pensar, luego del fracaso del “socialismo real”.

Chantal Mouffe hace explícita su referencia a Carl Schmitt del que toma sus principales categorías, (aunque a nuestro entender de un modo sesgado)

Mientras el segundo, que toma a cada una de sus referencias con extraordinaria minuciosidad, no encontramos referencia a Carl Schmitt, excepto el uso de sus categorías amigo/enemigo transformadas en nosotros/ellos.

Nos interesa establecer qué se entiende por democracia pluralista radical en la propuesta de estos autores. Chantal Mouffe, en El retorno de lo político, cita en calidad de coautora junto a Laclau a Hegemonía y estrategia socialista, la lógica que ambos comparten.

Comienza estableciendo una diferencia entre agonismo y antagonismo, diferenciándose de Carl Schmitt. Cada fragmento social feminismo, etnias, nacionalismos, religiones, piqueteros, etc pueden constituir a los otros como enemigos. Estamos en la primera cita: estas identificaciones de tipo étnico, feminista, religioso al no contar con una propuesta democrática ve al que no pertenece al grupo como hostis.

“(…) El objetivo de una política democrática no reside en eliminar las pasiones ni en relegarlas a la esfera privada, sino en movilizarlas y ponerlas en escena de acuerdo a los dispositivos agonísticos que favorecen el respeto del pluralismo”.

El pluralismo consiste, entonces en incluir a estos fragmentos sociales a partir de sus diferencias y respetándose mutuamente en su convergencia en una identidad política común como ciudadanos democráticos radicales. Hay pluralidad en la constitución del nosotros.

“Entiendo por esto una identificación colectiva con una interpretación democrática radical de los principios del régimen democrático”.

Subrayemos que acabamos de pasar de la pluralidad a una identificación colectiva y a una interpretación.  

 

Se pasa de la pluralidad al uno

En su último libro, La razón populista, 2005, Ernesto Laclau, desarrolla con rigor y claridad la propuesta y dónde se aproxima claramente a Carl Schmitt: de lo que se trata, luego de la globalización y la fragmentación que es su consecuencia, es de transformar la heterogeneidad que es la multitud (grupos étnicos, feminismos, demandas sociales acotadas a un contexto específico), en pueblo.

Esto no está dado de antemano. Se trata de efectuar la articulación de las diferencias y encontrar un denominador común; la articulación de la lógica de las diferencias en una lógica equivalencial divide el campo político, no sin un discurso que lo haga existir, en pueblo como sujeto, que se constituye como parte que reivindica la totalidad imposible frente a otra, la causante de la no satisfacción de sus demandas, entre las cuales, no hay posibilidad de acuerdo.

Pueblo y enemigo se constituyen en simultaneidad, ni bien la brecha que los separa es situada como efecto de lógicas equivalenciales divergentes.

En la página 130 se dilucida la naturaleza de la relación del pueblo con el líder. Estamos, añade Laclau, en una situación similar al Leviathan de Hobbes: no hay razón para que un cuerpo colectivo no pueda cumplir las funciones del Leviathan pero su misma pluralidad está reñido con el carácter indivisible de la soberanía, ergo tiene que desempeñarlo un individuo. Nelson Mandela como símbolo de una nación fue compatible con la pluralidad de su movimiento. Aquí, dice Laclau, estamos de acuerdo con Freud.

Ergo, Psicología de las masas, aún con salvedades, explica el populismo.

Retomemos la afirmación: lo político se ha convertido en sinónimo de populismo tomado de La razón populista.

Eric Laurent en su texto Nuevas encarnaciones del deseo de democracia en Europa planteaba:

“¿Cómo hablar de deseo decidido de democracia, si lo que nombra la palabra democracia es una pérdida y un imposible? Limitándonos a Francia, Marcel Gauchet, Raphaël Glucksmann, Jean-Claude Milner, Jacques Rancière, Poul Ricoeur, sin tener nada en común entre ellos, sobre todo ninguna idea política, concuerdan en un punto. La Democracia es el duelo del Uno. El populismo, es el entusiasmo de la hegemonía, la restauración del Uno.”

En esta intervención quedan escindidos ambos términos de manera tajante: populismo y democracia.

Ergo, populismo no es democracia.

El discurso del analista, no importa el sesgo que esta tome, se opone a cualquier identificación.

Ergo, la democracia, que no es populismo, es la condición de posibilidad del psicoanálisis. 

 

Silvia Szwarc es psicoanalista, reside en Buenos Aires.

Miembro de la EOL y AMP. Integra el Nudo La libertad del deseo y el subnudo Las pendientes totalitarias del populismo.

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